Categoría: Relatos

Para siempre

Llegué a Postojna cubierto de polvo y cansado. Posé el pié el el suelo y di un ligero acelerón en vacío.  La moto rugió con estrépito quedo. A veces es sólo un acto de rebeldía caduca, la rémora del chico

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En moto a los Infiernos VIII

  Al sonar el timbre Mario levantó la mirada y vio a Déborah asomada en la ventana. Llevaba puesta una camiseta de tirantes ajustada y, por primera vez, reparó en que tenía un cuerpo hermoso. Al darse media vuelta para

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En Moto a los Infiernos VII

Ya llevaba varias semanas sin hablar con nadie. Al menos sin tener una conversación que fuese más allá de un “lleno, por favor” en las gasolineras y Mario tampoco tenía muchas ganas de charlar con aquella prostituta. No era sólo

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En Moto a los Infiernos VI

Los neumáticos del BMW chirriaron al entrar en Los Invernaderos dejando una nube de polvo marrón tras de si y bolsas de plástico que revoloteaban antes de posarse en los matorrales. Luego aminoró la marcha y recorrió varias calles del

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En Moto a los Infiernos V

Merche llevaba mucho tiempo dándole vueltas a lo mismo: allí no pintaba nada. Ahora que Mario se había ido ya no tenía nada que hacer, sólo ocupar sitio. Su vida transcurría entre ansiolíticos, Xanax y Diazepam. Si, a lo largo

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En Moto hacia los Infiernos IV

Sintió un chorro de agua fría en la cara. Al abrir los ojos la luz del sol le cegaba la vista y alguien volvió a mojarle la cara. Allí estaba Merche, a su lado, diciéndole que se despertara, que abriese

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En Moto Hacia los Infiernos III

La carretera era una mierda. A cada lado los matorrales, cubiertos de polvo, eran como una percha para bolsas de plástico, igual de despreciables. Antes solía pensar mucho en las bolsas de plástico y en la isla que se había

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En moto a los Infiernos II.

  ¿Y ahora qué?– Se preguntaba Mario-  Ahora nada. Ahora la soledad y el destierro, el vagar sin rumbo sobre la moto. Qué paradoja de mierda. Él, que toda la vida había querido hacer un viaje sin fin ahora estaba

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En Moto a los Infiernos

Mario, desde crío había tenido una gran afición por las motos. Con catorce o quince años ya tenía su pequeño ciclomotor al que hacía mil y una perrerías. Que si trucar el motor, que si cambiar el escape… No era

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