En nuestra homilía de hoy, amigos de viajo en moto, vamos a hablar del engaño. El engaño tiene muchos recovecos, muchas curvas reviradas y muchos cambios de rasante.
Mentira
Infidelidad
Falsedad
Fraude
Estafa
Falsificación
Embaucamiento
Disimulo
Subterfugio
Estratagema
Fingimiento
Impostura
Bulo

Y a qué viene, os preguntaréis vosotros, esta perorata de moralina en una página de viajes en moto? Pues viene a cuento de que algunos viajeros, mediáticos o no, son profesionales de la impostura que, como en el parchís, comen una y cuentan veinte.
Con el advenimiento de las redes sociales, y de Facebook en particular, parece que todos estamos obligados a mostrar nuestra cara guapa, a exponer nuestra opípara existencia sin tapujos, a ser pornógrafos de nuestra vida y mostrar a todos los que quieran verlo que nadamos en la más felíz de las existencias. Buscamos la aprobación de los demás para sentirnos mejor con nosotros mismos y para eso no hay mejor modo que emular a aquellos a los que envidiamos. Y resulta que se produce, entre algunos, una especie de competición por ver quién es el más molón, el que viaja más lejos o el que corre la aventura más excitante y envidiable de todas.
Y es cuando el fraude, el fingimiento y la exageración sugen a borbotones y cuando las vanidades muestran sus cuerpos desnudos.
Es cuando salen personajes que lo han viajado todo, áún más lejos y mejor, cuando se dan consejos paternales no pedidos que sólo son para lucimiento personal o cuando se convierten en aventuras y hechos notabilísimos, hazañas que no son tales.
Hace poco comentaba en una red social que hay personas que, cuando otro cuenta su viaje, su proyecto o sus planes, con la ilusión de la primera vez, con ese brillo en los ojos del que va a recorrer cientos o miles de km en moto, les falta tiempo para meter su comentario diciendo que ellos ya han estado allí. Pero no lo hacen con el ánimo de prestar ayuda sino con el de dejar bien patente, con falsa modestia por supuesto, su enorme ego.
Aplicaremos aquí eso de «dime de qué presumes y te diré de qué careces». Cuéntame, con pompa y boato, con fuegos de artificio y luces estroboscópicas tu aventurilla, y sabré que eres, en realidad, un pobre diablo. Convierte en noticia de red social cada pedo que te tires y sabré que, en realidad, estás hecho de aire.