música

Viajo en Moto da corriente

Nos acercamos esta semana a las motos eléctricas que, poco a poco, van dejando de ser eso que llamamos “el futuro” para instalarse en el presente. Miguel Zarzuela, experto vlogger y especialista en estas máquinas, nos descubrirá ls secretos de las motos eléctricas y nos guiará con luz de led.
Después de su periplo por Asturias, Charly Sinewan vuelve a su sección contándonos las impresiones de las lluviosas tierras del Norte. Dicen las malas lenguas que ha engordado cuatro o cinco kilos en tres días.
También nos vamos al Encuentro de Grandes Viajeros celebrado en A Estrada, en Pontevedra. Dicen que la organización ha sido impecable, sin mácula. David Pagés ha estado allí y viene a contárnoslo.
Y hoy arranca el “Punta a Punta”, un evento auspiciado por BMW en el que, el año pasado, se juntaron más de 700 motos. Se supone que este año serán más así que ya es una ruta multitudinaria en toda regla. ¿Podrá llegar a morirse de éxito? Nuestro enviado especial en el evento, Jaume Rocabert, nos lo cuenta.

Encuentro Grandes Viajeros

Encuentro Grandes Viajeros

 

Esta es la playlist del programa de hoy. No están todos los temas porque he llegado al final de la lista y hubo que improvisar.

Viajo en Moto contra el cáncer

Hoy en el programa volvemos a La Leyenda Continúa, con las impresiones de mis compañeros de aventuras en Cantalejo.
Nos vamos a la Carretera Austral con Agustín Ostos, soytribu.com que está flipando con sus primeras semanas de un viaje que durará cuatro años.

Y Rodamos contra el Cáncer con Jose Cardalda, de rodandocontraelcancer.com

También iremos a hacer offroad en el Rajastán con Raúl Sanz y al carnaval de New Orleans con Charly Sinewan.
Eso no es todo, recuperamos a Interfolio Libros para que termine, Ángel, de contarnos cosas de Anne France Dautheville, que nos quedamos con ganas.
PostData: Hoy también nos hemos quedado con las ganas de saber algo más de Anne France porque la cosa se nos ha ido de las manos.

 

La musica que he seleccionado para el programa es la de esta play list.

Viajo en Moto: El Musical

Llevábamos mucho tiempo amenazando con un Especial de Viajo en Moto dedicado a la música. Pero esto es un programa de motos (aunque no lo parezca) así que la música que hemos seleccionado es música de motos, de carretera, música que huele a gasolina y a viento en la cara.
Y como estamos a la que salta, no perdemos la oportunidad de hablar de cine y de meternos con Nicholas Cage, que para eso ha nacido.
Sin olvidarnos de las loas a Tarantino y a Kurt Russell.

Lo retromoderno en Motorbeach

Las modas y la modernez fluctúan, ya nada permanece en este mundo cambiante. Lo que ayer era mainstream vuelve hoy con la misma fuerza. Solo hay que darle un lavado de cara a cualquier cosa que estuviera de moda hace unos años y volverá a brillar con luz propia. Pasó con los pantalones de pata de elefante, con los bigotes y con decenas de canciones. El mundo de la moto tampoco es ajeno a esto.

Resurgen movimientos que se perdían en los grises apagados del siglo pasado y lo viejuno vuelve. Pero vuelve empapado de los suficientes aires de novedad como para que no huela a naftalina. Tomas un poco de esto, un poco de lo otro, lo mezclas con el frescor de lo joven y dinámico… y ya tienes el cóctel perfecto para inaugurar una nueva tendencia. Ya tienes una nueva moda.

En el caso de las motos regresamos a la segunda mitad del siglo XX. Ya ha pasado el tiempo suficiente como para que las nuevas generaciones no sepan nada de todo aquello y para que los nostálgicos de su juventud vuelvan a sentirse protagonistas por haberlo vivido. Pero es un regreso que huele a moderno, un beber de lo viejo para saborear lo añejo como quien degusta un buen vino.

Así vemos como vuelven a ponerse en funcionamiento viejas BMW renovadas o como cacharros que acumulaban polvo en un galpón, regresan a la vida. Surgen, de la mano de verdaderos artesanos, máquinas que se daban por muertas y desahuciadas, creando nuevos cánones estéticos y encandilando al personal.

Festivales como el Motorbeach de Colunga (Asturias) son el escaparate perfecto para mirar y admirar estas nuevas tendencias. En el Motorbeach se unen, aún no acierto a comprender cómo, el surf europeo de los inicios, el furgoneteo vintage y las motos por las que suspiraba toda una generación a finales de los 60. Quizá esta sea una descripción un poco simple porque el maremagnum con que nos encontramos en la Playa de la Espasa supera lo imaginable. Hell Angel´s, barbudos repeinados, pilotos embutidos en Dainesse, barrigones de camisa hawaiana, aventureros de abolengo, mods, rockers, bobber, cafe racer… un totum revolutum que se hibrida en esta almoneda gigantesca.

Hay que ir y verlo. Hay que llevar la Moleskine para no perder detalle de cada personaje singular. Hay que tomar nota de cada tendencia, admirar las líneas maestras de cada creación y elaborar la larga lista de los deseos.

Aún quedan, en el festival, muchos aspectos a mejorar, sobre todo desde el punto de vista organizativo. Los accesos no son ideales, las colas para entrar o para comprar unas fichas para tomar algo son engorrosas y molestas. La acampada tiene pocos servicios (pero es gratuita) y lo de pagar todo con fichas de colores es un verdadero tostón. Pero Motorbeach está llamado a ser el referente peninsular de este tipo de encuentros tan peculiares en los que se misturan corrientes estéticas retromodernas y neohipsters.

Motorbeach es la cuna de personajes inusuales y máquinas inusuales, es el culto a la originalidad y a la personalización de nuevo cuño. Motorbeach es estética y postureo, es kich y es cool, es la celebración de las grandes minorías.

Mejor una moto con averías

Resulta fácil que una estrella mediática se identifique con las motos, con el icono de la libertad individual y todas esas zarandajas. Ya he puesto algunos ejemplos en la entrada “las motos de los famosos y las estrellas” en las que hacía un repaso, más o menos jocoso, sobre las motos que manejan los asiduos al couché. Si lo vemos por gremios, los cantantes y grupos de rock también son mucho de hacer guiños al colectivo motero y sobran ejemplos, además del famoso Born to be wild de los Steppenwolf, de grupos y canciones ligados de uno u otro modo a las dos ruedas.

loquillo

En el panorama patrio, y concretamente ligado al rockabilly, al punkabilly y cosas por el estilo, tenemos a Loquillo que lleva un montón de años haciendo apología del Cadillac y, en menor medida, de las motos. Ya le dediqué una entrada hace años, en los albores de este blog, a una de sus canciones: Himno de motoristas. En ella este monstruo de la escena nos dice que prefiere tener una Harley que le dé averías de forma constante a ser propietario de una eficiente máquina japonesa a la que llama “máquina de arroz”. La canción tiene buen ritmo pero la letra se las trae, no sólo por las preferencias del Loco en cuanto a mecánica sino por el desprecio xenófobo hacia lo japonés con la mención del arroz. Pero bueno, vale, me da igual lo que cante.

El caso es que, leyendo la entrevista a Loquillo en la revista Rolling Stone de abril de 2015 me he quedado pasmado. Si tenía alguna duda de que este cantante fuese tan cretino como yo pensaba, se me han disipado de forma inmediata. ¿Cómo si no se explica que le espete al entrevistador que él y Bunbury son las únicas estrellas que quedan? Resulta indigesto leer que “la Mataré fue el primer disco de rock latino que se lanzó en este puto país” cuando Radio Futura ya había abierto las puertas de este género en España. O “no te puedo decir ninguna banda de rock and roll que valga la pena“. A excepción de sí mismo, claro. Se queja, nuestro ínclito rockero, de que siempre ha ido un paso por delante y ahora le roban la identidad y la estética. “la copian desde los mítines de partidos hasta Operación Triunfo, donde salen con chupas de cuero y guitarras eléctricas“. Larga vida al precursor de la cazadora de motorista en los escenarios.
Para rematar, referido a sus compañeros de profesión, dice que nadie se mete con los políticos por si luego no tocan. Parece haberse olvidado de sus tiempos de corista del PSOE, apoyando a Felipe González junto con Serrat, Victor Manuel, Ramoncín y otros personajes metidos a líderes de masas.

Loquillo siempre fue muy “sobrao” y muy chulo. Formaba parte de su estética, de su pose y de su imagen mediática, pero ahora suena a rebeldía impostada de un jovencito de 54 años.

Larga vida al Rock and Roll, chaval.

Varados por amor (o por avería)

Tenemos a Charly Sinewan y a Teo Romera contándonos sus respectivos viajes desde Madagascar y desde Costa Rica. De forma simultánea.
Además, Victor, nuestro becario, nos desvela cómo Danny Liska, el primer hombre en ir desde Alaska a la Tierra del Fuego por tierra, comenzó su viaje. 

El flujo de trabajo en el podcast

Grabar podcast es, a priori, algo muy sencillo. Sólo se necesita un aparato capaz de convertir el sonido en un archivo digital y una forma de distribución. Aunque la distribución ya no es grabar, propiamente dicho.

En esta casa hemos tenido algunos altibajos en la grabación, con calidades que iban de lo pésimo a lo aceptable. Fluctuaciones producidas por el hecho de no saber muy bien lo que estábamos haciendo. Ahora, después de unos años en el tajo, no es que sepa mucho más pero creo haber llegado a un equilibrio, a una solución de compromiso que, si bien no es lo más profesional ni lo mejor, es lo que menos problemas me da. Por si alguien se encuentra en una situación parecida os contaré qué programas y que hardware uso para grabar.

Antes de nada he de aclarar que tengo un iMac de hace cinco años y que, afortunadamente, aún funciona bastante bien. Además del Mac uso un micrófono de condensadores  Behringer modelo C-1U USB. Con él consigo buenos graves y una voz suave y profunda pero el volumen de grabación es bastante bajo. El precio ronda los 60€. Además uso unos auriculares Sennheiser HD 518 cuyo precio anda cerca de los 100€

Behringer C-1U

 

Sennheiser HD 518

Sennheiser HD 518

El resto de cachivaches que usaba están, en la actualidad, desconectados.

Primero fue una mesa de mezclas Behringer Eurorack UB802 y una tarjeta externa M-Audio que nunca conseguí que funcionase. Me las había regalado un oyente, junto con un micrófono con alimentación phantom pero creo que la tarjeta, a pesar de ser nueva, venía defectuosa. Algo congénito. Después de muchos cambios, tarjetas de sonido y pruebas, comencé a usar un software que separaba en dos pistas las conversaciones de Skype. Es decir, en una pista mi voz y en otra la de los invitados. Era el SoundFlower y parecía la panacea a todos mis males.

Pero dura poco la alegría en casa del pobre y, después de una actualización del sistema operativo y del GarageBand, que es el programa que uso para grabar y editar, todo se fue al garete. me quedé sin la grabación multipista y sin poder sacar nada del Skype. Esto era un engorro porque, si hacía el programa solo o con alguien en casa, no había problema pero pocos son los que se aventuran a venir a grabar al culo del mundo conocido.

Behringer Eurorack UB802

Behringer Eurorack UB802

Incluso me di una vuelta por otras opciones como conectar una grabadora digital a la salida de auriculares y otras tan disparatadas que ni las comentaré. Tampoco surtieron los efectos buscados.

Lo siguiente fue, en un acto desesperado, bajarme el Audio Hijack Pro-1 que pagué religiosamente para poder grabar una conversación con Charly, aunque fuera en una sola pista. La cosa quedó reguleras pero el Audiohijack te permite grabar el audio de cualquier cosa, programa o chisme que suene en tu ordenador, desde la música de Spotify hasta la banda sonora de la sintonizadora de TV. Está muy bien, graba en mp3 o el formato que elijas, con buena calidad… pero para grabar de Skype no sirve porque mete los dos canales en una sola pista y mi voz, a causa del micro que uso, siempre queda con menos volumen.

Así que dejé aparcados el Audiohijack, el Soundflower, la mesa de mezclas y me fui apañando cada mes con una chapuza nueva que funcionaba peor que la anterior. Incluso llegué a pensar en hacer una inversión seria y comprar algo que dejase de darme quebraderos de cabeza.

Hasta que, hace unos días, investigando las posibilidades del Audiohijack descubrí, casi por casualidad, que puedes configurarlo para grabar lo mismo que sale por el jack de auriculares. Eso era todo lo que necesitaba.

Ahora Audiohijack graba lo que yo escucho en los cascos, es decir, a los invitados en Skype, y el Garageband graba mi voz, al volumen que yo le ordeno con el estupendo C-U1. Luego solo tengo que añadir a la grabación del Garageband el archivo mp3 que ha generado Audiohijack y listo. Antes de grabar hacemos una claqueta con las palmas para poder pegar luego el mp3 en el sitio adecuado y ya está.

La edición, como he comentado, con el Garajeband. Lo intenté con el Audacity pero ahora sólo lo uso para exportar a mp3 porque desde la última actualización de Garajeband me da un error de bounce y me dice que los archivos son demasiado grandes. Para solucionarlo los exporto en formato AIFF y luego los abro con Audacity para convertirlos a mp3. El flujo de trabajo, más o menos, es este:

Conversación en Skype > Grabación simultánea en Garajeband y Audiohijack Pro 1 > Edición en Garageband (se añade el mp3 que genera Audiohijack, la música y todo eso) > Exportar proyecto a AIFF > Abrir con Audacity > Procesar con Levelator para normalizar > Exportar a mp3 > Subir a iVoox > Insertar caja de reproducción en viajoenmoto.com

Programa nº 38. La Circunvalación. Madagascar. España en 125

La Circunvalación

Con los rigores del invierno llega el programa número 38 cargado de información y de espíritu motero.

Empezamos “con ella en mi moto” justo antes de que nuestro becario Victor nos cuente cómo le va la vida en el sótano del estudio. De momento conserva bien la voz así que suponemos que estará cómodo y calentito.

Repasamos algunos aspectos de Motauros y hablamos de alguno de los viajeros que están ahora mismo por el mundo, principalmente en Sudamérica y, por fin, tenemos a Carlos y a David, los chicos de La Circunvalación en nuestro programa. Han pasado muchos meses y han tenido que alinearse todos los astros para coincidir en las ondas. Pasamos un buen rato de charla descubriendo intimidades viajeras.

Sorteamos, gracias  ala ayuda de Stacy, el fin de semana en el Valle del Roncal, en la casa rural Argontz Etxea. Le ha tocado a WildTux que nos proponía una ruta por el Parque Natural del Alto Tajo.

Joel nos habla de su proyecto de recorrer la Península Ibérica en su KTM de 125 por etapas que pueden ir de los 2000 a los 4000 km. Toda una aventura cercana al alcance de muchos.

Alex Mora en su sección El Viajero Anónimo, nos trae a Andrés Cortes que tiene una extraña compulsión con esto de cambiar de moto.

Para finalizar hablamos con la famosa periodista Gemma Parellada que, además de llevar trabajando en África más de diez años, lo hace, muchas veces, en moto. En esta ocasión está realizando varios repostajes sobre el viaje de Charly Sinewan y nos lo cuenta desde detrás de la cámara.

La música de este programa corre a cargo de:

Los Galos “Con ella en mi moto”

Steep “It could be you”

Haroldo Torrecilha “Fluindo”

Juanitos “Funkula”

Juanitos “Cha cha man”

Atomik Circus “Avi pottar”

Markus Joppich “Rock ´n´roll loves jazz”

The Singletones “Change my mind”

The Melodic “On my way”

El Pequeño Tamborilero

Hace unas semanas fui al entierro de un amigo. En realidad no era el entierro, era una incineración pero aún me cuesta trabajo, supongo que por cuestiones culturales, decir eso de “voy a la incineración de fulanito“. Se murió con 49 años, de una de esas dolencias repentinas que te llevan de un día para otro y que dejan a los deudos cariacontecidos y desolados.

Llegué al tanatorio con el tiempo justo, a toda leche para la despedida final y aparqué la moto en la entrada principal. Me da un poco de vergüenza meterme con la moto hasta el mismísimo meollo, ya sea en un entierro o en una feria pero de tenerla, me resisto a desaprovechar esta supremacía de movilidad. La entrada en escena, aún sin ser espectacular, distrajo a los asistentes a los tres decesos que se celebraban y todos se quedaron mirándome con cara compungida. Me sentí raro. Me quité el casco, la chaqueta, la espaldera, el jersey… Todo con una parsimonia y una pompa muy acorde con los actos que se estaban celebrando. Luego, una vez que dejé de ser el blanco de las miradas y todos volvieron a las tareas del estar, deambulé por el tanatorio en busca de la capilla ardiente de mi amigo. Como no la encontré, me senté fuera, al tibio sol invernal mientras me liaba un cigarrillo. Enseguida decayó el interés por mi persona aunque aún despertaba ciertos recelos y notaba como alguna mirada huidiza me fiscalizaba. O por curiosidad, vaya usted a saber.

Después, una vez terminadas las exequias, los vivos volvimos a nuestros bollos. El mío no era otro que dedicar el resto de la mañana a deambular por carreteras secundarias y a dejarme inundar por la sensación de estar lleno de vida. Subí la Faya de los Lobos, en el concejo de San Martín del Rey Aurelio. Recuerdo que la última vez que anduve por estos parajes la carretera era una infecta sucesión de baches, simas y barrancos y también recuerdo que juré y perjuré que no volvería jamás por allí hasta que arreglaren semejante caos.

La carretera, reparada con la precariedad que caracteriza a los tiempos de crisis, asciende dura en las primeras rampas y enseguida se asoma uno al Valle del Nalón en una de aquellas curvas empinadas. Desde allí arriba la industrialización del Valle no se aprecia, enmarcado como está en verde invierno y callado todo en el silencio de domingo soleado. Por desgracia, desde el fondo del Valle tampoco se aprecia, sumido todo en decadencia, en reconversión industrial, en desmantelamiento de las minas y en franca huida hacia adelante.

Desde que compré el intercomunicador de los chinos, hace ya dos años, pocas veces viajo sin música. Encuentro más atractivo el paisaje, más evocadoras las montañas y más agradable el sonido de cualquiera de mis playlist que el ruido constante del viento en el caso. Recuerdo la primera vez que viajé con música. Parecía que el paisaje, que me conocía de memoria, mutaba al ponerle la banda sonora. Era como estar asistiendo a tu propio documental, como verlo en una pantalla gigante. Esa sensación que pronto se hizo familiar y mundana, quedó desprovista de toda la teatralidad épica del primer día pero ya no pude prescindir de la música.

Subiendo la Faya estaba sonando alguno de los recios temas de Sons of Anarchy y yo me sentía como un verdadero malo malote. Ensayé una mueca amenazadora y me dispuse a pasar por encima de cualquier viejecita que tuviera la osadía de cruzarse en mi camino. Mientras movía la cabeza arriba y abajo al ritmo de aquel compás metalero, con la mueca de disgusto ancestral y la mirada torva, podría haber liderado a los mismísimos Satanases del Infierno. Pero hete aquí que, por mor de esa habilidad que tiene el Universo para impartir justicia cósmica, cuando terminó el tema que estaba sonando, la misma playlist me devolvió a mi lugar en la Tierra ; inmediatamente y sin previo aviso los primeros acordes de “El Pequeño Tamborilero” de Raphael desdibujaron mi mueca de hombre duro y me inocularon un espíritu navideño que borró la pose de delincuente curtido. Toda la rudeza y el sex-appeal de macho alfa se acababan de ir por el desagüe.
Me sentí tan ridículo como feliz.

Valle de Fuensanta, Bimenes.

Valle de Fuensanta, Bimenes.

La música de los Hijos de la Anarquía

Llegamos a la recta final de la serie Sons of Anarchy. Los tiros, las muertes y asesinatos violentos son el pan nuestro de cada día y todo está tan embrollado en estos últimos capítulos que parece que se vaya a producir, de un momento a otro, la hecatombe final. En cada capítulo se da una vuelta de tuerca y se avanza un paso más hacia lo insostenible (si es que lo que pasó hasta ahora se sostenía de algún moto). Las cosas han evolucionado mucho desde los primeros capítulos y lo que era un M.C. de corte mafioso se ha convertido en un caos cuya costra se resquebraja de forma imparable.

Ya hemos hablado aquí de la serie y de qué va la cosa pero hasta ahora no habíamos tocado uno de los aspectos más importantes de la serie: su música. Entre drogas, asesinatos, tráfico de armas y todos los componentes que hacen que una serie del siglo XXI tenga éxito, perlan la trama exquisitos temas de Rock and Roll, Blues, Country… Casi todos son temas más o menos clásicos pero también nos encontramos con alguno compuesto especialmente para la serie. Incluso alguno de los actores protagonistas interpreta, como el caso de Katey Sagal que además de actriz es cantante.

Aquí os dejo una lista de Spotify para que veáis como se las gastan.

Y algunos vídeos:

BATTLEME – Hey Hey, My My

http://youtu.be/PbeIv39s04s

THE BLACK KEYS – Keep Me

http://youtu.be/cQHJsDOeiJg

FRANKY PEREZ Y LOS GUARDIANES DEL BOSQUE

http://youtu.be/c80OYHIcgFc

GREG HOLDEN – The Lost Boy (Opie Wake Song) 

http://youtu.be/XF-qH7G9ACI

THE WHITE BUFFALO – Oh Darlin’ What Have I Done

http://youtu.be/48dQMECiv48

Jamendo y la música Creative Commons

jamendoEn Viajo en moto usamos mucha música de Jamendo para ilustrar, animar y dar vida a nuestro programa. Por qué lo hacemos?

En primer lugar porque es un constante descubrimiento de nuevos grupos que no disponen de los medios para salir a la escena musical de los grandes circuitos de distribución. Y no todo lo que hay en las grandes discográficas es bueno, verdad? Hay miles de grupos que hacer ARTE musical y que, por falta de medios o de contactos, no los conoce nadie.

En Segundo lugar porque la licencia de uso es Creative Commons, que permiten la libre distribución de la obra de forma gratuita, siempre y cuando no haya un afán de lucro detrás. y en este programa no tenemos ese afán.

Lo malo es que, antes de encontrar música adecuada en Jamendo o que se adapte a las necesidades de cada programa, hay que dedicar varias horas a la audición de decenas de temas. No hay otro modo.

Esta es una de las listas que hemos creado en Jamendo con la música que hemos usado en alguna ocasión en el programa. No está toda, es sólo una muestra.

Fue a conciencia pura que perdí tu amor. TSM 16

estambul

Escuchar canciones tristes despierta emociones positivas”, según acabo de leer en el blog de la psicóloga Ana Muñoz. Ahora me explico por qué, hace cuatro días, regresando de Turquía por una aburridísima autopista me dio por cantar canciones tristes.

La mañana, pegajosa y anodina, avanzaba con la misma lentitud que mi recuperación anímica. Después de una noche de vino y sicotropía, las mañanas siempre avanzan de forma penosa y queda, así que rodaba armado de paciencia y resignación, con el sabor del ibuprofeno como un recuerdo en mi garganta. Son esos días en los que la pereza que da manejar la moto te hace pensar si no te habrás equivocado al escoger vehículo.

Sin embargo, a pesar de que mi juventud ya no es lo que era, aún me jacto de recuperarme con cierta facilidad de estos lances festivos, sobre todo desde que dejé de fumar. En cuestión de una hora ya se había apoderado de mi ese otro sentimiento tan tonto que te asalta cuando vas en moto y que hace que vayas con una sonrisa bobalicona en el rostro. Repantingado, sonriente y feliz, aún me quedaba energía suficiente para encarar los más de mil kilómetros que tenía por delante antes de dar por finalizado el viaje. Y me puse a cantar.

Después de nanas dulces y empalagosas vinieron a mí los tangos más tristes que conozco. Las letras llegaron sólidas, con nitidez, incluso las de aquéllos que ya daba por olvidados. Canté a voz en grito, con el alma desnuda, sintiendo como mía cada una de aquellas tragedias lunfardas, sintiendo muy dentro los amores atormentados, las traiciones pasionales y las confesiones sentidas. A conciencia pura, con una mueca de desprecio o cerrando el puño fuerte sobre el acelerador, acompañaba la letra mientras cantaba. Si el tango requería un lance de chulería bonaerense sacaba pecho, alzaba la cabeza y cantaba con más deje porteño. Si los requiebros de un amor herido hundían sus garras en lo más hondo de un corazón maltrecho, bajaba la voz y cantaba a media luz, en un puro susurro. Cuando llegó la traición tan conocida que nos brinda un mal amor se dibujó en mi rostro la mueca de la amargura y secretamente solo, en mitad de un páramo desarbolado, me inundó la rabia.

Y disfrutaba. No sabía por qué pero estaba disfrutando de mi soledad y de mis canciones tristes, de mis tangos melancólicos y deprimentes, de la voz quebrada que, como una estela, quedaba desparramada por la carretera. Los ojos se me inundaron de lágrimas. Sentía cada una de aquellas emociones tan dentro de mí que era como si yo mismo las hubiese escrito. Me vi sentado en un bar, esperando a que la orquesta tocara “La que se fue”, hundiendo mi puñal en las carnes de mi amada en “De puro guapo” o mirando un espejo empañado con “Mi noche triste”. Canté lo más triste que conocía, lo más sombrío, y mientras lo hacía me sentía dichoso y feliz.

Hasta hoy no sabía a qué se debía esa dicotomía. ¿Cómo es posible sentirse contento mientras cantas canciones tristes? Esta ambivalencia de sentimientos nos la explica Ana Muñoz: son emociones vicarias. No las sentimos directamente a través de una vivencia sino a través de la música y por ese motivo no resultan amenazantes. Estas emociones nos ayudan a conocernos y al experimentarlas un entorno inofensivo resulta agradable sumergirse en ellas.

Déjame susurrarte al oído aquello de” fue a consiensia pura que perdí tu amor…”

Como remate, os dejo una pequeña playlist con alguna de las canciones que se comentan en esta entrada.