desvaríos

Nada es casualidad

Josef Lackhove me lo encontré en Khardungla, el puerto de montaña más alto del mundo. Lo saludé con un ligero movimiento de cabeza y con una absoluta falta de interés. Yo no había ido hasta los Himalayas para intercambiar opiniones con un alemán que viaja en moto. Como tampoco había ido allí para saludar a su acompañante español, Carlos, un tipo de Madrid que viajaba en Yamaha Teneré. Ya éramos más que suficientes españoles viajando con India en Moto como para establecer más relaciones entre nacionales. Un “hola” bastante lacónico y un “hasta luego” igual de anodino. Tampoco ellos tenían mucho interés en nosotros, la verdad.

Pasados unos meses de aquel viaje, alguien me habló de un madrileño que estaba aquellos días por Malasia y que había atravesado Birmania hacía pocos días. Como atravesar Myanmar no es algo que haga mucha gente, sobre todo porque la frontera estuvo cerrada al turismo motorizado e independiente durante años, me pareció que podríamos tener una buena charla para Viajo en Moto. Además, los rumores de un nuevo cierre de fronteras eran cada vez más insistentes y probablemente sería uno de los últimos en pasar por el país con su propia moto. A pesar de que Carlos huye de todo lo mediático y ni siquiera tiene un blog donde publicar sus viajes, que son muchos, le gustó el formato del programa y accedió a charlar conmigo.

La conversación resultó ser muy amena y, mientras me iba relatando su viaje, fue llegando a lugares comunes. El Norte de la India, los Himalayas, Leh… Khardungla. Espera– le dije -.Yo estuve en ese puerto tan alto en septiembre. Sí, Carlos era el español que acompañaba a Josef y habíamos coincidido en los Himalayas indios. Buscamos fotos y fechas y, en efecto, los dos habíamos estado allí arriba el mismo día y a la misma hora. Nos quedamos sorprendidos por la casualidad y resultó una situación bastante hilarante.

Pero hoy, meses después de la entrevista, he vuelto a ver su moto. Esta vez en la invitación que Bernd Tesch me enviaba desde Alemania para acudir a la 59.Tesch-Travel-Treffen für Motorrad-Reisende, una reunión que lleva celebrándose desde hace 40 años en el Norte de Alemania. Con ella venía una foto de Josef Lackhove en la que se veía claramente la Yamaha de Carlos. Y agudizando un poco más la vista, en segundo plano, estaba la Royal Enfield de Raúl Sanz, el de India en Moto.

Si no fuera porque, ni Josef, ni Carlos, ni la Travel Treffen son famosos la cosa no tendría más enjundia que una mera casualidad. Pero precisamente por no ser muy mediáticos, al menos en el ámbito que yo me muevo, esta coincidencia tiene un sabor mucho más dulce.

Ahora solo resta extraer conclusiones más o menos trascendentales, hablar del destino o de las señales divinas y decir que las casualidades no existen.

Este es Josef, celebrando su llegada al Khardungla.

 

y esta es la ruta de Josef, un viaje mayúsculo por sitios bastante inusuales.

 

Memoria

Aún me acuerdo cuando era joven y tenía memoria, cuando conquistaba fortalezas inexpugnables, cuando soltaba a los cuatro vientos mis gritos silenciosos.
Eran guerras incruentas de palabras que se arrastran, eran hazañas bélicas de guerrero desarmado, era la sutil conquista de las cimas íntimas.
Pero hoy, curtido en mil pacíficos conflictos, planeo de nuevo otra masacre que me devuelva zaherido, marcado por las cicatrices indelebles de los otros, acosado por la impronta firme del que ha lanzado su mirada más allá del horizonte.

Los caminos que llevan a Viajo en Moto son inescrutables

buscadoresTodos los que tenemos o administramos una página web sabemos que las búsquedas que se hacen en Google y apuntan a nuestra página son de lo más variopinto. Las palabras clave formaron, durante unos años, parte de la estrategia de marketing de cualquier publicista.  Ahora, eso de las palabras clave carece de importancia o, al menos, ya no es lo más relevante para que una página aparezca en los primeros puestos de una búsqueda. Eso ha sido bueno para los que nunca nos preocupamos de escribir contenido para las máquinas sino para las personas. Lo que antes era habitual para subir ranking, ahora penaliza. Bien.

Por este y otros motivos Viajo en Moto aparece en los primeros puestos con ciertas búsquedas. Algunas dan en el clavo y otras… otras digamos que andan algo perdidas.

De cuando en cuando es bueno echar un vistazo para saber qué es lo que busca la gente en tu página web y, si lo estimas oportuno, enfocar contenidos. Esto no suele ser el caso de Viajo en Moto que anda por libre, desgranando desvaríos frívolos un día, contando un viaje otro o poniendo a parir a alguien al siguiente. Aún así, husmear entre los términos de búsqueda que traen visitantes a esta página siempre es motivo para una sonrisa.

Aquí os dejo una pequeña muestra de algunos de los términos de búsqueda que han llevado a algunas personas hasta esta página.

como ganan dinero los motociclistas

Este ha llegado a Viajo en Moto buscando cómo hacer dinero. Lo ideal sería que lo trajera porque aquí somos pobres de solemnidad pero qué le vamos a hacer. Quiero pensar que el artículo “cómo hacerse famoso y millonario viajado en moto” le ha servido de ayuda a este lector.

ver pelicula llega a usa a participar en una carrera de moto para ser recor

Munro, estoy seguro que a quien buscabas era a Burt Munro por eso llegaste a la sección adecuada: 25 míticas películas de motos que tendrías que ver.

Guardapolvos para el cristo de la moto

Montar un cristo en la moto, en una concentración o, en general, en cualquier sitio, es algo que llama la atención. Llevar un cristo en la moto con un guardapolvos es algo que denota un, como se dice ahora “nivel Dios”.

Este llegó al tutorial de cómo cambiar los rodamientos de dirección.

berbideos demotos decarreras enitalia

Así, tal cual. Y también se llega a Viajo en Moto lo cual no se si me llena de orgullo y satisfacción o me da miedo.

Homosexuales en moto

De nuevo, alguien que busca darle un poco de marchilla a sus paseos en dos ruedas llega a nuestra página para encontrarse con La Imagen Icónica del Motorista Gay. Y es que rebosamos glamour

sado monjas moto

Esta búsqueda la podríamos agrupar con “putas en moto”, otro de los caminos sorprendentes por los que algunas personas llegan a Viajo en Moto. Lo único que han encontrado con cierta “relevancia” ha sido La monja Sexy, una de las historias acontecidas en Kosovo y que nada tiene que ver con el sexo.

moto en calle gratis jugar sin internet en firefox

No sé muy bien lo que buscaba, si jugar en la calle con una moto, que no te cobre por ello o qué. En cualquier caso ha llegado a Cómo ver MotoGP gratis sin pagar a Movistar.

como viajar en moto

Hombre, esta es bien lógica. Qué mejor que venir a la página “Viajo en Moto” para saber como se viaja en moto. El equipaje, la moto, el casco… y listo! Lamentablemente esta persona con su búsqueda llegó a “Notas para viajar a Turquía en BARCO“.

de fiesta por Kenitra

Esta junto con otra búsqueda que había de “putas en Kenitra” o algo así, son chocantes. Resulta que buscas sexo en Kenitra (menudo fiera, ir a buscar sexo a Marruecos) y no se te ocurre nada mejor que pinchar en una web de motos. Creías que ibas a encontrar un plano, uns POI´s o algo así? Error. Solo hay una breve referencia y poca información del putiferio.

reparar palo roto de tienda de campaña

Otro que tal. En lugar de buscar en un sitio donde se vendan varillas para la tienda de campaña vienes a una página de motos en la que no hay, ni por asomo, tutoriales al respecto.

pijas dolomitas

Supongo que buscaba niñas pijas esquiando en los Dolomitas y solo encontró a dos tipos desesperados en Cortina d´Ampezzo que no encontraban un lugar asequible para dormir.

pelicula sexo en el desierto

He de reconocer que el título “Sexo ardiente en el desierto de Tabernas” trajo algunos visitantes a la página, ávidos, quzá, de ver cómo se quemaban por no llevar protección. Pero la realidad sólo supera a la ficción algunas veces. En esta también, claro. Asistimos a la grabación de una película porno en el desierto de Tabernas, en Almería, insinuaron que éramos mirones y la directora de aquella magnánima obra del séptimo arte no se ganó unas hostias de milagro.

Motorista Hipster

Primera en el listado de Google para esta búsqueda, ahí está Viajo en Moto para ilustrar y desasnar a los que no sabían lo que era un hipster que, sorprendentemente, eran legión. El artículo se movió de forma víral por Facebook y todos fuimos un poco más cultos.

Motorista gay

Esta es otra de las entradas recurrentes debido a “La imagen icónica del motorista gay”. En el artículo hay una serie de sesudas reflexiones sobre el tema, para que todos podamos reirnos, a mandíbula batiente, de esos tipos duros que van sobre una custom disfrazados de gays sin saberlo. Pero, dentro de este tipo de búsquedas, la mejor es “foto gay luciendo género”. Lo que daría yo por aparecer luciendo género en esta página.

canal corinto se puede parar autopista?

En la segunda página de Google sale un enlace a Viajo en Moto pero aún así, nuestro fan a la búsqueda, insistió para saber si se podía parar en la autopista que pasa por encima del Canal de Corinto. Y tampoco encontró respuesta en el artículo que le salió de Viajo en Moto: “El Canal de Korinthos TSM 10”. Pero no, es una autopista y no se puede parar. O mejor dicho, poder sí se puede pero está prohibido. No obstante, como aquello es Grecia y las normas de tráfico son un tanto laxas… sí se puede.

aplicacion ley de trafico en una pista forestal de uso comun que pasa por interior de una finca

Esta sí que es un poco rara. No sólo por lo concreto de la búsqueda sino porque en la primera página de respuesta apunta a otra página web de mi propiedad y gestión. Me traeré el artículo a esta a ver si es más útil aquí. Enlace

verla gratis

Así, si más. “Verla gratis” Ver… ¿qué? ¿Toda? ¿Entera? ¿De verdad quieres verla gratis? Que va, que va… Si quieres verla, paga, como los demás 😀 Llegó, como no, a en “Ver MotoGP gratis son pagarle a Movistar”

visitas no deseadas en casa

A quién no le ha pasado eso de que una visita se alargue hasta lo indecible. Es que hay gente que no sabe cuando está de más. Y esta persona buscadora llegó al sitio adecuado para averiguar los métodos más eficaces para que las visitas se larguen sin que nosotros quedemos como unos anfitriones maleducados. La entrada a la que nos remite esta búsqueda es “Liska: soluciones a las visitas no deseadas y otros remedios

Podríamos seguir así durante páginas y páginas pero como muestra es más que suficiente. Como el tema este de las búsquedas es interminable seguro que habrá otra entrada un día de estos.

Qué hacer para tener parada la moto

Si me lo hubiese preguntado directamente, en un privado, le habría dicho a este lector que girar la llave de contacto y opcionalmente, poner la pata de cabra o el caballete. Como ha buscado en Google vino a parar a Cinco consejos básicos para no tener que llevar la moto al taller

Por las buenas lo que quieras pero tengo mala hostia

Esto sí que es ser específico en una búsqueda. Lo que ya no me explico tan bien es cómo, después de buscar según estos términos, te decides por pinchar en una página como Viajo en Moto. En cualquier caso el protagonista llegó a la entrada Motero Hijo de Puta.

Pinguinos 20015

Bien está ser precavido y dotarse de buena información antes de emprender la ruta pero creo que ni Google sabrá lo que va a pasar en el año 20.015. En esas fechas igual no hay ni años…

Algún canal católico para ver SpliTV

Si ya es chocante buscar canales católicos en SplitTV, aún es más chocante terminar en una página de motos que no se caracteriza, precisamente, por ser muy católica. Como es natural el usuario ha terminado en Ver gratis MotoGP sin pagarle a Movistar.

Cómo ser un motero hipster

Has llegado al lugar adecuado. Si quieres ser un motero hipster solo tienes que… espera un momento… no prefieres ser un motero pijeras o algo así? Seguro?

Hoy ya es mañana

Esta mañana salí de Oviedo con todos los ingredientes para tener una ruta en moto perfecta. La temperatura rondaba los 22 o 23 grados y la ciudad, vacía en un domingo veraniego, parecía languidecer con una calma cercana a la santidad. La brisa fresca de las calles desiertas, el tráfico calmo y escaso, y las campanas de la Catedral llamando al recogimiento cristiano antes del vermouth. Beatos sí, pero con concesiones al pecadillo venial.

La moto lleva unos días, perfecta. La cadena bien engrasada, el aceite en su nivel y todo el sistema de amortiguación nuevo del trinque. Ataviado con mi chupicuero de hace 25 años y los pantalones Ugly Bros., parecía un figurín recién extraído de Mad Max. Además, iba revestido de elegancia interior con la camiseta de Viajo en Moto. Ni siquiera haciendo un esfuerzo podía sentirme humilde por lo sublime. Pero algo no encajaba.

Negociar curvas deliciosas por la carretera de Teverga no hacía que me sintiera mejor. Algo estaba fallando y no conseguía identificar la causa. No era algo físico, desde luego; al pastel no le faltaba ni una sola guinda. Yo, que soy de naturaleza optimista y accesible a la felicidad cuando estoy sobre la moto, andaba esta mañana medio perdido, pensando en nubarrones grises cuando lo único que tenía sobre mi cabeza era un cielo límpido y de un azul insultante. Los pensamientos pasaban fugaces y feos sin remedio. La nostalgia volvía a invadirme y mi otro yo, ese que siempre me toca la moral convenciéndome de que cualquier tiempo pasado fue mejor, no cejaba en su empeño de llevarme hacia una deriva triste y deprimente. ¿Qué coño estaba pasando? Intentaba convencerme a mi mismo de lo afortunado que soy: tengo una familia que me quiere, buenos amigos que me aprecian y un trabajo estable y agradable. Entonces, ¿Qué estaba fallando?

Las zonas de sombra, entre los castaños, me recibían como una madre amorosa acoge a un hijo en su seno, el asfalto estaba impecable y con una adherencia óptima y yo, gestionaba cada curva con toda la maestría de que soy capaz. Cada tumbada era una danza etérea y cada vez que el motor subía de vueltas sonaba a música de la buena.

En Teverga, dudando ya si tendría que deshacerme de la moto y buscar algo que llenase de verdad mi vacío, conecté la música. Escogí la playlist “Música para carreteras de montaña con jirones de niebla que se desgajan, perezosos, por las laderas”, a pesar de que la ausencia de niebla era total. Y el mundo interior comenzó a transformarse. Fleet Foxes parecía querer decirme algo y me mostré atento, pero no acabé de pillar el mensaje. Sin embargo cuando sonó Mañana, del grupo sevillano Las Buenas Noches, Rubén Alonso me lo dejó muy claro “hoy ya es mañana”, “hoy es el día que amanece cien veces al día”. De repente se borraron las referencias enfermizas a un pasado tan lejano que parece que nunca ocurrió, me vi envuelto en un presente tangible, tan cercano que, por un momento, el pasado y el futuro se fundieron en una absoluta nada. Volví a la moto, volví al presente más descarnado para ser consciente de mí mismo y de cada instante. No sentía la necesidad de disfrutar de lo que estaba haciendo, ni de tener ninguna sensación en particular cuando acudieron todas en tropel. Y me fundí, una vez más, con la moto y con la carretera, con el paisaje, con cada árbol que arrojaba su sombra a mi paso, con cada roca que refractaba el calor con indolencia. Ahí estaba yo, en un presente que lo ocupaba todo, en un estado de gracia en el que no existían ni futuro ni pasado.

Ascendí el puerto de San Lorenzo despacio, dejándome impregnar de los olores y del frescor, ¿qué más podía hacer? Impermanencia y pemanencia en la nada, suspendido en una solución extraña que hacía tiempo que no saboreaba. Mente serena y quietud en movimiento.

Y así anduve toda la tarde, parándome aquí y allá, tomando cafés y escuchándome decir, absolutamente convencido, que todo estaba bien, que todo está donde tiene que estar porque en este presente tan vívido, no hay otra realidad posible.

Cerca de casa, bajando el Puerto del Palo, desde donde puede verse media inmensidad y la mitad del infinito, no pude reprimirme y me puse de pie en la moto. Solté las manos y abrí los brazos hasta que me dolían las axilas. Y me llené. No sabría decir de qué, pero me llené. El mundo entero penetró en mí mientras aspiraba el olor a polen de castaño y una extraña plenitud me engrandecía conforme me hacía pequeño.

Allá lejos, al fondo, una capa de niebla cubría las montañas cercanas a la costa y ocultaba la Sierra de La Bobia. La realidad se adaptaba a mi playlist.

Puerto San Lorenzo

¿Por qué escribo tutoriales?

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Me comentaba en Twitter un amigo, en tono jocoso, que si ya era un experto para hacer tutoriales por haber cambiado el amortiguador una vez. En realidad no había leído mi último tutorial porque, tal y como explicaba, ya era la segunda vez que cambiaba el amortiguador trasero.

La pregunta, a pesar de ser una broma sin mala intención, me dio que pensar. ¿Por qué hago tutoriales? En realidad no me dedico a ello, simplemente, cuando hago alguna tarea inusual en la moto, a veces la documento, sin que a eso se le pueda llamar tutorial en sensu stricto, aunque luego me permita la licencia de llamarle “tutorial”. En otra de mis páginas también hice varios de estos “reportajes educativos” por llamarlos de otro modo. Manejo de mapas, creación de contenidos en la nube y otros temas de corte profesional. Tampoco soy  un experto en esos temas pero los domino con la soltura suficiente como para explicárselo a cualquiera.

No me autotitulo experto como tampoco me autotitulo aventurero, pero hay cosas que sé hacer y no me produce rubor decir que sé hacerlas. Puedo ser muy humilde si me da la gana pero lo que no tengo es falsa modestia.

Volviendo al tema, ¿por qué hago tutoriales, sin ser experto?

Considero que compartir conocimientos es algo inherente al ser humano. Nos define como especie y ha posibilitado que hayamos llegado al lugar en el que estamos ahora. Internet vino a democratizar el conocimiento, a posibilitar la tarea de compartir el saber popular y experiencias de forma masiva sin la intermediación de terceros que coartaran ese trasvase informativo. Yo me sumé a la red de redes en el año 1994 y desde entonces me he dedicado a compartir mis conocimientos y los de otros a través de los distintos medios que había disponibles en cada momento. Estoy imbuido de ese espíritu pionero de la Internet de entonces y creo en la utilidad de la red más allá de vender objetos. Si quitamos de la ecuación a los millones de personas que volcamos contenido (sea más o menos útil) ¿qué es lo que nos queda? Escaparates, vendedores de productos a una masa acrítica que no obtendrá más información que la que le quieran dar las grandes corporaciones con el único objetivo de obtener beneficios.

¿Por qué hago tutoriales? Porque, los que verdaderamente son expertos no los hacen. Así de sencillo. El especialista en equilibrado de neumáticos no te contará los secretos de su trabajo, como tampoco lo hará el experto en muchos otros “secretos” de la mecánica. Siempre habrá una disculpa: no sé hacerlo, no sé transmitir, no escribo bien, no tengo tiempo… o no me da la gana de enseñar a los demás las cosas que yo sé. Nada que reprochar, faltaría más que cada uno tuviera que explicar todo lo que sabe en la red…

Pero lo que está claro es que, sin todos los creadores de contenido esto de internet sería un lugar inútil, un catálogo enorme en el que no habría nada de utilidad. Los más antiguos recordarán como era Infovía, la red precursora de Internet en España: un burdo escaparate dedicado a empresas que murió por su propia inutilidad.

Así que, si me permiten, seguiré haciendo tutoriales, haciendo podcast, contando mis desvaríos y compartiendo mis conocimientos porque, por exiguos que sean, siempre habrá a quien le resulten de utilidad. Y no solo eso, animo a todos a compartir sus conocimientos en la red, a dar la receta de la tarta de la abuela, a enseñar a encuadernar un libro o a explicar cómo se cambia un amortiguador de una moto.

De cómo acabé pasando por el hospital

Yo soy muy de campo, muy de pueblo. En las ciudades me manejo bien porque circulo en moto pero mi medio natural, desde luego, no es ese. Me sumerjo en el metro mirándolo todo con el miedo del que transita por una selva ignota y en una calle peatonal llena de gente ando como con aires despistados, extrañado de no saludar a cada persona con la que me cruzo. Nunca me arriesgo a cruzar un paso de peatones con el semáforo en rojo y me quedo parado en el borde de la acera mientras veo a jubilados y amas de casa pasar fulgurantes a mi lado.

Yo no. Yo soy un paleto indefenso si no voy en moto. Y esa indefensión se agrava si tengo que usar el transporte público. Desconozco el itinerario de las líneas, ignoro el precio y, por supuesto, no tengo ni idea de las correspondencias con otras líneas ni se en qué parada tengo que bajarme. Al conductor le doy los buenos días y poco más, porque un cartel bien visible me prohíbe dirigirle la palabra.

Pero hace unos días, en Oviedo, que es una ciudad pequeña y manejable, tuve que hablar con el conductor de bus urbano. Tenía que cruzar toda la ciudad que, aún siendo pequeña, es bastante grande para atravesarla andando de punta a punta, así que le pregunté si su autobús pasaba cerca de la dirección a la que me dirigía, en el otro extremo de la metrópoli. Me dijo que quizá sería mejor tomar el siguiente pero, después de pensar un rato con aire circunspecto, su cabeza hizo un rápido mapa mental y me dijo que no me preocupase, que él me avisaría del sitio idóneo para cambiar de bus. Eran las 14:30 h.

Me quedé de pié en mitad del pasillo y alternaba la observación de chavaletes y “señoras que” con fugaces miradas suplicantes al conductor. Las paradas se fueron sucediendo y el ajetreo de los semáforos ya me estaba mareando. Cuando vi que el bus se desviaba hacia el Oeste fruncí el ceño mentalmente y comencé a inquietarme porque yo iba hacia el Norte. En las ciudades siempre me oriento por los puntos cardinales, igual que en la carretera o en el monte, cosas de la deformación profesional y del amor que le profeso a los mapas. Así que, cuando volvió a girar en dirección Este pensé que el hombre me estaba tomando el pelo. Acabábamos de llegar al Hospital del Naranco, en las faldas del monte del mismo nombre. ¿Qué coño estaba haciendo yo allí si mi destino estaba en Avenida de Torrelavega, justo en dirección contraria?

Dos o tres paradas más allá el conductor se dirigió a mí diciendo “señor, señor! bájese en esta parada y coja el F1“. Con mi paraguas colgado en el antebrazo me quedé esperando al F1 bajo la marquesina mientras una fina lluvia remojaba las calles de Vestusta. El paraguas no lo enseñaba mucho porque acababa de robarlo en un paragüero ajeno y estaba bastante ajado, una cosa muy poco elegante para una ciudad como Oviedo. Lo del penoso estado del paraguas, digo.

Cuando llegó el F1 volví a pagar 1,20€ y a recorrer las calles en sentido contrario. El bus se desvió hacia el Sur, alejándome aún más de mi destino y dejándome con cara de circunstancias. Sentía como todos me miraban, riéndose para sus adentros porque estaba recorriendo la zona alta de la ciudad, tropezándome con cada farola y rebotando como un “coche de choque”. Estaba siendo, sin lugar a dudas, la diana de las puyas y burlas de todos los usuarios de autobús urbano del centro de Asturias. Como pude mantuve mi dignidad, incluso cuando volví a pasar por la primera parada y cuando vi el edificio del que acababa de salir 45 minutos antes. Ahora sí. Desde aquí todo sería cuesta abajo, sobre todo porque estábamos en la parte más alta de la ciudad.

Después de cientos de miles de semáforos y millardos de marquesinas perladas de lluvia, en el centro de la ciudad decidí bajarme y continuar a pié. Eran las 15:30 h. y temía fenecer de inanición atrapado en mi particular Día de la Marmota en el interior del bus. Con la cabeza alta para ocultar mi maltrecho orgullo, abrí mi paraguas robado y recorrí en trecho que faltaba bajo el molesto sonido de la tela avergonzada de su precario estado. Deseé, como nunca, poder acariciar el depósito de mi moto, escuchar el sonido redondo de su motor, mirar al cielo y ver como las gotas de lluvia golpeaban con violencia la pantalla de casco. Pero era un peatón.

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Por mi gran culpa

La culpa es solo tuya, la culpa es solo tuya. Ahora trata de perdonarte“. Lo repetía como un mantra insistente en el interior de mi cabeza. No era cuestión de complejas elucubraciones intelectuales lo que me estaba causando problemas sino principios de acción y reacción. Cuando te enamoras, cuando odias a alguien o cuando emites un juicio de valor entran en juego las complejas elucubraciones a las que hago referencia unidas a arrebatos más viscerales. Pero si el problema viene dado por dejadez, por no haber realizado acciones más o menos automatizadas que no requieren de gran carga intelectual, podemos hablar abiertamente, de culpa.

Y la culpa era mía.

El sentimiento de culpabilidad no ayuda gran cosa. Hay un dicho popular en esta zona que  es muy ilustrativo “dende que tira-lo peido nun sirve apreta-lo cú” (desde que tiras el pedo no sirve apretar el culo). Y en esas estaba yo, viniendo con Elena de la Concentración Invernal de Eskimós por la A-66, apretando el culo y culpándome hasta el desprecio, por no haber revisado la moto más a fondo antes de salir de viaje. Tareas casi automatizadas que no requieren más que de la voluntad de hacerlas, principios de acción y reacción.
Aún quedaban 400 km. para llegar a casa y la moto no pasaba de 120 km/h. Lo primero que pensé es que tenía que haber cambiado, meses atrás, las bujías y el filtro de aire sin embargo, a pesar de la falta de potencia, el motor sonaba redondo hasta medio régimen, que de ahí no pasaba. Luego se me ocurrió pensar en el cable del acelerador, que aún es el original o en problemas mecánicos de elevado rango. Reacción por inacción.

Mientras se sucedían los posibles actos de contrición y flagelaciones de indulto que podía aplicarme (alternados, eso sí, con el firme propósito de perdonarme a mí mismo), retorcía el acelerador con rabia, intentando descargar la culpa sobre la propia moto, sobre sus decenas de miles de kilómetros y sobre su, más que evidente, ausencia de fiabilidad. Elena, pasajera silente, se mantenía en prudente inactividad, incluso cuando la velocidad bajó a noventa por hora. Muy de agradecer porque, cuando uno se siente culpable no viene bien que nadie meta el dedo en la llaga.

Comprendí que aquello no iría a mejor y al llegar a Astorga decidí claudicar, abandonar la autovía y prepararme para que mis manos llegasen al punto de congelación mientras repasaba todo lo repasable en la moto. En la primera rotonda, al cortar gas, la solución llegó sola como llegan los milagros, que casi siempre acontecen de forma inesperada: el puño del gas, con el calor de los calefactables, se había despegado y solo disponía de un tercio de su recorrido normal. En esta posición llegaba al tope de aceleración porque el cable electrico le impedía seguir girando. Es decir, cuando creía que llevaba la moto a tope aún le quedaba más de la mitad del recorrido real al puño.

Sin detener la moto giré el acelerador a su posición original y todo volvió a la normalidad. Regresamos a la autovía, siguió lloviendo y nevando, y los pies decidieron vivir al margen de mi cuerpo, con temperatura de piedra hasta llegar a casa, pero no hubo más contratiempos.

¿Que lección aprendí de todo esto? Tres para ser exactos: que no es necesario revisar la moto, que las cosas se solucionan solas y que no debo de lacerarme con sentimientos de culpa.

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El vellocino de térmica de Dainese

¿Nunca has pensado en comprarte un vellocino de térmica? ¿Sabes lo que es un vellocino? Usualmente puede ser la lana que se le esquila a una oveja o un pellejo como el que yo llevo en el asiento de la moto que, como supondrás, ni es Dainese, ni se le “parese”. La marca ha sacado una nueva línea de productos que nos anuncia profusamente en Facebook pero se ve que el presupuesto para publicidad era de lo más menguado y no les ha quedado para pagar a un traductor. Así nos cuelan en el anuncio la traducción automática de Facebook.

La imagen de marca queda seriamente dañada con cosas como esta.

 

chaqueta dainese

Facebook dispone de las herramientas necesarias para evitar estos errores y Dainese debería cuidar más sus mercados, eligiendo el target, no sólo por preferencias, edad o sexo, si no también por idioma. Ahora, si quiero un vellocino de térmica se compraré a la competencia.

Así se graba Viajo en Moto

 

Así se graba Viajo en Moto

Así se graba Viajo en Moto

Uno podría pensar que grabar un podcast precisa de una infraestructura interminable. Nada más lejos de la realidad: con un ordenador para subir los audios es más que suficiente. Claro que, a más medios, mejor resultado. En el caso de Viajo en Moto todo lo que se ve en la foto es lo único que se precisa. Si, los cascos también.

Y si grabar podcast es relativamente sencillo, no lo es menos escribir Viajo en Moto. De hecho, en ocasiones, esta es toda la infraestructura que se necesita:

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Escribiendo Viajo en Moto a salto de mata

La moto que barrita, ruge, canta y croa.

harley davidson electricaLas motocicletas eléctricas están en auge. Desde pequeños scooters hasta motos de campo, silenciosas y respetuosas con el medio ambiente. De momento siguen costando una pasta y hacer que se muevan sigue dependiendo de la especulación de las grandes corporaciones energéticas. Es decir, que las motos son eléctricas y la electricidad está en manos de los mismos de siempre.

Para producir esa energía se siguen usando sistemas contaminantes como norma general. Por ejemplo, en la OCDE el 21% de la energía que se consume es de origen nuclear. Esto quiere decir que, cuando recarguemos nuestra moto eléctrica, también estaremos contribuyendo a quemar carbón y emitir azufre y dióxido de carbono a la atmósfera además de generar residuos radiactivos. Pero no es esto de lo que quiero hablar, que el ser humano, como cualquier especie, está destinado a extinguirse y no es plan el querer prolongarse de forma eterna.

Los vehículos eléctricos plantean un problema de seguridad que, hasta que lo vi en la tele, ni se me había pasado por la cabeza. Como los motores eléctricos son tan silenciosos ya hay quien dice que los vehículos impulsados de tal modo son peligrosos para los peatones porque no se les oye venir. ¿Qué se les ha ocurrido a los fabricantes? Pues que hagan ruido. Pero como el motor es el que es y los sonidos mecánicos están ausentes en gran medida no van a introducir rozamientos y explosiones donde no se puede así que el sonido es grabado. Sólo hay que disponer de un archivo mp3, unos altavoces y a espantar viejecitas en los semáforos.

Ahora que Harley Davidson también se ha metido a fabricar motos eléctricas ya me estoy imaginando a los harlistas más recalcitrantes buscando el sonido más auténtico para su Harley. Si antes había que vaciar los escapes o meterles un tubo con agujeros… ¿qué haremos a partir de la generalización de los motores eléctricos?

Hace años que se comercializan CD´s con el sonido de los motores de Milwaukee así que se podrá extraer el archivo, insertarlo en el alma de nuestra moto eléctrica y salir a rodar por el mundo en plan ridetolive total. O grabar sonidos del campo, de pajarillos y nínfulas revoloteantes para que nuestro paso por los semáforos sea un ejemplo de armonía. O ir al zoo y grabar rugidos, croares y el barritar de Dumbo.

Seguro que a ustedes, queridos lectores, se les ocurren mil y un sonidos con los que animar su moto eléctrica para no pasar desapercibidos. Yo, por si acaso, ya estoy grabando los escapes de BMW´s para una posible futura comercialización. Allá ustedes.