Narón, Ourense, leitariegos. Y lo que surja

 

 

Narón, Ourense, Leitariegos y lo que sea

 

 
 
Este fin de semana puedo calificarlo como muyproductivo, desde el punto de vista de viajar en moto. El sábado salí con rumbo a Narón, en A Coruña, donde los del Motoclub Os Fojeteiros celebraban su segunda concentración. Hacía años ya que no iba a ningún evento de este tipo, si exceptuamos la de Pingüinos y la verdad es que quedé sorprendido del grato ambiente que se respiraba en Narón. Mucha moto, muchísima, hasta el punto de superar los 800 inscritos, cuando había intención de “cerrar” en 500, y entre ellas mucha “R” y mucha “custom”. Parece que el fenómeno custom ha arraigado con más fuerza que nunca en nuestro país y un sector muy amplio de mundo motero prefiere las horquillas avanzadas y los asientos mullidos antes que la versatilidad de otro tipo de motos.
 
 
La gente muy maja en general, mucha camaradería y muy buen rollito, excepción hecha de una rubia de bote que parecía estar por encima del bien y del mal y, por supuesto, muy por encima de todos los presentes. Allí puesta, encima de una gran custom marcando michelín en su inconsciencia y regalándonos su presencia, evocaba ligeramente a la Sirenita de Copenhague aunque la primera era mucho más burda. Pero dejemos estashumanas veleidades, que la señora ya tuvo su minuto de gloria, y volvamos a proceloso mundo de la moto. Decía que Os Fojeteiros se portaron y, después de las exhibiciones de acrobacias y freestyle, pasamos a una opípara cena a base de churrasco para luego disfrutar de un sábado muy agradable hasta altas horas de la madrugada bajo la enorme carpa preparada a tal efecto.
 
 
“Días de muito, vísperas de nada”
 

Por la mañana, luego de tres horas de duermevela en la tienda de campaña, me levanté a las nueve con el calimocho dándome vueltas en el estómago y la firme promesa, ya que estaba en Coruña de que “nunca máis”. Fútil promesa ésta que desparecerá como humo en cuanto la ocasión sea propicia, seguramente el próximo sábado…
Un café y una magdalena más tarde ya me dejaron medio preparado para la ruta turística por los alrededores de Narón. Un circuito de 30 km. muy agradable, con refrigerio incluido y que sirvió de preludio a otra pantagruélica ingestaa base de mejillones al vapor, pinchos morunos, churrasco, helado y café. Sentado frente al presidente del Motoclub Os Esquíos, de A Pobra de Trives, parecía tener una competición con él, sobre la apropiación bucal de mejillones.
Ahora ya no me quedaba más que la siesta y la vuelta a casa, otros 200 km. de placer a lomos de la Tenere.
Cuando faltaban 15 km. para llegar a casa una extraña sensación me invadió. Parecía como si la moto y yo estuviéramos más compenetrados que nunca y, de repente, me encontré circulado a velocidades vertiginosas mientras bajaba en Puerto de El Acebo enlazando curvas como nunca antes lo había hecho. Ni que decir tiene que la carretera me la conozco al dedillo, hasta su último bache, pero aquellas velocidades eran excesivas aún conociendo bien el terreno. Dios! qué manera de retorcer acelerador y que perfección en las trazadas. Disfruté como un niño con zapatos nuevos y, antes de darme cuenta estaba aparcando la moto delante de casa. Placer, absoluto placer.
  
Lunes. Ruta de Quiroga y Leitariegos
 

  

El entre el sábado y el domingo casi 500 km y el lunes aún quedan ganas, como no podría ser de otro modo, de seguir rulando por las carreteras secundarias. Así que, en esta ocasión acompañado de mi mujer, me dispuse a otro bonito día de ruta y de exploración por la Galicia profunda, la que no sale en las guías de turismo y a la que difícilmente se llega en una maxitouring. La idea primigeniaera hacer la ruta hasta Quiroga, en el sur de la provincia de Lugo, ya en el límite con Ourense y para ello, nada mejor que hacerlo por la Serra do Courel, una zona bastante desconocida y que, como tendríamos ocasión de comprobar, ofrece unos encantos fuera de lo común.
 
 
 
Bien pertrechados y con el depósito lleno salimos en dirección a Baleira por la AS-28 para enlazar con la LU-710, una carretera estrecha y bacheada que discurre plácidamente por los llanos del valle de Pousada, donde se alternan prados y castañales en un mosaico lleno de vistosidad.
Al llegar a Baralla, en la N-VI, teníamos la posibilidad de continuar por la nacional o la autovía en dirección sureste, hasta Pedrafita do Cebreiro y luego desviarnos hacia el suroeste en dirección a O Courel. El lugar de eso decidimos adentrarnos por carreteras de tercer orden hacia el sur que en nuestro mapa vienen señalizadas como una fina línea de color morado. Lo que nos encontramos fue una sucesión de carreterillas, en algún caso de no más de tres metros de ancho, bacheadas y llenas de socavones que hacían que la conducción se volviese, no solo conservadora sino siempre alerta. Aunque el tráfico era muy escaso de vez en cuando aparecía algún coche y eso propiciaba que mi atención no se desviase mucho de la vía.
 
 
A las primeras de cambio, en uno de los primeros cruces, aparecimos en una cantera porque su carretera, privada, era mejor que la vía pública.
 
 
En teoría estábamos circulando por la LU-0503, pero el recuerdo se me hace algo confuso. A veces me daba la impresión de que estábamos totalmente perdidos y decidí que tenía que hacerme con un GPS cuanto antes. Al menos, por el sol, sabía que nos desplazábamos en dirección sur.Poco a poco, circulando despacio y admirando cada rincón de esta comarca, llegamos a Triacastela, epicentro de movimientos telúricos y comienzo del ascenso a O Cebreiro, aunque nosotros nos desviaremos en Hospital en dirección a O Courel. Circulamos paralelos al Camino de Santiago Francés, es decir el que se adentra en Galicia desde la provincia de León. Esta es la ruta más masificada en contraposición a otras rutas menos conocidas como el Camino Primitivo o el Portugués. No tardamos en darnos cuenta de ello por el constante goteo de peregrinos y por lo trallado que se ve su camino. Después de un ascenso de 15 km trazando las cuatro o cinco enormes paellas llegamos al desvío hacia a Serra do Courel.
 
 
Al tomar la LU-1301 me pregunto por qué alguien se ha molestado en ponerle un número a semejante vial que no llega a la categoría de carretera de cuarto orden. Me pregunto cómo es posible que una zona con tanta belleza y con tantas posibilidades de explotación turística esté tan dejada de la mano de la administración. Es como si aquí solo existiera el Caminode Santiago y todo lo que queda a más de 25 metros de su vera estuviese totalmente olvidado. Descendemos por una bajada muy pronunciada hasta el fondo del valle atravesando pueblos sin nombre y tomando cruces por puro instinto porque aquí nada hay señalizado. Hemos llegado a una Galicia profunda en la que los sucesivos gobernantes no han reparado, dejando a sus habitantes con unas míseras infraestructuras en una comarca abrupta, condenados al ostracismo y a la emigración. Los que quedan se preocupan por sobrevivir y las licencias estéticas son mínimas en estas duras tierras. Si acaso unos anodinos rosales que malviven, mortecinos, al lado de una casa medio restaurada, evidencian una de las pocas concesiones ornamentales en una comarca que agoniza. Sin embargo los ornamentos moran en el paisaje que tiene una fuerza sobrecogedora. Las casas, los valles, la enormidad de las viejas montañas pizarrosas del paleozoico, los bosques de castaños, robles, abedules… intercalados entre extensas superficies de brezales hacen que nos sintamos pequeños en nuestra moto, apenas unos insignificantes exploradores a lomos de una vieja máquina.
Al llegar al fondo del valle, extasiados de tanta belleza, ascendemos, de nuevo de forma escabrosa un nuevo puerto sin nombre. Veo, con tristeza, que las zonas altas están degradadas a base de incendios repetidos durante decenios. Los pastos de montaña son regenerados aquí a base de fuego en invierno, cuando llegan los vientso terrales del sur, para que el ganado aproveche los brotes tiernos de primavera. Se trata de un sistema arcaico que degrada el suelo y la vegetación, reduciendo ésta a matas pirófitas de escaso valor nutritivo para el ganado pero a cambio de una carga de trabajo mínima: disponer de cerillas.
En nuestro particular periplo llegamos a Seoane do Courel para comer en el restaurante Anduriña unas truchas exquisitas y a un precio más que barato. Mientras comíamos no le quitaba ojo a una chica que comía con su familia en la mesa de al lado. por su conversación deduje que era modelo y me pregunté que hacía una mujer de pasarela por aquellos andurriales, resultaba chocante e incluso un poco fuera de lugar, tan mona ella y tan lejos de su glamouroso mundo.
Con el estómago lleno, Elena, la Yamaha y el piloto, circulamos paralelos al río Lor durante varios kilómetros hasta Folgoso do Courel. El Río Lor, es el eje vertebrador de la comarca aunque hasta ahora no habíamos circulado tan cerca de él. La carretera, que ahora ya ha mejorado un poco y dispone, como gran lujo, de quitamiedos y línea discontinua central, es como un clon del río, emulando cada recodo y cada curva y haciéndonos disfrutar del tramo. A partir de Folgoso la Tènèrè asciende con gracilidad al Alto do Boi desde donde se aprecia la zona sur da la Comarca do Courel.
A partir de aquí, una infecta carretera nos lleva, a lo largo de 15 o 20 km. hasta Quiroga, en un aburrido descenso que se me antoja bastante peligroso. No son los baches, que los hay a miles, lo que más incomoda sino unas enormes protuberancias que, como si lo infecto del alquitrán tomara vida, emergen en algunas curvas. Granos asfálticos y superficie de pústulas alquitranadas es lo que la moto va pisando en todo el descenso.
En Quiroga llenamos el depósito de nuevo y compruebo que llevamos rodados 180 km. Aprovecho para revisar la cadena, engrasar y añadir, como no, un poco de aceite a mi querida XTZ, que algún defecto tenía que tener. En la gasolinera y sobre la marcha decidimos que el camino de vuelta lo haremos por Villablino, en el norte de León, atravesando el puerto de Leitariegos. Para ello tomamos la N-120, que se me antoja la carretera más lujosa del mundo después de haber circulado por las peores infraestructuras viarias de toda Galicia. Recuerdo la sonrisa que puse cuando vi, en plena Serra do Courel un cartel de la Administración galega, Consejería de nosequé,: “Plan Galicia. Infraestructuras”. Pues no serían infraestructuras viarias, no.
Pasamos por O Barco, capital de la comarca de Valdeorras, famosa por sus vinos y por su producción de pizarra y recordé la concentración de motos a la que acudí en el 94 o 95. Si en esos años ya andaba en moto por el mundo, -pensé-, es que, indefectiblemente, me voy haciendo viejo. Recuerdo las cigalas de la comida, las tetas de la jovenzuela que se sentó enfrente y, como no, la resaca dominguera. Tiempos aquellos! Si, tiempos aquellos que pasaron en un abrir y cerrar de ojos sin que diera tiempo a saborearlos.
 
 
En el límite de Galicia y León se encuentra el Parque Natural da Serra da Enciña da Lastra, nombre corto comparado su impresionante orografía. Allí hacemos la parada de rigor, en el mirador de Covas, justo antes de adentrarnos en el primero de los túneles. Éste sale a un puente sobre el Val do Inferno, nombre más que apropiado para este valle, cortado a cuchillo sobre el río Sil. El puente está entre dos túneles y la sensación de salir de un túnel y hallarte sobre el vacío, entre pareces tan verticales es muy extraña. La primera vez que pasé por aquí no me hizo mucha gracia, la verdad. Creo que me acojoné un poco.
Ya en Ponferrada cogemos la autovía durante 15 o 20 km, – no hay más  y circulamos en paralelo al Sil durante todo el trayecto. Al terminarse la autovía la CL-613 se ofrece como una carretera amplia y curvas nobles pero enseguida me doy cuenta de que el poderío minero gasta coches de gran potencia y conductores con arrojo. Precaución amigo conductor, canturreo en silencio.
Este valle ha sido tomado en gran medida por la minería y gran parte del recorrido es negro. En las isletas se acumula carbón, al igual que en las cunetas. Me imagino la zona en un día de invierno, plomizo y lluvioso, con la lobreguez del cielo reflejada en la negrura del suelo. Me digo a mi mismo que no es un buen lugar para vivir. Tampoco lo es Villablino, ni Caboalles, excretando antracita y hulla, y exudando tinieblas a cada lado de la carretera. Esta oscuridad general tiene su contrapunto increíble en las laderas que rodean la capital del Valle de Laciana, llenas de verdor y refugio de fauna emblemática como el oso. Quizá no sea tan malo para vivir.
 

 
Ascendemos a Puerto de Leitariegos, pasamos ante la estación de esquí, aletargada hasta la llegada de otro invierno, y comenzamos los 33 km de descenso hasta Cangas del Narcea.
A nuestra derecha la niebla oculta el imponente Pico de Arbás y deja entrever, en su majestuosidad, el Pico del Fraile. Saludo a un “custonero” que esta parado ante un bar y unos kilómetros más abajo me da la pasada acompañado de otra custom. Pienso en como cambio el modo de conducción cuando viajo con mi mujer que hasta los custom me dan la pasada. También es cierto que si quiero que sigamos saliendo juntos en moto he de domar mis ansias de adrenalina. Ella, después de pasar la luna de miel en el hospital a causa de nuestro accidente de moto, creo que ya tiene mérito suficiente con hacer tantos kilómetros conmigo. Además, ya llevamos 400 en el día de hoy y aún no estamos cerca de casa.
Dicen el la publicidad de Cangas del Narcea que tiene “esos otros lugares íntimos y con cierto misterio, donde las siluetas antropomorfas de los castaños y robles lejos de parecerles amenazantes a los viajeros, les acompañan en su camino; donde el tiempo adquiere otra dimensión y se tiende; donde poder sumergirse en lo profundo de la naturaleza y del hombre.”Creo que, la publicidad concejil, tan dada a la hipérbole y al tópico simplón, en esta ocasión ha dado en el clavo. Atravesamos la villa a bordo de nuestra negra montura y algunas miradas se vuelven, curiosas, inquiriendo con la mirada el origen de tan oscuro biciclo. Yo evoco los días de fiesta en esta villa. Los días de excesos y cipirinha y, por encima de todo el estruendo ensordecedor de La Descarga, la monumental suelta de cientos de miles de “voladores” en honor a la Virgen del Carmen que cada 16 de julio, a las 8 de la tarde, detiene el tiempo durante 8 minutos en Cangas.
Se me eriza el vello recordando ese día en el que una lágrima me recorre la mejilla, embargado por el ruido, la pólvora, la emoción… Cangas es mi segundo hogar.
Ya solo quedan 65 km. para llegar a casa. Un puerto más, el Palo, llamado así por los romanos debido a las lagunas construidas para la extracción de oro, un embalse, el de Salime y una merecida ducha.
Han sido 450 km. aproximadamente en los que la variedad de paisajes dominó la ruta. Me quedo, si es que he de quedarme con algo y no con el todo, con las impresiones de a Serra do Courel y, aunque hoy apenas lo noto, también me he quedado con un dolor de posaderas nada desdeñable.
 

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