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Libro: De Argelia a Túnez en Moto

Dibujo de Anna Grimal

Hacer un viaje en moto desde Londres hasta Argelia en los años 20 seguramente sería una aventura de proporciones mayúsculas, es una lástima que Lady Warren no consiga transmitir lo épico de esta gesta en su libro.

Through Algeria and Tunisia in a Motor Bicycle es un libro escrito en 1922 por Lady Warren y traducido por primera vez al español por la editorial Casiopea bajo el título “LADY WARREN: de Argelia a Túnez en Moto“. En él se nos cuenta la historia de una joven que, sin un plan claramente definido, se embarca en un viaje por el Norte de África en busca de aventuras por países que en aquel entonces resultaban bastante exóticos. Viajaba en el sidecar de una moto de la época pilotada por “P”, un mero acompañante del que no sabemos si es mayordomo, conductor o simplemente, figurante. Desde luego no es su pareja y lo único que nos cuenta de él es que viaja a Alemania en tren una vez que finaliza el viaje. Sobre sí misma tampoco cuenta gran cosa. Podemos deducir que era una mujer “de armas tomar”, valiente y sin miedo al qué dirán, pero pocas conclusiones más extraeremos de la lectura del libro.

Sin embargo, lo que empieza siendo un relato muy prometedor, pronto pierde fuelle y la autora se deriva en descripciones de paisajes y carreteras infectas que terminan por aburrir al lector. Pierde la oportunidad de hacer un retrato de la sociedad de principios del Siglo XX en las colonias francesas para dejarnos una retahíla de hoteles de mala muerte y de montañas y colinas perladas de adjetivos grandilocuentes.

En el texto cabe destacar el fino sentido del humor, muy inglés, de la autora pero, aparte de dos o tres anécdotas verdaderamente “aventureras”, este diario de viaje acaba resultando un tanto tedioso si lo que se busca es un relato de viajes en moto. Por cierto, de la moto, equipada con sidecar, se habla poco y nada bueno, tan poco que ni siquiera nos informa de la marca. A base de indagar por la red he comprobado que se trata de una Triumph, probablemente un modelo H, equipada con un sidecar de un constructor ingles.

Lo mejor del libro, además del sentido del humor de la autora, es conocer a una de las pioneras de los viajes en moto y transportarnos a aquella moda viajera, tan romántica, los años 20 en los que cada kilómetro recorrido era un desafío. También hay que destacar la excelente adaptación que hace Marta Sarramián, dándole un aire moderno y actual a una obra de hace casi cien años.

A modo de resumen se podría decir que no es una obra maestra de la literatura de viajes en moto pero el libro se deja leer en un par de tardes y es una curiosidad recomendable si te apasionan los viajes en moto.

Libro: Nómada en Samarkanda

Nómada en SamarkandaEstas últimas semanas el término “aventura” me sale por las orejas y este libro, Nómada en Samarkanda, de Miquel Silvestre ha conseguido, en sus primeras 25 páginas, que la aventura me rechine. Tantas veces nombra la palabra “aventura” que bien parece que quisiera hacer una parodia en lugar de glosar sus andanzas. Creo recordar que salían a dos “aventura” o sus variantes, por página.

Una vez superado este trance comienza el viaje y se torna bastante monótono en los primeros kilómetros. Es como si el autor tuviera que escribir el libro por encargo en lugar de hacerlo por inspiración literaria. Ignoro si esto es así o no pero el resultado de las primeras páginas no engancha al lector con un texto a la altura de lo que se espera de Miquel. A pesar de que es correcto escribiendo y maneja el idioma con soltura, cae en el error de los kilómetros vacíos de contenido y la anécdota insulsa (cuando no exagerada). Tanto que hasta la página 80, cuando se encuentra con su novia en Estambul, el libro me resulta bastante falto de interés.

Algo que ha llamado poderosamente mi atención es la cantidad de errores ortográficos y tipográficos que salpican los capítulos, máxime cuando Silvestre afirma, en la página 140, que Miguel de Cervantes es un “escritor regular, aunque un gran novelista”. No me esperaba, porque no nos tiene acostumbrados. Encontrarme faltas de ortografía, textos repetidos y cierta descoordinación, sobre todo en los últimos capítulos, es algo que se puede perdonar en una autoedición de principiante pero no en alguien que dice de sí mismo que es escritor.. Creo que, en general, le faltan algunas horas de edición.

En cuanto a la historia en sí, la narración está llena de altibajos que alternan al Miquel que conocemos, activo, duro y dinámico, con el Miquel didáctico que nos describe el devenir histórico de los países que atraviesa, con la Wikipedia como alma mater. Ignoro si la labor de documentación proviene de la enciclopedia más famosa de la red o de libros de consulta pero el resultado viene a ser el mismo: un compendio del saber que resulta un tanto repipi en ocasiones y que relega a un segundo plano la verdadera historia: el viaje.

Echo en falta confesiones como las que me encontré en La Emoción del Nómada, el libro que escribió con ocasión de su anterior viaje por estas mismas tierras de Oriente. Aquí tenemos a un Miquel mucho más banal y macarra, pagado de sí mismo en ocasiones y con la constante necesidad de contarnos que está de vuelta de todo. “Me sobran huevos para esto y para más”, dice. Consigue, a veces, identificarse con la imagen de chulo y prepotente que le atribuyen muchos de sus detractores. Y, de paso, dejar al lector con cara de póquer cuando cae en lo que yo llamo “síndrome del viajero de la hostia” que consiste en diferenciarse de forma bien clara de los que muchos denominan despectivamente “turistas”. Es como si por el hecho de viajar en moto, aunque sea con la cartera bien repleta, tuvieras un status especial en el ecosistema del turisteo. Eso, cuando viajas con un presupuesto de 100€ diarios, tal y como nos cuenta, resulta un tanto contradictorio.

Al final, en un epílogo que más bien parecen galeradas, consigue elevar el tono por momentos y enganchar de nuevo al lector pero, en líneas generales es un libro prescindible,  escrito “porque tocaba”, con fallos garrafales que no me esperaba en alguien de la talla de Miquel Silvestre. Me comparé el siguiente y olvidaré que he leído este.

Libro: Tras la pista del mítico Cabo Norte

libro-mitica-pista-cabo-norte1Cabo Norte hace mucho tiempo que dejó de ser un destino mítico para pasar a formar parte de los destinos turísticos de miles de personas que, cada año, peregrinan en busca de la gloria de haber estado en el punto más septentrional de Europa. Y los moteros también, claro. El único handicap que tiene ir tan al Norte es el disponer de tiempo y de un montón de dinero, dos mil euros como mínimo si vas tirado como un pordiosero. Nada que objetar, cada uno tiene sus ilusiones y viaja a donde le apetece. En este sentido Cabo Norte es un destino tan respetable como otro cualquiera. Eso sí, elevar a los altares de “la aventura” un destino tan común ya trae el soniquete de lo impostado.

El libro de José Pedro Rollizo narra el viaje de cuatro amigos en pos de ese sueño de muchos que es alcanzar Cabo Norte. Peca, bajo mi punto de vista, de exceso de volumen porque 500 páginas es mucho papel para un relato que se revela como tedioso en los primeros capítulos. El viaje, detallado hasta sus circunstancias más irrelevantes llega a ser cansino y plano, sin ninguna concesión a la tan invocada”aventura”. A partir del cuarto día nos cansamos de que todas las jornadas comiencen del mismo modo, con el colacao mañanero que se repite como un mantra. Quizá si fuera un relato más íntimista hubiese despertado mi interés pero la historia termina volviéndose tediosa y con escasos atractivos que animen a seguir leyendo. Esto, unido a la ingente cantidad de páginas, hacen que termine por convertirse en una sucesión de kilómetros en los que no pasa nada. He tenido la impresión de estar leyendo una crónica de un foro en versión larguísima que se hubiera podido solventar en un libro más intenso y resuelto con un tercio de su volumen.

  • Editor: Editorial Círculo Rojo; Edición: 1 (18 de marzo de 2015)
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8490955794
  • ISBN-13: 978-8490955796

Libro: Mi vespa, mi mujer y yo

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Mi Vespa, mi mujer y yo es un libro escrito por el matrimonio Sauvage, Daniel y Françoise, en el que narran su vuelta al Mediterráneo en Vespa. El viaje arranca en París desde donde parten hacia la Costa Azul con un equipaje que incluye cosas tan inverosímiles como tres latas de betún, una pistola, 18 rollos de papel higiénico y… un perro, español, para más señas.

La narrativa es un tanto pobre, sobre todo teniendo en cuenta la pésima traducción de Julio Gómez de la Serna. No me explico como este abogado, condecorado por el gobierno francés con la Legión de Honor, con decenas de traducciones en su haber, tiene tan poco tino en sus trabajos. Giros artificiosos, expresiones cursis y construcciones rebuscadas son marca de la casa.

El texto original tampoco es que sea gran cosa en cuanto a literatura de viajes pero ofrece una visión peculiar de algunos aspectos de la vida en los años 50 desde el punto de vista de una pareja joven que se embarca en una gran aventura.

Viajar por las carreteras de Grecia o Siria en aquellos años era todo un desafío y un ejercicio de estoicismo. No solo porque las vías de comunicación de muchos países era pésimas sino por el desconocimiento de las costumbres y la idiosincrasia de cada lugar. Françoise (Francisca en el libro) nos describe, desde el punto de vista de una fémina de los cincuenta, aspectos de la vida social que pueden parecer irrelevantes pero que nos ofrecen su visión desenfadada de la vida. Resulta un tanto machista su enfoque pero estamos hablando de la sociedad de mediados del siglo pasado que además, hablando de una chica francesa, era mucho más avanzada que la española de la época. Muy metida en su papel, se la nota plegada a los deseos de su marido en varias ocasiones.

El terremoto de Grecia de abril de 1954, que destruyó casi 14.000 edificios en la llanura de Tesalia, les hace caer en la cuneta y soportan las réplicas con bastante entereza y humor metidos en la tienda de campaña. A partir de aquí se suceden aventuras mundanas y peripecias variadas. Una de ellas, fruto de su inconsciencia de turistas, sucede en Jordania cuando, desoyendo las advertencias de los locales, visitan la ciudad de Almoq y son apedreados por ser infieles. Y porque Françoise no guardaba las formas exigidas por los musulmanes radicales,que eran mayoría.
La Vespa requiere atención constante en cuanto a bujías, aceite y tiene que pasar por diferentes talleres en varias ocasiones. Con estos gastos corría la central de Piaggio en París que les había dado su apoyo.

Su paso por España ahonda en algún tópico pero mencionan algo muy interesante: la velada que pasaron en el Barrio de Triana, en Sevilla, escuchando flamenco en el Cortijo “El Guajiro”, uno de los locales más emblemáticos de lo “jondo” en Andalucía y que cerró a finales de los años 60. Los puristas del género aún lo recuerdan y está considerado como una gran escuela de artistas.

El libro es difícil de conseguir y ya está considerado una pieza de coleccionista así que, si lo ves en una librería de viejo, no lo dejes escapar.  No esperes, eso sí, un libro de culto porque no lo es. Su mayor atractivo reside en la visión que nos da de todos los países ribereños del Mediterráneo en los años 50, un viaje que, a día de hoy, resulta imposible.

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Libro: Morador del Asfalto

Conocí a Fabián C. Barrio unos días antes de que saliera a dar una vuelta al mundo. Me pareció un tipo peculiar, un tanto alejado de otros viajeros que conocía. Reservado, un poco distante y con cierta indiferencia por el resto de la humanidad. En uno de mis bares de cabecera él se tomó un té mientras yo me trasegaba una copa de coñac. Miré su moto con cierto escepticismo, sobre todo el cabrestante que llevaba acoplado a un lado. Y el “jerrycan” metálico para la gasolina. Seguí su viaje alrededor del mundo y cuando regresó a España creí que ya no volvería a viajar en moto nunca más. Me equivoqué. Y fue, para mí, una suerte que me equivocara porque Fabián es un tipo que da juego. Va por libre, alejado de los estereotipos de motero/aventurero y denostado en algunos “ambientes overlanders”, quizá por una cierta falta de empatía o por su carácter taciturno e independiente. O vaya usted a saber. El caso es que, sin demasiado ruido, él se lo guisa y muchos nos lo comemos.

Soy un fan de sus presentaciones. Están preparadas hasta el último detalle, con poco margen a la improvisación y resultan siempre muy entretenidas. Tanto él como su alter ego, Mordomo Lunfardo, son unos maestos sobre el escenario, dos profesionales. Escribiendo, en ocasiones, resulta empalagoso y barroco, pero no siempre. Y cuando da en el clavo, lo borda.

En su último libro Morador del Asfalto, nos encontramos con un Fabián mucho más cercano que interactúa, que siente y padece, que se emociona y que sufre. No reniega de su pasión por adjetivar hasta el paroxismo pero transmite pasión de una forma que, a mi modo de ver, no conseguía en Salí a dar una Vuelta. Sigue centrándose en demasiados aspectos negativos del viaje y de la gente pero lo hace de una forma tan hilarante en este libro que uno no puede, en ocasiones, reprimir la carcajada. Me gusta reirme de Fabián Barrio. Me gusta verlo en apuros. Me gusta ver a través de sus ojos a un motorista torpe que mantiene conversaciones con su otro yo y que está siempre preocupado por si el horno de su casa en Madrid quedó encendido. La factura de la luz será enorme.

Una de las primeras reflexiones memorables con las que me he topado en Morador del Asfalto es cuando habla de los hoteles en los que coinciden viajeros mayúsculos:

"...cada uno cree estar en posesión de la verdad sobre cómo se ha de viajar y por dónde. Cada uno cree haber vivido las experiencias más extremas, y cada uno cree que su viaje es el que más merece la pena."

Muy fino, Fabián, en la observación de las personas, en el exámen certero del ego. Y muy fino, también,  el análisis, de muchos creyentes convencidos:

" No creo en Dios, pero sí creo, infinitamente, en la bondad de las personas humildes que sí creen en Él y hacen el bien a través de Su espíritu"

He visto tantas veces esa bondad de la que habla, ese hacer el bien, ya sea por convicción propia o porque su dios se lo impone, que no puedo estar más de acuerdo.

Entre las experiencias de Fabián choca alguna que pasa casi desapercibida pero que nos cuenta algo más del autor, como cuando esnifó pegamento para poder documentarse para su novela Malabar. Este tipo de asuntos no son políticamente correctos y la mayoría de los escritores suelen obviarlos. No quiero decir que todos esnifen pegamento y no lo cuenten pero sí que pasan de puntillas por algunos asuntos.

No faltan las puyitas a otro viajero escritor, Miquel Silvestre. Lo hizo en la presentación del libro y lo hace en el interior del mismo. Por no hacer “spoiler” no haré transcripción del comentario pero el autor, cuando quiere, también saca a relucir su, más que evidente, vena gallega. Me arrancó una amplia sonrisa por el desparpajo y la naturalidad con la que lanza sus dardos.

También hay, en el libro, dejes que se repiten y que se me antojaron como un dejà vu pero tampoco voy a desvelarlos. A mi me resultan chirriantes pero prefiero que sea el lector el que decida si chirrían o no. Por otra parte, si este es el primer contacto con el autor supongo que pasarán desapercibidos.

El libro termina triste, muy triste, aunque con una gran lección de vida, con una enseñanza humilde que está llena de verdad y que nos permite acercarnos, un poco más, al corazón de este viajero, peculiar y discreto.

El avance el calidad literaria y en capacidad de transmitir es notable. A pesar de su extensión no resulta un libro pesado en absoluto y el ritmo se mantiene bastante estable en toda la obra, exceptuando algún pasaje en el que no puede reprimir su ansia descriptiva, al igual que yo no puedo reprimir mi ansia de meterle un poco de caña.

Le han salido 430 páginas que merece la pena leer.

MORADOR DEL ASFALTO
AUTOR: BARRIO DIEGUEZ, FABIÁN C.
EDITORIAL: EQUIPO BALNEA
ISBN: 978-84-608-2630-9
EAN: 9788460826309

PRECIO:  15,99 €

AÑO: 2015

LUGAR DE EDICIÓN: ESPAÑA

 

Libro: Freewheeling Frank, de Los Ángeles del Infierno

Frank Reynolds

Frank contando su vida a McClure en 1966. Foto: L.Keenan

Impelido por una curiosidad tardía hacia los Ángeles del Infierno, los Hell´s Angels, he adquirido otro libro que habla sobre los inicios de este MC. Frank Reynodls, más conocido por el apodo de Freewheelin Frank. Se trata de una rarísima (quizá no tanto) edición en español del libro  “Freewheelin Frank, Secretary of the Angels” original de 1968. Esta edición viene a cargo de la Ediciones Júcar de Gijón y se puede conseguir por menos de 10€

En el interior de una pobre encuadernación, con hojas que se despegan si no lo tratas con extremo cuidado, nos encontramos a McClure, el escritor, que transcribe lo que le va contando el que fuera secretario del capítulo de San Francisco de los Hell Angels. La obra comienza despachando carnaza y barbaridades sin mesura para, hacia la mitad del libro, tomar un camino más literario y adoptar un tono un poco más “serio”, si se me permite la expresión. De las redundancias descontroladas, la contínua pérdida del hilo conductor y el batiburrillo general pasamos a una lectura mucho más relajada, pero sin pasarse, no nos equivoquemos.

Sumada a la deficiente narración tenemos la, por momentos infecta, traducción de Juan Alcover que, en ocasiones, aún dificulta más la comprensión del texto.

Pero no nos vayamos por las ramas, ¿qué nos encontramos en esta obra menor? Las confesiones histriónicas de un adicto a los barbitúricos, el speed, las anfetas, el LDS… un poco de todo. Frank se ve a sí mismo como el poseedor de la verdad única y palpable y a los Ángeles del Infierno como la raza superior llamada a pervivir por siempre. En general el libro no aporta gran cosa sobre sociología, ni siquiera sobre la historia de los Hell´s Angels. Para ahondar en el funcionamiento y la idiosincrasia de este grupo deberíamos acudir a Sonny Burger, presidente de los H.A., a beber de una fuente más autorizada y con un poco más de cordura. Frank se limita a glosar una serie de aventuras histéricas en las que el odio a la policía y las fiestas salvajes destacan por encima de otros valores. En contra de lo que pudiera parecer ni siquiera habla mucho de motos.

“Nos sentimos una raza superior. La esvástica significa una raza superior. Eso nos ayuda a generar solidaridad”

A cambio nos ofrece un retrato fidedigno de lo que consistía la vida de un Hell en la década de los sesenta: sexo, peleas, negocios turbios y moral laxa. Desde la lejana Europa y siempre influidos por lo que Hollywood hizo de las “bandas de moteros” resulta difícil imaginar cómo funcionaban aquellos motoclubs de los sesenta. Siempre tenemos el fantasma de la distorsión mediática rondando sobre nuestras cabezas, desde los reportajes sensacionalistas que los convirtieronen objeto de culto, hasta el uso político y/o policial que hicieron de ellos. Con el relato que nos proporciona Frank Reynolds tenemos la posibilidad de asomarnos a aquel mundo, aunque lo hagamos a través de la mente de un colgado del LSD. Es una especie de raro privilegio.

“Cuando hablamos de comer el coño procuramos que suene lo más asqueroso y vulgar posible, como para hacer vomitar a alguien. Las “angel mamas” son ninfómanas dispuestas a hacer cualquier cosa cuando se trata de sexo. La tía está menstruando en ese momento, tiene la regla y está llena de sangre. Se considera que cuanto más repugnante esté, más clase demuestra el tipo que se la come delante de todos – seis miembros por lo menos- y el estilo con que lo hace, mientras todos miran… Ha habido alguno que ha vomitado cuando se le ha obligado a hacerlo”

Freewheelin nos da cuenta de forma detallada de sus correrías y aventuras alrededor del sexo y la droga, del dolor por la muerte de un amigo que lo marca de por vida o de su fervor religioso, sobrevenido mientras leía la Biblia puesto hasta arriba de LSD. En la parte más jugosa del libro, después de haber tomado confianza con McClure, el Secretario de los Hells ya no se ve en la necesidad de impresionar con sus hazañas y se muestra más íntimo y personal. Aquí es cuando nos deja ver su peculiar concepción de La Vida y La Trascendencia. Hay que tener en cuenta que estamos leyendo una obra de mediados de los sesenta, en pleno apogeo de la contracultura y el culto a la psicodelia. En ese marco la peculiar visión del mundo de Frank y de muchos de sus coetáneos no os ofrece nada nuevo a día de hoy. O sí.

Este libro fue escrito cuando en la sociedad norteamericana existía una enorme atracción por todo lo relacionado con el hippismo y todo lo que significase un desafío al conservadurismo imperante. Por aquel entonces revistas como The Nation encargaban artículos a periodistas underground como Hunter Thompson, autor de Los Ángeles del Infierno. Una extraña y terrible saga publicado por primera vez en 1966. McClure pertenecía a ese gremio de escritores de la contracultura y se decantó por glosar la biografía de uno de aquellos personajes fuera de la ley. El resultado es un libro un tanto caótico en sus primera páginas, pero que supone un viaje en el tiempo a los años de locura y degeneración en los grupos de outlaws de la costa Este norteamericana.

Datos del libro:

Freewheelin Frank

Freewheelin Frank De Los Angeles Del Infierno
ISBN: 8433460196, 9788433460196
Autores: Frank Reynolds (1943-); Michael McClure
Editorial: Ediciones Jâucar ( Madrid )
Año de piublicación: 1981
Lenguaje: Spanish
Colección: Azanca, Narrativa Contemporâanea ( Volumen 19 )
Número de páginas: 186

Libro: Libertad para los osos

Libertad para los osos - John IrvingResulta bastante inusual que aparezca por estas páginas algún autor contemporáneo de renombre internacional. Más allá de Ted Simon, traducido a varios idiomas y leído fuera de los círculos de aficionados a la moto, poco más hay aquí. Hoy, para paliar esta falta de visión cosmopolita traigo a John Irving, uno de los autores actuales más aclamados en los EE.UU.

John Irving nació en Exeter, New Hampshire, en el Norte de los EE.UU. A los 21 años, en el año 1963, se trasladó a estudiar a Viena y allí concibió Libertad para los Osos, una novela alocada en la que un joven anarquista nos cuenta su historia. Las motos, lejos de ser un elemento secundario como en otras novelas, forman parte del hilo conductor en muchos momentos de la narración y nos trasladan a dos épocas conflictivas de Europa. Por una parte el final de la década de los 60, cuando Siggy y Graff se embarcan en un extraño viaje por Austria a lomos de una Royal Enfield de 700cc en busca de sexo y aventuras. Sus peripecias se ven truncadas después de un episodio ciertamente hilarante y ahí comienza una narración nueva que deja aparcado a Graff y nos traslada a la historia familiar de Siggy.

Buceamos en los orígenes de Siggy y en el ambiente de la Viena previa a la Segunda Guerra Mundial para desembarcar en otra serie de peripecias surealistas que nos llevarán hasta Yugoslavia. Irving, a la par que nos muestra al camaleónico padre de Siggy, nos instruye en las complicadas relaciones entre  alemanes, serbios y croatas además de chetniks, ustashis y partisanos de variada nacionalidad. Esta es, para mi, la mejor parte del libro en la que se mezcla una N.S.U Grand Prix del 34  y varias BMW alemanas del batallón “Balcanes 4” de la Wehrmacht.

Paralelamente, transcurren las jornadas nocturnas de Siggy en el zoo con la idea de liberar a los osos de la tiranía del vigilante.

Esta es la primera novela de John Irving y aún quedaban lejos el Oscar al mejor guión (Las normas de la casa de la sidra) y los reconocimientos literarios, sin embargo el joven Irving ya daba muestras de tener una imaginación febril y desbordante difícil de contener. Tan difícil que, en ocasiones, la obra se pierde en requiebros de la trama que son bien prescindibles. El mayor error es, para mi gusto, haber desarrollado tanto la trama del zoo (que es precisamente la que le da título al libro) y no ahondar en la vertiente histórica de la Segunda Guerra Mundial con el padre de Siggy. como guía. Según el autor esta parte del libro la escribió para darle un poco de “distracción” a la obra y es, sin embargo, una fábula paralela en la que apetece sumergirse.

El ejemplar de mi estantería fue adquirido por seis euros en una de las “rebuscas” por la red. Si lo deseas puedes adquirirlo por menos de 10€ en cualquiera de las librerías asociadas a Iberlibro.

Información bibliográfica

Libro. Salí a dar una vuelta

 

sali a dar una vuelta portada

He tardado en ponerme con el libro de Fabián supongo que que aterrado por su enorme volumen. Son más de 500 páginas con su correspondiente DVD multimedia que, he de reconocerlo, no me molesté en abrir; creo que estoy saturado de imágenes de motos por el mundo, motos de viaje y motos en situaciones de lo más variopinto.

¿De qué va? De un viaje en moto alrededor del mundo durante dos años. Nada más y nada menos.

El libro se maneja mal debido a su volumen, es lo que tienen las obras con cientos de páginas: hay que acomodarse para trajinar con él. También he encontrado que hay páginas descolocadas en mi ejemplar, debiendo volver atrás para poder seguirlas en el orden correcto. Una vez inmerso en la lectura encuentro que el autor tiene una cierta fijación con las putas: hasta la página 100 las nombra, por lo menos, diez veces. Nada que objetar pero resulta chocante tanta referencia al puterío, más que nada porque suena a irreverencia impostada cuando aparecen de modo forzado. Con las gallinas parece que también hay una especie de fijación porque son nombradas unas cuantas veces. Pero el libro, aparte de estas curiosidades, tiene más miga.

Fabián es el rey de las descripciones y, según sus propias palabras, se caracteriza por el abuso de frases subordinadas, adjetivación de dudoso gusto y decenas de páginas con descripciones innecesarias. Estoy de acuerdo. Salí a dar una vuelta está plagado de descripciones larguísimas, excesivas en su detalle y en ocasiones, rallanas con la pedantería. Es marca de la casa. Esto está muy bien si en la trama ocurre algo más pero, a veces, lo único que nos encontramos en algún capítulo son descripciones de lugares sin concesión alguna para la reflexión personal, sin espacio para la vivencia íntima. Es su estilo, lo se, pero uno se queda con la impresión de que en el viaje del autor no acontece nada relevante y acude a un barroquismo perfecto para rellenar páginas. En otras ocasiones se agradece este puntillismo descriptivo porque la ocasión lo merece y los detalles ayudan a transportarse al lugar de los hechos pero, en general, abusa de los adjetivos hasta el hastío.

sali a dar una vuelta

La sensibilidad que el autor demuestra en algunos pasajes, el gusto por el detalle, tienen su contrapunto en la “bordería” y el desprecio con que trata a alguno de los figurantes, eso sí, siempre con un sentido del humor fino y en ocasiones, ácido. Tan pronto te lo encuentras despreciando paisajes que otros considerarían cautivadores como llenando el texto de diminutivos cursis. El viejito, el banquito y resto de los itos, chocan de plano con la rudeza con que, a veces, describe a las personas con las que se encuentra. Es divertido.

En otros pasajes resulta tan hiperbólico que, por fuerza, no te lo crees. Exageraciones llenas de humor que le dan a algunos capítulos un aire bufo que, como dije antes, sirve de contrapunto a la parte más sensiblera.

Llama la atención que Fabián, un tipo culto, elegante y educado (quizá por eso) se esfuerce tanto en hacer hincapié en el feismo del mundo: hoteles, barrios o pueblos enteros son descritos muchas veces como el último agujero del orbe. No dudo de que eso sea así pero encuentro que tiene una especial querencia por mostrarnos, con una buena capa de acidez, lo más abyecto de la civilización. Se recrea en ello. Como cuando describe, con todo lujo de detalles escabrosos, la cremación de un cadáver en Benarés; resulta verdaderamente asqueroso.

Otras veces es desternillante y lleno de humor el modo en que se enfrenta a situaciones comprometidas pero, en general, da la impresión de que el autor tiene dificultades para relacionarse con los demás, aunque esto es una impresión muy personal.

Algo que no me ha sorprendido, porque es habitual en muchos escritores de viajes, es el empeño en marcar diferencias con los “turistas”. Parece que los que viajan en moto quieren hacernos ver que pertenecen a una clase especial que los diferencia de los vulgares “turistas”. Entran en una especie de quintaesencia viajera y se esfuerzan para que no los confundamos con los primeros. Lo he visto, en menor o mayor grado, a Silvestre, a Oromí, a Calvo o al mismísimo Ted Simon. Es como si el hecho de subirte a una moto te separase del resto de occidentales que viajan en otro medio de locomoción. “Yo no soy turista, soy viajero”.

Fabián se muestra bastante tímido en la primera mitad del libro, apenas nos desgrana algún detalle de su niñez y lo hace con mesura, como dejando entrever. Sin embargo, cuando el autor se encuentra con su padre en Buenos Aires quizá ya ha llegado a cierto grado de confianza con el lector y nos deja ver un Fabián mucho más íntimo, más resuelto y más “conversador”. Detalles de su juventud, de la relación con su padre, de su yo interior, van apareciendo poco a poco. Creo que en este punto me reconcilié con el autor y con “Salí a dar una Vuelta”.

Reconozco que Fabián Barrio es un maestro sobre el escenario, domina la palabra y el arte escénico a la perfección. Reconozco que tiene un gusto exquisito para editar vídeos, creando minidocumentales amenos y divertidos. Reconozco que con su locuacidad y voz profunda sería capaz de venderle hielo a un esquimal. Pero su libro no es lo que me esperaba. La primera mitad se hace larga y, por momentos, pesada. Quizá si hubiera condensado la obra en 200 o 300 páginas y hubiese prescindido de la mitad de los adjetivos hubiésemos tenido un libro mucho más ameno.

  • Tapa blanda: 500 páginas
  • Editor: 2Tmoto (1 de octubre de 2012)
  • Idioma: Español
  • ISBN-10: 8461598954
  • ISBN-13: 978-8461598953

Libros: Mi moto paseo a través el país

41mjy+jdEzL._SX331_BO1,204,203,200_De todos los libros de viajes en moto que he leído “Mi moto paseo a través el país” es el panfleto más inmundo y bochornoso que ha pasado por mis manos. Samuel Conner nos ofrece una basura tan inmunda que me veo en la obligación de escribir esta reseña para que nadie sienta la tentación de malgastar 10,38€ en semejante bodrio.

El autor, ha cogido su texto original, lo ha pasado por el traductor de su ordenador y nos ha dejado este relato infumable con forma de libro. 3000 millas de viaje por EE.UU para acudir a un evento llamado “El Memorial Vietnam” que se convierten en una broma de mal gusto.

Lo chocante del caso es que esta autoedición a la que ninguna editorial tendría a bien prestarle cinco minutos de atención, se vende a través de Amazon. Y también la imprimen.

La sinopsis: Un veterano viaja en su motocicleta desde la costa este a California, donde luego se une a los Run For The Wall y rueda con ellos 3000 millas hasta el Vietnam Memorial en Washington, DC. Por el camino les ofrecen recepciones y ágapes lo cual les ayuda anímicamente. Eso es todo.

¿Tiene algo bueno el libro? Sí, que en cuanto pases la segunda página sabrás que es un libro que no vas a seguir leyendo, no te hará perder demasiado tiempo. Quizá tengas curiosidad, como yo, por saber si algún capítulo tiene más de 26 líneas por página o si el texto mejorará; abrirás páginas al azar y no darás crédito porque absolutamente todo el panfleto-con-forma-de-libro da vergüenza ajena. Es como una charada de idiotas en la que te apetece denunciar al autor por estafa.

Setenta y una páginas de basura. Lo guardaré como curiosidad porque es, con diferencia, el peor libro de viajes en moto que hay en mi colección.

libro samuel conner

Libro: Ángel del Infierno

tapa Ángel del infiernoEl el año 2012 el presidente de Ángeles del Infierno escribió, junto con los hermanos Keith y Kent Zimmerman,  este libro sobre su vida y obra. De hecho lleva el título de “Ángel del Infierno. Vida y andanzas de Sonny Barger y el club de motoristas Ángeles del Infierno“. Ahora llega a mis manos a través de la edición en español de la editorial Pepitas de Calabaza que vio la luz en febrero de 2015.

Ángel del Infierno no es un libro de viajes propiamente dicho pero el él hay viajes en moto y muchos otros viajes propiciados por el LSD, el speed, la cocaina, la marihuana y, en general cualquier tipo de droga, ilegal o no. Sonny nos descubre, bajo su particular prisma, una serie de aventuras que sólo habíamos visto en las películas de moteros de los años 60. Sin ningún tipo de tapujos nos dejar ver una parte de la vida del Club en la que se alternan, de forma abrupta y rallana con el histerismo literario, las peleas con la policía y con otros clubes, las idas y venidas a la cárcel, la muerte de muchos de sus miembros por temas relacionados con la droga y un ciento de desvaríos que hacen que cualquier guión película de Hollywood se quede corta.

Supongo que todas estas historietas estarán alteradas en mayor o menor medida por el autor para salvaguardar el nombre del Club y el suyo propio pero, a pesar de lo que se esté callando este hombre, no deja de ser sorprendente lo que descubrimos en su narración. Todo está contado con naturalidad, sin licencias literarias y con un lenguaje directo y, en ocasiones, burdo. No podría ser de otra manera. Aún así encontramos ciertos dejes “viejunos” en la traducción de Enrique Alda que huelen a rancio. No sabemos si en el original también suenan a términos “demodé” o se trata de errores por desconocimiento. Palabras como “bofia”, “la queli” o “la parienta” chirrían y pueden inducirnos a ver a Sonny como lo que no es, un macarrilla de barrio castizo. A Sonny se le queda muy corto ese adjetivo.

- Sonny, ¿que se hace cuando alguien tiene una sobredosis de barbitúricos?
- Dale speed, eso la despertará.

Tampoco anda el traductor muy fino a la hora de nombrar a los motores Harley, usando términos como “cabeza de nudillos”, “cabeza de olla” y “cabeza de pala” para referirse a los motores “Knucklehead”, “Panhead” y “Shovelhead”. Nadie en el mundo llama así los motores Harley, con su nombre en español.

Muchos de los mitos de los Ángeles del Infierno, fabricados la mayoría de las ocasiones por la factoría hollywoodiense, se hacen añicos de la mano de su presidente. Desmonta leyendas urbanas y a la vez, nos descubre aspectos mucho más espeluznantes. No le duelen prendas a la hora de desvelar el pasado de narcotraficantes, su odio visceral a la izquierda norteamericana o su desprecio por cualquiera que no sea un Hell Angel. Si embargo hay temas por los que pasa de puntillas o los justifica con vehemencia, como por ejemplo el uso de la estética nazi durante un periodo bastante dilatado de la historia del club.

Sonny Barger hace un repaso a cuarenta años de historia del club y nos da su propia versión de lo que aconteció en esas cuatro décadas, no en vano es el único libro autorizado por Hell´s Angels. Entre algunas perlas merece la pena destacar la opinión que tiene sobre  la marca Harley Davidson:

"Personalmente, en cuestión de manufactura, no me gustan las Harley. Las conduzco porque pertenezco a un club y forman parte de nuestra imagen, pero si pudiera me compraría una Honda ST 1100 o una BMW. Cuando empezaron a fabricar motos grandes en Japón y decidimos no comprarlas perdimos una oportunidad irrepetible"

Así de claro se muestra Barger: “Siempre digo: ¡Qué le den a Harley Davidson!”. Suena revolucionario por venir de quien vienen estas palabras, de alguien que le ha proporcionado tantas ventas a la marca debido a la imagen de su club pero esto es una muestra de lo que nos podemos encontrar en el libro; no lo cuenta todo pero lo que cuenta lo hace sin cortarse, del mismo modo que vivió toda su vida.

la última parte del libro Sonny se dedica a desgranar algunos de sus encuentros con la justicia norteamericana. Acusaciones de asesinato, paseos por los juzgados, trapicheos con la policía y la acusación de crimen organizado como traca final… No me quedó muy claro todo el asunto. Resulta bastante sospechoso que, acumulando tal cantidad de delitos y antecedentes, no se pasara mucho más tiempo en la cárcel. Entre libertad condicional, pago de fianzas y sentencias favorables podemos afirmar que, o bien tuvo mucha suerte o tenía amigos muy poderosos. O las dos cosas.

Es un libro recomendable para entender una parte de la historia de los MC y de la propia historia de los EE.UU.

Libro: La Emoción del Nómada

  • Tapa blanda: 412 páginas
  • Editor: Comanegra; Edición: 1 (9 de septiembre de 2013)
  • ISBN-10: 8415097611
  • ISBN-13: 978-8415097617

La Emoción del NómadaA estas alturas pocos aficionados habrá a la lectura de viajes en moto que no conozcan este libro de Miquel Silvestre, el viajero en moto más mediático que ha salido de España.

Después de publicar Un Millón de Piedras, Miquel Silvestre se embarcó en otro viaje, desde Europa hasta Asia Central para dirigirse luego a Tierra Santa. Era una peregrinación. Son más de 400 páginas que pasan por Francia, Italia, Eslovenia, Hungría, Ucrania, Rusia, Kazajistán, Uzbekistán, Azerbaiján, Georgia, Turquía, Siria, Jordania, Líbano, Israel y los Territorios Palestinos, donde termina el relato en la Iglesia de la Natividad.

Cuando Miquel Silvestre realizó este viaje aún no era el viajero mediático que conocemos ahora ni el ejemplo a seguir que muchos ven en él. Aún sin ser inexpero en viajes, este parece el más fresco e inocente. Sin Facebook, sin blog y sin ataduras “mass-media”, se embarco en un viaje que tenía mucho de descubrimiento interior.

Esta es la obra más íntima del autor, en la que nos relata su conversión o renovación de fe. Desde los primeros capítulos vamos asistiendo a la transformación del protagonista y, poco a poco, nos damos cuenta de que algo trascendental va a suceder en su vida. Los avatares por los que va pasando, los encuentros casuales y las vicisitudes por las que pasa nos preparan para la revelación que va a tener lugar.

En La Emoción del Nómada hay sitio para la mala leche del autor, para las situaciones cómicas y sobre todo, para la confesión. Horadamos en lo que siente el personaje y podemos llegar a comprender un poco más lo que siente cuando está de viaje. La relación con su novia de entonces o la desesperación por verse desamparado y perdido llega al lector con nitidez y sin tapujos.  Y eso es lo más interesante de la obra. Además su estilo directo y una prosa ágil hacen que el libro se lea con interés. Miquel huye de la monotonía de eternas descripciones de carreteras y hoteles para hacernos viajar con él. A veces resulta odioso, a veces enternecedor pero por encima de todo, resulta creíble. Podemos estar o no de acuerdo con su cosmovisión, en cómo se relaciona con las personas que se encuentra en el camino o abominar su esporádico histrionismo pero este libro es, sobre todo, honesto.

Como he dicho es una prosa directa, a veces ruda si la ocasión lo requiere. Esto hace que no pueda evitar la comparación con otros autores que hacen de la exageración y el adorno artificioso para darle un poco de brillo a viajes que, aunque  no sean ser planos, lo parecen.

Las últimas páginas del libro, por circunstancias que no vienen al caso, las leí semanas después. En ellas me encontré con el desenlace final, con el Miquel más íntimo, sincero y humilde, muy distinto a lo que a veces nos muestra en sus apariciones mediáticas. Un colofón perfecto para un texto que hurga en las entrañas del autor y que lo desnuda por completo.

Libros. El Gitano que hay en mi, de Ted Simon

Todo el mundo puede encontrarse en un lugar equivocado y en un momento inoportuno. Por ejemplo, el padre de Ted Simon: llamarse Haim Sin Simha, ser judío, gitano y vivir en Rumanía en plenos años 30, no parecía una buena combinación en la Europa de la época. Por eso salió de allí hacia Inglaterra, se hizo llamar Henry Simon y se casó con la chica alemana más rubia y más aria que encontró, su madre.
A los nueve meses, nació Ted, y a los cinco años, los abandonó a ambos.

De no haber sucedido todo esto, Simon no habría tenido razón alguna para hacer este viaje en busca de la verdadera historia de su origen.

Decidir hacerlo a pie, tras el derrumbe del Telón de Acero y mientras la Europa del Este se desintegraba no parece buena idea a simple vista. Y, sin embargo, gracias a ello, el espectro de lo peor y de lo mejor de la historia de nuestra adorada Europa sale a su encuentro.

De nuevo, como en Los sueños de Júpiter, encontramos algo detectivesco en la obra de Simon. El matrimonio de sus padres fue un desesperado intento de Haim Sin Simha por huir de su pasado judío poco antes de los primeros brotes de nazismo, pero esto es apenas la punta del iceberg.

«Con ingenio, humor, y una fina sensibilidad, Ted Simon saca a relucir los aspectos más profundos de un viaje a lo desconocido y, lo que es más revelador aún, de un viaje a lo conocido.»
London Review of Books

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Criado en una Inglaterra asediada durante la Segunda Guerra Mundial, Ted Simon creció con la imperiosa necesidad de salir a explorar el mundo. Abandonó una carrera en la ciencia para convertirse en uno de esos escritores únicos que ha conseguido ser testigo y, a la vez, protagonista de sus historias.
En esta ocasión es nuestro enviado especial a la vida cotiadiana de la gente sencilla que tuvo que aprender a reorganizar su vida mientras sobre sus cabezas se sucedían gobiernos y políticas cuyos ritmos le eran ajenos.
Sobre sus viajes en moto escribió la trilogía de Los viajes de Júpiter (Los viajes de Júpiter, Sobre ruedas y Los sueños de Júpiter) cuya primera parte es considerada, con toda justicia, un libro de culto en literatura de viajes.
Otros de sus libros, inéditos en lengua española, son Gran PrixThe river stops here y Rolling through the Isles.

Lo acaba de editar: INTERFOLIO