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Las primeras motos en el cine

Mabel at the wheel, del año 1914, no es la primera película en la que sale una moto. Creo que la primera es A Motorbike Adventure, dirigida por Alf Collins diez años después de que se inventase el cine en el año 1895, pero apenas si he encontrado información sobre ella. A cambio tenemos a Charlie Chaplin haciendo de motero malo-malote en 1914. En el cine, ya desde sus comienzos, parece que subirse a una moto es sinónimo de maldad, de convertirse en un ser vil y perverso. Aún así, la imagen de Chaplin gobernando la moto bajo una elegante chistera es un icon0 que me resulta ciertamente atractivo.

Este metraje de 24 minutos, como la mayoría del cine “de moteros” que se hizo toda-la-vida es un tostón bastante insufrible en el que no abundan los gags humorísticos y sí mucha mala baba por parte del que habría de convertirse en el entrañable Charlot. El atractivo de la película reside en los primeros minutos donde podemos ver la que probablemente sea una moto Thor IV del año 1913. La empresa que fabricaba estas motos, la Aurora Automatic Machinery Company, fue pionera en la fabricación de motores eficientes a principios del siglo XX. El motor de la Thor, una moto que comenzó a fabricarse sobre 1989, más o menos, estaba derivado de las De Dion, fabricadas en Francia. Es probable que fuese una copia de este pero con muchas mejoras puesto que no había quien lo superase. Después de aquello vino la sociedad formada por Hedstrom, el propietario de AAMC, y Hendee, dueño de Indian, para proveer de motores a la segunda, llegando a convertirse esta en el mayor fabricante de motocicletas del mundo.

Además eran proveedores de motores y otras piezas para Harley Davidson, Henderson, etc. En el año 1920 anunciaron el cese de la producción., Hedstrom se retiró a su rancho de 500 acres en Illinois y ahí se terminaron 30 años de exitosa industria.

 

La película, como queda antedicho, es un soberano tostón, una pieza de baja calidad y la última en la que Charlie Chaplin no sería su propio director. Es la primera en la hisoria del cine en la que una moto ocupa una parte importante de las secuencias.
Aprovechemos los primeros minutos del metraje y sigamos con otra cosa, por ejemplo salir a dar un paseo en moto.

 

Cine: Vikingo

Vikingo es una película de difícil clasificación. Cuando empiezas a verla no se sabe si estás ante un documental, un proyecto experimental o una película de verdad. Los actores lo son porque aparecen en una película, pero interpretándose a sí mismos. Los escenarios son la cruda realidad de suburbios que se caen a pedazos. Lo que ves es tan real que sobrecoge.

La cosa va de motos y tribus moteras sí, pero se aleja tanto de lo que estamos acostumbrados a ver en las “películas de moteros” que en modo alguno te deja indiferente. Aquí no salen flamantes Harleys y héroes con porte de figurín. Los protagonistas están sucios, desdentados y se manejan en veredas embarradas con motos fabricadas con deshechos y escombros de lo que parece inservible. Auténticas ratbikes en el sentido más estricto del término. Está rodada en un suburbio de Buenos Aires por un cristalero especializado en este tipo de cine. Ojo, hago referencia al verdadero oficio del director para poner de manifiesto el enorme mérito del director y de su equipo técnico (dos personas)  para haber parido una obra tan deliciosamente cruda como esta. José Celestino Campusano, guionista y director, no tiene tiempo de ir al cine, su vida transcurre entre el trabajo, llevar a su hijo al colegio, atender la casa… y hacer cine sin aditivos, hibridado con la realidad barriobajera.

Los actores adolecen de técnica y recursos escénicos y quizá sea ahí donde reside su mayor atractivo: no tienen más que hacer de sí mismos. Campusano se acerca a esta realidad sin hacer juicios de valor, dejando que sea el espectador el que saque sus propias conclusiones. Atroz y descarnado.

Pero, ¿de qué va esto? Vikingo es un motero que vive en el sur de Buenos Aires conforme a unos códigos de conducta que incluyen a la unidad familiar y a la tribu de moteros como principales valores. Es un tipo de aspecto feroz al que le faltan varios dientes y de conducta un tanto laxa en cuanto a moralidad, Sin embargo, encuadrado dentro de este submundo, fluye sin que al espectador le llegue a “chocar” esta falta de valores mundanos. Esta vida de escombros, alcohol y motos oxidadas se ve trastocada por la llegada de Aguirre, un motero que viene huyendo de sí mismo y de su vida anterior. Entre ellos se establece una amistad fraterna que se contrapone a la decadencia generalizada. A pesar de que Aguirre es un espíritu libre y no adopta todos los códigos de conducta del grupo de moteros, su forma de ver la vida, las motos, la fraternidad hace crecer entre los dos protagonistas unos lazos afectivos que resultan muy creíbles.
Por otro lado, las nuevas generaciones del barrio, adaptadas a la delincuencia más brutal, al tráfico de drogas e instaurados en el desprecio a los viejos valores, han captado al sobrino de Vikingo y esto va a traer no pocos conflictos a sus vidas. La presencia de Aguirre como elemento nuevo va a aportar problemas familiares, de cohesión en el el grupo y, por supuesto, violencia.

¿Qué nos que trajo esta película del año 2010? Un tipo de cine en el que no se necesita más que asomarse por una rendija a un universo paralelo y desconocido que coexiste con el nuestro, una realidad alternativa con la que cohabitamos sin prestarle atención.

Pero mejor que leer mis pareceres, sumérgete en este film, mitad documental, mitad ficción y saca tus propias conclusiones. Aquí tienes la película entera:

Enlaces de interés:

CineBrutto, la productora de Campusano

Legión, el germen de Vikingo

vikingo campusano

DVD de VIKINGO.
Lo puedes solicitar a nuestro mail: cinebruto@gmail.com o en la web de la distribuidora del dvd.

Cinebruto, INCAA y VideoFlims Distribución
Presentan:

José Celestino Campusano (2009)

Ganadora del Work In Progress del 23º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata

Premio Balance de Plata en Pantalla Pinamar 2010

1er Mención Especial del jurado FIPRESCI Argentina, Mejor Película, en 24º Festival Internacional de Cine de Mar del Plata
Mejor Director en el 1er Festival de Cine Global

El DVD de “Vikingo”, además de la película masterizada en su mejor formato posible, (DVD Dual Layer), incluye el audio en stéreo 5.1 y 2.0, subtítulos en inglés y español, fichas técnicas completas, trailer y un videoclip.

Acerca del director:

José Celestino Campusano

Comenzó estudiando en la Escuela de Cine de Avellaneda. Más tarde dirigió el cortometraje Bosques (2005), con el que recorrió Locarno, BAFICI, Mar del Plata y Saladillo. Luego vendrían Legión, tribus urbanas motorizadas (2006), la premiada Vil Romance (2008) y, claro, Vikingo (2009). Actualmente se encuentra terminando Fango Tango Trash, su último opus, con vías a estrenarlo en algún momento del 2012.

“Estamos ante un cine visceral, concebido sin cálculo, sin prejuicio y sin miedo”
Diego Battle, Otros Cines

“Campusano conoce bien de cerca lo que está pintando”
Paraná Sendrós, Ambito Financiero

“Una película que no se parece a ninguna otra”
Diego Brodersen, Página/12

“Respira humanidad y un compromiso cinematográfico poco habitual”
Gustavo Castagna, Tiempo Argentino

Cine: El Arcángel

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El Arcángel (Missionary Man)
2007
USA
Director: Dolph Lundgren
Reparto: Dolph Lundgren, Matthew Tompkins, John Cann, James Chalke, Jonny Cruz, John Enos III
Guión:  Dolph Lundgren, Frank Valdez
Fotografía Xiaobing Rao
Música: Elia Cmiral

Cuando Ryder (Lundgren), un misterioso forastero, aparece de repente en un pequeño pueblo, la vida de sus habitantes, que viven sometidos al yugo del cacique local, cambia para siempre. Armado con su biblia, su motocicleta y su sed de venganza, Ryder hace frente al dictador al más puro estilo policial, demostrando que la justicia aún pega fuerte. (FILMAFFINITY)

Con estas palabras nos desgranan en Filmaffinity un guión que, tal y como promete la sinopsis, no deja de ser la basura que te esperas. Con estética y modos del cine de acción de los años ochenta parece mentira que esta película se haya hecho en el año 2007. Quizá que Doph Lundgren pretendía dar los últimos coletazos como actor y se ha ceñido a las formas del cine de mamporros de su juventud. La verdad es que al verlo repartiendo leches se nos viene a la cabeza cómo le puso la cara al tontaina de Rocky metiéndose en la piel de Ivan Drago. Es de agradecer que él mismo haya dirigido la película porque así recae sobre la misma persona la responsabilidad de haber perpetrado semejante truño.

Los malos son malos y tontos, además de moteros. Los buenos son “indiesitos” de una reserva oprimidos por el cacique local y por la pérfida raza blanca. El héroe, cachas e inexpresivo hasta la risión, agrupa todos los tics de género y acaba resultando un poco patético.

Si nos vamos al detalle llaman la atención las Harley-Davidson preparadas con accesorios de Arlen Ness y brillantes a más no poder, en claro contraste con la mugrosidad que caracteriza a los “malos malotes” sobre motocicletas. O cómo un pueblo próspero y majo cambia de aspecto en la batalla final para convertirse en una especie de barrio-vertedero del extrarradio. También llama la atención el sonido constante del viento, aunque no se mueva ni una hoja. Se ve que a Dolph le pareció muy épico incluir ese efecto especial en cada escena de exteriores.

Y hablando de banda sonora, la música que acompaña a esta obra resulta pesada y machacona, como muy de cine de los ochenta, lenta y renqueante. Como lenta y pesada es la película hasta la mitad del metraje. Es una suerte que el visionado en Pordede se me haya cortado cuando faltaban dos o tres minutos para terminar. Me he quedado con mal sabor de boca por no ver los abrazos y las despedidas pero lo cierto es que ya estaba en el límite del sopor.

En general recuerda a un spaghetti western de lo más típico, con su cacique, sus malos, su héroe, la chica, los niños… Todo muy soseras y poco original.

Nota: Acabo de leer que es una adaptación moderna de “Jinete pálido” de Clint Eastwood. Pues bien, si lo que quería era joder el guión y la historia original con cuatro duros lo ha conseguido.

Las motos de “Mad Max. Furia en la Carretera”

La cuarta entrega de Mad-Max viene a resucitar una saga mítica en el cine distópico y post-apocalíptico. Mad (Tom Hardy), que sólo pretende ir sólo por la vida, se ve obligado a unirse a un grupo de errantes capitaneados por la emperatriz de élite Furia, encarnada por Charlize Theron. En una ciudad tiranizada por el malo-malísimo Immortan Joe, (que no es otro que Hugh Keays-Byrne al que ya vimos en la primera entrega de la saga del año 1979) roban algo irremplazable con lo que Immortan lanza en su persecución a todo un arsenal de máquinas imposibles. Entre explosiones y carreras enfurecidas hacen que Fast and Furious sea una atracción de Disney, a decir de la revista Variety. Hugh sigue con la misma cara de loco y es un detallazo que lo hayan incluido en esta entrega.

Los que la han visto dicen que es loca, delirante, imparable, agotadora, chiflada y un montón de calificativos de parecida factura. No faltará quien diga que es una auténtica mierda.

Pero lo que hoy traigo aquí no es una crítica de cine sino algunas de sus máquinas de dos ruedas más alocadas y febriles, paridas por alguna mente enfermiza.Me encantan, me vuelve loco esta estética salvaje e irreverente, de hecho mi vieja Tenere 660, al final de sus días conmigo se daba un aire a estas máquinas infernales (salvando las distancias, claro)

Buceando por la red he encontrado algunas propuestas de identificación del alma base de estos cacharros, a ver si entre todos somos capaces de afinar un poco más.

Cine: Timerider, el jinete del tiempo

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Sin llegar al nivel de otras películas visionadas por quien suscribe, Timerider es una obra infame, vaya esto por delante. Es la primera de William Dear y, si por mi fuera, podría haberla obviado tranquilamente.

La trama, bastante plana y por momentos absurda, se centra en el viaje en el tiempo que Lyle Swann (Fred Ward) realiza por accidente. Lyle es un piloto de motocross (de enduro, más bien) que se ve involucrado, sin enterarse (?), en un experimento científico que lo catapulta hasta el año 1877, moto incluida. No podrían enviarlo mucho más atrás porque el bagaje histórico de los EE.UU, al menos el que les gusta contar, no tiene mucho más recorrido así que el protagonista aparece en pleno Oeste Americano. Con estos mimbres se urde una aventura surrealista y bastante absurda, no solo por el hecho de que el piloto no se entere de que ha viajado en el tiempo, sino porque la sucesión de tiros, peleas y persecuciones es un sindios que no aporta nada a la historia que el director pretende contarnos.

(contiene spoiler)

Nada más traspasar la línea espacio temporal, Lyle Swann ya se cepilla a la tía buena (Belinda Bauer) que sí, está muy buena pero descontextualizada y acartonada en su interpretación. Después de esta escena de sexo casto, las incongruencias van en aumento conforme van desfilando más personajes. El protagonista que no huye cuando tiene que huir, los malos que son más tontos de lo habitual, los disparos que siempre yerran… Cine de serie B y escaso presupuesto con ganas de aprovechar el tirón de Regreso al Futuro pero sin los artificios escénicos de esta.

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La moto es una Yamaha XT 500 equipada con algunos trastos de difícil clasificación que el amigo de Lyle había patentado y estaba probando. Hay uno que destaca por encima del resto aunque a decir verdad, no tiene ninguna función útil en el guión. Se trata del precursor de los navegadores GPS pero sin GPS. Consiste en una cinta, una “musicasete” que le va diciendo al piloto por dónde tiene que ir. Algo así como un road book en versión audio. Que también mete la pata porque habla de tener cuidado con los cactus en un desierto que se caracteriza por la ausencia de esta planta.

El casco está cargado de tecnología de dudosa utilidad como un medidor de distancia, visión ampliada, infrarrojos y alguna chorrada más que se me va olvidando. Por supuesto también patentado en el año 1982 por el amigo listo que se parece a Bud Spencer. Me recordó al artículo que escribí sobre los cascos del futuro (que ya los habían pensado en el pasado)

Después de unas cuantas peripecias absurdas llega la escena final en la que aparece un helicóptero enviado por los científicos para rescatar a Swann, al que ya todo aquello le parece muy normal. Es una escena delirante que no voy a describir pero sabed que la chica no se va al futuro, tal y como era de prever, sino que se queda en 1877. Lo mejor viene cuando ella le arrebata el colgante que había sido de la tatarabuela de Lyle y que había pasado de generación en generación hasta llegar a él. Es decir, el protagonista es tataranieto de si mismo. Supongo que por eso es tan idiota.

Bonus Track

No me gustaría olvidarme de la pretenciosa banda sonora, plagada de rifts de guitarra eléctrica y de opresivas oberturas de sintetizador que ponen los pelos de punta y que parecen metidos a calzador. Fue compuesta en 1982 por Michael Nesmith. Pero que no cunda el pánico porque en el año 2000, como regresando de un pasado lejano, Nesmith decidió que sería buena idea reeditarla y sacarla en CD.

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Y sí, claro que recomiendo verla porque seguro que has visto truños peores. Y pagando.

Las motos de los famosos y las estrellas

La moto, además de servir como vehículo de desplazamiento, es un fetiche, un objeto que tanto puede servir para señalar el estatus de una persona como para mostrar toda una declaración de intenciones. La moto es, entre otras cosas, imagen, moda, diversión…

Y de imagen saben mucho las personas de las que vamos a hablar hoy en este artículo. Todas ellas destacan en su profesión por uno u otro motivo y todas usan la moto por… ¿Te aventuras a decir para qué usa la moto o por qué cada una de estas celebrities?

Keanu Reeves y su KR-GT1

Desde críos soñábamos con tener una moto a nuestro gusto. Íbamos recreándola poco a poco en nuestra mente, la dibujábamos, la construíamos… Equipada con lo mejor y lo más molón, como el coche de Homer Simpson. Keanu reaves quizá fuese como nosotros en su adolescencia y ahora que dispone de dinero para hacerlo no se queda de brazos cruzados.

Aquí tenemos la KR-GT1, el modelo de la marca Arch Motorcycle Company, diseñado por el actor y que puede ser tuya también por 78.000 dólares de nada. Más de 2000 cc. y 122 caballos a la rueda harán que no sólo destaque el sonido del enorme v-Twin sino que podrás dejar en evidencia a cualquiera en la salida de los semáforos.

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 George Clooney y su afición por las Indian

 

Fuente: www.chieftrikerentals.com

Clooney sobreactuando en la arrancada. Fuente: www.chieftrikerentals.com

En el año 2007, el guapo maduro más famoso de principios de siglo, se rompió un par de costillas por una mala caída en moto. Pero eso no le hizo abandonar su pasión por las Indian y en la actualidad sigue montando muchas de la excelsa colección que posee.

Hugh Laurie y la Honda Repsol

El Doctor House es amigo íntimo de Nicky Hayden y dicen que por eso salía la Honda CBR en la serie de televisión. Del actor y de su afición a las motos también se habló en esta casa cuando hice la crítica de su libro “Una Noche de Perros“, una novela negra en el que el protagonista se desplaza siempre en moto. La obra es “así-asao” para leer en verano bajo la sombrilla playera.

En la vida real Hugh suele usar una Triumph Bonneville 2004 con la que se pasea a diario por Los Ángeles en las semanas de rodaje, cosa que no guata mucho a los productores. “Mi momento favorito del día es cuando voy a trabajar a las seis de la mañana. El olor de los árboles y las plantas a esa hora, cuando empiezan a funcionar los aspersores es, simplemente, exquisito”.

Hug Laurie en su Triumph. Fuente: www.fanpop.com

Hug Laurie en su Triumph. Fuente: www.fanpop.com

 

El dudoso gusto de Orlando Bloom

Teniendo dineros se pueden cumplir muchos sueños como por ejemplo el de tener varias motos y experimentar qué se siente sobre cada una de ellas. Esto es lo que ha debido pensar el arquero del Señor de los Anillos, Orlando Bloom que, además de tener apellido de matamoscas y nombre de salsa de tomate, también anda liado en esto de las motos. Se le ha visto en BMW, en Ducati y con exclusivos modelos de Deus ex Machina. Pero como en esta página hay un componente ácido muy grande lo vamos a sacar a lomos de una Buell horrenda (como para dejar caer que tiene mal gusto)

Orlando, en su salsa, sin casco y al lado de la poli. Fuente: www.denimblog.com

Orlando en su salsa, sin casco y al lado de la poli. Fuente: www.denimblog.com

David Beckham “El Overlander”

Cuando uno es tan guapo y tan millonario como David Beckham le pasa lo que a los de Bilbao: que nacen donde quieren y viajan con lo que quieren. La moto con la que hemos visto al famoso futbolista en los últimos tiempos es la ideal para ir a rodar por la selva brasileña: elegante asiento tapizado, escape Arrow de altas prestaciones, sin guardabarros trasero ni delantero… Así es la Triumph Bonneville (mitad Bonneville, mitad Scrambler, según la marca) con la que nuestro motero más atractivo ha aparecido en el documental de la BBC “Into the Unknown”.

Bromas aparte, quizá la moto no sea la más adecuada para viajar por el Amazonas pero tiene el atractivo de lo endiabladamente hermoso. Me refiero a la moto.

Beckham, posando antes de hacer unas comprobaciones en su moto. Fuente: www.dailymail.co.uk

Beckham, posando antes de hacer unas comprobaciones en su moto. Fuente: www.dailymail.co.uk

Tengo que poner otra foto…

Fuente: www.triumphmotorcycles.com

Fuente: www.triumphmotorcycles.com

 

Alejandro Sanz resistiendo al tiempo

Pocos son los que no sucumben ante el magnético poder de la moto. Aquí tenemos a Alejandro Sanz quien, además de decir cosas como que sus canciones resisten muy bien el paso del tiempo y las de Deep Purple no, se pasea en Harley sin casco. Vamos que sabe lo que dice y hace.

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La Harley Flathead de Mr. Deep

A pesar de que Johnny Depp expresó cierto interés por hacer el papel principal de El Motorista Fantasma, la Madre Naturaleza y los Hados del Cosmos se aliaron para que esto no fuera así. Parece que al chaval le van las motos hasta el extremo de involucrarse en proyectos tan abominables como la saga antedicha.

Pero una estrella es una estrella y siempre tiene que brillar así que al bueno de Johnny se le puede ver llamando la atención en una Harley Davidson Flathead con sidecar.

Johnny, todo un peliculero

Johnny, todo un peliculero

No hombre no… no seáis pardillos. Esta es una foto de la película “The Rum Diary” y la escena fue grabada en Puerto Rico. Pero, de igual modo, es un apasionado de las motos.

La OCC de Russel Crow

El antes cantante de rockabilly con tupé llamado “Russ Le Coq” se dio un homenaje, junto con unos amigos , cuando terminó de rodar Gladiator en el año 2000. Se metieron 6000 km de viaje en moto alrededor de Australia.

Aquí le vemos en el año 2008 cuando le entregaron esta preparación de Orange County Chopper, la empresa del televisivo Paul Teutul. Es de color naranja y verde, supongo que por algún equipo de rugby o algo así porque si no es para matarlos.

Russel Crow, a veces actor, a veces daltónico.

Russel Crow, a veces actor, a veces daltónico.

 

Jeremy Irons y las BMW

Si fueses famoso tendrías la posibilidad de que BMW te invitase a hacer un curso de conducción en Hungría, por ejemplo, que es lo que le pasó a Jeremy Irons hace un par de años. Jeremy lleva rodando en moto desde hace más de 20 años y la gozó con una de los bacaburras teutonas, la BMW 1200. Dijo que nunca había tenido un accidente (ya lo tendrás si se cumple el refrán) pero que gracias a BMW ahora era mejor piloto.

Aunque y creo que le va algo más señorial como la BMW R1200RT.

La Misión de Jeremy, rodar en BMW

La Misión de Jeremy, rodar en BMW

 

Long Way Round

Quizá los más famosos del mundillo del famoseo en moto (¿se podrá decir esto?) sean Charley Boorman y Ewan McGregor. Inspirados por el libro de Ted Simon “Los Sueños de Júpiter” consiguieron dar la vuelta al mundo en moto (nada del otro jueves) y grabar el documental más famoso de viajes en moto: Long Way Round. Tanto Charley como Ewan son unos grandes aficionados a las motos y, a pesar de lo que digan algunos envidiosos, fueron los primeros en dar a conocer los viajes en moto al gran púbico.

Charly, Ewan, gracias por habernos hecho soñar tanto

Charly, Ewan, gracias por habernos hecho soñar tanto

Cine: Un verano para matar

Un verano para matar (1972) 1Antonio Isasi, además de haber recibido un Goya honorífico por toda una vida dedicada al cine dirigió, allá por el año 1972, la película “Un verano para matar”, un film de acción y crimen al que he dedicado algún tiempo que tenía para perder.

La trama es sencilla: un crío de seis años es testigo del asesinato de su padre y cuando crece, decide vengarse de los asesinos que, en la actualidad, son unos mafiosos de cuidado.

Aparece, en el papel de policía americano Karl Malden al que quizá recuerden de Patton, Un tranvía llamado Deseo, La ley del silencio y otras producciones de similar factura. Lo cierto es que es el mejor actor del reparto.

La película no la he visto entera porque se me terminó el tiempo que tenía para perder. Unido a esto, dejó de salir la Ossa 250 Enduro E-70 haciendo el cabra y el largometraje perdió todo su interés. Ni siquiera un guaperas Christopher Mitchum (hijo de Robert Mitchum) poniendo caritas y semblante plano despertó mi atención. Se fue la moto y se acabó la peli. Pero hasta entonces me resultó muy interesante ver a la Ossa pegando saltos, vadeando ríos a toda velocidad y comportándose como toda una campeona de los años 70.

Os la voy a poner por si tenéis tiempo para perder. En caso contrario siempre le podéis dar a la barra de desplazamiento.

Cine: El Puente de Alfredo Landa

el-puente-juan-antonio-bardem 2¿Una road movie de los años 70 y española? Si, perfectamente posible y real esta perla dirigida por  Juan Antonio Bardem e interpretada, de forma magistral, por Alfredo Landa.

El Puente para Landa supuso un salto, un puente hacia otro tipo de cine y otro tipo de papeles muy distintos a lo que nos tenía acostumbrados. Deja atrás, de forma definitiva, las películas del destape, de culos y tetas sin ton ni son y de argumentos pueriles que ahora algunos intentan justificar. Mirando este Puente descubriremos a un nuevo actor, camaleónico y polifacético, capaz de interpretar los personajes más variados.

En esta ocasión se mete en la piel de Juan, un obrero de un taller de Madrid que, ajeno a la convulsión política y social del postfranquismo a finales de los años 70, decide pasar el puente festivo en Torremolinos, corriéndose una buena juerga entre tetas y playa.

Durante el viaje a lomos de “La Poderosa”, una Montesa Impala, Juan va descubriendo la realidad de la España de sus días: desempleo rural, división de clases, emigración, los hippies… Asistimos a la transformación del personaje que pasa de ser un despreocupado operario a tener una conciencia social elevada. Bardem intenta, a través de las peripecias que le hace vivir al protagonista, hacer una denuncia social y remover conciencias, poner de manifiesto los problemas que atenazan a la sociedad española. Es una llamada a la acción, a que el pueblo esté a la altura de los acontecimientos. Vista con la perspectiva que nos da el tiempo transcurrido quizá haya quien vea en ella cierto deje panfletario pero con toda probabilidad, era lo que tocaba.

Por su parte, nuestro héroe motorizado (nótese la coincidencia del nombre de su moto con la de Alberto Granados en Diarios de Motocicleta), va cambiando poco a poco, de modo que al llegar a Torremolinos ya nada es lo que era y una parte de su microcosmos se derrumba.

Alfredo Landa, como he dicho, magnífico en los soliloquios a lomos de la moto y enorme en las situaciones desesperadas.

Esta es una película estupenda para ver en una tarde de domingo rodeado de palomitas y cervezas.

El Puente de Alfredo Landa

Cine: Road to Paloma

Jason Momoa, es el actor hawaiano que después de hacer de Conan y de Khal Drogo, ese hipster bárbaro de Juego de Tronos, se ha metido a director. Aún más allá, es director, guionista y protagonista Road to Paloma, una “road movie” de motos con todas las de la ley, de esas que salen cada ciertos años.

La trama es sencilla y fácil de seguir: Wolf es un nativo mojave al que persigue el FBI por haber dado muerte al violador y asesino de su madre. Con estas mimbres se urde un viaje en moto por los míticos paisajes del desierto del Oeste norteamericano. Pronto aparece en escena otro motorista que, oh sorpresa, no viaja en Harley sino en una Yamaha Virago 1100 que aporta una nota de color al lado de la Panhead del 54.

En general la película resulta bastante lenta y, aunque las escenas de acción están bien repartidas en todo el metraje, hay momentos en que el tedio se apodera de uno. Otros, sin embargo, cautivan precisamente por la lentitud de la acción. Pausadas tomas de las dos motos por las carreteras más evocadoras que la mente de un motorista pueda imaginar, hogueras que perfilan a moto y motoristas en el desierto… Perfecta iluminación y perfectos paisajes que solo por sí mismos ya justifican el visionado de la película. Al menos si eres de esos que sueñan con emular a los protagonistas de Easy Rider recorriendo en moto los Estados Unidos.

Road to Paloma

Lisa Bonet, a la que siempre recordaremos como la hija (en la ficción) de Bill Cosby, aparece magistralmente hermosa, desbordando sensualidad y belleza ancestral en cada uno de sus poros. Se la ve muy cómoda actuando con Momoa, no en vano son marido y mujer.

Mención aparte merece la música que, en general, empasta a la perfección con los paisajes que nos muestra la película. Blues intimista y otras melodías que se acercan a lo opresivo marcan la banda sonora que, si bien es perfecta para el film me resulta, salvo tres o cuatro temas, demasiado pelma para escuchar sola. Es curioso lo de la música; si la escuchas mientras ves las imágenes te parece maravillosa pero si la audición la realizas sin otros aditamentos que la propia melodía cojea bastante.

En general es una “road movie” recomendable, típica en su género pero muy agradable de ver sobre todo si estamos acostumbrados a los bodrios de temática motera que salen de la factoría americana en los últimos tiempos.

Para verla puedes acudir al YouTube que está en versión original subtitulada. Por cierto, no he encontrado versión doblada al castellano pero, como los diálogos son escasos es muy fácil de seguir. Yo la he visto en series.ly.

La música puedes comprarla en iTunes por 9,99$ o escucharla aquí:

Cine: Yo compré una moto vampiro

TITULO ORIGINAL I Bought a Vampire Motorcycle
AÑO 1990
NACIONALIDAD Reino Unido
DIRECTOR Dirk Campbell
GUIÓN Mycal Miller, John Wolskel
MÚSICA Dean Friedmans
FOTOGRAFÍA Tom Ingle
REPARTO Neil Morrissey, Amanda Noar, Michael Elphick, Anthony Daniels, Andrew Powell, George Rossi, Daniel Peacock, Midge Taylor, David Daker, Burt Kwouk, Brendan Donnison

 

Yo compré una moto vampiroLo mejor que se puede decir de la película “Yo compré una moto vampiro” es que resulta… perturbadora. Una gamberrada cuyo mayor mérito hacer que una motocicleta pueda tener alguna calidad interpretativa más allá del estar o de ser ella misma. Aunque, pensándolo bien, quizá la interpretación de la moto destaque, por su calidad, por encima de unos actores mediocres, agarrotados y malos hasta la extenuación.

La película es del año 1990 aunque, debido a su ínfimo presupuesto, sigue los cánones estéticos y formales de una mala serie B de los setenta. Y lo mismo ocurre con los efectos especiales, por llamarles de algún modo.

El guión tampoco va muy allá. En una rápida sinopsis podríamos decir que el espíritu vampiro de un diablo se apodera de la moto cuando el motorista que lo está invocando es asesinado por unos Ángeles del Infierno (o parecida cosa). Fin de lo gordo del guión. A partir de aquí el resto de la película es una serie de huidas, sangre, asesinatos intuidos y un sin fin de estúpidas peripecias salpicadas por el pésimo trabajo de todos y cada uno de los actores.

La moto, una Norton Commando de los años 70 (por el arranque a patada), fue sometida a una remodelación un tanto indigna que, más que aterrar, da un poco de lástima.

Como detalles a destacar sobre esta grandísima obra señalar que el doblaje desaparece durante el exorcismo para regresar luego al rancio castellano patrio, no sé porque los dobladores han creído más oportuno que disfrutáramos de la versión original durante unos minutos o porque se cansaron de decir idioteces y se fueron a tomar el café. Sea como fuere, se agradece. Además hay otras joyas por ahí repartidas como dedos de látex amputados, miembros cortados y heridas sangrantes. Normal, habida cuenta de que La mayoría de las motos corren con gasolina, esta corre con sangre…

A destacar también el ñordo, zurullo o cagallón parlante. Sin parangón.

Se recomienda su visionado con cerveza o cualquier otra bebida alcohólica, algún psicotrópico y ganas de pasártelo bien con esta obra gamberra e irreverente de imposible clasificación.

 Os dejo el trailer que es mucho mejor que la película

Y unas cuantas imágenes de propina que la peli se lo merece.

PD.: Creo que lo más aterrador es la banda sonora.

El Motorista Fantasma 2: Espíritu de Venganza

tumblr_n25hhdQK1T1sma9w2o3_1280Y se preguntarán ustedes “¿Este tipo es gilipollas? Resulta que vió la primera película del fantasma motorizado y le pareció un truño pero ahora ve la secuela“. Pues sí, los caminos de esta página son inexcrutables y paradójicos, no sólo frívolos.

Efectivamente El Motorista Fantasma 1 es, con toda seguridad, la peor película de superhéroes que se haya filmado jamás, pero la segunda… también. No es tan chusca como la primera, desde luego, pero eso se debe a que los efectos especiales son más sofisticados. Ahora hay más fuego, más explosiones, más ruido, más armas y más gente; es decir, los ingredientes que más gustan al público norteamericano. A pesar de ello no ha cosechado grandes éxitos. Eso sí, seguramente no haya dado pérdidas porque se han gastado 53 millones de dólares, justo la mitad que con la primera. Se ve que no había mucha confianza a la hora de invertir.

Nuestro simpático motorista cambia de montura para la ocasión y, si antes eran el cromo y el fuego su divisa, ahora abandona la Harley por una V-Max con una pinta mucho más rotunda. Lo cierto es que esta muscle-bike resulta más atractiva a la vista y, quizá, sea lo único que se salve de toda la película.

En esta segunda parte vuelven a atacar con un guión insulso, simple y previsible: el hijo del diablo va a tomar el relevo de su padre y El Motorista Fantasma ha de impedirlo, así de simple. Uno no se explica como El Diablo, con un poder que rivaliza con el del mismísimo Dios, no es capaz de cuidar de su propio hijo. Habida cuenta de que ha de relevarlo en su maligna función, no entiende uno como es que lo deja durante años al cuidado de una madre inepta y a merced de las largas manos de El Bien. Rediós, Mefistófeles, atiende a tu progenie que es el pilar básico de tu intento de dominar el mundo. No cabe duda de que así, con esta falta de responsabilidad, no vamos a ninguna parte.

Las fuerzas del bien, de igual modo, hacen aguas por todos lados: un cura alcohólico y fracasado, un puñado de monjes con pinta de Hellraiser y nuestro hombre cerilla que, como siempre, no se sabe muy bien de qué parte está.

Ya la cosa comienza mal, con una Ural sonando como una R y haciendo eses por la carretera como si condujese una mona borracha. Epic fail. Ese sonido no pega ni con cola, puede verlo hasta alguien que no sepa nada de motos. Luego vienen una serie de incongruencias como el hecho de que cuatro pelagatos sean capaces de conquistar una fortaleza que, según sus guardianes, es inexpugnable. Aquí alguien parece ser muy tonto…

Por supuesto, Nicolas Cage sigue igual de acartonado pero con más entradas en sus sienes. Creo que este hombre me causa más grima cada día. Alguien tendría que decirle que su cara de maduro-atormentado ya está muy vista y que probase a ensayar nuevos registros. Aunque, cierto es, si yo fuese el hazmerreir del cine americano también estaría atormentado.

En fin, que podría seguir desgranando el guión, el pésimo maquillaje, las incongruencias, la aparición del, por lo visto inmortal, Cristopher Lambert o la poca chicha de esta película que se desinfla después de aparecer el título en pantalla, pero no creo que ni la obra, ni ustedes se lo merezcan.

Si quieren ver una buena película de motos, cómprense una idem, en caso de que no la tengan, y salgan a dar una vuelta por ahí. No verán nada igual, se lo aseguro.

El Fantasma Motorista

316892Me habían advertido por activa y por pasiva. Lo había leído en foros y en redes sociales. Estaba prevenido. Pero a veces no sirve de nada que las señales que el cielo te envía vayan en una dirección: tu sientes el irrefrenable deseo de ir en dirección contraria, de descubrir las cosas por ti mismo, de 06asomarte al mundo y experimentar.

Y eso es lo que hice la semana pasada: lanzarme a experimentar cuando todos los augurios y experiencias de filmonautas anteriores me indicaban que ese no era el camino correcto. Aún así decidí conectarme a series.ly para proceder al visionado de “El Motorista Fantasma”. Como era de esperar, el resultado fue el que se suponía: la peli es una basura y Nicolas Cage ejecuta uno de los peores papeles que hemos visto en su dilatada carrera. No es sólo su acartonado gesto o sus andares de torpe homo erectus, que va. Es lo insultante de su presencia insulsa en todo el metraje. Además de esto la película no tiene ni pies ni cabeza. Una historia plana, previsible y sosa que, quizá en el cómic de Marvel tuviese algún tipo de atractivo, lo ignoro, pero llevada al cine es infumable hasta el hastío.

Desgranemos un poco la trama sin miedo a hacer spoiler: Johnny Blaze, que es un acróbata circense en moto, vendió por error (y por idiota) su alma al diablo para salvar la vida de su padre. Años más tarde, Mefistófeles, el del Averno, regresa para cobrar su deuda y lo embarca como cazador de diablos díscolos. Perla esta compleja historia la presencia de una novia de juventud que ha quedado por el camino. Y poco más.

Me da un poco de pudor seguir poniendo a parir la película pero, habiendo como hay, monerías a mansalva, sería una lástima dejar aquí truncada esta humilde crítica. Por ejemplo, Nicolas Cage haciendo de superhéroe retrasado visionando de forma compulsiva las tonterías de un chimpancé en la tele y riéndose como un idiota. Me imagino que la simpatía será por cercanía intelectual. O la risible escena del cortejo del protagonista en la autovía, con total desprecio por la seguridad del resto de usuarios de la vía y montado en una moto más tiesa que Urdangarín en los juzgados de Palma. Y qué decir de la novia, Eva Mendes que, por fortuna para los estetas, no deja de enseñarnos su espetera en cada aparición. Para terminar de llamarnos idiotas a los espectadores, el jefe de los diablos díscolos, del que no puedo ni quiero recordar el nombre, grita con voz superpuesta algo así como “me llaman Legión… porque somos muchos“. Muchos qué? por el amor de Dios! ¿Muchos qué? ¿Muchos idiotas escribiendo los diálogos? ¿Muchos anormales trabajando en este bodrio? “Somos muchos“… No habrá, en toda la historia del cine, una frase más imbécil que esta. Somos muchos… Pocas veces me sentí tan indignado con un diálogo.

Por otra parte si alguien esperaba que las fugaces apariciones de Peter Fonda (Mefistófeles), por aquello de Easy Rider, iban a aportar algo de interés… que se olvide. Éste sigue viviendo del cuento al igual que en los últimos cuarenta años. Tiene que ser deprimente que te sigan rindiendo culto por la única película en la que estabas medio bien.

Para finalizar me gustaría poner el acento en otro de los aspectos más chuscos de la película, el género. Aunque pudiera parecer que es una película de aventuras, de acción o de superhéroes no lo es: es un film de género religioso, ese que tanto gusta en los Estados Unidos. En todo momento asistimos a la lucha entre el Cielo y el Infierno, tan simple y tan pueril que si los contendientes y respectivos amos de estos polos opuestos tuvieran que usar semejantes guerreros para sus luchas de poder, tendríamos que sentirnos avergonzados de formar parte de tamaña Creación.

Nada mejor que esto tengo que decir de la película. Si acaso que la veas con amigos para reiros en conjunto de los esperpénticos efectos especiales y que lo hagáis desde la óptica del humor porque con estas cosas hay que reirse, no queda otra.
Como sois intrépidos por naturaleza sé que vais a verla nada más terminar de leer esto así que de nada servirá que os diga que no cometáis ese error. Más bien al contrario: os animo a vivir peligrosamente, pero os lo advierto… no quiero reclamaciones.

Podría dejar aquí un trailer de la película pero, como no quiero manchar mi página con semejante producto, os propongo estudiar la evolución del peinado del, por fortuna irrepetible, Nicolas Cage.