Búfalo

Viajo en Moto Especial Motoweekend Gijón

Fin de semana de socialización para Viajo en moto. Nos fuimos a Gijón a celebrar el MotoWeekend y lo dejamos bien celebrado. All, además de encontrarnos con destacables glorias de la humildad mototurística, hablamos con constructores de la talla de Russell o The Lost North Garage. Compartimos charla y cervezas con Vitín OK y sometimos a Lolo Pámanes a un quinto grado.

Josín Castro y el Búfalo oficiaron de guardaespaldas mientras la muchachada de Viajo en Moto daba rienda suelta a sus más bajos instintos.
Un fin de semana muy completo del que traemos solo una pequeña muestra porque no nos dio tiempo a más.

Y de música… bien, gracias. Comenzamos con Django Django y terminamos con Silvia Pérez Cruz

Pedalea Búfalo, pedalea!

Hace años que conozco a Fernando, aka “El Búfalo“. Me llamó la atención, por aquel entonces, el viaje que estaba realizando alrededor del mundo en una moto vieja, muy de tirado, y con patrocinios locales. Iba contándolo todo en un blog muy mal diseñado (en realidad era pésimo) con una soltura y un desparpajo muy al estilo Cádiz. Colaboré en darle difusión a su viaje porque el tipo me cayó bien desde el primer momento y me parecía una lástima que la comunidad motorista apenas si supiera de su existencia. Luego, poco a poco, fui conociendo algunos entresijos de su dilatado periplo por el mundo y cuanto más conocía, más me gustaba. Quedé prendado de él. No sé si será por su desvergonzado desparpajo, por esa forma de vivir la vida con aparente despreocupación o por su buen humor casi permanente, pero el caso es que tiene mi devoción garantizada.

Después de un montón de proyectos estrambóticos, alguno un tanto absurdo todo hay que decirlo, me sorprendió con un proyecto benéfico. Y no era una causa solidaria para figurar, que va. No necesitó de grandes viajes ni de palabras grandilocuentes para movilizar a un montón de gente y motivarlos para que aportasen dinero para ayudar a rehabilitación de Alba. No anduvo dando la paliza por las redes sociales con su reto ni necesitó ponerse ninguna careta de salvador. Soltó su desafío en Facebook de sopetón y todos aplaudimos las formas y el fondo. El fondo, ese gran fondo.

Y ahí lo tenemos dando pedal, contándonos que se va a ir a cagar cuando termine el vídeo o que tiene la “caseta” rota. Da igual. Búfalo puede contar cualquier cosa porque tiene mucho de eso que llamamos “inteligencia emocional” y consigue que empaticemos con él desde el primer “pisha”. Todo un personaje que no necesita crearse uno impostado para parecer lo que no es. Porque él es así, con su punto de ternura y su carácter atolondrado, con potente imán y su entusiasmo constante, con su falta de previsión y con ese mirar a la vida de frente con la firme convicción de que todo va a salir bien. Y con todo ese montón de altibajos y contradicciones que, sin darnos cuenta, hacen que deseemos que se quede un rato más.

Ánimo Fer, pedalea por mi, viaja, sueña y vuela. De lo otro, ni hablamos.

El búfalo

Ir a Cabo Norte por mil euros

El Búfalo, que se nos va a Cabo Norte en un par de días, en pleno invierno y con mil euros en el bolsillo. Es un tipo duro y no tenemos ninguna duda de que llegará pero mejor que nos lo cuente él mismo… si puede.

Después tenemos a Kasti que nos hablará de su libro “Buitres Leonaos, la moto como estilo de vida”. Buitres Leonaoses un motoclub custom de Extremadura y es uno de los primeros, si no el primero de España en disponer de su propio libro.

¿Os acordáis de Around gaia? Pues Manu e Ivanna también están en el programa para contarnos cómo han ido todos estos meses de viaje alrededor del mundo. Ahora mismo están en Estados Unidos, después de haber recorrido Europa, Asia, Sudamérica… y para seguir. Nos lo cuentan para darnos un poco de envidia y hacernos partícipes de su ruta tan especial.

Vcente Noviello embarcó una Kawasaki tengai del 89 en Inglaterra y en el apartado destino escribió Sudáfrica. Desde allí, con presupuesto menguado, con un amigo y el hijo de éste, de nueve años, comenzaron su viaje hasta Edimburgo atravesando África guiados por un teléfono móvil. Nos lo cuenta en Viajo en Moto para que podamos echar a volar la imaginación y para despertar nuestra sed de aventura.

Este mes tenemos mucha música balcánica, mucha fanfarria y un poco de Lhasa da Sela.

En kilómetro lanzado

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A Juan le gusta viajar conmigo, de eso no hay duda. A mi me gusta viajar con Juan, de eso no hay duda. Por eso cuando nos vimos acampados, al atardecer, en una cañada real no parecíamos darle demasiada importancia, era una situación cotidiana. Pero el calor de la tarde y el sol cayéndose por el precipicio del horizonte decían lo contrario. El cielo rojo allí al fondo, colándose entre viejos alcornoques parecía susurrar que no estábamos en la cotidianidad mundana. Y bajo ellos, nuestro adusto campamento se empeñaba en insinuar que la languidez de la tarde traía consigo una quietud especial en los aledaños de Monfragüe.

Con la segunda botella de vino nuestro ánimo sufrió una regresión y nos sentimos igual que dos adolescentes recién extirpados de una grey de boy-scouts.  Después, con la psicotropía, cayeron la petaca de whisky y la de ron, y la conversación fue rotando y moviéndose en una espiral cambiante hasta que, rendidos y borrachos, decidimos poner en horizontal nuestro recién adquirido estado de semi-inconsciencia.

campamento

Al día siguiente, con la boca pastosa y eructando ibuprofeno,  negociamos curvas solitarias en la antigua nacional en dirección Sevilla. La carretera me traía recuerdos constantes de los primeros viajes largos por la Vía de la Plata, recuerdos de calor, de vaharadas del humo negro de los camiones, de tráfico intenso y sensación de lejanía. Es curioso como, con el tiempo, los destinos son cada vez más cercanos y lo que antes era un viaje de dos días de moto ahora se puede solventar en unas pocas horas. Las distancias son tan cortas que ya no nos impresiona una “aventura” de alguien que se va a los confines de Mongolia porque ya cualquier lugar nos parece cercano. El mundo se ha empequeñecido de tal modo en los últimos 20 años que da la impresión de que todo está al alcance de la mano; lo único que se necesita es tiempo.

Nosotros teníamos tiempo. Disponíamos de la inmediatez de los próximos instantes y estábamos resueltos a exprimirlos hasta extraer la última gota.

Me quede mirando un accidente  al lado de la carretera. Un coche, con las ruedas hacia el cielo y varios cuerpos tendidos en el suelo tapados con sábanas blancas. Un guardia civil me salió al paso con grandes aspavientos y me dio el alto. Me detuve a dos metros de aquel hombre vociferante. “Seis puntitos”, dijo con tono autoritario. “Seis puntitos por no detenerse”. Me deshice, humillado, en mil disculpas mientras pensaba que no me había saltado el control, que estaba parado aguantando una bronca considerable. Recuerdo a alguien que contaba que, en uno de estos encuentros con la Guardia Civil, les espetó “o multa o bronca, las dos cosas no”

Seis Puntitos.

Juan me dijo por el intercomunicador que había “sacos de muerto” en el lugar del accidente y se me quedó mal cuerpo durante un buen rato. Hasta que comenzamos a hacer bromas con Seis Puntitos. Tan marcial él y tan autoritario. Seis Puntitos. Durante todo el fin de semana Seis Puntitos consiguió cierto protagonismo.

Seguro que Seis Puntitos no tenía un día tan radiante como el nuestro, con tanta carretera para recorrer y con tantos instantes enormes para exprimirlos uno a uno.

Después de unas cuantas decenas de kilómetros exquisitos y solitarios nos detuvimos en Cancho Roano, un complejo tartésico que Juan quería conocer. Cada vez soy menos dado a este tipo de paradas culturales porque, a pesar de que tengo cierto interés por la Historia, lo único que consigo con estas visitas es tener una visión sesgada y parcial. Además se me suele olvidar todo lo aprendido con tremenda facilidad. Por ejemplo ahora solo recuerdo que el complejo solo tiene de Tartessos los restos de un altar, lo demás es muy posterior, en torno al año 550. a.C. Se trata de una especie de templo en el que se realizaban sacrificios rituales cuyas funciones no parecen estar muy claras. A mi tampoco me quedó muy claro el asunto.

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En Sevilla decidí, ya que comandaba la expedición, tomar la carretera nacional a Utrera y Cádiz pero la animada charla que veníamos menteniendo a través de los intercomunicadores “chinos” me despistó y faltó poco para terminar en Ronda. Todo ello para desesperación de Dani que nos esperaba en el Puerto de Santa María.

Conocí a Dani hace algún tiempo en el Camino de Santiago. Quiero decir que él estaba haciendo el Camino de Santiago y yo estaba en un bar tocando la gaita y tomando vino como si no hubiera un mañana. Venía huyendo de fantasmas del pasado y el vino y la gaita suelen ser un bálsamo recomendado cuando uno trata de enfrentarse a ciertos miedos. El Camino también ayuda, claro.

Dani nos guió hasta la sede el Gibraltar MC, en suelo inglés, volando bajo por la Autovía del Mediterráno.

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A pesar de tener cierta relación afectiva con miembros de algún MC, nunca había estado en ninguna sede oficial. Como mucho, comidas de fraternidad diluidas en alcohol y drogas, nada del otro jueves. Al entrar en la suntuosa sede de los Gibraltar MC me quedé estupefacto. Un edificio enorme, con videovigilancia, con Harleys sacadas de algún catálogo de Arlen Ness y con un ambiente de fraternidad que me entusiasmó desde el primer momento.

Juan andaba un poco con el “pie cambiado” al tener un total desconocimiento de la forma de funcionar de los MC y casi todo le sonaba a chino. Al final de la noche, después de algunos apuntes furtivos, de advertencias y de ilustración, ya importaba poco quién era quién. Otra jornada que finalizaba con terrible ingesta alcohólica y con sustancias cuyo estátus legal en el Reino Unido seguramente será similar al de España. Estábamos en kilómetro lanzado.

Dormir entre Harleys, con olor a aceite y a gasolina, encajado entre carburadores y bloques de motor es un raro placer para un motero, una especie de pernocta en el templo. Ya hace años que dejé de usar motos custom pero aún siento un irresistible atractivo por las horquillas lanzadas y los depósitos de lágrima.

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A las diez y media de la mañana odié con toda mi alma al Búfalo y toda su estampa. Necesitaba unas horas más de sueño y, sobre todo, tiempo. Necesitaba tiempo para mi, para poder abominar en toda su amplitud los tragos largos del día anterior y el resto de cosas malas. Y necesitaba más tiempo para llegar al puerto de Algeciras a la hora convenida. Pero tiempo es lo que no teníamos. Le di una patada a Juan para despertarlo y que cargase con parte de mis culpas y nos pusimos en marcha después de despedirnos de Dany y Shane, que también habían pernoctado en el garaje.

 Llegamos tarde a la recepción pero tuvimos tiempo de abrazar a Fernando. Después de eso me mantuve en un discreto segundo plano durante toda la mañana: el ánimo había quedado diluido en los Seven-up-con-algo-más la noche anterior y ni siquiera El Búfalo iba a poder animarme. Mi presencia allí me parecía un error y lo único que deseaba era meter la cabeza en un cubo de agua fría hasta los límites de la consciencia. O más allá.

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Un ibuprofeno con arginina y un par de horas de siesta en el camping de Conil me hicieron volver a la vida y antes de que pudiera darme cuenta estaba tomando vinos en el Palo Palo (como si no hubiera un mañana, ya se sabe). Después llegó Fernando, e Ismael, Antonio y Charly Sinewan, y Pedro y las chicas pasaban por delante de la terraza con tanto donaire que uno no podía menos que sentirse afortunado de estar allí compartiendo velada y risas.

A las seis o siete de la mañana caí en la cuenta de que se nos había olvidado cenar pero ya era tarde para esos menesteres.

Tres o cuatro horas más tarde rodábamos penosamente en dirección Norte. Nos sumergimos en la autovía como quien se zambulle en un túnel del tiempo y dejamos que los kilómetros se deslizaran bajos las ruedas sin pena ni gloria. los efectos depresivos del alcohol hacían mella en mi ánimo y lo único que deseaba era que el día pasara lo más rápido posible.

Por la tarde mi estado se fue serenando y encendimos los intercomunicadores de nuevo. Todo parecía indicar que me había reconciliado con el mundo, con la moto, con la carretera. Por momentos podía percibir que todo estaba en su sitio. Incluso la tormenta que nos sorprendió antes de llegar a Salamanca parecía estar descargando en el lugar correcto: sobre nuestras cabezas.

A juzgar por su cara suplicante, Juan no parecía estar dispuesto a pasar una noche más durmiendo sobre la colchoneta así que resolvimos dormir en un hotel. Mis preferencias en este sentido son claras: si hay posibilidades de dormir gratis prefiero destinar el presupuesto a otras necesidades pero los dos estábamos cansados después de una noche que se hizo corta.

En Salamanca había fiesta. La gente se paseaba con la sonrisa de un festivo por la tarde y las chicas endomingadas paseaban sus encantos al calor de la tarde. El recepcionista nos dijo que en las casetas de la calle podríamos tomar un vino y el “pincho de feria” por dos euros así que, haciendo de tripas corazón, comenzamos otra jornada vespertina en pos de la exaltación de la amistad. Desfilaron ante nosotros brochetas, secretos a voces, rollitos… todos y cada uno con su correspondiente vino.

Y exaltamos la amistad.

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Podcast 40. Spiderman en Namibia

Programa nº 40. Spiderman en Namibia

Sin darme cuenta, casi han pasado dos meses sin sacar un nuevo programa supongo que lo que toca es pedir disculpas.

Para resarciros os traigo dos entrevistas y una charla de café. La primera de ellas es con El Búfalo, que nos cuenta sus desvaríos por Sudáfrica y Namibia y es la que da título a este programa. ¿Quieres saber cómo se hace un Spiderman en Namibia? Pues no te pierdas los consejos del viajero más grillado que te podrás encontrar.

Nos habla de su exiguo presupuesto de viaje (3500 €), de la ausencia de visados y, en general, de la despreocupación y buen rollo con el que mira la vida. Os aviso que hemos tenido que cortar la entrevista por un ataque de risa y un Spiderman políticamente incorrecto.

Después tenemos a Victor, “El Becario del Sótano” que nos trae a Danny Liska desde las cavernosas profundidades del sótano de nuestros estudios. Es la segunda entrega de Dos Ruedas a la Aventura, el libro del que Victor va extrayendo pasajes para nuestro programa.

La segunda entrevista corre a cargo de Alex Mora que habla con Vitín OK del proyecto de éste: La vuelta al mundo en moto. Vitín saldrá el 30 de mayo y ha querido compartir con nosotros esos días de preparativos, de miedos, de ilusión…

Mientras estaba grabando este programa aparecieron por casa Fernando Quemada y Fernando Rodríguez, “Los Fernandos”. Quemada dio la vuelta al mundo en moto pasando por los cinco continentes y su página web http://www.lavueltaalmundoenmoto.com, es la primera que visita alguien que se quiere embarcar en un proyecto de este tipo. Fernando Rodríguez es el rider oficial de Caballos de Metal, el programa de motor de la TPA que triunfa en la tele y en la red. Entre los tres nos marcamos una charla en la cocina de casa, café mediante, en la que hablados de carreteras, de técnica de conducción, de otros viajeros y de viajes en moto, claro.

La música que ilustra este programa corre a cargo de:

Hoffmaestro – Haghway man

Parno Graszt

Heifervescent

Amsterdam Klezmer Band – Papa Chajes

Black Strobe – I´m a man

Programa número 28

Programa nº 28.

https://s3-eu-west-1.amazonaws.com/audios.cadenamotor.com/viajoenmoto/podcast_28.mp3

Escoger el invierno para hacer un largo viaje en moto podría ser. para algunos, una locura. Si además ese es el invierno del Yukón, en Alaska, pasa a ser una temeridad. Pero si sumamos que es el invierno más frío en años… nos salimos de la tabla.

Fernando, El Búfalo, vuelve a nuestro programa a contarnos la evolución del viaje Alaska-Nueva York Winter Time. Una de esas proezas que solo puede realizar alguien como nuestro loco más entrañable.

Seguramente habrás oído hablar del Metal Lube, ese producto de que todos cantan excelencias y que pocos saben realmente en qué consiste. Lubricante, protector, tapaporos? Con José Luis Granizo, y Carlos Llabrés, nuestros mecánicos de cabecera, te contamos qué es y para qué sirve el Metal Lube.

A muchas personas les parece que no pueden viajar en moto porque no disponen de una gran máquina, con altas prestaciones y aires de aventurero “no limits”. Para derribar de una vez por todas estos tópicos ha venido Ricardu Fité que se ha hecho el Mongol Rally a Ulan Bator con una Yamaha de 125.

Además, en este programa descubrirás música que ni siquiera te imaginabas que podía existir.

Los Centellas – La moto

Killing Jazz – Mari NiÇa swing

Two dimensional world – Dopestarsinc Ultrawired

Leo Masliah – La moto

Les bâtons dansants – Jazzymuté

Juanitos – Strange Italian Song

LessXmorE – In My Head

Night Beds – Ramona

Juanitos – Super Exotic 60’s Beat

Pere Tàpias – En moto xupupapapa

Dedicated-LessXmorE

Pajaro Sunrise – Kinda Fantastic

Benny Hill

Two Door Cinema Club  – Wake Up

 

No le digas a la Mama que me he ido a Mongolia en Moto from Menna Fité on Vimeo.