Mes: junio 2015

Historias invernales

Hablar de viajes en invierno cuando está comenzando el verano es un poco inusual pero en esta página somos así, inusuales y minimalistas.

Hace unos años, un día invernal de esos en los que apetece quedarse en casa al lado de la chimenea o la cocina de carbón, llegó a mi casa un motorista con una BMW RT. Nos habíamos conocido hacía unos meses en el Encuentro de Grandes Viajeros en Alba de Tormes cuando yo volvía del Sáhara. Lois, que así se llamaba, había salido de casa hacía un par de semanas, recorriendo los Alpes italianos y franceses. En esa época hay muchos puertos cerrados de modo que le resultó imposible subir el mítico Stelvio, el Furkkapass y otros de similares características. A cambio pudo conocer algunas estaciones de esquí y pasar unos días de relax por la región Alpina.

Me llamó la atención su equipación que me pareció muy poco adecuada para rodar en invierno, sobre todo en condiciones tan duras como las que se dan en los Alpes en enero, con temperaturas bajo cero, nieve en las zonas altas y mucha lluvia en los valles. Traía pantalón de cuero y chaqueta a juego que recordaba la estética café racer de los años setenta. Lois me aseguró que aquella ropa la había comprado en Alemania hacía un montón de años y que era totalmente impermeable, cosa que no terminé de creerme del todo. Estoy acostumbrado a rodar muchas horas en agua y a bregar con chaquetas que son impermeables unos meses, con pantalones que acumulan agua en la entrepierna y con la incomodidad de sentir como la humedad se cuela hasta por los rincones más ínitimos, así que todo esto de la “ropa de cuero totalmente impermeable” me suena un poco a chufla. Sobre todo si no lleva membranas tipo GoreTex como era el caso.

Lo que sí llamó mi atención eran las plantillas que traía. Mi problema con los pies fríos es algo que llegó a obsesionarme en alguno de los viajes y a punto estuve de mandar todo al garete por llevar los pies congelados así que todo lo que sirva para calentar los pies llama mi atención. Lois traía unas plantillas que funcionaban con batería lo cual ya era toda una novedad. Luego me enteré de que eran muy populares entre los motoristas del Norte de Europa, entre esquiadores y cazadores. Eran unas tope de gama y como tal, su precio era bastante elevado para mi economía así que tuve que desecharlas y conformarme con otros inventos menos sofisticados y, por supuesto, menos efectivos.

De entre todos los adminículos para evitar el frío en los pies los más efectivos fueron unas plantillas de fabricación casera que comercializaba un chaval de Madrid. Tenían muy buena pinta, bien terminadas y con conexiones a la batería que parecían seguras. El día que llegaron a mi buzón, nada más desempaquetarlas, arranqué la moto y las enchufé a la toma de los guantes calefactables. Al momento comencé a sentir un calorcillo en los pies muy confortable. Supe que aquello iba a ser el invento definitivo. Por poco más de 10€ me había agenciado unas plantillas que superaban las de Lois con creces. Y las suyas le habían salido, con las baterías y todo por cerca de 300€.

No tenía cara para tanta sonrisa.

Pero en poco menos de un minuto comencé a sentir una sensación un tanto desagradable a causa del calor y unos segundos más tarde, ya borrada la sonrisa, intentaba quitarme las botas a toda prisa para evitar que se convirtieran en un horno crematorio. Con las prisas, sentado en el suelo y soltando nudos a toda velocidad, no me percaté de que podría haber apagado la moto y cortar el flujo de electricidad así que a punto estuve de terminar con muñones negruzcos en lugar de pies.

Volví a usar los Chauferettes en las siguientes salidas o a pasar frío en los pies, dependiendo de la ocasión, pero decidí que era mejor eso que tener que caminar con las rodillas.

A todo esto, después de aquel viaje Lois vendió la BMW porque no la podía mantener y se compró una bicicleta con la que se largó a recorrer Europa al siguiente invierno. Supongo que no llevaría el traje de cuero.

Cambiar el coche por la moto

El problema ambiental más grave de las dos grandes ciudades españolas, Madrid y Barcelona, es la contaminación. Superan el nivel de partículas que marca la Unión Europea y son un problema para la salud. De nada sirven trucos como echar la culpa al polvo sahariano o cambiar los aparatos de medición a zonas donde el tráfico es escaso: las grandes urbes están contaminadas y la causa principal es el tráfico.

Algunas medidas como instaurar carriles bici y primar el uso de éstas pueden paliar el parte el problema pero nunca llegaremos a los niveles de utilización de bicicleta que tienen ciudades como Ámsterdam: si vives a las afueras de Madrid, y tienes que ir todos los días al centro  a trabajar la bicicleta es un modo de transporte que la mayoría  va a desechar.

El caso es que además de la contaminación, según el RACC, perdemos en atascos una parte importante de nuestra vida. Madrid es la ciudad donde más tiempo se pierde en congestiones de tráfico, y Barcelona donde más se incrementó el porcentaje de tiempo perdido en idas y venidas al trabajo con 13,5 y 12 horas respectivamente. Bilbao, Valencia, Sevilla y Zaragoza les siguen de cerca, hay que tener en cuenta que este estudio se refiere tan solo los primeros seis meses del año 2014.

Una razón tanto medioambiental como económica

Plantearse cambiar el utilitario que se usa para ir al trabajo por una moto no sólo es una cuestión de calidad de vida. Según un estudio publicado hace algún tiempo por el IDAE (Instituto para el ahorro y la Diversificación Energética) -perteneciente al Ministerio de Industria-, mantener un coche en nuestro país cuesta unos 2.000 euros anuales, aunque esta cifra es demasiado optimista según la Revista Autopista. Los gastos de seguro, garaje, consumo de combustible, revisiones, impuestos y demás pueden elevar esta cifra a 3.500€ anuales.

Con este panorama merece la pena realizar un pequeño estudio sobre la economía doméstica, y sopesar la idea de calcular el valor venal de nuestro coche, deshacernos de él y estudiar el mercado en busca de una moto que se ajuste a nuestros itinerarios laborales. Para vender tu coche tienes la opción de hacerlo a través de internet con lo cual todo puede resultar más sencillo.

Renault 5 gtl

Hace poco hablábamos de las motos eléctricas como alternativa a los desplazamientos en ciudad, y esta misma semana Bultaco está haciendo presentaciones de su modelo Brinco, mitad bicicleta, mitad ciclomotor eléctrico. Este tipo de vehículos podría ser la solución ideal para aquellos a los que les cuesta animarse a dar pedal por las calles empinadas de su ciudad. También hemos visto como Charly Sinewan nos sorprendió hace unos meses con un viaje desde Madrid a Barcelona a lomos de un scooter eléctrico de BMW.

La oferta en motos de carácter “ciudadano”, enfocadas principalmente a los desplazamientos en las grandes urbes es muy amplia, y las ventajas que ofrece moverse en moto por cualquier ciudad son más que evidentes. En un país como España, donde la climatología no es especialmente adversa durante gran parte del año, resulta sorprendente que no sean más personas las que opten por usar las dos ruedas como vehículo normal para los desplazamientos en ciudad. Únicamente Barcelona destaca en este aspecto, con un parque motociclístico que hace algunos años llegó a ser el mayor de Europa.

¿Tienes un coche para ir al trabajo todos los días y otro para los “desplazamientos familiares”? Quizá haya llegado el momento de que te plantees ir pensando en las dos ruedas para tener una mayor calidad de vida.

Cómo conseguir patrocinadores para un viaje

Cuando hablas de “patrocinadores” de viaje con alguien que no está muy ligado al mundillo este de los viajes en moto se queda, como dicen ahora, “con el culo torcido”. La primera pregunta que surge es ¿Cómo, que te van a pagar por irte de viaje?

Dicho así suena un poco fuerte, la verdad, pero analizándolo fríamente la mayoría de los que buscan patrocinadores para un viaje lo único que pretenden es que alguien les pague las vacaciones. No pasa nada, no hay nada que reprochar y es muy lícito intentar sacar dinero de debajo de las piedras para cumplir nuestro sueño pero, ¿qué es lo que se ofrece a cambio?

Cuando El Búfalo hizo su primer viaje, la vuelta al mundo, buscó patrocinadores entre sus amigos, bares y comercios de la zona que le brindaron su apoyo con pequeñas aportaciones en un blog que apenas tenía visitas. Pero la gente que lo conocía confió en él y su alocado proyecto.

Charley Booman y Ewan McGregor, con un proyecto mucho más ambicioso, buscaron patrocinadores a otro nivel y aún así, hubo empresas como KTM que les dieron con la puerta en las narices. Por cierto, al responsable de haber denegado el apoyo de la marca a “Long Way Round” habría que preguntarle ahora qué es lo que opina de la decisión que tomó en su momento y las repercusiones que eso tuvo para la marca.

Estos son sólo dos ejemplos de gente que ha vendido su “marca personal” con éxito a pesar de poner sobre la mesa proyectos muy diferentes.

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Lo primero que hay que pensar antes de pedir la ayuda a una empresa es qué es lo que tienes que ofrecer. Qué le vas a dar tú a la empresa a cambio de su apoyo, bien sea económico o en especie. Nadie te va a regalar nada ni te va a ofrecer una parte de los beneficios empresariales sin no ve claro que vaya obtener algo a cambio. Al fin y al cabo el objetivo último de  una empresa es ganar dinero.

Si tu marca personal no tiene visibilidad en las redes sociales, que viene aser algo así como que no te conozcan ni en casa, lo tendrás mucho más complicado y has de empezar por ahí si quieres que tu proyecto salga a flote.

Noemí Casquet y Alberto Frost con su “Two and the Road“, una pareja con un proyecto fresco de vuelta al mundo, han comenzado por ahí, por hacerse un hueco en el mundo de los viajes, por marcar la diferencia con su marca personal y con ofrecer un proyecto nuevo y diferenciado de los demás. El juego del sexo y la seducción son su divisa, mezclando viaje, provocación y enfoques diferentes para contar su aventura. A partir de ahí comienza la búsqueda de financiación y apoyos.

Trabajarse una marca personal, el branding, no es sencillo y requiere muchas horas de dedicación. En la red hay cientos de páginas que hablan de ello y que pueden ayudar a construir nuestra marca que, como he apuntado al principio, no deja de ser uno mismo.

Una vez estamos asentados, con todos nuestros activos vinculados (blog, foro, redes sociales…), con nuestra imagen definida (logo), nuestra identidad corporativa identificable por los usuarios y un buen posicionamiento estaremos en disposición de presentar nuestro proyecto a los posibles patrocinadores. Que nadie se asuste porque, a pesar de utilizar términos de marketing, no pretendemos ser viajeros mediáticos de la noche a la mañana. Lo que buscamos es que nuestro proyecto y nuestra marca tengan cierta relevancia pero sin pretender convertirnos en una multinacional.

En el proyecto que vamos a presentar han de quedar bien claros dos conceptos: el primero es qué vamos a hacer y el segundo qué es lo que el patrocinador va a obtener a cambio. A las empresas llegan proyectos como el tuyo, o mejores, cada dos por tres y la mayoría se queda sin apoyo. ¿Qué tiene el nuestro para que opten por apoyarlo? No es necesario un viaje al quinto infierno en busca de pigmeos gigantes ni otras cosas extravagantes. Al patrocinador lo que le va a interesar es cómo difundes su imagen y cómo puedes aumentar sus ventas o su penetración en el mercado.

Lolo Pámanes, KMCero, Hagon, DsBike, Humboltd o Ventz, por ejemplo, son empresas que creyeron que su marca se vería reforzada si nos apoyaban en nuestro viaje a Turquía el año pasado. Álex y yo les presentamos un proyecto claro de un viaje sencillo pero que podía tener la suficiente penetración en el mundo de los viajes en dos ruedas como para invertir en él. No había grandes ambiciones, ni retos mundanos disfrazados de gran aventura, la idea era simple: nos vamos de viaje y lo contamos.

¿Qué te van a ofrecer las empresas a cambio?

Principalmente material. Puede ser ropa, neumáticos o equipación pero en raras ocasiones te van a ofrecer dinero a menos que tú seas capaz de generar beneficios. Si quieres conseguir dinero en metálico tienes dos opciones: obtener pequeñas cantidades en comercio local, como hizo El Búfalo o plantear un proyecto a lo grande como Miquel Silvestre o Fabián Barrio.
Así que, con este panorama la siguiente pregunta es:

¿Merece la pena?

¿Te resulta rentable anímica y emocionalmente andar mendigando unos guantes, unas bolsas de viaje o unas botas? Pues depende de cada uno y de su economía. Si lo sumas todo, y me refiero a cosas que necesitas, cosas imprescindibles que tendrías que comprar si no te las regalan, y el saldo es muy positivo, pues sí. En caso contrario has de plantearte si merece la pena todo el trabajo previo de branding, de posicionamiento, de horas de redes sociales y la esclavitud que supone hacer una crónica diaria, vídeos, etc.  a cambio de material.

Caso distinto es si te pagan por escribir artículos para una o varias publicaciones o si consigues un patrocinador fuerte que te tutele. Pero en ese caso no estarías leyendo este artículo, estarías trabajando en lo tuyo.

Diez consejos para escoger compañero de viaje

Zac y Olivier.

A la hora de hacer un viaje largo en moto son muchas las personas a las que les preocupa hacerlo en solitario. Y con razón. En caso de tener cualquier percance, por pequeño que sea, no todo el mundo está igual de preparado para afrontarlo en solitario. No sólo eso, el compartir con otras personas la experiencia de conocer un sitio nuevo, la emoción de descubrir otros paisajes y culturas, es algo que puede vivirse con más intensidad si uno está acompañado.

Internet es una buena herramienta para entrar en contacto con personas que tienen las mismas aficiones, los mismos gustos y que gocen con las mismas o parecidas sensaciones. Es fácil, por tanto, lanzarse a la red en busca de compañeros de aventuras para realizar un gran viaje. Sin embargo no es oro todo lo que reluce y en ocasiones, podemos vernos guiados por la emoción de los preparativos y la ilusión del viaje y meter la pata en el momento de escoger a nuestros compañeros de aventuras en moto.

Yo he viajado con personas a las que no conocía más que del intercambio de algunos mensajes a través de correo electrónico. En ocasiones salió bien y en otras… no tan bien. Recuerdo que uno de ellos me contaba que, en un viaje a Senegal, su compañero de viaje, conocido en un foro, estaba más interesado en irse de putas que en cualquier otra cosa. Nada que reprochar pero cuando una de las partes no está por la labor la cosa puede desembocar en problemas. Que fue lo que al final les ocurrió.

Para evitar situaciones no deseables al viajar con desconocidos, aquí van una serie de consejos que deberías aplicar cuando busques compañeros de viaje en internet.

1. Conocerse.

Lo ideal sería realizar alguna ruta juntos a modo de prueba. Un fin de semana, una concentración o un par de días de convivencia sería lo deseable antes de embarcarse en el gran viaje. Ahí os iréis tanteando y conociendo. Si surge algún roce o discrepancias es el momento de profundizar en ello.

2. Sobre gustos no hay nada escrito.

O sí. Hay tanto escrito que es para perderse pero vosotros vais a hacer un viaje juntos y quizá convenga poner algunas preferencias en común. Si tú eres un apasionado de los aviones y vas a visitar todos los aeródromos y fábricas de Boeing de Europa quizá debas advertírselo a tu compañero de viaje que puede ser más aficionado por ejemplo, al putiferio y la mandanga.

3. Comportamientos.

Conviene fijarse en cómo se enfrentan los viajeros futuribles a las situaciones normales de la vida. ¿Troleo en los foros? ¿Broncas continuas? ¿Apatía en general? ¿Se arroncha a la hora de pedir la cuenta? Vais a estar juntos unas semanas así que será mejor ir averiguando cómo se comporta en situaciones relajadas para intuir como lo hará en las tensas.

4. Filias y Fobias.

Asegúrate de que vuestras obsesiones sean parecidas. Si hay que llegar a tal o cual punto porque ese es el objetivo del viaje es mejor que lo sea para todos los componentes de grupo. También conviene hablar sobre las posibilidades de cambiar la ruta sobre la marcha o ceñirse siempre al plan previsto.

5. Más de tres es multitud.

Tres no es un número malo del todo pero ahí está el límite. Siempre se corre el riesgo real de que dos se alíen contra el tercero y que uno quede en desventaja. Poco a poco surgirán adhesiones inquebrantables y el número máximo de aliados será de dos. El tercero se sentirá desplazado y será causa de problemas. Lo mejor, dos personas. Y cuidado con los viajes de parejas. Aquí es más que complicado gestionar situaciones límite porque ellos dos ya forman equipo desde mucho antes de que tú aparecieses.

6. Ante la duda: no.

Si tienes dudas con alguno de los componentes de la expedición di abiertamente que no. Tú eres el que organiza, son tus vacaciones y no puedes permitirte arriesgarlas viajando con alguien sobre el que tienes dudas desde el principio. Honestidad para contigo y para con los miembros del grupo.

7. Los pactos.

Antes de salir deberíais dejar muy claro hasta qué nivel de compromiso estáis dispuestos a asumir. Yo, como norma, exijo una tienda de campaña por persona y el compromiso de que antes de que las cosas se pongan feas cada uno se vaya por su lado. En caso contrario el viaje puede llegar a ser un infierno. En Turquía uno de los componentes del equipo nos dejó y en el viaje a Mauritania, también. Cuando una situación se vuelve demasiado tensa y no tiene visos de solución lo mejor es ejecutar el pacto.

8. Busca cualidades.

Busca personas que sean divertidas y habladoras, que tengan cierta capacidad resolutiva y que, por encima de todo, sean respetuosas con los demás. Otras virtudes como el dominio del idioma o la experiencia en viajes  pueden quedar en segundo plano en favor de un mayor “don de gentes”, por poner un ejemplo.

9. Los dineros.

Hablad del dinero antes de salir. ¿Cómo vais a organizar los gastos? ¿Pondréis un fondo para gastos comunes? ¿Cada uno lo suyo? El hacer un fondo común para comidas, albergues o copas puede ser una buena forma de cohesionar el grupo pero aseguraos de que el gasto por persona es equitativo para que no haya abusos que generen discrepancias.

10. La Internet.

Recuerdo que, en el viaje a Cabo Norte, Álex y yo teníamos nuestro “momento McDonalds” para acceder a la wifi del local. Eso puede llegara resultar molesto para algunos compañeros de viaje por lo tanto es preferible hablar estas cosas antes. Lo mismo sirve para las fotos que se suben a las redes sociales o las “aventuritas” que se comparten en la red.

Corolario: Lo único que hace falta para escoger un buen compañero de viaje es un poco de sentido común y algo de tino. Todos conocemos casos cercanos en los que una persona consiguió poner de uñas a todo el grupo y en los que resultaba imposible un mínimo de armonía. Viaja libre y preparado para cualquier eventualidad, con la mente abierta y la determinación firme de que nadie tenga el poder de estropear tu pequeña aventura particular.

Cosas imprescindibles para un viaje en moto

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De vez en cuando aparece por ahí la típica lista de las cosas que hay que llevar para un viaje en moto. Recomendaciones sobre los adminículos a portar en unas vacaciones de tres o cuatro semanas. Cuando empecé a viajar también era muy aficionado a confeccionar listas, a elaborar interminables hojas de cálculo con varias secciones en las que iba anotando todo aquello que iba a necesitar durante mi viaje de “aventuras”. Dividía las necesidades de equipo en varios bloques y así me encontraba con el apartado de mecánica, con el de camping, avituallamiento, ropa de moto, ropa de calle y algunos más, procurando que no quedase nada al azar. Y solía salir con el pack completo.

Luego, con los años, me fui dando cuenta de que más de la mitad de las cosas que llevaba no eran necesarias y que iba cargando con un sinfín de trastos que para lo único que servían era para ocupar sitio en las maletas. En ocasiones llegué a sentirme ridículo por contar en el equipaje con cosas como el reenvío del velocímetro, una palanca de freno, unos prismáticos de 600€ o dos cámaras de repuesto. Esto para un viaje por Europa, nada de exóticos destinos en el culo del mundo.

Ahora, con más kilómetros y, casi me atrevo a decir con más experiencia, mi equipaje es mucho más frugal. Me he dado cuenta de que puedes conseguir cualquier cosa en cualquier sitio y, en contra de lo que yo pensaba, sin arruinarte. Aquí he de hacer un inciso y mencionar que en países como Noruega hay cosas que te pueden trastocar el presupuesto del viaje, como por ejemplo cambiar un neumático en Tromso y pagarlo como si llevase incrustaciones de platino y oro. En cualquier país habrá repuestos para tu moto, material de camping y, en general, cualquier cosa que necesites para sobrevivir con más o menos dignidad.

Cierto es que mis viajes son cada vez más espartanos y que no necesito de gran infraestructura. De llevar un ordenador portátil, con su cargador, conversor, cable y disco duro externo, pasé a la tableta, un iPad de segunda generación, y de ahí al smartphone con teclado externo como toda concesión al mundo informático. El móvil me sirve tanto para conectarme a internet, como para videoconferenciar con la familia o para usarlo como navegador GPS. Del maremagnum de cables, cargadores, baterías y cacharros con puerto USB he pasado a la nada mas absoluta lo cual me aporta una sensación liberadora. Minimalismo.

En asunto de camping la cosa se reduce a tres objetos básicos, a saber: tienda de campaña, saco de dormir y colchoneta auto-hinchable. Se complementa con una linterna de led y así finaliza la impedimenta de campamento. ¿Necesito una banqueta plegable, una mesilla auxiliar o un porta rollos para el papel higiénico? La respuesta es rotundamente no. Y lo mismo sirve para el apartado mecánico, los mapas o cualquier otra cosa: moderación.

Con la ropa “de calle”, siendo yo un tipo elegante y lleno de vanidad como “Ramón el Vanidoso“, al principio llevaba mis galas más exquisitas: vaqueros de corte moderno, camisetas con mensaje pinturero y sombrero de aventuras pero, conforme fui adquiriendo experiencia en esto de los viajes, fueron quedando en casa las galas de figurín y me quedé con lo imprescindible. Por supuesto, el sombrero de aventuras figura entre las prendas imprescindibles casi al mismo nivel que los calcetines de calaveras; hay cosas de que las que un overlandete no puede prescindir. Bueno, llevo algo de ropa de calle, pero siempre vuelvo con alguna que no he usado, aún estoy depurando el sistema. Por cierto, nada de llevar ropa vieja para ir deshaciéndome de ella por el camino: un turislander que se precie puede ir sucio o desaliñado pero no con ropa de tirar.

El fabuloso sombrero de aventuras

El fabuloso sombrero de aventuras

De herramienta ando también escaso porque sólo llevo la que venía con la moto y alguna Allen de esas del” todo a cien”. ¿Para qué llevar más? ¿Acaso voy a ponerme a desarmar media moto en los Cárpatos? Pues seguro que no, primero porque no sabría hacer más que cosas básicas y segundo, porque para eso pago una asistencia de viaje extra que, espero, me sacará de cualquier atolladero.

Llevo siempre, sin embargo, un camping gas y comida porque no hay mayor placer que, después de montar el campamento, prepararse una buena sopa, un arroz o cualquier otra cosa que alimente cuerpo y alma.

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Creo que antes de empezar a empaquetar chismes sobre la moto hay que preguntarse cuántas veces se va a usar cada uno de esos objetos. Si la respuesta es una o dos veces seguro que merece la pena preguntarse si es necesario cargar con ello.

¿Qué es lo único imprescindible para un viaje en moto?

Justo lo que estás pensando: La moto y dinero para gasolina.

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Las motos de “Mad Max. Furia en la Carretera”

La cuarta entrega de Mad-Max viene a resucitar una saga mítica en el cine distópico y post-apocalíptico. Mad (Tom Hardy), que sólo pretende ir sólo por la vida, se ve obligado a unirse a un grupo de errantes capitaneados por la emperatriz de élite Furia, encarnada por Charlize Theron. En una ciudad tiranizada por el malo-malísimo Immortan Joe, (que no es otro que Hugh Keays-Byrne al que ya vimos en la primera entrega de la saga del año 1979) roban algo irremplazable con lo que Immortan lanza en su persecución a todo un arsenal de máquinas imposibles. Entre explosiones y carreras enfurecidas hacen que Fast and Furious sea una atracción de Disney, a decir de la revista Variety. Hugh sigue con la misma cara de loco y es un detallazo que lo hayan incluido en esta entrega.

Los que la han visto dicen que es loca, delirante, imparable, agotadora, chiflada y un montón de calificativos de parecida factura. No faltará quien diga que es una auténtica mierda.

Pero lo que hoy traigo aquí no es una crítica de cine sino algunas de sus máquinas de dos ruedas más alocadas y febriles, paridas por alguna mente enfermiza.Me encantan, me vuelve loco esta estética salvaje e irreverente, de hecho mi vieja Tenere 660, al final de sus días conmigo se daba un aire a estas máquinas infernales (salvando las distancias, claro)

Buceando por la red he encontrado algunas propuestas de identificación del alma base de estos cacharros, a ver si entre todos somos capaces de afinar un poco más.

Sensaciones en una BMW GS

Durante los últimos 7 u 8 años he manejado una Suzuki vStrom 650 DL con la que he hecho 150.000 km sin percances dignos de reseña. Antes de eso tuve una Yamaha Tenere 660, una Intruder 1400 de cuatro marchas y una Kawasaki Vulcan. En este tiempo apenas he probado otras motos: Una GSXR, una GSXF, una Ducati Multistrada 100, y poco más. Con ninguna de ellas hice más de 3 km. Quiero decir con esto que no tengo muchos elementos de comparación a la hora de decir si esta moto es mejor que aquella otra o si la de más allá funciona no sé cómo. Nada. Honestamente no tengo ni idea de motos. No estoy preparado pues, para dármelas de probador.

BMW GS 1200

Pero como cualquier aficionado a conducir motos, cuando pruebo una sí puedo decir si me gusta o no. Y he probado una BMW 1200 GS.

Muchos me habréis escuchado en el podcast largar de las BMW o aquí, en el blog, ponerlas a parir. Pero nadie me habrá escuchado decir sin son buenas o malas, si son mejores de llevar  o peores. Lo que siempre critiqué por encima de todo es que una máquina que cuesta 15 o 20.000 € no debería dar el más mínimo problema. Y uno no hace más que leer y escuchar sobre problemas de electrónica, de sensores, de fallos tontos… Otra de las cosas negativas que le achaqué a la marca es el precio de los mantenimientos y los recambios o las horas de taller. Estéticamente siempre me han parecido, las GS, motos muy atractivas, con una imagen de “aventura” y de “viaje” que muy pocas marcas tienen.

Dicho todo esto pasaré a contaros mis impresiones  a lomos de la BMW.

Al subirme lo primero que me llamó la atención es que llegaba mejor al suelo de lo que me había imaginado. Ya me había subido tras veces en una GS pero, o bien he crecido o la moto ha encogido. No me pareció que me “quedase grande”. Es una moto pesada y con el centro de gravedad más alto de lo que estoy acostumbrado con lo que el miedo a caerme en parado era grande.

A la hora de ponerla en marcha se mostró mucho más perezosa de lo esperado, teniendo que mantener pulsado el botón de arranque más allá de lo que acostumbro. Una vez en marcha, mientras intentaba averiguar cómo demonios se desconectaba el intermitente, fui cogiéndole el tacto al embrague y acostumbrándome a la suavidad de las marchas.

El sonido del motor, con el casco abierto, es un poco… cómo diría… de hierros.  No suena con la fineza de un motor japonés pero supongo que será una característica que se pueda llegar a apreciar. Se me hizo un poco raro, como si hubiera algo mal ajustado ahí dentro.

En a carretera abierta, tras las primeras curvas y con la confianza suficiente, pude constatar que la moto corre. No tiene la pegada rotunda de una R, ni mucho menos, pero corre. Entrega la potencia a partir de 2500 revoluciones de forma continua y comprobé que no tenía la necesidad de usar el cambio tan a menudo como en la mía. Eso sí, me llamó la atención que a medio régimen se notaban unas vibraciones inquietantes en las estriberas. Nada desagradable, pero vibraciones al fin y al cabo. ¿Pueden resultar molestas en un viaje largo? Vaya usted a saber pero no parece muy probable a tenor de la cantidad de kilómetros que hacen algunos usuarios del modelo.

También me sorprendió la facilidad con la que podía meterla en las curvas o cambiar toda la distribución de pesos al encarar varias curvas enlazadas. Agradable. Muy agradable de llevar y un placer salir achicado en una curva cerrada y notar como el motor se viene arriba enseguida. Supongo que tendrá unas cifras de par bastante buenas, no lo sé. En cualquier caso la moto danzaba por las curvas del Puerto del Palo como si hubiera sido construida para ello.

En la primera parada, después de unos 40 km. quise escuchar el motor en parado y di unos acelerones en vacío por ver como sonaba. Sorpresa. La moto, a causa del volante de inercias o lo que quiera que lleve dentro, se mueve hacia la derecha. Es una sensación extraña ver como la moto se inclina en cada aceleración. No es agradable pero en marcha, por mucho que agucé los sentidos no pude percibir nada extraño, se comporta tal y como se espera de una moto en una curva: noble.

Y tumba. Al principio, por aquello de que la moto no era mía, andaba con una cautela meticulosa pero, conforme iban pasando los kilómetros y las curvas, las tumbadas eran cada vez más evidentes: la moto me daba una sensación de seguridad fuera de lo común.

La protección aerodinámica, al ser yo de estatura contenida, es muy buena a pesar de tener una pantalla bastante pequeña en comparación con la que llevo en la mía. También noté las piernas y los pies muy protegidos, escondidos detrás de los enormes “perolos” característicos. La temperatura era de 10ºC y los pies no se me enfriaban. Habría que saber qué pasa en verano con el calor que desprenden.

Lo que más raro se me hizo es la posición de conducción que no sabría si calificar de cómoda o incómoda, con los brazos abiertos y las manos más altas. Supongo que estará hecha para tipos más grandes que yo. No he dicho más inteligentes, sólo más grandes. El asiento es muy cómodo a pesar de no llevar pellejo de oveja pero es es algo que se podría solventar fácilmente. También resulta cómodo ponerse de pié a la hora de meterse en la tierra, que algo hubo. Las piernas quedan adelantadas y da la impresión de ser fácil de dominar fuera de asfalto. En este sentido estoy acostumbrado a la DRZ  eso es otro mundo, sobre todo con ruedas de tacos, pero resulta sorprendente que pueda meter semejante barco entre las piedras sin sensación de inseguridad.

La pregunta estrella es ¿me compraría una BMS 1200 GS? Depende. Antes tendría que averiguar si sería necesario destinar el presupuesto de viajes al mantenimiento de la motocicleta, si tendría la paciencia suficiente para acatar campañas o si en la hucha siempre habría fondos para un posible fallo en el sensor del ABS pero, por lo demás, me la compraría. Me ha dado unas sensaciones fantásticas y, sobre ella, me sentía capaz de viajar muy, muy lejos.

BMW GS 1200

 

PD.: Mi agradecimiento a Juan, el Coxo Carcéu, por su generosidad y confianza al dejarme su moto mientras la mía está en modo mantenimiento.

El TT de Isla de Man, un espectáculo a todos los niveles

 

TT Isla de ManA buen seguro que en este momento muchos amantes de las motos están cumpliendo su sueño en un lugar paradisíaco del Reino Unido. Estos días se está disputando la que sin duda es la carrera urbana de motos más famosa del mundo, el Tourist Trophy de Isla de Man. Hasta allí llegan aficionados de todo el mundo a presenciar el espectáculo o participar en alguna de las actividades que lo rodean.
La pequeña isla británica con una población habitual de unos 85.000 habitantes se ve invadida durante dos semanas por más de 50.000 personas que acuden a disfrutar de uno de los espectáculos de motor más impresionantes y peligrosos del mundo. Y es que la mítica prueba ya se ha cobrado la vida de más de 200 participantes desde que echara a rodar allá por 1907.
Los 60,7 kms del circuito urbano que atraviesa pueblos y montañas, registran velocidades medias que superan los 200 km/h y puntas de más de 330km/h. No es necesario decir que durante un recorrido en formato contrarreloj en medio de ese paisaje, un fallo es casi sinónimo de tragedia.

Pero sin duda la isla se convierte en una fiesta para los miles de aficionados que llegan desde todos los rincones del mundo a disfrutar de las pruebas y de toda la parafernalia que acompaña a esta cita mundial del motor, no en vano se le conoce con el sobrenombre de “Road Racing Capital of the World”.
Todos los días en la isla son un espectáculo para los visitantes. Las jornadas de entrenamiento y las posteriores carreras no son el único aliciente que uno se puede encontrar allí, puesto que se acompañan de cualquier tipo de eventos como conciertos, exhibiciones o divertidas competiciones relacionadas con el motor de cualquier tipo que uno pueda imaginar, como el espectáculo de scooters de movilidad organizado por Poker Stars en 2014 con vehículos de este tipo que superaban los 170 km/h. La conocida sala de póker, que tiene su sede en la isla, es uno de los patrocinadores oficiales del Tourist Trophy e incluso ha instaurado el premio “Spirit of TT” que reconoce a quien mejor represente el espíritu de la prueba  por su generosidad, honestidad, coraje, respeto y trabajo en grupo, y que además no se limita solo a los pilotos.

Por otro lado, el domingo (Mad Sunday), que cae en medio de las dos semanas no hay carreras, y la mayoría de los clubes aprovechan para hacer sus fiestas y Ramsey se convierte en la capital de la isla por un día. Allí muchos de los aficionados se dan cita para comenzar el recorrido de montaña que forma parte del circuito, una carretera de sentido único y sin límite de velocidad para poder dar gas a fondo. Como no podía ser de otra forma en un lugar tan singular, durante el recorrido se encuentran diversos carteles con proclamas que les recuerdan “Deja las carreras para los ases”,  “Si bebes no conduzcas” o  “Piensa: la seguridad es lo primero”. Esto puede resultar un poco extraño pero no lo es en un entorno en el que al llegar a la isla te encuentras con un primer cartel que reza: “Si no te gustan nuestras reglas, sale un barco cada media hora”.
El Tourist Trophy sigue manteniendo muchas tradiciones y curiosidades. Hoy en día las protecciones del circuito siguen siendo sacos de paja, excepto en los lugares más peligrosos que desde 2002 se protegen con Airfence; el marcador sigue siendo un rudimentario panel gigantesco donde 12 niños acompañados de 12 adultos colocan las placas con la información de tiempos; y debido a la gran presencia de público de ese país, el alemán se convierte durante esas dos semanas en el segundo idioma oficial e incluso policías alemanes patrullan con los ingleses en parejas mixtas motorizadas. Y así se podrían contar innumerables anécdotas más.

En lo que se refiere al TT en sí, la primera semana está copada por los entrenamientos donde se configurará el orden de salida para las carreras que tendrán lugar durante la segunda semana y que dan cabida a todas las categorías. Durante las pruebas se completan 3, 4 ó 6 vueltas al circuito en función de la modalidad que se disputa y los pilotos toman la salida cada 10 segundos, lo que convierte la carrera en una prueba contrarreloj alentada con múltiples adelantamientos.
Como muchos ya saben la Federación Española de Motociclismo no tramita licencias a sus pilotos para competir en esta prueba desde la muerte de Santiago Herrero en 1970, cuando aún formaba parte del mundial de velocidad.
De cualquier modo y aunque no sea a competir, son muchos los motoristas españoles que se desplazan a la Isla de Man para gozar de este espectáculo anual. Aunque este año ya es un poco tarde, para los que tienen planes de hacerlo en algún momento por su cuenta les conviene saber que una de las mejores opciones es tomar el ferry regular de Santander o Bilbao a Portsmouth, para una vez allí desplazarse hasta Liverpool y tomar un nuevo ferry a la Isla de Man. Eso sí, deben tener presente que es conveniente reservar al menos con 6 meses de antelación para no tener problemas con las plazas. Lo mismo se debe tener en cuenta respecto a los hoteles. También es importante recordar que es necesario estar en posesión del pasaporte en regla.
La empresa quizás no es la más sencilla, pero merece la pena.

Daños en el amor propio

Hace unos días bromeaba jugando con la posibilidad de tener un accidente en moto. No era más que una boutade en la que reflexionaba sobre la vergüenza, el orgullo y las apariencias. Lo que no sabía mientras escribía aquello era lo cerca que estaba de acariciar una experiencia similar a lo que contaba.

Y resulta chocante porque, al igual que una premonición, mi accidente real sucedió a escasos 500 metros del lugar que yo había imaginado para la entrada Un asunto de mierda.

Venía muerto de sueño, quizá por haber dormido poco la noche anterior, por acumular más de 3500 km en los últimos días o, quien sabe, si por la copa de un vino malísimo que había tomado en Arriondas. Sin embargo antes de dar con mis huesos en la Tierra venía embebido en omnipotencia. Era como si los estertores de mi última juventud se resistieran a abandonar mi cuerpo. Muy “pro” que dicen ahora los modernos posturistas. A decir verdad venía haciéndome el chulo, para qué vamos a disfrazar de modernez lo que no son más que reminiscencias infantiloides. Cualquiera que me viese pasar apenas notaría diferencia alguna entre la chulería de ese día o la actitud humilde de cualquier otra fecha pero si el espectador pudiese atisbar entre mis estanterías cerebrales las vería brillantes, llenas de luz y purpurina. Pasillos enteros malgastando energía y al fondo, una bola brillante emanando purísimo blanco, de ese tan cegador que lo intuyes pero no lo miras directamente. Brillo interior de los que están pagados de sí mismos.

Y claro, tanta luz y tanta actividad intracraneal me ponen, a veces, al borde de lo fantasma.

Así venía yo, adelantando coches con alma de piloto, perdonando vidas al resto de la humanidad y con la mirada torva de los curtidos vaqueros de más allá del Río Grande. Creo que incluso podría enzarzarme en una alocada competición por la N-634 con cualquier sujeto de mediana edad, de pelo ondulado y engominado, de gintonic con pepino y profesión liberal.

Al salir de la autovía, más allá de Grao, todas esas ínfulas de triunfador magnánimo se habían ido diluyendo y tan solo quedaba el poso de un vino malo, la esencia de un viaje largo y, por encima de todo, un sueño que me consumía. Y ganas de hacer pis.
Al salir a la carretera nacional, después de la rotonda, ya navegaba medio ingrávido en la nebulosa de mi propio sopor y no quedaba nada de la actitud chulesca de los kilómetros anteriores. Más bien sentía una enorme compasión por mí mismo, por mi estado de agotamiento físico y mental. Cuando vi el apartadero bajé un par de marchas y encaré el arcén para detenerme a aliviar cuerpo y mente. Pero cuando cuerpo y mente no andan muy finos falla la sincronización así que la rueda delantera quedó clavada, resbaló sobre la gravilla y de pronto, me vi en el suelo mientras en el interior del casco seguía sonando una estridente música balcánica.

De pronto la nube de humo que me hacía ver el mundo a través de un cristal esmerilado se disipó de golpe y los aires de perdonavidas que me inundaban apenas una hora antes, acudieron a mi en tropel. Me levanté, me rasqué la rodilla con ademán despreocupado y miré alrededor para ver si alguien me había visto caer. No había nadie. Ni un coche, ni un espectador, ni una vaca. Después de apagar la música y quitarme el casco, levanté la moto con un pesado esfuerzo y con cara de resignación abnegada, comprobé los daños. En el fondo sabía que no le había pasado nada a la moto pero cuando vi el carenado rayado, la maleta que había vuelto a dejar a la luz un agujero de otra caída en Noruega y la defensa erosionada, me inundó una sensación certera que daba cuenta de mi idiotez. Tomé una amplia bocanada de aire e intenté arrancar. No hubo respuesta del motor. A cambio un silencio solo roto por la corriente del río se expandió como una mancha de aceite.

Lié un cigarrillo, hice pis en los arbustos y me quedé mirando la moto mientras me rascaba la cabeza con aire ausente. No me había visto nadie pero esto no dejaba de ser un Asunto de Mierda.

Derrape de la vStrom

La Ruta