Mes: noviembre 2016

Viajo en Moto Directo 4. El Dakar y otros desvaríos

Hoy debutan Olga Ferro y Martín Solana hablando del Dakar. Dos expertos que nos hablan de la historia del rally más famoso del mundo y nos introducen en los entresijos de la competición.
Además, repasamos la actividad de algunos viajeros que ahora mismo están con su moto por el mundo.
Inauguramos secciones nuevas y nos dedicamos a la protesta, a denunciar el estado de las carreteras que no dejan de producir bajas entre el colectivo motero.

Viajo en Moto Directo 4. El Dakar y otros desvaríos

Hoy debutan Olga Ferro y Martín Solana hablando del Dakar. Dos expertos que nos hablan de la historia del rally más famoso del mundo y nos introducen en los entresijos de la competición.
Además, repasamos la actividad de algunos viajeros que ahora mismo están con su moto por el mundo.
Inauguramos secciones nuevas y nos dedicamos a la protesta, a denunciar el estado de las carreteras que no dejan de producir bajas entre el colectivo motero.

Sexo a la pata coja

Parecía que no iba a llegar nunca pero el Viajo en Moto mensual número 59 hace su aparición como por arte de magia. Aprovechadlo bien porque no habrá otro mensual hasta el mes de enero, si es que lo hay porque el hacer un programa semanal resta mucho tiempo.

Este mes tenemos a Artur Brito, un portugués de Lisboa que salió de Faro en moto con intención de llegar a Nepal. Pues bueno, diréis. Pues iba en un scooter Honda de 125 y además tiene una pierna amputada. Por si eso fuera poco se le rompió la prótesis en India.

Además, Noemí Casquet y Alberto Frost, que andan poco activos por las redes sociales últimamente, han venido a contarnos como es eso de grabar un documental de sexualidad por Asia. No van practicando sexo por ahí con la gente, ya nos lo han dicho, lo que hacen es interesarse por aspectos poco corrientes de la sexualidad en distintas partes del mundo como, por ejemplo, secarse la vagina. Sí, yo también me he quedado con los ojos a cuadros.

Por otra parte, lo de los programas en directo está marchando muy bien: hay un montón de escuchas y descargas, y las posibilidades de interactuar con los oyentes son enormes. No solo desde el sistema de mensajes de Spreaker sino que ahora tenemos dos canales más abiertos. Por un lado el grupo de Whatsapp que es sólo para recibir avisos de cuándo se va a a emitir o subir un programa y, de otro lado, el grupo de Telegram que se ha convertido en un chat de locos en el que podemos interactuar en los directos o en cualquier momento.

Sea como fuere, el programa de Viajo en Moto va creciendo poco a poco, con pasos pequeños pero seguros. Ya veremos en qué para todo esto.

 

Sexo a la pata coja

En este programa 59 ha venido a visitarnos Artur Brito, un lisboeta de Faro al que se le ocurrió ir en un scooter Honda de 125cc. hasta Nepal. Artur, además de la limitación del vehículo utilizado, tiene una pierna amputada.
También tenemos a Noemí Casquet y Alberto Frost, que están muy calladitos en las redes sociales pero siguen trabajando en su proyecto de moto y sexo. Nos cuentan cómo les ha ido por Asia en la grabación de su programa documental de sexualidad por el mundo.

Concentraciones invernales de motos.

campamentoEn invierno hay varios tipos de concentraciones de motos. Por un lado están las macroconcentraciones, encarnadas principalmente en Pingüinos y Motauros. Son un referente en este tipo de fiestas de la moto y llevan años celebrándose. Aunque son bastante parecidas en cuanto a planteamiento, desarrollo y por supuesto, temática, tienen sus adeptos y sus detractores. Son saraos enormes orientados a grupos de motoristas y colectivos principalmente, ya que las hogueras y los campamentos se prestan a ello. Resulta sencillo, por lo general, integrarse en cualquiera de estos grupos y disfrutar del calor de la hoguera en compañía.

Luego están las concentraciones de corte íntimo. Aquí casi todo el mundo se conoce y éstas, bien sea por falta de personal, de apoyos o por infraestructura, no suelen tener aspiraciones de convertirse en macroevento. Algunas, por la dureza de las condiciones en las que se desarrollan, son un mito en el seno del mototurismo y es raro que evolucionen hacia otra cosa que no sea una reunión de unas cuantas decenas de motoristas alrededor de la hoguera.

Entre los dos extremos hay concentraciones que, dependiendo del año, se inclinan más en uno u otro sentido, suficiente oferta para escoger el lugar al que acudir.

Este año vuelve Pingüinos. Después de las diferentes polémicas en las que se vio envuelta y después de un cambio en la directiva del motoclub organizador, Turismoto, parece que han quedado definitivamente atrás los problemas legales de la organización y los problemas ambientales por el lugar donde se celebraba. Han cambiado de ubicación, tienen el apoyo de las instituciones y todo parece miel sobre hojuelas. Espero que esta situación se mantenga en el tiempo.

Creo que, una vez que han quedado atrás las tiranteces y la mala imagen que se proyectó en todo el país, Pingüinos volverá a ser lo que era. No es una fiesta íntima ni creo que sea eso lo que van buscando los que ya acudieron alguna vez. Es una celebración masiva que quiere ser eso, multitudinaria y con vocación de enormidad. Y no tiene que pretender ser otra cosa. Es bueno que se batan récords de asistencia y que sea un referente a nivel europeo en cuestión de concentraciones de motos. Es bueno que se llene de expositores, de bares y de público porque este es el marchamo de Pingüinos, una fiesta en la que puedes encontrar a todo tipo de personajes, en la que puedes quedarte los tres días al calor de la hoguera o en la que puedes beber y bailar hasta caerte de culo. Hay opciones para todos los gustos. Pingüinos es grande y debe seguir siéndolo, de lo contrario no sería Pingüinos.

Lo malo de esto es que, si eres de los que le tienes alergia a la tienda de campaña te resultará difícil encontrar alojamiento. Hay gente que muchos meses antes ya tiene el hotel reservado en Valladolid o en cualquieras de las poblaciones adyacentes. Para esto no hay solución o te espabilas y reservas con tiempo o te aficionas al frescor nocturno de la tienda de campaña.

Puedes mirar a ver si queda algo libre todavía  

En este sentido puede ser útil la aplicación que ha desarrollado Machucapps para Pingüinos 2017 en la que, además de alojamientos, tienes la programación por días, las zonas de los eventos geolocalizadas y la normativa.

Si me preguntan qué tipo de concentraciones prefiero respondo sin dudar que las invernales. Creo que hay menos margen para el postureo y la gente que te encuentras es más motorista que motera. Si tengo que escoger entre concentraciones íntimas y recoletas o macrofiestas de la moto no tengo preferencias, me gustan ambas por igual, cada una tiene sus atractivos, por supuesto, su momento.

Historias del hombre-moto

Una cosa es estar con las motos continuamente en la cabeza y otra bien distinta ser una moto. Y eso es lo que le ocurría a nuestro héroe de hoy, Transformer Man que podía convertirse en cualquier cacharro para luchar por el bien.

Mann era un oficial de policía del planeta Altera que un día, persiguiendo a Kil-Ar por las oscuras infiniteces del universo lejano, se metió en un agujero negro y apareció en la Tierra. De hecho aparecieron ambos aquí y en el transcurso de una lucha épica en la cima de un volcán, la tierra se abrió y Mann cayó al vacío, que estaba lleno de lava. Todos pensamos que se iba a morir, el pobre. Mientras tanto el villano malvado escapaba en un platillo volante, librándose una vez más de responder por sus crímenes ante la justicia alteriana que era un asunto que lo alteraba bastante. Pero lejos de morir, porque un superhéroe nunca muere, Mann obtuvo el superpoder de convertirse en cualquier cosa que tocaba. Así, sin posibilidades de volver a pasar por el agujero negro para regresar a Altera (porque, recordemos, Kil-Ar se había llevado la nave alienígena), se convirtió en policía en el nuevo planeta. Podría haberse dedicado a lo que quisiera: podador de palmeras, pescador de fletán en el Gran Sol o mercenario en el Yemen pero no; escogió hacer lo que mejor sabía, ser oficial de policía en este planeta que encontraba tan falto de referentes morales e, imaginamos, con una legislación tan enrevesada como la alteriana.

Así pasaban los días, entre aventura y aventura y arrasando a toda la villanía del orbe, imponiendo la Ley y luchando para que su planeta de adopción fuese un mundo mejor cuando… apareció de nuevo Kil-Ar. Y no necesitó alquilar sed de venganza el malo porque, al curarse de la amnesia que había sufrido durante de años, descubrió la necesidad de aniquilar a su archienemigo Mann: el impulso de sembrar el mal rebrotó en él como si nunca lo hubiese abandonado. Además también había adquirido los mismos superpoderes que Transformer Man y se dedicaba a putearlo y a dejarlo mal de cara a la galería, transformándose en nuestro héroe. Menudo pájaro estaba hecho Kil-Ar

Si este panorama no resultaba bastante emocionante, hicieron su aparición un misterioso asesino en serie especializado en oficiales de policía, una maestra rural enamorada de Transformer Man pero que pasaba del alter ego, Mann, un mago medio loco y un jefe de policía que siempre sospechaba que Mann era Transformer Man. Vamos, un folletín de cómic en toda regla.

Transformer Man

Con guión de Vic J. Poblete y dibujos de Mar T. Santana, Transformer Man apareció en el año 1985 de la mano de la editorial Adventures Illustrated Magazines en la colección Superheroes Pocketkomiks en la ciudad de Manila. Hasta esa fecha Damy Velásquez, el fundador, se dedicaba a publicar historietas de amor ilustradas, supongo que de ahí le viene el deje del enamoramiento no correspondido de la guapa Jenny Serrano (la maestra).

A Transformer Man le cambiaron el nombre por el de Magic Man, que es mucho menos incisivo, sobre todo teniendo en cuenta que nuestro superhéroe motorista no tiene nada de mágico.

Pues eso, retazos de la historia del cómic en Filipinas que nos pilla de soslayo porque España estuvo en Filipinas y como diría Silvestre, aquello fue un cacho de España y se me llena la boca de España cada vez que digo España.

Viajo en Moto Directo 3

Escucha”Viajo en Moto Directo 3″ en Spreaker.

En este directo hablamos de las novedades en el programa, de Alejandro y Guada, que llevan 15 años viajando en moto por el mundo y de las Motoposadas de Colombia.
En el segundo bloque cotilleamos algo en el mundo de los motoclubs, sobre Los Froilanes de León y sobre las últimas detenciones de Hell Angels en Asturias.
También hablamos, mal, de alguna tienda de neumáticos y contactamos en directo con un famosete del mundo de la moto: Chraly Sinewan.

Con este programa nos convertimos en “broadcasters” y superamos aquellos 15 minutos de emisión que Spreaker nos daba con la versión gratuita. Además disponemos de 500 horas de almacenamiento de audio y ya no tenemos publicidad de los hospedadores. Un salto cualitativo, al menos en lo que a hosting se refiere.

Ya sabéis que se agradecen los comentarios, un poco de feedback y compartir el audio para llegar hasta todos los rincones moteros.

Muchas gracias a todos los que habéis estado escuchando el directo y animando el programa con vuestros comentarios.

El programa también está disponible en:

iTunes
iVoox
Cadena Motor
Tunein
YouTube

Hemos escuchado música de Da Robotz, David Amber, Antarticbreezee, Devon Elizabeth, Funky Stereo, Jazzaira, Reole y Seastock.

Poco a poco nos vamos aupando a la zona VIP de la parrilla de iTunes. El 25 de noviembre de 2016 ya nos andábamos codeando con la radio profesional en “Cultura y Sociedad” dentro de iTunes, la referencia en la podcastfera.
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Programas anteriores

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Viajo en Moto Directo 3

Hablamos de las novedades en el programa, de Alejandro y guada, que llevan 15 años viajando enmoto por el mundo y de las Motoposadas de Colombia.
En el segundo bloque cotilleamos algo en el mundo de los motoclubs, sobre Los Froilanes de León y sobre las últimas detenciones de Hell Angels en Asturias.
También hablamos, mal, de alguna tienda de neumáticos y contactamos en directo con un famosete del mundo de la moto

De cómo en India me convertí en idiota. Si no lo era ya

Santones en Pushkar

Pushkar es una ciudad eminentemente espiritual. Su nacimiento es bastante sorprendente. Resulta que los dioses, tan faltos ellos de entretenimientos mundanos, se reunieron un día, hace muchos años, y soltaron un cisne con una flor de loto en el pico. Allí donde el cisne dejara caer la flor, vendría el dios Brahma y construiría un lugar de oblación, es decir, un lugar sagrado para hacer ofrendas. Es curioso esta querencia que tienen los dioses en general por las ofrendas, los sacrificios y esa necesidad atávica de que todos les rindan pleitesía y devoción. Yo, si fuera dios, aunque fuese uno de los pequeño, sería totalmente indiferente a ofrendas y rezos. Oídos sordos. ¿Sería, acaso, un dios tan poco perfecto que tuviese que reforzar mi ego con los halagos de los mortales? ¿Para qué necesitaría una cabra muerta, un coco con una cuerda o cualquiera de las ofrendas absurdas de los humanos? Más les valiera temerme y dejarse de fruslerías porque, en un ramalazo de mala leche, sería capaz de borrarlos a todos de un plumazo.

Lago de Pushkar

El caso es que el cisne, cansado de volar con una flor en el pico como un absurdo émulo de la paloma de la paz, soltó el loto en mitad del Rajastán, en India. Tuvieron suerte los dioses con su jueguecito porque podría haber caído la dichosa flor en medio del Mar Arábigo o en el Golfo de Bengala y no habría lugar óptimo para sus ofrendas. Pero sigamos con la historia, tal y como pasó. El loto tomó tierra y Brahma hizo un gran iagñá. Un iagñá, que ya se hacían hace 4000 años por aquellas tierras, es un ritual de ofrenda que se hace a las devas, las deidades benévolas del panteón hinduista. Al lugar lo llamó Pushkar, que significa “flor de loto azul”. No fue demasiado original.

Con Marendra, que era un tipo estupendo

Con Marendra, que era un tipo estupendo

Claro que de todo esto me enteré después. Para mi Pushkar solo era otra ciudad atestada de gente en medio de un Rajastán ardiente que me mantenía sudoroso y fatigado la mayor parte del día. Paseaba en solitario por su calle principal, admirando santones de vida austera y pillos con cara de santón. De vez en cuando me detenía en cualquier puesto, dejándome asaltar por vendedores ávidos que creían que de verdad volvería por su tienda cuando les decía que “más tarde”. Espantaba chiquillos petitorios y esquivaba vacas y terneros como en un encierro a cámara superlenta.

Me asomé a ver el lago y sus 52 gaths, los lugares donde los hinduistas se sumergen para purificarse en sus aguas sagradas. Allí al fondo, justo en el centro del lago, fue donde el cisne dejó caer la flor de loto. Los gaths, con sus peldaños enormes, no recibían mucha afluencia de fieles aquella mañana.  Mientras miraba la vida pasar se me acercó un adolescente con cara de no haber roto un plato en su vida. Era un chico delgado, con la mirada limpia y la apariencia de un seminarista fumado. Irradiaba cierto halo de tranquilidad aquel muchacho así que, cuando me ofreció bajar al gath para hacer unas ofrendas a los dioses, me pareció lo más natural del mundo aceptar su invitación.

Me precedió durante unos metros y me dejó en manos de un sacerdote bramán, vestido de blanco y de aspecto inmaculado. Tendría unos 30 años como mucho. Nos saludamos uniendo las manos ante el pecho e hicimos una reverencia que, según mi modo de ver, me salió perfecta. A esas alturas del viaje ya andaba yo perfectamente imbuido de los asuntos locales así que, a nada que me esforzara, dejaría de ser un turista más y pasaría a formar parte de cualquier casta, adoraría a Ganesh con enfervorecida devoción o me soltaría a hablar inglés con la perfección como un sahib cualquiera. Pero no. Creerme indio no me convertía en indio y creerme otra cosa que un turista no me convertía en otra cosa que un turista. Por lo menos en Pushkar.

El bramán de manos suaves y andares delicados, me guió hasta el agua. Venía provisto de los pertrechos necesarios para una adoración como dios manda, si se me permite el chascarrillo; unos cocos, un cordón rojo y amarillo que me recordó la bandera catalana, una bolsa con unas piedrecillas blancas y unas flores de algún arbusto local. Me explicó que íbamos a proceder a un ritual sagrado mediante el cual tendría a la mitad de la población de Pushkar rezando por mí, por mi mujer, por mi hijo, por mis abuelos y por todo el santo elenco familiar durante un montón de tiempo. Una oferta así no se puede rechazar, por muy agnóstico que uno sea. Una cosa es no creer en dios y otra muy distinta tener a cincuenta o sesenta mil personas rezando a sus dioses por ti. No hay color.

Recen pues, pensé. El sacerdote, muy serio él, comenzó a recitar y a invocar, a Brahma, por lo que puede entender. Miraba al cielo con aires de súplica y compungido, humillaba la cabeza de forma alternativa. Luego nos agachamos y le rogamos a Brahma que le fuera bien a mi familia: a mí, a mi mujer, a mi hijo, a los abuelos… diciendo el nombre de cada uno de ellos. A todo esto yo me esforzaba por poner mi cara circunspecta de fervor religioso que, a base de años de no practicarla, se me había olvidado y solo me salía una mueca de entierro que no pegaba mucho con mi interior vacacional.

Así, fueron desfilando abuelos y abuelas, tíos, primos, sobrinos y demás familia para que Brahma tomase buena nota de toda la caterva parentelar y los colmase de bendiciones y virtudes. Después de unos veinte minutos, o más, todo aquello estaba empezando a cansarme pero me mantenía muy atento a las evoluciones del sacerdote porque lo veía sinceramente interesado en que mi alma tuviese un trato especial tanto en vida como en la muerte. Quizá todo aquello me reconfortase espiritualmente y, quien sabe, igual hasta encontraba una religión adecuada a mi espíritu libre.

Con Ganesha, que era un dios estupendo

Con Ganesha, que era un dios estupendo

Después de haber mojado las flores en el agua sagrada y habérmelas puesto en la cabeza, después de atar la cuerda al coco y hacer círculos con él sobre el agua, después de volver a implorar la benevolencia del Creador y de varios de sus adláteres, llegó el momento del cobro. Debí de poner una cara muy distinta a mi gesto de efusividad religiosa [su_pullquote]”Mil rupias son unos trece euros así que sentí como mis ojos saltones pugnaban por salir de las cuencas”[/su_pullquote]cuando el inmaculado sacerdote de piel bronceada (qué guapo era el muy ladrón), me dijo que la limosna para el templo ascendía a mil rupias por cada familiar. Mil rupias son unos trece euros así que sentí como mis ojos saltones pugnaban por salir de las cuencas y cómo la luz del Rajastán llegaba a mis pupilas con todo su esplendor. Bajo ningún concepto, le dije. Si Brahma me quiere salvar, bendecir e iluminar que lo haga de forma altruista pero no estoy dispuesto a pagar por ello. El apuesto sacerdote me dijo en tono conciliador que el dinero era para el templo, para ayudar a los pobres y para conservar el culto e, imponiendo con firmeza suave su mano morena en mi hombro se mostró dispuesto ha hacer una pequeña rebaja en nombre de Brahma.

Sin darme cuenta me había visto envuelto en una trama económico-religiosa y mi rostro de buen seguidor adoctrinado había mudado al de incauto turista. La situación comenzaba a tornarse un tanto embarazosa y yo sentía una vergüenza enorme por haberme dejado envolver en semejante patraña así que, con los labios apretados, saqué unos billetes de la cartera y se los di a aquel representante de la casta superior con aire resignado. Cuando ya me disponía a levantarme y hacer mutis por el foro con la firme promesa de no contar jamás semejante trance, el joven bramán me pidió más dinero. Esta nueva cantidad tenía como destino a su familia, a la que tenía que mantener. Dos mil rupias serían suficientes.

En aquel momento me invadió cierto acceso de ira que, de nuevo, me avergonzó porque no es eso lo que se supone que tenga que provocarte un ritual de este tipo. Entonces volvió a hacer entrada en escena el ayudante, que hasta el momento se había mantenido en un discreto segundo plano, y me entregó unas bolitas de azúcar que debía mantener en el bolso para hacer luego no sé qué. Desde luego, si era usarlas como ofrenda a un ser superior en alguno de los miles de templos de la India, iba listo porque no tenía intención de mantener relaciones afectivas con ningún dios en lo que me restaba de vida. Quizá con Ganesh, que con su desproporcionada cabeza de elefante me parecía muy simpático. Además había visto unas postales de este dios en actitudes pornográficas que me resultaban de lo más atractivo. Con esa trompa no es de extrañar.

Apocado y superado por el rubor, aflojé quinientas rupias más y subí las escaleras del gath sintiéndome bendecido, con la satisfacción de haber puesto a rezar a un montón de gente por el bien de mi familia  y sabiéndome muy idiota. Me zaherí con insultos durante un rato y volví a sumergirme en las calles de Pushkar haciendo la nota mental de lo que me había costado aquella tontería.

Aquí mi cartera, llena de rupias para Brahma.

Aquí mi cartera, llena de rupias para Brahma.

¿Qué conclusión extraje de todo aquello? Que soy idiota. Un absoluto incauto que se las da de precavido y que, a las primeras de cambio, los dioses le recuerdan quien es.

Mi Moleskine y yo

moleskineCuando viajas, ya sea en moto, en coche o caminando, da igual el sistema de locomoción, es importante tomar notas. No hace falta que seas un escritor reputado, ni siquiera que tengas la intención de publicar nada el día de mañana. El objetivo de apuntar aquello que te parezca interesante es recordar nombres, lugares o situaciones para no dejarlas caer en el olvido. Resulta muy gratificante, después de unos años, repasar esos cuadernos de notas y rememorar lo que sentiste a las orillas de aquel lago o incluso evocar los tragos amargos pasados tan lejos de casa con las palabras exactas con las que los transcribiste a tu cuaderno de notas. Si además publicas tus andanzas en un blog es una herramienta indispensable que será tu compañera inseparable.

Uno de los cuadernos de notas más famoso es Moleskine , que se ha ganado un lugar en la mochila del viajero por sus aires de leyenda. Cualquier libreta sirve para tomar notas pero hay objetos que pertenecen al mundo del fetichismo y ésta tiene un halo de leyenda que no tienen otras. El culpable de este aura de exclusividad  fue el escritor de viajes Bruce Chatwin. Sentía una verdadera pasión por esta libreta de tapas negras y en su libro, Los trazos de la canción, nos cuenta la historia de este cuaderno. En realidad no era más que una libreta de pequeño tamaño, con hojas suaves y resistentes de color hueso y dos tapas negras que mantienen las hojas cerradas con una goma elástica.

A mediados de la década de los 80, los cuadernos, que por aquel entonces Chatwin ya había bautizado como “moleskine” por el tacto de sus tapas, dejaron de venderse en el único distribuidor que se conocía, un viejo librero de la Rue de l´Ancienne Comedie, en París. El pobre Chatwin, desesperado por la desaparición de los depositarios de su prosa, compró todos los cuadernos que le quedaban a la viuda del librero pero no fueron suficientes para glosar su viaje por Australia aquel mismo año.

Los cuadernos desaparecieron en el formato original pero trece años más tarde, en 1997, un avispado editor italiano decidió fabricar algo similar, basándose en las descripciones de Chatwin. El nuevo cuaderno recibió el nombre de Moleskine en honor al escritor. La empresa que fabricaba estos nuevos cuadernos con cubierta de tipo tela, consiguió aupar los productos y, contra todo pronóstico en la era digital, supo hacer de ellos un objeto de culto. Modo e Modo, la propietaria de la marca, se vendió a un fondo de inversión y la empresa pasó a llamarse Moleskine slr. El cambio de aires trajo consigo que la producción pasase a China pues la demanda era, ya por entonces, elevadísima.

Ahora Moleskine es sinónimo de cultura, de modernos nómadas que son identificados por sus objetos. Adminículo de culto que marida lo analógico y lo digital y que sirve de puente de conexión con lo tangible. Yo sucumbí a este postureo, y lo digo sin rubor alguno, hace varios años. En un foro de netbooks, se hablaba de lo que llevaban los foreros en la mochila además del notebook. Algunos nombraban el móvil, los chicles o el boli Bic entre varios “porsiacas”. Me llamó la atención un usuario que decía, también sin rubor, que lo único indispensable que acompañaba a su ordenador portátil era “la moleskine”. Me pareció tan elegante. Qué podía ser aquel objeto de nombre extraño y, sobre todo, qué era lo que tenía que lo hacía tan indispensable. Cuando, en la tienda, tuve una entre mis manos, aquel cuaderno simple y casi diría que vulgar, me cautivó de tal manera que, desde entonces, procuro llevarlo siempre en mis viajes.

Uno de esos cuadernos, con casi todas sus páginas llenas de ideas, pensamientos, impresiones y recuerdos, se quedó olvidado en un hotel de los Himalayas. Pero no me importa. Sé que cuando vuelva a buscarlo, estará allí esperándome para volver a unir las notas con el anotador.

written_in_moleskine

 

Viajo en Moto Directo 2

Escucha”Viajo en Moto Directo 2″ en Spreaker.

Charlamos de concentraciones, de viajes en moto, del libro de Topalante, de viaje de Elsi y de Dan y Lola

Viajo en Moto Directo 2

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