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Viajo en Moto desde el Café del Mar Beach de Tarifa

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En ruta, viajando por España pero sin olvidarnos de nuestros oyentes, sin olvidarnos de nuestros amigos y acudiendo, como cada miércoles, fieles a la cita semanal.

Hablamos con viajeros ilustres, al menos ilustres para este que os escribe. Compartimos con vosotros una parte del sentir del viaje. Lanzamos a la red nuestras emociones intentando haceros partícipes de lo que nos pasa por la cabeza. Soltamos nuestro rodar.

Un programa especial, de charla entre amigos, diseñado especialmente,ente… para nuestra diversión. Y la vuestra, claro.

Viajes en moto por España. Sugerencias de los oyentes

icono ruta viajes en moto por EspañaViajes en moto por España. Hace algún tiempo organizamos un concurso con los oyentes de Viajo en Moto. En él solicitábamos que nos enviasen sus mejores rutas en moto. Según su experiencia y gusto, cuáles eran las mejores carreteras para realizar viajes en moto España. Recibimos un montón de propuestas de todos los rincones de la geografía española, con sugerencias muy atractivas y carreteras con mucho encanto.

La intención era, una vez recopiladas todas, situarlas en uno o varios mapas de GoogleMaps, ponerlas a disposición del público para que cualquiera pudiera consultarlas. El trabajo comenzó pero no pudo llevarse a cabo por falta de tiempo. A eso hubo que sumar la dificultad técnica que suponía incrustar un montón de mapas y tracks en la página así que el proyecto quedó un poco en el olvido.

Este verano, después de la visita de Lorenzo Bonora, de Hello Riders, vimos la posibilidad de retomar la idea. Era la forma idónea de colaborar con su página que está, como sabréis, dedicada a las rutas en moto por España. A Lorenzo le pareció buena idea aprovechar ese material porque son rutas que están elaboradas por motoristas, por gente aficionada a los viajes y que conocen las carreteras de su zona como nadie. Nos pusimos manos a la obra.

Poco a poco iremos subiendo todas esas rutas a Hello Riders, con mención de su autor. Añadiremos todos los datos de que dispongamos, desde los atractivos turísticos y culturales de la zona, hasta los hoteles o sitios donde dormir. Insertaremos fotos y por fin, la información que habéis proporcionado tendrá un destino útil.

De momento no hay posibilidad de incrustar los mapas en Viajo en Moto pero la interface que tienen en Hello Riders es mucho más sencilla, eficaz y útil; mucho mejor que insertar aquí, de forma desordenada, todas las rutas. Allí puedes registrarte y guardar las rutas en varios formatos. Puedes montarte una base de datos organizada y a disposición de todo el mundo. Una forma de compartir y de trabajar por la comunidad.

Se puede escoger el tipo de moto, la época idónea, ver puntos de interés y un montón de parámetros más.

Os animo a registraros en Hello Riders. Subid vuestras rutas para compartirlas con todos los aficionados a los viajes en moto. Las nuestras estarán muy pronto.

En moto y en barco

Hay rutas que, recorridas una y otra vez, se me revelan como idílicas, quizá no tanto por la carretera en si como por todo lo que su paisaje evoca. La ruta que hoy recomiendo es una de esas que he recorrido decenas de veces y que me sigue resultado encantadora.

A Lanzada

Viajaremos desde cualquier punto del Occidente de Asturias (Los Oscos, Grandas, Pesoz, Allande…) hasta O Grove, en Pontevedra. Es un trayecto variado en el que los cambios de paisaje y orografía, a pesar de ser a veces muy sutiles, no pasan desapercibidos. Para empezar tenemos paso obligado por la carretera LU-530, una auténtica ensalada de curvas en los poco más de 50 km. que nos separan de la A-6. Si lanzamos la vista hacia el Sur, al fondo podemos ver toda la Serra dos Ancares, enmarcando el horizonte y acotando nuestro microcosmos. Podemos optar por desayunar una tapa de “pulpo a feira” en A Fonsagrada o dejarlo para más adelante y picar algo en la zona de vinos de Lugo. Muralla romana, catedral o las tabernas de la calle Rúa Nova en la ciudad más barata de España, deberían ser motivo suficiente para realizar una parada.
A partir de Lugo ya dejamos atrás la montaña y entramos de lleno en el mosaico de la Galicia Central, una sucesión de bosquetes de castaño, roble y pino salpicados de terrenos de labor y prados. Tomamos la N-547 hasta Guntín y aquí nos desviamos hacia la N-630, una carretera amplia y solitaria que invita a ser recorrida con parsimonia, aspirando las fragancias del heno curándose al sol y de los castaños en flor.
Las poblaciones más pequeñas, de apenas cinco o diez casas, parecen estar suspendidas en un espacio atemporal, con sus viviendas monolíticas de granito oscuro, casi siempre rodeadas de robles y con nula actividad humana a la vista. Por el contrario, las poblaciones más grandes se abren a la carretera general mostrando el más puro feismo gallego: construcciones sosas, casi todas ellas, que llevan el marchamo del desarrollo de los años ochenta. Aún así, merece la pena obviar el mal gusto de las cabeceras de comarca y quedarse con la pureza estética de lo recoleto, con la belleza sutil de los cientos de rincones que salpican esta ruta.

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Después de habernos dejado impresionar en la Comarca del Ulloa, con sus pazos y su tranquilo encanto, llegamos a Caldas de Reis. Aquí comienza O Vale do Salnés, tierra de Albariño, de eucaliptos y otrora, del narcotráfico y el contrabando de tabaco. Peregrinos del Camino de Santiago Portugués se confunden con turistas y compradores en los lunes de mercado. Nuestra ruta se cruza con la N-550, la vía como mayor tráfico de todo España y es a partir de este punto donde comenzaremos a encontrar más afluencia de vehículos en estos días de verano.
Sin dejar la N-630 llegamos a la Ría de Arousa. A los habitantes de Vilagarcía de Arousa en algún tiempo se les llamó “ingleses”, de hecho tienen su cementerio inglés. Esto era debido a las numerosas paradas de la Royal Navy en su puerto lo que hizo necesario construir un cementerio para que los marineros que morían allí no fuesen enterrados en un camposanto católico. Esto de la muerte siempre preocupa más a los vivos que a los finados, es natural.
Ahora, en dirección Sur, nos las arreglamos para ir sorteando el tráfico intenso de camiones, turistas y vehículos de reparto. A nuestra derecha, hacia el Oeste, las bateas de la ría nos recuerdan que estamos en punto neurálgico de la cría de mejillón a nivel mundial, con toda una actividad fabril y cultural que pivota en torno a este molusco.
En O Grove escogimos para pernoctar un alojamiento un tanto atípico: un barco. El Hidria Segundo es el único barco que vapor que queda en España y está rehabilitado como barco museo y “hostel” si es que la palabra se ajusta a este peculiar establecimiento.

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Cruzar la pasarela que conduce al barco es como traspasar el umbral a tiempos pretéritos, no en vano estamos en un barco de vapor. Allí Sesé nos recibió a Elena y a mi con la energía inusitada que siempre parece acompañarla. Nos acomodamos en las literas y recorrimos las cubiertas de madera admirando el enorme trabajo de restauración llevado a cabo.

Las visitas que se pueden realizar desde aquí y los atractivos que ofrece la zona son de sobra conocidos. Visitar Illa de A Toxa, comer un plato de mejillones con albariño o reunir el valor suficiente para zambullirse en la Praia da Lanzada, son actividades que uno debería probar en la primera visita. Para la siguiente, ya expertos geógrafos de esta peculiar península, nos lanzaremos a la conquista del resto de rías Baixas pero dejando algo en el tintero para regresar por tercera vez.

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Guardarse la chorra después de hacer pis

Su bigote se movía arriba y abajo escupiendo palabras a borbotones, como si una premura atávica lo estviera impulsando a hablar de forma constante. Yo no apartaba la vista de sus ojos, escuchando con distraída atención todo lo que me contaba, corroborando con la mirada la importancia de las historietas que me estaba relatando. Música alta, empujones, olor a sudores rancios y falta de oxígeno debido a un calor asfixiante.Pero antes de estar apostado frente a La Pulga, entre el barullo de las fiestas de San Fermín, escuchando la incontrolable verborrea de aquel hombre de mediana edad, ya había desmoronado los planes de viaje que me habían llevado hasta allí.

Mientras el resto de España boqueaba con la ola de calor correspondiente, en el Norte, ajeno como de costumbre a los devenires meteorológicos, teníamos el tiempo óptimo para salir en moto. Y un tiempo óptimo, llueva o nieve, es algo que no se puede desaprovechar así que, un sábado cualquiera en una carretera cualquiera, me disponía a viajar hasta Donostia para hacer dinero a espuertas. Quizá sea un poco exagerado esto del dinero a espuertas pero, mientras sonaba Kasabian dentro del casco, me imaginaba a mí mismo contando billetes a la par que desplegaba mi vena artística en la Playa de La Concha.
Hace tiempo me dediqué a “esto de la artesanía” tallando piedra en ferias y mercados. De la noche a la mañana las musas decidieron abandonarme, supongo que aburridas de verme hacer siempre lo mismo, y decidí dedicar mis horas de creatividad a tareas más mundanas como escribir un blog o cosas de parecida factura y nula retribución económica. Sin embargo, con esto de la crisis, me pareció buena idea retomar mi vena artística y qué mejor lugar para ello que una ciudad donde la actividad económica se mueve en rápidos en lugar de hacerlo por tranquilos meandros.
Cargué las maletas de piedras y con tan absurda carga me subí a la moto decidido a cubrir los setecientos y pico kilómetros que me separaban del dinero. No puede evitar pensar en la cara que pondría la policía si les daba por registrar mi equipaje o, al igual que cuando éste consistía en un saco de mierda, qué pasaría si tenía un accidente. Últimamente parece que tengo parada fija en el absurdo.
Aún no había recorrido doscientos kilómetros y ya me di cuenta de que la rueda trasera no iba a aguantar todo el viaje. Estas cosas ya ni me preocupan, es mi sino. He cambiado neumáticos en Génova, en Sevilla, en Tromsø, en Chaves y en lugares en los que ni me acuerdo, casi siempre por esa pequeña falta de previsión que de contínuo me asiste. Llamé a mi amigo Juanto en Castro Urdiales pero mis esperanzas de encontrar un taller abierto un sábado por la tarde eran nulas. Aún así podía cambiar mis planes de montar el puesto en Donosti y hacerlo en Castro, que también tiene su fujo de turistas bilbaínos y su buena dosis de euros.
No pasó nada de eso.
En el siguiente fotograma me encontré a las cinco de la mañana bailando reggaetón frente a las txosnas del puerto de Castro, levantado las manos, llegando bien arriba y con la rodilla flexionada a la altura del esternón, con un suag de difícil descripción. Creo recordar que unas chicas jóvenes me miraban pero no estoy seguro de si querían ligar o la imagen de un motero con tal ritmo les resultaba tan hipnótica que no podían apartar la vista. Pienso que ambas cosas.
El plan B, elaborado con primorosa exactitud entre baile y baile, también se vino abajo al despertarme con una tremenda resaca que me impedía realizar movimientos fluidos. No se por qué cuando me cambio de los vinos a las copas sin solución de continuidad me parece tan buena idea; al día siguiente caigo en la cuenta de que es un error que se repite con demasiada frecuencia. Y evitar la cena también.
De nuevo las musas me habían abandonado antes, incluso, de hacerme la visita de modo que tampoco pude hacer disfrutar a los viandantes con el primoroso arte de tallar piedras. A cambio, las deidades del tiempo atmosférico decidieron dejar al resto del país sumido en una tremenda ola de calor y a mi regalarme un día plomizo, de lluvia persistente y niebla en los altos del Puerto de Las Muñecas.
No es buena mezcla andar con las ruedas lisas y la carretera mojada así que, cargado con las piedras, la resaca y una cierta sensación de desamparo, salí en dirección a Pamplona por ver si mente y cuerpo se atemperaban con el asunto del Chupinazo y esas cosas típicas de los Sanfermines.
Pero cuando uno no anda fino es proclive a saltarse los desvíos así que cuando quise darme cuenta estaba subiendo el Puerto de Urkiola, trazando sus hermosas curvas sin demasiada convicción y deseando que el sol se asomara por entre las copas de las hayas y los abetos. El olor a humedad, a umbría y a acículas de pseudotsugas no conseguía animarme como tampoco lo había hecho la hamburguesa pastosa del McDonalds de Durango.
Pero Pamplona tiene su chupinazo, su almuerzo, su pléyade de borrachuzos impenitentes y su gran variedad de psicotropía así que, como quien no quiere la cosa, cuando quise darme cuenta, un señor de bigote me contaba las aventuras de un camarero de su pueblo, el que un día atendió a unos turistas con la chorra fuera porque no se había acordado de guardarla cuando fue a hacer pis.

Días de Cine

El verano pasado me fui con Juan de viaje. Yo salí unos días antes y nos encontramos en Chinchón, en la plaza donde se grabó la película de Cantinflas, “La Vuelta al Mundo en 80 Días”. Yo ya venía de otros escenarios de cine, concretamente del cementerio circular de Sad Hill donde Clint Eastwood tuvo un duelo memorable, allá en Burgos.

Después del encuentro aprovechamos para seguir nuestros particulares días de cine y recalamos en Ayna, uno de los escenarios donde se grabó la obra maestre de José Luis Cuerda “Amanece que no es poco”. Algunos de nosotros, fan irredentos de la obra y frikis recalcitrantes, nos sabemos pasajes de memoria. O casi de memoria. Read More