Mes: julio 2015

Programa 41. Hablemos de sexo

Casi se nos escapa el mes de julio sin haber grabado el programa, cosas de la vacación y la vida licenciosa. Pero supongo que más vale tarde que nunca así que aquí está el programa 41

Hablamos de sexo (solo un poco) con Noemi y Alberto y de su proyecto de dar la vuelta al mundo en moto.
Recibimos saludos desde los cuatro puntos cardinales y os cuento algo sobre la que ha sido declarada, con métodos científicos, la mejor carretera del mundo para conducir.
Además, Víctor, nuestro becario del sótano, termina con la serie “Dos Ruedas a la Aventura” de Danny Liska.

Una hora de motos, de viajes y otros desvaríos frívolos.

nuestra "pin-up" favorita

En moto y en barco

Hay rutas que, recorridas una y otra vez, se me revelan como idílicas, quizá no tanto por la carretera en si como por todo lo que su paisaje evoca. La ruta que hoy recomiendo es una de esas que he recorrido decenas de veces y que me sigue resultado encantadora.

A Lanzada

Viajaremos desde cualquier punto del Occidente de Asturias (Los Oscos, Grandas, Pesoz, Allande…) hasta O Grove, en Pontevedra. Es un trayecto variado en el que los cambios de paisaje y orografía, a pesar de ser a veces muy sutiles, no pasan desapercibidos. Para empezar tenemos paso obligado por la carretera LU-530, una auténtica ensalada de curvas en los poco más de 50 km. que nos separan de la A-6. Si lanzamos la vista hacia el Sur, al fondo podemos ver toda la Serra dos Ancares, enmarcando el horizonte y acotando nuestro microcosmos. Podemos optar por desayunar una tapa de “pulpo a feira” en A Fonsagrada o dejarlo para más adelante y picar algo en la zona de vinos de Lugo. Muralla romana, catedral o las tabernas de la calle Rúa Nova en la ciudad más barata de España, deberían ser motivo suficiente para realizar una parada.
A partir de Lugo ya dejamos atrás la montaña y entramos de lleno en el mosaico de la Galicia Central, una sucesión de bosquetes de castaño, roble y pino salpicados de terrenos de labor y prados. Tomamos la N-547 hasta Guntín y aquí nos desviamos hacia la N-630, una carretera amplia y solitaria que invita a ser recorrida con parsimonia, aspirando las fragancias del heno curándose al sol y de los castaños en flor.
Las poblaciones más pequeñas, de apenas cinco o diez casas, parecen estar suspendidas en un espacio atemporal, con sus viviendas monolíticas de granito oscuro, casi siempre rodeadas de robles y con nula actividad humana a la vista. Por el contrario, las poblaciones más grandes se abren a la carretera general mostrando el más puro feismo gallego: construcciones sosas, casi todas ellas, que llevan el marchamo del desarrollo de los años ochenta. Aún así, merece la pena obviar el mal gusto de las cabeceras de comarca y quedarse con la pureza estética de lo recoleto, con la belleza sutil de los cientos de rincones que salpican esta ruta.

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Después de habernos dejado impresionar en la Comarca del Ulloa, con sus pazos y su tranquilo encanto, llegamos a Caldas de Reis. Aquí comienza O Vale do Salnés, tierra de Albariño, de eucaliptos y otrora, del narcotráfico y el contrabando de tabaco. Peregrinos del Camino de Santiago Portugués se confunden con turistas y compradores en los lunes de mercado. Nuestra ruta se cruza con la N-550, la vía como mayor tráfico de todo España y es a partir de este punto donde comenzaremos a encontrar más afluencia de vehículos en estos días de verano.
Sin dejar la N-630 llegamos a la Ría de Arousa. A los habitantes de Vilagarcía de Arousa en algún tiempo se les llamó “ingleses”, de hecho tienen su cementerio inglés. Esto era debido a las numerosas paradas de la Royal Navy en su puerto lo que hizo necesario construir un cementerio para que los marineros que morían allí no fuesen enterrados en un camposanto católico. Esto de la muerte siempre preocupa más a los vivos que a los finados, es natural.
Ahora, en dirección Sur, nos las arreglamos para ir sorteando el tráfico intenso de camiones, turistas y vehículos de reparto. A nuestra derecha, hacia el Oeste, las bateas de la ría nos recuerdan que estamos en punto neurálgico de la cría de mejillón a nivel mundial, con toda una actividad fabril y cultural que pivota en torno a este molusco.
En O Grove escogimos para pernoctar un alojamiento un tanto atípico: un barco. El Hidria Segundo es el único barco que vapor que queda en España y está rehabilitado como barco museo y “hostel” si es que la palabra se ajusta a este peculiar establecimiento.

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Cruzar la pasarela que conduce al barco es como traspasar el umbral a tiempos pretéritos, no en vano estamos en un barco de vapor. Allí Sesé nos recibió a Elena y a mi con la energía inusitada que siempre parece acompañarla. Nos acomodamos en las literas y recorrimos las cubiertas de madera admirando el enorme trabajo de restauración llevado a cabo.

Las visitas que se pueden realizar desde aquí y los atractivos que ofrece la zona son de sobra conocidos. Visitar Illa de A Toxa, comer un plato de mejillones con albariño o reunir el valor suficiente para zambullirse en la Praia da Lanzada, son actividades que uno debería probar en la primera visita. Para la siguiente, ya expertos geógrafos de esta peculiar península, nos lanzaremos a la conquista del resto de rías Baixas pero dejando algo en el tintero para regresar por tercera vez.

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Cine: El Arcángel

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El Arcángel (Missionary Man)
2007
USA
Director: Dolph Lundgren
Reparto: Dolph Lundgren, Matthew Tompkins, John Cann, James Chalke, Jonny Cruz, John Enos III
Guión:  Dolph Lundgren, Frank Valdez
Fotografía Xiaobing Rao
Música: Elia Cmiral

Cuando Ryder (Lundgren), un misterioso forastero, aparece de repente en un pequeño pueblo, la vida de sus habitantes, que viven sometidos al yugo del cacique local, cambia para siempre. Armado con su biblia, su motocicleta y su sed de venganza, Ryder hace frente al dictador al más puro estilo policial, demostrando que la justicia aún pega fuerte. (FILMAFFINITY)

Con estas palabras nos desgranan en Filmaffinity un guión que, tal y como promete la sinopsis, no deja de ser la basura que te esperas. Con estética y modos del cine de acción de los años ochenta parece mentira que esta película se haya hecho en el año 2007. Quizá que Doph Lundgren pretendía dar los últimos coletazos como actor y se ha ceñido a las formas del cine de mamporros de su juventud. La verdad es que al verlo repartiendo leches se nos viene a la cabeza cómo le puso la cara al tontaina de Rocky metiéndose en la piel de Ivan Drago. Es de agradecer que él mismo haya dirigido la película porque así recae sobre la misma persona la responsabilidad de haber perpetrado semejante truño.

Los malos son malos y tontos, además de moteros. Los buenos son “indiesitos” de una reserva oprimidos por el cacique local y por la pérfida raza blanca. El héroe, cachas e inexpresivo hasta la risión, agrupa todos los tics de género y acaba resultando un poco patético.

Si nos vamos al detalle llaman la atención las Harley-Davidson preparadas con accesorios de Arlen Ness y brillantes a más no poder, en claro contraste con la mugrosidad que caracteriza a los “malos malotes” sobre motocicletas. O cómo un pueblo próspero y majo cambia de aspecto en la batalla final para convertirse en una especie de barrio-vertedero del extrarradio. También llama la atención el sonido constante del viento, aunque no se mueva ni una hoja. Se ve que a Dolph le pareció muy épico incluir ese efecto especial en cada escena de exteriores.

Y hablando de banda sonora, la música que acompaña a esta obra resulta pesada y machacona, como muy de cine de los ochenta, lenta y renqueante. Como lenta y pesada es la película hasta la mitad del metraje. Es una suerte que el visionado en Pordede se me haya cortado cuando faltaban dos o tres minutos para terminar. Me he quedado con mal sabor de boca por no ver los abrazos y las despedidas pero lo cierto es que ya estaba en el límite del sopor.

En general recuerda a un spaghetti western de lo más típico, con su cacique, sus malos, su héroe, la chica, los niños… Todo muy soseras y poco original.

Nota: Acabo de leer que es una adaptación moderna de “Jinete pálido” de Clint Eastwood. Pues bien, si lo que quería era joder el guión y la historia original con cuatro duros lo ha conseguido.

Multado un conductor por morderse las uñas

Multa por morderse las uñas

Un conductor ha sido multado con ochenta euros por morderse las uñas mientras conducía en el área metropolitana de Salamanca, dentro del término municipal de Carbajosa de la Sagrada.

Mil veces os avisaron las madres de que ese feo vicio de morderse las uñas resulta desagradable y pernicioso… pero ha tenido que ser la propia Guardia Civil la que os convenza. Loado sea, una y mil veces, el Benemérito Cuerpo!

Como siempre hay algún incrédulo os dejo el enlace a la noticia en El Ideal

El Gilipollas de la semana

Tiene que haber gente “pa tó” pero llevar la piel de un lobo de esta guisa me parece de bastante mal gusto. Sí, ya se que yo llevo una de oveja en la moto, será por eso que aún me parece peor.

Guardarse la chorra después de hacer pis

Su bigote se movía arriba y abajo escupiendo palabras a borbotones, como si una premura atávica lo estviera impulsando a hablar de forma constante. Yo no apartaba la vista de sus ojos, escuchando con distraída atención todo lo que me contaba, corroborando con la mirada la importancia de las historietas que me estaba relatando. Música alta, empujones, olor a sudores rancios y falta de oxígeno debido a un calor asfixiante.Pero antes de estar apostado frente a La Pulga, entre el barullo de las fiestas de San Fermín, escuchando la incontrolable verborrea de aquel hombre de mediana edad, ya había desmoronado los planes de viaje que me habían llevado hasta allí.

Mientras el resto de España boqueaba con la ola de calor correspondiente, en el Norte, ajeno como de costumbre a los devenires meteorológicos, teníamos el tiempo óptimo para salir en moto. Y un tiempo óptimo, llueva o nieve, es algo que no se puede desaprovechar así que, un sábado cualquiera en una carretera cualquiera, me disponía a viajar hasta Donostia para hacer dinero a espuertas. Quizá sea un poco exagerado esto del dinero a espuertas pero, mientras sonaba Kasabian dentro del casco, me imaginaba a mí mismo contando billetes a la par que desplegaba mi vena artística en la Playa de La Concha.
Hace tiempo me dediqué a “esto de la artesanía” tallando piedra en ferias y mercados. De la noche a la mañana las musas decidieron abandonarme, supongo que aburridas de verme hacer siempre lo mismo, y decidí dedicar mis horas de creatividad a tareas más mundanas como escribir un blog o cosas de parecida factura y nula retribución económica. Sin embargo, con esto de la crisis, me pareció buena idea retomar mi vena artística y qué mejor lugar para ello que una ciudad donde la actividad económica se mueve en rápidos en lugar de hacerlo por tranquilos meandros.
Cargué las maletas de piedras y con tan absurda carga me subí a la moto decidido a cubrir los setecientos y pico kilómetros que me separaban del dinero. No puede evitar pensar en la cara que pondría la policía si les daba por registrar mi equipaje o, al igual que cuando éste consistía en un saco de mierda, qué pasaría si tenía un accidente. Últimamente parece que tengo parada fija en el absurdo.
Aún no había recorrido doscientos kilómetros y ya me di cuenta de que la rueda trasera no iba a aguantar todo el viaje. Estas cosas ya ni me preocupan, es mi sino. He cambiado neumáticos en Génova, en Sevilla, en Tromsø, en Chaves y en lugares en los que ni me acuerdo, casi siempre por esa pequeña falta de previsión que de contínuo me asiste. Llamé a mi amigo Juanto en Castro Urdiales pero mis esperanzas de encontrar un taller abierto un sábado por la tarde eran nulas. Aún así podía cambiar mis planes de montar el puesto en Donosti y hacerlo en Castro, que también tiene su fujo de turistas bilbaínos y su buena dosis de euros.
No pasó nada de eso.
En el siguiente fotograma me encontré a las cinco de la mañana bailando reggaetón frente a las txosnas del puerto de Castro, levantado las manos, llegando bien arriba y con la rodilla flexionada a la altura del esternón, con un suag de difícil descripción. Creo recordar que unas chicas jóvenes me miraban pero no estoy seguro de si querían ligar o la imagen de un motero con tal ritmo les resultaba tan hipnótica que no podían apartar la vista. Pienso que ambas cosas.
El plan B, elaborado con primorosa exactitud entre baile y baile, también se vino abajo al despertarme con una tremenda resaca que me impedía realizar movimientos fluidos. No se por qué cuando me cambio de los vinos a las copas sin solución de continuidad me parece tan buena idea; al día siguiente caigo en la cuenta de que es un error que se repite con demasiada frecuencia. Y evitar la cena también.
De nuevo las musas me habían abandonado antes, incluso, de hacerme la visita de modo que tampoco pude hacer disfrutar a los viandantes con el primoroso arte de tallar piedras. A cambio, las deidades del tiempo atmosférico decidieron dejar al resto del país sumido en una tremenda ola de calor y a mi regalarme un día plomizo, de lluvia persistente y niebla en los altos del Puerto de Las Muñecas.
No es buena mezcla andar con las ruedas lisas y la carretera mojada así que, cargado con las piedras, la resaca y una cierta sensación de desamparo, salí en dirección a Pamplona por ver si mente y cuerpo se atemperaban con el asunto del Chupinazo y esas cosas típicas de los Sanfermines.
Pero cuando uno no anda fino es proclive a saltarse los desvíos así que cuando quise darme cuenta estaba subiendo el Puerto de Urkiola, trazando sus hermosas curvas sin demasiada convicción y deseando que el sol se asomara por entre las copas de las hayas y los abetos. El olor a humedad, a umbría y a acículas de pseudotsugas no conseguía animarme como tampoco lo había hecho la hamburguesa pastosa del McDonalds de Durango.
Pero Pamplona tiene su chupinazo, su almuerzo, su pléyade de borrachuzos impenitentes y su gran variedad de psicotropía así que, como quien no quiere la cosa, cuando quise darme cuenta, un señor de bigote me contaba las aventuras de un camarero de su pueblo, el que un día atendió a unos turistas con la chorra fuera porque no se había acordado de guardarla cuando fue a hacer pis.

Dónde están los radares móviles en España

La Dirección General de Tráfico ha desvelado dónde están instalados sus más de 1294 radares móviles para el control de velocidad. Aquí están reunidos todos los mapas que han publicado, con la excepción de Cataluña y País Vasco, que tienen las competencias transferidas en materia de tráfico.

Pulsa sobre la provincia que desees para acceder al mapa de tramos de intensificación de vigilancia de la velocidad en carreteras convencionales




MAPAS

TRAMOS

LAS CARRETERAS CON MÁS RADARES

Mapa de Radares en Asturias

Como sabréis, la Dirección General de Tráfico publica un listado con la ubicación de los radares móviles para el control de velocidad. La información resulta útil pero lo único que nos proporcionan es la carretera y el tramo kilométrico. Mucho más útil sería si los tramos vinieran reflejados en un mapa, claro.

Yo he puesto los de Asturias y os animo  acompartir mapas con la ubicación de los radares de vuestra provincia.

Sólo hay que acceder a la página web de la DGT, ver dónde están colocados y localizarlos en un mapa.