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Tiempo que Perder

Hace unos días recibí un correo electrónico un tanto extraño. En él, una empresa de publicidad (El Cañonazo), de esas de corte moderno y transgresor, pedía mi colaboración para publicitar un evento. Mi tarea en el asunto era bien sencilla. A cambio de un billete de cien euros tendría que llevar, durante una semana, un reloj de lujo Tag Heuer (pronúnciese tag-joia), asistir a la presentación de un nuevo patrocinador para un equipo de Moto2, twitear como loco el evento, participar con una foto en el concurso del reloj de marras y escribir una crónica del mentado aparato.

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Los Motoristas Apandadores

Beagle Boys. CC WikipediaHace unos años que vengo publicando crónicas de viajes. Hay quien dice que lo hago por vanidad y por afán de protagonismo. O por puro exibicionismo, añadiría yo. Sea como fuere la página es mía y publico, más o menos, lo que me viene en gana. Hay textos mejores, los hay peores y los hay difícilmente soportables. Los hay cargados de razón, fundamentados o puros disparates atolondrados. 

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Moteros de Cabeza Hueca en Redes Sociales.

Me quedo un poco flipado con lo que pasa en las redes sociales al hilo de los “grandes viajeros” en moto. Y no me refiero a esos viajeros de andar por casa como tu o como yo, sino a los que todos consideramos viajeros serios, a los que salen largo.
Hay, a veces, luchas de egos difíciles de comprender y aún más difíciles de digerir. 

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Abanderados de los Viajes en Moto

 

El viajar en moto no es algo nuevo. Ni siquiera es algo moderno. Surge con la misma invención de la motocicleta y con la popularización de este vehículo.

Desde principios del siglo XX ha habido grandes viajes en moto, algunos de ellos con una carga épica enorme. Hay que tener en cuenta que, ni las carreteras, ni las motos de aquel entonces eran fiables en muchos sentidos.

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Un Poco Menos de Buenismo

 

Publicar en internet es muy fácil. Basta con saber manejar el ratón, un poco el teclado y hacerse un perfil en cualquiera de las páginas que ofrecen blogs de manera gratuita. Si esto parece complicado siempre se puede colocar nuestro texto en un foro sectorial.

Así las cosas somos muchos los que, después de una inolvidable ruta en moto nos lanzamos a escribir nuestras reflexiones sobre la misma, bien sea, animados por haber leído las crónicas de otros viajes en moto o por nuestra propia necesidad de alimentar el ego. Leemos, nos identificamos con el autor y nos decimos a nosotros mismos: “joder, si parece que estoy haciendo yo ese viaje. ¿Porqué no me animo y plasmo mis propias experiencias?”

Y lo hacemos. De la noche a la mañana nos hemos convertido, por arte de birlibirloque, en unos escritores del copón.

Y nuestros amigos están encantados de ver su nombre, su moto y su jeta publicada en una página web.

Y luego llega lo mejor. Todo el mundo nos alaba y nos dice lo magnífica que es nuestra prosa y lo buenas que son nuestras fotos.

Si te fijas, en los comentarios de esta página no hay una sola crítica destructiva. No es que yo las borre, es que nadie se molesta en decir “menuda mierda que has escrito”. Se que algunos textos son infumables, tienen faltas de ortografía y merecen una revisión a fondo antes de mandarlos a la papelera. Pero nadie lo dice. Puede ser por amistad, por educación o, simplemente porque si no te gusta te vas y punto. Al fin y al cabo nadie te ha obligado a venir a leer a esta página.

Y lo mismo ocurre con el resto de páginas personales. Porque son eso, personales y cada uno hace y dice lo que le viene en gana.

Después de tanto halago hay a quien se le sube el pavo y su autoestima asciende varios enteros. Eso está muy bien. Sirve para ir por la vida con el paso más firme y desprovisto de complejos. Pero en ocasiones, de tanto escuchar lo  buenos que somos, lo bien que escribimos y las buenas fotos que sacamos, nos da por ir un paso más allá y publicar un libro. Si hay suerte podremos encontrar una editorial que nos lo saque a la calle y, si no, nos liamos la manta a la cabeza, porque somos cojonudos, y nos embarcamos en una autoedición donde dejamos parte de nuestros ahorros.

Y ahí está nuestra obra. Es un panfleto carente de cualquier atisbo de calidad literaria, con una redacción de instituto como mucho, pero nos hace ilusión y nuestra familia y amigos nos felicitan y nos dicen lo bueno que es. Alguno incluso va más allá y nos anima a dedicarnos a ello.

Pero claro, el libro es una puta mierda. Una sucesión de kilómetros que, si bien fueron muy provechosos para el autor, que se lo pasó en grande mientras viajaba con sus colegas (o solo, da igual), al resto de la humanidad nos la trae al pairo porque no nos ha contado nada nuevo. Ni siquiera hemos aprendido nada de sus correrías. Las páginas se van sucediendo como fotocopias y los momentos pretendidamente mágicos no pasan de ser un remedo de triles a los ojos del lector.

En el prólogo el autor nos cuenta que lo ha escrito con mucha ilusión. No se duda. Que no es escritor. No se duda. Que espera que nos guste. Tampoco se duda. Pero la obra no pasa de eso, de ser un libro con ilusión y con nula capacidad para atrapar al lector.

Y tu, que ya eres un perro viejo y desconfiado en esto de la literatura motera, buscas por la red alguna crítica que te de un par de pistas sobre el libro en cuestión. Pero como nadie se ha dignado a hacer un análisis con mirada torva, desde la desconfianza, en todos lados encuentras que el libro es cojonudo. Y lo compras.

Llega a tus manos, hueles la tinta fresca y te lanzas a viajar a través de los ojos de otro. En las primeras páginas ya te das cuenta de que has metido la pata. En las segundas que te aburres como una ostra. Y en las terceras te preguntas si eres tú el único gilipollas al que el libro le ha parecido una puta mierda porque eres especialmente crítico.

Quizá si alguien le hubiera dicho al autor que su obra es un panfleto infumable nos hubiésemos ahorrado los quince euros más los portes y el perder dos o tres días de lectura. Porque, eso si, yo los termino de leer todos. Me da igual que sean malos o malísimos: el autor se merece, después de su ilusión y esfuerzo, esa mínima deferencia.

Por eso, queridos niños, cuando leáis una crónica de un viaje en moto, sed un poco cabrones y no animéis tanto al autor. Abandonad un poco ese buenismo y sed sinceros. Una crítica fina es, a veces, mucho más provechosa que los halagos sin mesura. Veréis como ganamos todos.

Exceso de Información o Falta de Tiemporedes sociales, blogueros, viajeros

Decía, en una de las últimas entradas del blog, que hace diez o quince años era muy difícil encontrar información en español sobre viajes en moto. Aún recuerdo cómo devoraba, con verdadera delectación, los primeros relatos de viajes en moto que encontré por la red. No estaba planeando ningún viaje, ni buscaba documentación, tan solo deseaba leer relatos y aventuras sobre una moto.

Hoy, varios lustros después, la cosa ha mejorado de forma sustancial y podemos encontrar un montón de páginas y blogs dedicados al proceloso mundo de la moto. De ello nos habla, con gran acierto, Charly Sinewan  en una entrada en su página.

Sin embargo ocurre que hoy, dada la gran afición que tenemos a contar todo aquello que acontece en nuestros viajes, nos encontramos con la dificultad de encontrar material de calidad que se halla perdido, flotando difuso, entre un montón de páginas de pésima hechura. No le resto mérito a los que cuentan su salida dominical a tomar el vermouth con los colegas al pueblo de al lado. Yo mismo relato, de vez en cuando, pequeñas rutas de no más de doscientos o trescientos kilómetros. A lo que me refiero es que, no por tener una moto y una cámara de fotos todo el mundo puede plasmar con cierta solvencia sus vivencias.

Me he topado con páginas de grandes viajes en las que el aspecto literario estaba bastante descuidado, al igual que las fotos. Viajes llenos de encanto que, seguramente, merecían ser contados. Pero bien contados. También me he encontrado blogs en los que el viaje más largo de su autor no pasaba de los ciento cincuenta kilómetros pero las fotos y el texto que las acompañaba te mantenían pegado a la pantalla un buen rato. Es decir, que, tal y como reza el encabezamiento de esta página, el verdadero destino es la travesía y puedes disfrutar con una buena lectura de un viaje sin importar lo grande que éste sea.

Antes costaba trabajo encontrar páginas de viajes en moto y ahora, hay tantas, que también cuesta trabajo centrarse y encontrar aquello que merece la pena. No voy a poner ejemplos porque, además de ser muy injusto y poco objetivo, cualquiera puede identificar un trabajo sin calidad de una buena obra. Además, el que se decide a colgar algo en la red no lo hace solo por ego, quiero pensar. Está contribuyendo a enriquecer, de una u otra forma, la comunidad de forma global.

Pero bueno, a lo que voy, que me sigue costando el mismo trabajo que antes encontrar el material.

Por otra parte, tenemos a un montón de gente embarcada en viajes largos que nos lo están contando casi en directo a través de la web y de las redes sociales. Esto supone que, si nuestra afición no tiene mesura, corremos el riesgo de pasarnos media vida “siguiendo” a nuestros overlanders favoritos. Cada mañana abres el Twitter, el Facebook y las páginas personales de cada uno de ellos. Miras a ver cómo le va a Charlypor África, a Miquel  de camino a Filipinas, a Alicia  en Australia o a Fabián  de vuelta a casa. Le mandas un twet a Oscar  para saber dónde está o un mensaje de ánimo a Eduard . Luego haces tu votación en realizatuaventura  y miras a ver si los perezosos de Alejandro y Guada  han escrito algo en su página. Antes de levantarte aún has de encontrar tiempo para averiguar si MacBauman  le ha dedicado tiempo a la ternura poética. Eso sin mentar los tres o cuatro foros de motos por los que te mueves habitualmente.

Caramba! En unos años pasamos de ser unos indigentes digitales y disponer de más información de la que podemos digerir.