Mes: enero 2016

Premio a Honda por su nulo apoyo al mototurismo

Estos días, con tanta gente hablando de la nueva África Twin, no puedo evitar pensar en la publicidad gratuita que esto supone para Honda. La marca se está ahorrando un montón de dinero en promoción gracias a miles de usuarios que se lanzan a los concesionarios a probar la moto y luego contarlo en las redes sociales. Y resulta doblemente curioso porque HONDA es una de las pocas marcas que en España nunca apoya a los viajeros que usan sus máquinas. A Fabián C. Barrio le dieron con la puerta en las narices cuando dio la vuelta al mundo en una Transalp. Lo mismo le ocurrió a Fernando Quemada con su África Twin. A Charly Sinewan tampoco le brindaron ni un ápice de apoyo mientras viajó con la Varadero y desprecio fue lo único que recibieron Alejandro y Guada después de 14 años en la ruta, también con una Transalp.

También resulta chocante ver que muchos de los que le hacen la corte a Honda despotrican contra BMW deseando su pronta extinción a pesar de que la marca alemana apoyó, desde sus inicios a infinidad de viajeros. Lo hicieron con Danny Liska, con Charly Boorman y Ewan McGregor, con Alicia Sornosa, con Miquel Silvestre y con decenas de viajeros que se acercaron a la marca con un proyecto que encajase en su política de ventas. Honda no. Honda siempre se limita a la alta competición y no hace ni caso a los motoviajeros. Si tienes dudas solo tienes que escribir en cualquier buscador “viaje en moto patrocinado por BMW” y luego cambiar BMW por la marca japonesa.

Que el nulo apoyo de HONDA a cualquier cosa que tenga que ver con los viajes en moto sea recibido con tantos parabienes y tanto entusiasmo me produce una cierta desazón y un poco de tristeza.

A Viajo en Moto nos pagan lo mismo los de Honda, los de BMW, o los de cualquier otra marca de motos: NADA. Pero si tenemos que apoyar a alguien del modo que sea no va a ser a quienes muestran desprecio por los motoviajeros y el mototurismo. Ya puede ser la mejor moto del mundo, la más fiable y la más mejor del mundo mundial, no lo pongo en duda, pero mis aplausos no los tendrá.

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Viajar con Pedro Antonio de Alarcón

Hoy os propongo un viaje que ahonda en las raíces de nuestra Historia reciente. Para ello os voy a pegar el primer párrafo de esta peculiar guía de viaje:

Si sois algo jinete (condición sine qua non); si contáis además con cuatro días y treinta duros de sobra, y tenéis, por último, en Navalmoral de la Mata algún conocido que os proporcione caballo y guía, podéis hacer facilísimamente un viaje de primer orden que os ofrecerá reunidos los múltiples goces de una exploración geográfico-pintoresca , el grave interés de una excursión historial y artística , y la religiosa complacencia de aquellas romerías verdaderamente patrióticas que, como todo deber cumplido, ufanan y alegran el alma de los que todavía respetan algo sobre la tierra….

Así comienza el libro de Don Pedro Antonio de Alarcón, “Viajes por España”, en su edición de 1883 y en el que nos cuenta alguno de los viajes realizados durante las décadas anteriores.

Pedro de Alarcón fue un escritor granadino apasionado por los viajes y un ejemplo claro de la literatura decimonónica. Muchos de sus viajes están plasmados en este libro que es un retrato fiel de la España de mediados del siglo XIX como una fotografía escrita. Podéis conseguir un ejemplar, de forma gratuita, por varios medios: En la Biblioteca Virtual de Andalucía os podéis descargar, en formato pdf o imagen el original digitalizado y, además, está disponible en formato libro electrónico en un montón de sitios, siempre de forma gratuita.

La propuesta que os hago es tomar este libro como guía, bajároslo a vuestro dispositivo electrónico favorito, imprimidlo o lo que os resulte más cómodo y dejaos guiar por el, comparar lo que nos cuenta con el estado actual de los paisajes y ciudades que describe.

Por ejemplo, en el capítulo “Dos días en Salamanca“, cuando está en la calle Zamora podemos leer:

Grandes escudos heráldicos campeaban encima de varias puertas, ó en los espaciosos lienzos de fortísimos muros, ó en el herraje negro y feudal de rejas y balcones. Estos balcones tenían por dosel enormes guardapolvos; los tejados remataban en descomunales aleros, y, abajo, las amplias y voladas rejas terminaban en humildes cruces. Veíanse portadas de aquel período del Renacimiento que puede llamarse plateresco español; otras de arco romano, con grandísimas dovelas, al estilo del tiempo de los Trastamaras, y algunas de tan imponente y esquiva hechura, que, á no correr el año de 1877, hubiera yo jurado que en tales casas vivían poderosos inquisidores ó alguno de aquellos terribles mayorazgos que solían ser jefes de una docena de hermanos, todos ellos soldados, frailes y monjas.—¡Indudablemente estábamos en Castilla la Vieja, ó, mejor dicho, en el antiguo reino de León! ¡Hasta el aire era allí godo, español rancio, cristiano puro, antisarraceno, en fin—ya que es menester decir las cosas claras!

Hoy la calle Zamora sigue resultando imponente pero es una vía bulliciosa llena de terrazas y tiendas. Pasear por ella y por toda la ciudad siguiendo las indicaciones de Pedro de Alarcón puede convertirse una experiencia inolvidable, una forma de sumergirse en la historia con un guía de hace 140 años. Pedro Antonio de Alarcón era un viajero erudito y curioso por el que merece la pena dejarse llevar de la mano por pueblos y ciudades.

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En viajes por España tenéis para escoger estas rutas que describe en cada capítulo

  • VISITA AL MONASTERIO DE YUSTE.
  • DOS DÍAS EN SALAMANCA
  • LA GRANADINA. Aquí hace una descripción exhaustiva de la mujer granadina de mediados del siglo XIX y puede servirnos para comprender un poco más el cuadro que nos pinta, con palabras, en cada uno de sus viajes.
  • DE MADRID : SANTANDER.

En este capítulo Don Pedro Antonio toma la diligencia desde Madrid en dirección Norte y comienza escribiendo:

De Madrid á Valladolid hay treinta y cuatro leguas y pico, que se andan en veintitrés horas

Al llegar a la ciudad ya comienza a contarnos el panorama con que se encuentra:

(…) había espesas arboledas, hermosas Casas de Baños, y un paseo llamado las Moreras (donde he estudiado, en la tarde de un domingo, el mujerío vallisoletano), y había un Campo Grande, paseo nocturno mucho más extenso que el Prado de esa Villa y Corte.

Como veis, no solo se fija en edificios, calles y plazuelas: el mujerío y la actividad diaria tampoco escapa a su capacidad de observación.

Nada más entrar en Cantabria esto es lo que ve:

Imagínate cien casas desparramadas sin concierto á lo largo del valle; es decir, que entre: casa y casa median todo un prado y una huertecilla.—He allí la Iglesia, sola en extenso campo , como un monasterio, y rodeada de castaños, nogales é higueras.—Las Casas Consistoriales se levantan en otro paraje pintoresco, donde y a parecía que la aldea había terminado. Aquella otra casa de campo que se ve á lo lejos es la botica. Aquel cortijo, cercado de portales llenos de vacas, acaso será el estanco.—Pero no extiendas más la vista, que la casa inmediata pertenece ya á otro pueblo.—¿Qué te parecen estas poblaciones , á ti que estás acostumbrado á las apiñadas villas y aldeas andaluzas ó castellanas? ¿No te parece mucho más propio para gozar de la vida campestre este caserío diseminado, que aquel colmenar de tristes é insalubres casuchas, donde se vive en forzosa vecindad con la grosería, la estupidez y el desaseo?

Resulta especialmente estremecedora la narración de un accidente de tren que tiene lugar, precisamente, en la inauguración de la línea férrea de Los Corrales del Buelna a Torrelavega. en este accidente se murieron, abrasados por el agua hirviendo de la locomotora, los hermanos Alfred y Morland Jee, ingenieros responsables de la obra.

Pedro Antonio de Alarcón tiene más relatos de viajes, desde rutas en burro o en diligencia hasta trayectos con contrabandistas por las sierras del Sur de España. Os animo a seguir sus pasos en una de vuestras escapadas y a cambiar las modernas guías de viaje por estos relatos, quizá un poco rococós, que se estilaban en la época.

Bucear en la historia pequeña, viajar al pasado desde la moto construyendo nuestra propia aventura minimalista, dejarse llevar por quienes, antes que nosotros, gozaban del placer de los viajes, , nos hará mejores observadores y ampliará nuestros horizontes culturales.

Buen viaje.

Muchos cuentistas y pocos contadores

En los años 90 cualquiera que escribiese cuatro cosas medianamente bien hiladas en Internet era un gurú, un icono. Si ese alguien contaba algo de otros países era la quintaesencia del viajero. Si además, viajaba en moto estábamos ante la sublimación de lo perfecto. Eso sin tener en cuenta la carga de “verdad” que venía implícita en un medio de comunicación tan novedoso; alguien que era capaz de escribir en algo tan complicado como la red de redes era poco menos que un genio.

Pero aquello eran los 90 y montar una página web no era moco de pavo. Por fortuna hoy es mucho más fácil crear un blog de forma gratuita y cualquiera, sin apenas conocimientos, puede contar sus aventuras y desventuras en un periquete. Pero esto es un arma de doble filo.

Si en la pasadas décadas aún no eran muchos los que se decidían a contar sus viajes en Internet, en la presente han proliferado este tipo de páginas de forma exponencial. Y eso hace que tengamos más elementos de comparación. Ahora ya no sirve subir cuatro fotos desenfocadas y un texto mal hilvanado porque, el que más y el que menos, ha leído un montón de viajes ajenos y se ha convertido, si no en un experto, sí en un lector con más experiencia. Lo que antes encandilaba por la originalidad del formato o por lo novedoso del tema, ahora está más trillado y ya no sorprende a nadie.

Ayer, leyendo las aventuras en moto de alguien que viaja mucho, me sorprendió la baja calidad del producto final. No solo lo mal contada que estaba la historia sino la escasa calidad literaria. Era como estar leyendo una redacción de secundaria sobre un viaje en moto. La poca originalidad de lo que contaba, unido a su falta de pericia me hicieron reflexionar sobre lo pobres que me resultaban ahora sus escritos, comparado con lo que publicaba esa persona hace unos años. Es probable que hace unos años escribiera con la misma falta de maestría y que yo ni me diese cuenta. Cabe la posibilidad de que siempre fuese una persona mediocre a la hora de transmitir pero que, cegado por la novedad, ni me percatase de ello. Ahora, con la cabeza saturada de viajes de unos y de otros, y con la estantería llena de libros de motoviajeros, mi espíritu crítico está acentuado y lo que antes resultaba aceptable, ya no lo es tanto. Son tantos los blogs de viajes, en moto o no, que uno termina por sucumbir ante el exceso de información.

Para que una historia de viajes enganche, a día de hoy, tiene que cumplir más requisitos que hace unos años. Ya no sirven textos deslavazados en los que se relata una historia coja, perlada de descripciones pueriles. Ahora necesitamos que el autor mantenga nuestra atención de forma constante porque las tentaciones y distracciones que hay abiertas alrededor de la página son muchas. Hoy tenemos miles de blogs en los que nos cuentan una aventura.

El escribir una crónica de viaje ya no sirve. Hay que ir un paso más allá y relatar una historia con gancho porque todo el planeta está muy andado. Ya no impresionan viajes por el desierto, por los hielos o por la Ruta 66. Necesitamos una historia.

Y contadores de historias, hay pocos. Cuentistas muchos, pero viajeros que consigan mantenernos pegados a la pantalla sin sucumbir a las llamadas de atención de Facebook, de Twiter o cualquier otra red, muy pocos.

 

 

 

El triunfo de la Africa Twin en las redes sociales

No queda otra que felicitar a Honda por su campaña de marketing con la nueva Africa Twin. En pocos meses han conseguido que un gran número de aficionados a la moto estén probando cada día su nuevo modelo de moto y que otro número, aún más grande, esté buscando un hueco para poder hacerlo.

Bloggers, influencers, periodistas especializados y foros de aficionados se lanzan sobre sus teclados para cantar las excelencias del producto. Las redes sociales se inundan, un día sí y otro también, con fotos de personas que han visto la máquina, que la han probado, que han disfrutado de las sensaciones de conducir la nueva creación.

Estas reacciones en cadena suelen producirse cada cierto tiempo en la red aunque circunscritas a otros ámbitos. Nadie quiere quedarse atrás a la hora de mostrar condolencias por la muerte de tal o cual personaje por miedo a figurar en los punta de lanza de la modernidad. Todos éramos seguidores acérrimos de David Bowie, fans irredentos de Lemmy o adoradores compulsivos de Nelson Mandela.

Ahora, con la África Twin, volvemos a alienarnos proclamando a los cuatro vientos las virtudes de la moto y diciendo a quien quiera oírnos que la hemos probado, que  la vamos a probar o que, por fin, nuestras expectativas se han colmado y tenemos una foto con ese oscuro objeto del deseo.

Nos dan un poco igual sus avances técnicos o si es o no una moto adecuada para nosotros: deseamos subirnos, tocarla, tenerla. Desde que Honda anunció en mayo de 2015, el regreso de su aventurera por excelencia, ha sido un goteo continuo de información. Vídeo oficial, características técnicas y detalles que se fueron colando por las redes sociales hasta que, entre diciembre de 2015 y enero de 2016 se produjo en gran advenimiento y la eclosión de la gema.

La campaña de adoctrinamiento por parte de la marca surgió el efecto deseado y todos los aficionados andamos como locos con la AT en la cabeza. Han conseguido, al menos en nuestras mentes y apelando a nuestra querencia por tiempos pasados, evocar el espíritu indómito del modelo de hace 25 años: la nueva Honda Africa Twin es la leyenda hecha realidad, el segundo advenimiento, la síntesis de la libertad que todo individuo ansía. Porque la moto no viene sola. Al igual que cualquier producto viene con una serie de valores, imagen y expectativas que se nos inculcan por tres canales diferentes: el racional, el emotivo y el publicitario. El primero de ellos se basa en la fiabilidad de la moto, la tecnología puntera, las prestaciones. El emotivo es el que nos evoca los tiempos pasados, la juventud, la aventura africana. Y el publicitario es esta marea incontenible de imágenes, de aficionados, de pruebas en los concesionarios, de reportajes en las revistas especializadas…

Como dije al principio, no queda otra que felicitar a la marca por esta campaña, desearles que la nueva Africa Twin sea tan buena moto como el anterior modelo y que triunfe en campos y carreteras además de en las redes sociales. Mientras tanto, seguiremos comprando lo que nos manden.

Libro: Morador del Asfalto

Conocí a Fabián C. Barrio unos días antes de que saliera a dar una vuelta al mundo. Me pareció un tipo peculiar, un tanto alejado de otros viajeros que conocía. Reservado, un poco distante y con cierta indiferencia por el resto de la humanidad. En uno de mis bares de cabecera él se tomó un té mientras yo me trasegaba una copa de coñac. Miré su moto con cierto escepticismo, sobre todo el cabrestante que llevaba acoplado a un lado. Y el “jerrycan” metálico para la gasolina. Seguí su viaje alrededor del mundo y cuando regresó a España creí que ya no volvería a viajar en moto nunca más. Me equivoqué. Y fue, para mí, una suerte que me equivocara porque Fabián es un tipo que da juego. Va por libre, alejado de los estereotipos de motero/aventurero y denostado en algunos “ambientes overlanders”, quizá por una cierta falta de empatía o por su carácter taciturno e independiente. O vaya usted a saber. El caso es que, sin demasiado ruido, él se lo guisa y muchos nos lo comemos.

Soy un fan de sus presentaciones. Están preparadas hasta el último detalle, con poco margen a la improvisación y resultan siempre muy entretenidas. Tanto él como su alter ego, Mordomo Lunfardo, son unos maestos sobre el escenario, dos profesionales. Escribiendo, en ocasiones, resulta empalagoso y barroco, pero no siempre. Y cuando da en el clavo, lo borda.

En su último libro Morador del Asfalto, nos encontramos con un Fabián mucho más cercano que interactúa, que siente y padece, que se emociona y que sufre. No reniega de su pasión por adjetivar hasta el paroxismo pero transmite pasión de una forma que, a mi modo de ver, no conseguía en Salí a dar una Vuelta. Sigue centrándose en demasiados aspectos negativos del viaje y de la gente pero lo hace de una forma tan hilarante en este libro que uno no puede, en ocasiones, reprimir la carcajada. Me gusta reirme de Fabián Barrio. Me gusta verlo en apuros. Me gusta ver a través de sus ojos a un motorista torpe que mantiene conversaciones con su otro yo y que está siempre preocupado por si el horno de su casa en Madrid quedó encendido. La factura de la luz será enorme.

Una de las primeras reflexiones memorables con las que me he topado en Morador del Asfalto es cuando habla de los hoteles en los que coinciden viajeros mayúsculos:

"...cada uno cree estar en posesión de la verdad sobre cómo se ha de viajar y por dónde. Cada uno cree haber vivido las experiencias más extremas, y cada uno cree que su viaje es el que más merece la pena."

Muy fino, Fabián, en la observación de las personas, en el exámen certero del ego. Y muy fino, también,  el análisis, de muchos creyentes convencidos:

" No creo en Dios, pero sí creo, infinitamente, en la bondad de las personas humildes que sí creen en Él y hacen el bien a través de Su espíritu"

He visto tantas veces esa bondad de la que habla, ese hacer el bien, ya sea por convicción propia o porque su dios se lo impone, que no puedo estar más de acuerdo.

Entre las experiencias de Fabián choca alguna que pasa casi desapercibida pero que nos cuenta algo más del autor, como cuando esnifó pegamento para poder documentarse para su novela Malabar. Este tipo de asuntos no son políticamente correctos y la mayoría de los escritores suelen obviarlos. No quiero decir que todos esnifen pegamento y no lo cuenten pero sí que pasan de puntillas por algunos asuntos.

No faltan las puyitas a otro viajero escritor, Miquel Silvestre. Lo hizo en la presentación del libro y lo hace en el interior del mismo. Por no hacer “spoiler” no haré transcripción del comentario pero el autor, cuando quiere, también saca a relucir su, más que evidente, vena gallega. Me arrancó una amplia sonrisa por el desparpajo y la naturalidad con la que lanza sus dardos.

También hay, en el libro, dejes que se repiten y que se me antojaron como un dejà vu pero tampoco voy a desvelarlos. A mi me resultan chirriantes pero prefiero que sea el lector el que decida si chirrían o no. Por otra parte, si este es el primer contacto con el autor supongo que pasarán desapercibidos.

El libro termina triste, muy triste, aunque con una gran lección de vida, con una enseñanza humilde que está llena de verdad y que nos permite acercarnos, un poco más, al corazón de este viajero, peculiar y discreto.

El avance el calidad literaria y en capacidad de transmitir es notable. A pesar de su extensión no resulta un libro pesado en absoluto y el ritmo se mantiene bastante estable en toda la obra, exceptuando algún pasaje en el que no puede reprimir su ansia descriptiva, al igual que yo no puedo reprimir mi ansia de meterle un poco de caña.

Le han salido 430 páginas que merece la pena leer.

MORADOR DEL ASFALTO
AUTOR: BARRIO DIEGUEZ, FABIÁN C.
EDITORIAL: EQUIPO BALNEA
ISBN: 978-84-608-2630-9
EAN: 9788460826309

PRECIO:  15,99 €

AÑO: 2015

LUGAR DE EDICIÓN: ESPAÑA

 

Podcast: Desmitificando divos viajeros

En el programa número 47 nos visita un montón de gente. Se nos cuela un espontáneo y acuden a la llamada sensual de Stacy, Rubén que nos envía un audio desde Motauros y Manolo que lo hace desde desde Valencia. También Manute, que desde la Casa Rural Argontz Etxea nos presenta su Lambretta ochentera con la que esta primavera hara, eso espero, la Transcantábrica hasta el culo del mundo conocido.
La hermosísima Guada Araoz saluda a todos los oyentes con su voz melosa justo antes de que otros argentinos, Alejandro y Guada, a los que podéis encontrar en Facebook como Por el Mundo en Moto, nos den su particular e irreverente visión de este mundillo de los viajes en moto.

Xabi Borinaga, un viajero de menguado presupuesto nos relata su experiencia en África con una moto prestada por un desconocido (eso al principio, luego ya no era desconocido). Pero sus viajes no se quedan en esta pequeñez: volver por Ulan Bator en auto-stop y cosas de parecida factura son habituales para él. Y Berni, de Max Vinilo nos habla de decorar una moto, un casco o un coche, con vinilos adhesivos y de viajes en moto, que es lo que más le gusta.

Además le tiendo una emboscada a Charly Sinewan que, como sabéis no atiende mis llamadas, y consigo hablar con él llamando desde el teléfono de Stacy.

Luis Araminio, Presidente del motoclub El Foro nos habla de una de las concentraciones invernales más emblemáticas en España: Riberas de Voltoya, organizada por su motoclub.

Para finalizar, os propongo una ruta histórica, siguiendo los pasos de D. Pedro Antonio de Alarcón.

Son dos horas de programa que, una vez más, se nos ha ido de las manos.

Siguiendo recomendaciones de propios y extraños, las entrevistas son más cortas y, como veis, cabe más gente dentro pero no consigo acortarlas más porque los invitados a Viajo en Moto siempre tienen cosas interesantes que contar.

Desmitificando divos viajeros

En el programa número 47 nos visita un montón de gente. Acuden a la llamada sensual de Stacy, Rubén que nos envía un audio desde Motauros y Manolo que lo hace desde desde Valencia. También Manute, que desde la Casa Rural Argontz Etxea nos presenta su Lambretta ochentera con la que esta primavera hara, eso espero, la Transcantábrica hasta el culo del mundo conocido.
La hermosísima Guada Araoz saluda a todos los oyentes con su voz melosa justo antes de que otros argentinos, Alejandro y Guada, a los que podéis encontrar en Facebook como Por el Mundo en Moto, nos den su particular e irreverente visión de este mundillo de los viajes en moto.

Xabi Borinaga, un viajero de menguado presupuesto nos relata su experiencia en África con una moto prestada por un desconocido (eso al principio, luego ya no era desconocido). Pero sus viajes no se quedan en esta pequeñez: volver por Ulan Bator en auto-stop y cosas de parecida factura son habituales para él. Y Berni, de Max Vinilo nos habla de decorar una moto, un casco o un coche, con vinilos adhesivos y de viajes en moto, que es lo que más le gusta.

Además le tiendo una emboscada a Charly Sinewan que, como sabéis no atiende mis llamadas, y consigo hablar con él llamando desde el teléfono de Stacy.

Luis Araminio, Presidente del motoclub El Foro nos habla de una de las concentraciones invernales más emblemáticas en España: Riberas de Voltoya, organizada por su motoclub.

Para finalizar, os propongo una ruta histórica, siguiendo los pasos de D. Pedro Antonio de Alarcón.

Son dos horas de programa que, una vez más, se nos ha ido de las manos.

Siguiendo recomendaciones de propios y extraños, las entrevistas son más cortas y, como veis, cabe más gente dentro pero no consigo acortarlas más porque los invitados a Viajo en Moto siempre tienen cosas interesantes que contar.Xabi Borinaga, un viajero de menguado presupuesto nos relata su experiencia en África con una moto prestada por un desconocido (eso al principio, luego ya no era desconocido) y Berni, de Max Vinilo nos habla de decorar una moto, un casco o un coche, con vinilos adhesivos.
Además le tiendo una emboscada a Charly Sinewan que, como sabéis no atiende mis llamadas, y consigo hablar con él llamando desde el teléfono de Stacy.
Luis Araminio, Presidente del motoclub El Foro nos habla de una de las concentraciones invernales más emblemáticas en España: Riberas de Voltoya, organizada por su motoclub.
Para finalizar, os propongo una ruta histórica, siguiendo los pasos de D. Pedro Antonio de Alarcón.
Son dos horas de programa que, una vez más, se nos ha ido de las manos.
Siguiendo recomendaciones de propios y extraños, las entrevistas son más cortas y, como veis, cabe más gente dentro pero no consigo acortarlas más porque los invitados a Viajo en Moto siempre tienen cosas interesantes que contar.

Cascos de ciencia-ficción

La tecnología o, como gustan de decir en los noticiarios, “las nuevas tecnologías” nos rodean y nos envuelven en una vorágine de chismes que no tiene parangón en la historia. Cada semana nos sorprenden con un aparato nuevo que hace las cosas aún mejor que el anterior, aunque éstas sean de dudosa utilidad.

El penúltimo en llegar a esta carrera por ser el más puntero ha sido el casco de BMW, un prototipo conceptual que llega como respuesta a otros que ya están a la venta, como el Skully. Fue presentado en el CES 2016 de Las Vegas, la feria tecnológica más importante a nivel mundial. Pero si se cumple la máxima de Julio Verne de que “cualquier cosa que un hombre pueda imaginar, otro podrá hacerla realidad”, tenemos que prepararnos para una nueva generación de cascos y equipamiento en general que nos dejarán boquiabiertos. Y es que, hay muchas personas con imaginación desbordante.

A día de hoy estas soluciones quizá puedan parecer un poco exageradas, ciencia-ficción de última hornada basada en películas violentas y juegos de ordenador. Pero si comparamos un casco de cuero de los primeros tiempos de la motocicleta con estos últimos que se han presentado el año pasado, el salto tecnológico y de diseño que nos muestran estos artistas “futuronautas” no es tan exagerado.

Volemos hacia el futuro.

Cara de cabreo con el ceño fruncido, pantalla fotosensible y aspecto de guerrero post-apocalíptico es lo que nos presenta el artista canadiense Nivanh Chanthara en esta creación.

Sus diseños incluyen robots, cascos, armaduras, armas y todo un universo futurista que nos transporta a un mundo de película basado en la defensa y el ataque.

La mezcla de guerrillero de la resistencia con motorista recién salido de Mad Max proyecta una imagen indómita de luchador independiente. Un héroe del desierto.

 

El californiano Tim Fangon nos presenta, no solo el casco sino toda una armadura de protección fabricada en carbono y termoplásticos creados con nanotecnología. El conjunto nos recuerda un poco a Robocop y sinceramente, no se si me atrevería a poner semejante atrezzo.

El casco está dotado con sensores de visión nocturna, ventilación superior y en la mentonera, hud, cámara y toda una serie de gadgets de serie.

La armadura de protección es lo suficientemente flexible como para no restar demasiada movilidad al piloto a la par que nos ofrece una protección espectacular. Está dotado de interior termoregulable y el exterior viene recubierto por una película que reduce el coeficiente de rozamiento con el aire. Esto hace que los ruidos se vean mitigados.

Mike Andrew Nash es especialista en escultura digital, diseño, dibujo, renderización… Es capaz de esculpir las cosas más inverosímiles sin necesidad de tocar otra cosa que no sea un ordenador.

Nos presenta un casco destinado a la industria militar de la que, como sabemos, muchas soluciones técnicas acaban pasando a usos civiles.

A la vista de este diseño podemos pensar que su coeficiente de rozamiento es enorme y que esto provocará mucho ruido en el interior.. Puede ser.

Las soluciones hidráulicas empleadas para su ajuste y la ausencia de pantalla transparente nos hacen pensar en un interior lleno de tecnología punta. Sensores, cámaras, sistema de refrigeración… todo computerizado e insertado en el interior de este casco de polímeros fabricado íntegramente en impresoras 3D de última generación.

La imaginación es el motor de avance de la sociedad y estos ejemplos solo son un somero atisbo de lo que nos espera. O no.

Ruta por pueblos abandonados

Viajar en moto tiene, muchas veces, un extraño componente de exploración. Da igual que el lugar aparezca en los mapas o que sea conocido por multitudes, al acercarnos a él conduciendo una motocicleta se multiplica el efecto “descubrimiento”. Quizá sea por las “sensación” que proporciona desplazarse en moto, por una tara en las cabezas de quienes las conducen o por el efecto “aventura” que parece estar tan de moda.

Uno de los atractivos de viajar en moto y que parecen no compartir la mayoría de los que lo hacen en coche es el viajar sin rumbo. A pesar de ser una frase manida, no es por ello menos cierto que el destino no sea lo importante sino el mismo hecho de llegar a él. Si es que hay un destino certero. De esas salidas con rumbo incierto me quedo con las que discurren por lo decrépito, lo abandonado y lo que está en desuso. Fábricas oxidadas en el fin de sus días, edificios abandonados y pueblos anónimos que, desabitados y condenados al ostracismo, son solo un recuerto triste de lo que fueron. Pasear por calles desiertas, escuchar el silencio y disfrutar de esa soledad melancólica que tienen los pueblos abandonados es un placer extraño. Uno no puede sustraerse a la evocación de tiempos pasados en lo que  las risas de los niños y las tareas del campo eran la estampa común. Acuden a nuestra mente las fiestas del pueblo en los años cuarenta, con un acordeonista quizá, las miserias propias de la vecindad impuesta  y la dureza de la vida en cada uno de estos rincones que hoy yacen, indolentes, esperando que el tiempo los borre por completo.

Todo lo que el hombre construye está destinado a desaparecer. Es el sino de todo lo que hacemos, de todo lo que construimos y de todo lo que somos. No sirve como consuelo pero, desde que lo tengo presente en todos mis actos, siento menos angustia por las aldeas que se despueblan y las casas que se caen. Cada piedra que se pone sobre otra piedra está destinada a caerse y todos los objetos tienen fecha de caducidad. Nada es eterno. Ni las paredes que delimitan campos, ni los establos de los bueyes que los aran, ni las viviendas donde habitan sus dueños. Todo deviene en desintegración, migrando hacia su propio origen.

Hoy, el día más triste del año, el “blue monday”, es una buena ocasión para darse un paseo por uno de esos pueblos abandonados, para escuchar los ecos de aquellas risas que una vez fueron, para percibir el llanto amargo del abandono, para dejarse inundar por el estrepitoso silencio de las campanas de la torre, para reflexionar sobre nuestra propia existencia. Todo muta, toda cambia, todo se transforma y todo lo que existe tiende a volver a su estado primitivo.

Súbete a la moto, escoge un pueblo abandonado, de esos que ya no tienen dueño, y traza una buena ruta hasta él. Allí, siéntate sobre uno de los muros medianeros, toca las piedras y dedica un buen rato a tus cosas. No hay mejor modo de relativizar una vida que pararse a pensar en lo efímero de la existencia.

Para facilitarte la tarea puedes consultar cualquiera de estos mapas de pueblos abandonados. El primero de ellos se refiere a Galicia, en el que figuran entidades de población de menos de dos habitantes. Quizá alguno de ellos tenga una enseñanza importante que ofrecerte. Lo ha elaborado Carlos Neira, analista y consultor estadístico gallego y lo tiene publicado en su blog, Hibernia

En el segundo, realizado por Pueblos Abandonados, está referido a todo España y en él figuran los pueblos en los que no vive nadie.

 

Las curvas más peligrosas

Hay quien se pasa la vida entera buscando una curva. Hay quien deja la vida entera en una curva.

Aquí tienes el mapa de las curvas más peligrosas de España. No te confundas, no son las más divertidas y las que tienen mejor trazada. Más bien es todo lo contrario; son las más traicioneras y las que tienen peor paso. Cuidado con ellas.

Mi equipación de invierno

Mi equipación de invierno para la moto… es igual que la de verano. Bueno, con algunos matices.

A mi me pasa lo que a muchos motoristas a lo largo y ancho del mundo, que no tenemos dinero para invertir en equipo y que, cuando ahorramos lo suficiente para comprarnos una buena chaqueta o un pantalón de medio pelo, lo conservamos hasta que se cae a pedazos. Leemos artículos sobre ropita muy maja y nos imaginamos a nosotros mismos vestidos a la última, con protecciones de tecnología puntera y más pintureros que el mejor de los overlanders pero la realidad nos abofetea y volvemos a enfundarnos en la ropa de siempre.

En mi caso la ropa que uso para montar en moto seguro que no es la más adecuada y, estoy seguro también, que más de un purista, de esos de salón, pondrá el grito en el cielo porque no uso esto o lo otro. Give me the money, dame la pasta y verás como aparezco hecho un pincel en el próximo artículo. Mientras tanto, a tirar de lo que hay.

No uso botas de moto a pesar de tener unas que me regalaron. Después de los años estoy acostumbrado a las botas de monte y con ellas hago kilómetros en invierno y verano. ¿Son menos seguras en caso de accidente? Quizá, pero tienen GoreTex y caña alta. Ahora ya pasan el agua porque están viejas pero volvemos al inicio: es lo que hay. Como decía un vecino “no se puede ser pobre por ningún dinero del mundo”.
Los cubrebotas me los regalaron hace ocho años y ya no sirven más que para almacenar medio litro de agua cada uno alrededor de su correspondiente bota.

El pantalón es un Alpeniestars de media gala con su forro para el invierno que le quito el mes de verano. Si, en el Norte el verano dura un mes, el resto del tiempo es invierno en mayor o menor grado. No tengo ni idea del modelo y el color… antes era negro, ahora vira a un tono grisáceo desvaído. La membrana waterproof ya no funciona y tiene varios agujeros repartidos por las perneras. Tenía dos bolsos laterales pero uno de ellos quedó en algún lugar de Noruega, desmembrado en una carretera infecta después de un arrastrón.

La chaqueta es Hebo y tampoco conozco el modelo pero costaba una pasta hace seis años, alrededor de 400€. Resultó ser bastante más cutre de lo que parecía, a pesar de su precio. Se deshilachó en algunos puntos y los velcros de los puños son un invento fallido porque se sueltan constantemente.
Tiene forro interior que desmonto para convertirla en chaqueta de verano. También tuve una Dainese amarilla y negra que me regaló mi amigo Gelucho y con la que hice muchos kilómetros. Me quedaba algo grande pero servía. La cagó un gato y acabé de rematarla con la limpieza a base de hidrolavadora.

Los guantes de invierno también son de GoreTex. Me los compré en Ljubljana después de que me robasen los míos en la ciudad en la que nunca nadie roba nada. Me costaron 80 eurazos hace seis o siete años y el goretex ha dejado de funcionar: el agua entra como Pedro por su casa. Nada es eterno, ni lo bueno. Los de verano son muy fresquitos y me sientan… como un guante. Son Rev-It. El acolchado exterior ya está desintegrado en casi toda su extensión pero aún mantienen cierta presencia.

Con el casco sí gasté capricho. Me pillé de oferta un Schuberth C3 que es una maravilla. Al principio me hacía daño en la parte superior de cráneo pero una vez adaptado es una maravilla. El Pinlock ya no funciona y se empaña la pantalla, una lástima.

Además de esto, durante los meses más pejigueros de frío, uso un windstopper y camiseta térmica. Intercalado entre las dos prendas, un jersey de polartec o similar.

Y cuando llueve, un traje de aguas amarillo de marca Spidi que tiene dos años y cala el agua. Aún no se por donde pero entra hasta la zona genital, quizá para que pueda afirmar que estoy de agua hasta los cojones.

Mapa de Puntos Negros en las carreteras

Hay lugares de las carreteras de España que, año tras año, acumulan accidentes y muertos, sitios en los que uno no se explica cómo es posible que siga muriendo gente a causa del mal diseño de la vía. Menos explicable resulta aún el hecho de que se hayan construido cientos de kilómetros de autovías que no llevan a ninguna parte o infraestructuras viarias que eran totalmente innecesarias.
Vivimos en un país bastante “panderetero” en el que, en tiempos de bonanza, era más importante darse pisto con obras faraónicas en lugar de mantener, reparar o rediseñar los puntos negros de nuestras carreteras. Ahora que el dinero ya no fluye a paladas los puntos más peligrosos aún siguen siéndolo y, a falta de una solución mejor para los usuarios de la vía, es bueno saber dónde están.
Aquí tienes un mapa con los puntos más peligrosos de la carreteras de España.
El archivo me lo he bajado de www.todo-poi.es en su versión KML. Luego lo he transformado a formato CSV y lo he insertado en un mapa de ArcGis. Si quieres, en la página de Todo-Poi puedes bajar el archivo adecuado para tu navegador o GPS.