Mes: agosto 2015

Nuevas trabas para Pingüinos 2016

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La Concentración Invernal Internacional Pingüinos 2016 va camino de convertirse en un culebrón en toda regla a la par que genera más expectación que ningún año por estas fechas. Después de que el Ayuntamiento de Valladolid se comprometiera, después de la anulación del año pasado, a encontrar una parcela para la ubicación definitiva de la Concentración, los problemas e inconvenientes parecen perseguir a cualquier emplazamiento que se busque.

La parcela de La Hípica, lugar designado para el evento, cuenta con una protección ambiental similar, aunque inferior, al pinar donde en 2015 fue imposible celebrar la concentración. Además las obras van atrasadas y ciertos problemas burocráticos lastran la rehabilitación del edificio. Mientras, Ecologistas en Acción ha recurrido la decisión de la Junta de Castilla y León de autorizar la parcela para realizar Pingüinos 2016, precisamente por el nivel de protección ambiental que tiene. Cabe señalar aquí que la protección ambiental de este lugar ha sido pedida, hace años, por el propio Ayuntamiento.

Tras una reunión entre el grupo ecologista y el Ayuntamiento, los primeros han aportado como alternativa tres parcelas situadas en la zona que no tienen protección ambiental. Dos de ellas son públicas y la tercera privada, con lo que habría que contar con autorización del dueño.

¿Cuál es el problema con estas parcelas?

Que las actividades serían en La Hípica (donde se está trabajando en la adecuación de todos los servicios) y la acampada en cualquiera de las parcelas propuestas.

El equipo de gobierno ha visto esta opción como “muy interesante” y han ido a ver las parcelas propuestas por Ecologista en Acción.

¿Qué ha dicho Turismoto?

En declaraciones de Mariano Parellada, presidente del motoclub, “la parcela está autorizada y autorizada” y “no hay posibilidad de modificación”, refiriéndose a La Hípica. Según la organización no se pueden separar las actividades y la acampada porque esto iría en contra del espíritu del evento. ‘Pingüinos’ es una “zona común”, por lo que es impensable dividir el espacio destinado al descanso de los motoristas de las zonas de servicios y actividades destinadas al ocio de los mismos, ha dicho Mariano Parellada.

A nadie se le escapa que, entre otras cosas, si la acampada no está cerca de las carpas de tiendas y hostelería muchos moteros se quedarían en sus campamentos, con sus hogueras y su gente, y no pisarían el recinto de servicios. En la práctica ya hay muchas personas que apenas si salen del ámbito más inmediato del campamento, pero separar la acampada de la zona de ocio supondría un divorcio de facto: equivaldría a tener dos concentraciones paralelas.

Con este panorama solo nos resta esperar al 15 de septiembre en que se reunirán Turismoto y el Ayuntamiento de Valladolid. En ese momento, a la vista de la propuesta definitiva, la organización de Pingüinos 2016 tomará una decisión en firme sobre la realización o no del evento.

Libro: La Emoción del Nómada

  • Tapa blanda: 412 páginas
  • Editor: Comanegra; Edición: 1 (9 de septiembre de 2013)
  • ISBN-10: 8415097611
  • ISBN-13: 978-8415097617

La Emoción del NómadaA estas alturas pocos aficionados habrá a la lectura de viajes en moto que no conozcan este libro de Miquel Silvestre, el viajero en moto más mediático que ha salido de España.

Después de publicar Un Millón de Piedras, Miquel Silvestre se embarcó en otro viaje, desde Europa hasta Asia Central para dirigirse luego a Tierra Santa. Era una peregrinación. Son más de 400 páginas que pasan por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Ucrania, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Azerbaiján, Georgia, Turquía, Siria, Jordania, Líbano, Israel y los Territorios Palestinos, donde termina el relato en la Iglesia de la Natividad.

Cuando Miquel Silvestre realizó este viaje aún no era el viajero mediático que conocemos ahora ni el ejemplo a seguir que muchos ven en él. Aún sin ser inexpero en viajes, este parece el más fresco e inocente. Sin Facebook, sin blog y sin ataduras “mass-media”, se embarco en un viaje que tenía mucho de descubrimiento interior.

Esta es la obra más íntima del autor, en la que nos relata su conversión o renovación de fe. Desde los primeros capítulos vamos asistiendo a la transformación del protagonista y, poco a poco, nos damos cuenta de que algo trascendental va a suceder en su vida. Los avatares por los que va pasando, los encuentros casuales y las vicisitudes por las que pasa nos preparan para la revelación que va a tener lugar.

En La Emoción del Nómada hay sitio para la mala leche del autor, para las situaciones cómicas y sobre todo, para la confesión. Horadamos en lo que siente el personaje y podemos llegar a comprender un poco más lo que siente cuando está de viaje. La relación con su novia de entonces o la desesperación por verse desamparado y perdido llega al lector con nitidez y sin tapujos.  Y eso es lo más interesante de la obra. Además su estilo directo y una prosa ágil hacen que el libro se lea con interés. Miquel huye de la monotonía de eternas descripciones de carreteras y hoteles para hacernos viajar con él. A veces resulta odioso, a veces enternecedor pero por encima de todo, resulta creíble. Podemos estar o no de acuerdo con su cosmovisión, en cómo se relaciona con las personas que se encuentra en el camino o abominar su esporádico histrionismo pero este libro es, sobre todo, honesto.

Como he dicho es una prosa directa, a veces ruda si la ocasión lo requiere. Esto hace que no pueda evitar la comparación con otros autores que hacen de la exageración y el adorno artificioso para darle un poco de brillo a viajes que, aunque  no sean ser planos, lo parecen.

Las últimas páginas del libro, por circunstancias que no vienen al caso, las leí semanas después. En ellas me encontré con el desenlace final, con el Miquel más íntimo, sincero y humilde, muy distinto a lo que a veces nos muestra en sus apariciones mediáticas. Un colofón perfecto para un texto que hurga en las entrañas del autor y que lo desnuda por completo.

Programa 42. Coloquius Interruptus

Asistimos al coloquio con más interrupciones de la historia de Viajo en Moto. El Búfalo, con una conexión Wi-Fi a pedales, nos habla de su viaje por la costa Oeste de África, llevada a cabo con su moto de dos y medio y su tabla de surf a cuestas. Aparece un espontáneo en la conversación, desde el otro extremo del continente y… bueno, mejor lo escucháis.

Tenemos también a Fran Cairón, otro gaditano “envenenao”. Fran pretende dar la vuelta al mundo a lomos de una Suzuki GSX1000R en poco más de dos meses. ¿Creéis que lo conseguirá? Ya falta menos para que comience su viaje y ya veremos como se desenvuelve por el mundo a toda leche.

Para terminar la ronda de entrevistas llamamos a Raúl Sanz, de www.indiaenmoto.com. Raúl, a raiz de su experiencia en India se dedica a organizar viajes en el Norte del país. Nos cuenta cómo lo hace y nos da detalles de precios y rutas.

Además hablamos del próximo libro de Alicia Sornosa y damos un somero repaso a Salí a Dar una Vuelta, de Fabián C. Barrio.

Y alguna sorpresa más.

 

Pingüinos 2016 en el aire

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Edificio de la Hípica

De nuevo, cuando todos pensábamos la Concentración Invernal Internacional Pingüinos 2016 era un asunto resuelto, surgen dudas sobre la celebración del evento.

Problemas administrativos están impidiendo que las obras en el área escogida por el Ayuntamiento para la Concentración estén avanzando. Desde el Consistorio aseguran que este es el único lugar en que se puede celebrar y que las actuaciones necesarias no pueden ir a otro ritmo por problemas heredados de la anterior corporación. Desde enero hasta junio no se ha hecho nada.
Por otro lado, está el asunto de la ejecución de las obras. El Ayuntamiento detectó «patologías importantes» en los edificios ubicados en el solar que se utilizarán durante la concentración. Eso hizo que se detuviera parte de la actividad para realizar un segundo proyecto que elimine esas deficiencias. Las obras de saneamiento y electricidad parece ser que están terminadas pero el segundo proyecto, el del edificio, es el que está dando más problemas.

Mariano Parellada, presidente de Turismoto, que es el motoclub que organiza La Pingüinos, ha mantenido una reunión con los concejales de Cultura y Turismo, Ana Redondo, y Urbanismo, Manuel Saravia. ha manifestado que hasta finales de septiembre, que se reúnan con el Ayuntamiento de nuevo, todo está en el aire. Recalca que la parcela propuesta es la que les han ofrecido y no la que ellos han escogido. La decisión de usarla o no se tomará en la asamblea de socios.

El año pasado Turismoto suspendió la Concentración y su organización hasta finales de octubre por lo tanto en ese mes tendrían que tener ya algo definitivo.

Por otra parte Ecologistas en Acción ya ha asegurado que “van a seguir con su posición” de recurrir la autorización ambiental de uso de la parcela, si bien Parellada entiende que el equipo de Gobierno municipal tiene “sus cauces para dialogar y llegar a un acuerdo” mediante la concesión de un uso especial o el traspaso de la protección ambiental a otra zona de la ciudad.

Según un informe del Ayuntamiento no hay otra parcela en todo el término municipal de Valladolid capaz de albergar la cita así que, o se hace en la Hípica o no se hace en ningún sitio.
El 20 de agosto representantes del Ayuntamiento se reunirán con Ecologistas en Acción y el 21, presumiblemente, se hará la recepción de la primera fase de las obras.

Así las cosas, habrá que esperar a finales de septiembre para saber si se terminarán las obras en plazo, si los socios de Turismoto aceptan los nuevos terrenos en La Hípica, si Ecologistas en Acción no hace alegaciones, si el proyecto consigue superar las trabas burocráticas y si los usuarios de la concentración no se cansan de tanto meneo.

Fuentes:
Tribuna de Valadolid
Cadena Ser 

 

 

Editado el lunes 24 de agosto de 2015:

recorte de prensa pingüinos

La mejor carretera del mundo

La carretera está bacheada pero dispone de un piso bastante aceptable. El truco consiste en ir esquivando las zonas más arrugadas y circular con calma.

Calma.

Es lo único que parece haber en este altiplano portugués, dominado por llanuras de la nada y pueblos en los que no se mueve ni una mosca. Casas de granito de rotunda presencia y bares anodinos con una exigua terraza que siempre luce el toldo rojo de “Cafés Delta”. No busco otra cosa. En realidad no busco nada en concreto, sólo hacer kilómetros sobre la moto y ver pasar el paisaje a ambos lados. Vuelvo a quedarme en estado catatónico mientras el mundo se desplaza a mi alrededor.

Quietud.

Melancólica quietud portuguesa y  silencio quedo, roto tan sólo por el paso fugaz de la moto. Horadamos la tranquilidad provocando remolinos de aburrimiento. A la derecha, bien al Oeste, el sol cae a su encuentro diario con el horizonte. Es lo mismo de siempre pero parece que se quiere esconder con saudade portuguesa, con la majestuosidad que solo tienen las puestas de sol en Portugal. Imaginaciones mías, seguro. Aún está apretando fuerte y no parece que tenga intención alguna en irse a dormir.

Dejo atrás los llanos de Vila Chã y comienzo un descenso pausado entre viñas cultivadas en terraza. Todo el valle parece una enorme escalera de piedra con peldaños rematados en el verde de las vides. Huele a fresco y caldo bordelés. En los postes y vigas que sostienen las viñas se puede apreciar el color azul verdoso del sulfato de cobre. Es el ingrediente básico del caldo bordelés con el que se protegen las plantaciones del ataque de hongos y mildiu.

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Las curvas cerradas se suceden y, sobre la moto, vuelvo a sentirme afortunado por poder disfrutar de todo esto. Todo el valle se me antoja de una belleza sin parangón, antesala, sin duda, de lo que encontraré más abajo. En el artículo que he leído decían que es la mejor carretera para conducir. Que el equilibro entre curvas y rectas, entre aceleración y frenada es perfecto. Lo han calculado un diseñador de circuitos, un físico cuántico y un diseñador de montañas rusas.

Ya me estoy imaginando la carretera, paralela a río Douro y con la entrañable frescura que solo tienen las carreteras de ribera, esas en las que los alisos te arropan con su sombra, las que te acogen como el abrazo cálido de un amigo. Ya me veo con la tienda de campaña, acampado en un idílico rincón al lado de la carretera que los expertos de AVIS consideran como la mejor del mundo. Quizá hasta pueda hacer una pequeña hoguera y quedarme embelesado con el baile de la llamas antes de irme a dormir. Necesito vino. Estoy rodeado de cientos de hectáreas de viñas así que han de tener vino. Ni siquiera necesito que sea bueno, con que me sirva para acompañar un chorizo a la brasa es más que suficiente.

Una señora de proporciones rotundas y amabilidad de igual tamaño me despacha una botella de Douro tinto y regreso a la moto para seguir castañeteando dientes entre el adoquinado de granito.

Pinhao

Unos kilómetros más abajo, cerca de Pinhão ya me asomo al río Douro, estoy cerca de la carretera nacional 222, la exquisita ruta que los expertos recomiendan. Estoy perfecto estado físico y anímico para disfrutar aún más que con esta bajada hermosa que voy dejando atrás. Todos los sentidos alerta, la mente abierta para absorber curvas y paisajes, la sonrisa sigue dibujada en mi rostro… Es la mejor carretera del mundo. Y el mundo es muy grande.

Dejo Pinhão atravesando el Duero por el Puente Eiffel. Este arquitecto del siglo XIX tiene como obra más emblemática la famosa torre Eiffel en París pero también dejó su legado en Portugal. Vivió dos años en Barcelos y construyó el famoso Puente de María Pía de Oporto o el viaducto de Viana do Castelo, entre otras obras.

Ponte Pinhao

Aquí comienza la N-222. Estoy ansioso. El piso no es lo que me esperaba, tiene algo de gravilla en los bordes, pero no está mal. Curva pronunciada de segunda, contracurva y una pequeña recta de cien metros en ligero ascenso. A mi derecha el río y la quietud de un embalse. Sol que se precipita al fondo del valle y un barco turístico que, perezoso, remonta para llegar al embarcadero de Pinhão. Me detengo a hacer unas fotos y fumar un cigarrillo. Mantengo una conversación forzada con una pareja de turistas franceses y vuelvo a la moto con ansia por recorrer el tramo.

La carretera se ensancha y mejora. ya hay arcenes y el asfalto está en buenas condiciones. nada del otro mundo pero en condiciones aceptables, conociendo las carreteras del interior de Portugal. Una recta. Media curva. Otra recta. Una recta larga. Una curva suave… Esto no es lo que yo me imaginaba. Los ojos se me van a derecha e izquierda buscando un lugar en el que poner la tienda. La tarde está cayendo y no veo ningún sitio adecuado. A mi derecha matorrales y el río. A mi izquierda la terrazas de los viñedos y fincas cerradas con vallas metálicas. Todo es demasiado escarpado, demasiado inhóspito o demasiado inadecuado. Empiezo a mirar de soslayo los jardines públicos y los embarcaderos del río pero están demasiado cerca de la carretera.

Decido llegar hasta Peso da Régua, donde finaliza la “mejor carretera del mundo” y buscar allí un lugar de acampada. Mientras, intento disfrutar de la carretera de AVIS, poniendo todos mis pensamientos positivos en primera línea y procurando ser un entendido en diseño de rutas. Nada. No funciona. Esta carretera es una carretera normalita que discurre por un hermoso paisaje, pero nada más. No es, ni de lejos, la mejor carretera del mundo para conducir, al menos desde los criterios subjetivos que yo manejo. Me esfuerzo por desear que sea la mejor, me conmino a buscar encantos que no veo pero no consigo vislumbrar qué es lo que hace a esta carretera superior a las demás. El paisaje es bonito pero no más que la carreterucha de bajada. La banda de rodadura es aceptable pero muy lejos de ser un asfalto prístino y adherente, de esos que  refulgen y en los que parece que la moto se pega al suelo como una lapa.

Desilusionado, llego a Peso da Régua e intento montar la tienda en un espacio para autocaravanas. Enseguida el vigilante me dice que no está permitido.

Avanzo en dirección Sur, si rumbo fijo, sin ayuda de GPS y sin saber muy bien hacia dónde me dirijo. Carreteras solitarias, pueblos vacíos a media ladera y sensación de desamparo. Tengo que encontrar un sitio para montar el campamento o me veré obligado a buscar una pensión. Y no abundan.

campamento

Siguiendo mi instinto tomo una carretera de cuarto orden y llego a la cabecera de un pequeño valle. Aquí hay huertas, descampados, cultivos en terrazas… Al segundo intento instalo mi campamento entre los saúcos, preguntándome para qué demonios cultivan este arbusto. Recojo leña y, en pocos minutos tengo mi hogar transitorio preparado.

Un hombre se acerca cargando aperos de la huerta. camina con la cabeza baja, mirando el suelo, encerrado en su mundo y esquivando mi presencia. Lo saludo con amabilidad y le pregunto si puedo montar la tienda allí. La pregunta es una perogrullada porque ya está montada y no tengo intención de irme pero, aún así pregunto. Me dice que el dueño no está en el pueblo, que vive fuera y que apenas atiende las fincas. Hay un tono de amargo reproche en su respuesta. Me puedo quedar allí todo el tiempo que quiera. Cuatro, cinco días, lo que necesite.

Creo que me voy a zampar la botella de vino.

Hoguera

Una Boda Celta

Los asuntos religiosos no es lo que más me preocupa en la vida pero siento respeto por los que practican alguna religión. Creo, al contrario que otras personas, que tener la esperanza de una vida más allá de esta, el esperar un premio a la buena conducta, puede ser un acicate para ser mejores personas. Es una lástima que los seguidores de cualquier religión no la sigan a rajatabla y decidan administrar las enseñanzas de su maestro respectivo a su propia conveniencia.

Bajo esta premisa decidí hacer apostasía y “desbautizarme” de la religión católica por no ser un cínico y tener cierta coherencia. Bien es sabido que todos resultamos ser bastante coherentes si no requiere de mucho esfuerzo. Sin embargo me vi muy capaz de liderar espiritualmente mi propia existencia así que decidí adoptar otra religión para medrar en ella. Claro que ¿cuál escoger? Hay tantas y tan variadas. Cada una con sus dogmas de fe, sus ritos arcaicos, sus tradiciones y sus costumbres entrañables. ¿Qué hacer? Menuda duda existencial. ¿Y si me equivocaba de Dios verdadero y escogía a un dios que no existe? ¿O si escogía al Dios del Mal en lugar de al Dios del Bien? Como no tenía claro cuál es la comunidad religiosa que está en posesión de la verdad omnímoda, me apunté a todas. A través de Internet, la nueva religión de masas, me ordené pastor de la Universal Life Church, la religión que admite cualquier confesión. Viene a ser algo así como una federación de religiones o la religión del Universo. Si hay un dios tienen que acertar por fuerza, porque aquí todos son válidos. Como soy un “bienqueda”, decidí que esta sería mi Iglesia y ahora estoy a bien con todos los dioses del orbe. Si los hubiere. Taoistas, quáqueros, judíos ultraortodoxos, adventistas de los últimos días… soy de los vuestros.

Hace unos meses, casi recién estrenado mi nuevo estatus de “pastor”, mi amigo Juan comentó que otro de sus amigos, motero también, andaba buscando a alguien que le oficiase su boda celta. La ocasión la pintan calva, pensé. Era la mejor forma de estrenarse en el ministerio y con honores, en una de las múltiples religiones que profeso: el druidismo.

Báculo

Así que, con trece grados de temperatura y el Sagrado Báculo de druida asomando por la parte de atrás de la moto, me encontré viajando hacia las orillas de uno de los ríos de la tierra de los pésicos, imbuido de santidad pagana y con las fuerzas telúricas cargándome de energía vital. Allí iba yo, negociando curvas bajo un pertinaz orbayu, a oficiar una boda de una pareja a la que no conocía de nada. Tan concentrado iba en esta nueva faceta mía que no me atreví ni a poner música por no ofender a Lug, a Taranis, a las Devas, a Belenos o a cualquier otra divinidad del elenco. A pesar de todo iba conduciendo divinamente, todo hay que decirlo.

En qué consiste una boda celta, os preguntaréis. Pues es un rito de unión entre dos personas que se realiza bajo el influjo de los Espíritus de los Cuatro Cuadrantes, bajo la mirada de la Madre Tierra y el Padre Cielo, en comunión con los seres invisibles de la Naturaleza.

En el interior del Círculo Sagrado se juraron amor y respeto ante las deidades paganas y ante los testigos visibles e invisibles. Un druida-motero actuó de intermediario entre lo tangible y lo espiritual.

Boda celta

Después de la ceremonia invitamos a un dios foráneo, Baco, y ya no me acuerdo de mucho más. Cosas de la vida espiritual, ya sabéis.