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Lo retromoderno en Motorbeach

Las modas y la modernez fluctúan, ya nada permanece en este mundo cambiante. Lo que ayer era mainstream vuelve hoy con la misma fuerza. Solo hay que darle un lavado de cara a cualquier cosa que estuviera de moda hace unos años y volverá a brillar con luz propia. Pasó con los pantalones de pata de elefante, con los bigotes y con decenas de canciones. El mundo de la moto tampoco es ajeno a esto.

Resurgen movimientos que se perdían en los grises apagados del siglo pasado y lo viejuno vuelve. Pero vuelve empapado de los suficientes aires de novedad como para que no huela a naftalina. Tomas un poco de esto, un poco de lo otro, lo mezclas con el frescor de lo joven y dinámico… y ya tienes el cóctel perfecto para inaugurar una nueva tendencia. Ya tienes una nueva moda.

En el caso de las motos regresamos a la segunda mitad del siglo XX. Ya ha pasado el tiempo suficiente como para que las nuevas generaciones no sepan nada de todo aquello y para que los nostálgicos de su juventud vuelvan a sentirse protagonistas por haberlo vivido. Pero es un regreso que huele a moderno, un beber de lo viejo para saborear lo añejo como quien degusta un buen vino.

Así vemos como vuelven a ponerse en funcionamiento viejas BMW renovadas o como cacharros que acumulaban polvo en un galpón, regresan a la vida. Surgen, de la mano de verdaderos artesanos, máquinas que se daban por muertas y desahuciadas, creando nuevos cánones estéticos y encandilando al personal.

Festivales como el Motorbeach de Colunga (Asturias) son el escaparate perfecto para mirar y admirar estas nuevas tendencias. En el Motorbeach se unen, aún no acierto a comprender cómo, el surf europeo de los inicios, el furgoneteo vintage y las motos por las que suspiraba toda una generación a finales de los 60. Quizá esta sea una descripción un poco simple porque el maremagnum con que nos encontramos en la Playa de la Espasa supera lo imaginable. Hell Angel´s, barbudos repeinados, pilotos embutidos en Dainesse, barrigones de camisa hawaiana, aventureros de abolengo, mods, rockers, bobber, cafe racer… un totum revolutum que se hibrida en esta almoneda gigantesca.

Hay que ir y verlo. Hay que llevar la Moleskine para no perder detalle de cada personaje singular. Hay que tomar nota de cada tendencia, admirar las líneas maestras de cada creación y elaborar la larga lista de los deseos.

Aún quedan, en el festival, muchos aspectos a mejorar, sobre todo desde el punto de vista organizativo. Los accesos no son ideales, las colas para entrar o para comprar unas fichas para tomar algo son engorrosas y molestas. La acampada tiene pocos servicios (pero es gratuita) y lo de pagar todo con fichas de colores es un verdadero tostón. Pero Motorbeach está llamado a ser el referente peninsular de este tipo de encuentros tan peculiares en los que se misturan corrientes estéticas retromodernas y neohipsters.

Motorbeach es la cuna de personajes inusuales y máquinas inusuales, es el culto a la originalidad y a la personalización de nuevo cuño. Motorbeach es estética y postureo, es kich y es cool, es la celebración de las grandes minorías.