redes sociales

Motoristas egregios y fans irredentos

No duda uno, en ocasiones, en sentir admiración por personajes que, a pesar de ser reales, viven en nuestra imaginación. Personajes a los que moldeamos a nuestro antojo y a los que atribuimos cualidades que, ni de lejos, tienen cuando nos enfrentamos a la persona de carne y hueso.

Read More

Rossi, Vogue y los indocumentados

Esta mañana, mientras se torraban los párpados de alondra sobre las brasas de casuarina, leí en la prensa que la revista Vogue le había declarado la guerra a las blogueras del sector de la moda y yo, que soy de naturaleza curiosa, me zambullí en la noticia como oso a los salmones. Los de Vogue están muy mosqueados porque hay un grupo de influencers de la moda que les quitan los mejores sitios en los desfiles y, lo que es peor, se llevan millonarios contratos de publicidad que no se lleva la biblia de la moda. Cuatro divas consagradas en esto de las tendencias han puesto a parir a las blogueras, recomendándoles que vuelvan a los anuncios de caramelos y se dejen de transitar por el mundo de la “moda seria”. Vamos, que dejen el asunto para las revistas de-toda-la-vida, que el traje les queda grande.

Cosas del mundo del colorín, pensé.

valentino_rossi_cota_2015Pero esta noche, justo cuando pensaba que el día no me iba a deparar más sorpresas y ya me había olvidado de las blogueras y las vogueras, vino hasta mí un artículo de Soymotero.net que me recordó mucho al que publicaba El País. En él, Juan Pedro de la Torre, periodista con más de 28 años de experiencia, hace una reflexión defendiendo a Rossi por la supuesta patada a una espectadora en el Circuito de Cheste. No voy a entrar en el trasfondo de la cuestión porque el vídeo está por todos lados y cada uno puede sacar sus conclusiones pero creo que Juan Pedro toca otro tema más interesante y que entronca con el de las blogueras de moda: periodismo serio vs periodismo aficionado.[su_pullquote]“nadie vendrá a las carreras y nadie contará la verdad. Y entonces os tendréis que conformar con los chismes que se sueltan en las redes, desde cualquier lugar, sin contrastar, ignorando el pasado y el presente”
J.P. de la Torre[/su_pullquote]

Desde la aparición de los blogs hace años y desde el auge de las redes sociales en estos últimos, la labor informativa ya no es un coto privado de los periodistas especializados. Puede llegar cualquiera con un móvil y captar la exclusiva del año, que es lo que ha pasado, exagerando, con el affair de Rossi. De nada sirve tirarse de los pelos y poner el grito en el cielo porque unos “indocumentados” [sic] tengan, de forma puntual o permanente, el mismo poder de penetración que un medio especializado y profesional. Ojo, no pongo en duda la profesionalidad de un periodista con años de experiencia que sabe de lo que escribe, pero es innegable que ese “otro periodismo”, el de las redes sociales, el de los blogs, el de los foros, ha democratizado el acceso a la información sorteando los filtros de la prensa especializada. Cierto es que conviven la información veraz y la mentira, el chismorreo y la anécdota pero es algo a lo que ya estamos acostumbrados desde hace años con la prensa generalista. La manipulación y la creación de corrientes de opinión es moneda habitual en la prensa decana de este país.

Así pues, bienvenidas sean las blogueras que le hacen la competencia a Vogue y bienvenido el periodismo ciudadano que remueve los cimientos mismos de la prensa seria. Si es que existe.

Muchos cuentistas y pocos contadores

En los años 90 cualquiera que escribiese cuatro cosas medianamente bien hiladas en Internet era un gurú, un icono. Si ese alguien contaba algo de otros países era la quintaesencia del viajero. Si además, viajaba en moto estábamos ante la sublimación de lo perfecto. Eso sin tener en cuenta la carga de “verdad” que venía implícita en un medio de comunicación tan novedoso; alguien que era capaz de escribir en algo tan complicado como la red de redes era poco menos que un genio.

Pero aquello eran los 90 y montar una página web no era moco de pavo. Por fortuna hoy es mucho más fácil crear un blog de forma gratuita y cualquiera, sin apenas conocimientos, puede contar sus aventuras y desventuras en un periquete. Pero esto es un arma de doble filo.

Si en la pasadas décadas aún no eran muchos los que se decidían a contar sus viajes en Internet, en la presente han proliferado este tipo de páginas de forma exponencial. Y eso hace que tengamos más elementos de comparación. Ahora ya no sirve subir cuatro fotos desenfocadas y un texto mal hilvanado porque, el que más y el que menos, ha leído un montón de viajes ajenos y se ha convertido, si no en un experto, sí en un lector con más experiencia. Lo que antes encandilaba por la originalidad del formato o por lo novedoso del tema, ahora está más trillado y ya no sorprende a nadie.

Ayer, leyendo las aventuras en moto de alguien que viaja mucho, me sorprendió la baja calidad del producto final. No solo lo mal contada que estaba la historia sino la escasa calidad literaria. Era como estar leyendo una redacción de secundaria sobre un viaje en moto. La poca originalidad de lo que contaba, unido a su falta de pericia me hicieron reflexionar sobre lo pobres que me resultaban ahora sus escritos, comparado con lo que publicaba esa persona hace unos años. Es probable que hace unos años escribiera con la misma falta de maestría y que yo ni me diese cuenta. Cabe la posibilidad de que siempre fuese una persona mediocre a la hora de transmitir pero que, cegado por la novedad, ni me percatase de ello. Ahora, con la cabeza saturada de viajes de unos y de otros, y con la estantería llena de libros de motoviajeros, mi espíritu crítico está acentuado y lo que antes resultaba aceptable, ya no lo es tanto. Son tantos los blogs de viajes, en moto o no, que uno termina por sucumbir ante el exceso de información.

Para que una historia de viajes enganche, a día de hoy, tiene que cumplir más requisitos que hace unos años. Ya no sirven textos deslavazados en los que se relata una historia coja, perlada de descripciones pueriles. Ahora necesitamos que el autor mantenga nuestra atención de forma constante porque las tentaciones y distracciones que hay abiertas alrededor de la página son muchas. Hoy tenemos miles de blogs en los que nos cuentan una aventura.

El escribir una crónica de viaje ya no sirve. Hay que ir un paso más allá y relatar una historia con gancho porque todo el planeta está muy andado. Ya no impresionan viajes por el desierto, por los hielos o por la Ruta 66. Necesitamos una historia.

Y contadores de historias, hay pocos. Cuentistas muchos, pero viajeros que consigan mantenernos pegados a la pantalla sin sucumbir a las llamadas de atención de Facebook, de Twiter o cualquier otra red, muy pocos.

 

 

 

El triunfo de la Africa Twin en las redes sociales

No queda otra que felicitar a Honda por su campaña de marketing con la nueva Africa Twin. En pocos meses han conseguido que un gran número de aficionados a la moto estén probando cada día su nuevo modelo de moto y que otro número, aún más grande, esté buscando un hueco para poder hacerlo.

Bloggers, influencers, periodistas especializados y foros de aficionados se lanzan sobre sus teclados para cantar las excelencias del producto. Las redes sociales se inundan, un día sí y otro también, con fotos de personas que han visto la máquina, que la han probado, que han disfrutado de las sensaciones de conducir la nueva creación.

Estas reacciones en cadena suelen producirse cada cierto tiempo en la red aunque circunscritas a otros ámbitos. Nadie quiere quedarse atrás a la hora de mostrar condolencias por la muerte de tal o cual personaje por miedo a figurar en los punta de lanza de la modernidad. Todos éramos seguidores acérrimos de David Bowie, fans irredentos de Lemmy o adoradores compulsivos de Nelson Mandela.

Ahora, con la África Twin, volvemos a alienarnos proclamando a los cuatro vientos las virtudes de la moto y diciendo a quien quiera oírnos que la hemos probado, que  la vamos a probar o que, por fin, nuestras expectativas se han colmado y tenemos una foto con ese oscuro objeto del deseo.

Nos dan un poco igual sus avances técnicos o si es o no una moto adecuada para nosotros: deseamos subirnos, tocarla, tenerla. Desde que Honda anunció en mayo de 2015, el regreso de su aventurera por excelencia, ha sido un goteo continuo de información. Vídeo oficial, características técnicas y detalles que se fueron colando por las redes sociales hasta que, entre diciembre de 2015 y enero de 2016 se produjo en gran advenimiento y la eclosión de la gema.

La campaña de adoctrinamiento por parte de la marca surgió el efecto deseado y todos los aficionados andamos como locos con la AT en la cabeza. Han conseguido, al menos en nuestras mentes y apelando a nuestra querencia por tiempos pasados, evocar el espíritu indómito del modelo de hace 25 años: la nueva Honda Africa Twin es la leyenda hecha realidad, el segundo advenimiento, la síntesis de la libertad que todo individuo ansía. Porque la moto no viene sola. Al igual que cualquier producto viene con una serie de valores, imagen y expectativas que se nos inculcan por tres canales diferentes: el racional, el emotivo y el publicitario. El primero de ellos se basa en la fiabilidad de la moto, la tecnología puntera, las prestaciones. El emotivo es el que nos evoca los tiempos pasados, la juventud, la aventura africana. Y el publicitario es esta marea incontenible de imágenes, de aficionados, de pruebas en los concesionarios, de reportajes en las revistas especializadas…

Como dije al principio, no queda otra que felicitar a la marca por esta campaña, desearles que la nueva Africa Twin sea tan buena moto como el anterior modelo y que triunfe en campos y carreteras además de en las redes sociales. Mientras tanto, seguiremos comprando lo que nos manden.

La Red Social mató a la estrella del foro

Hace unos días, recorriendo los bares lumpen de Oviedo, algo de lo que hablaré en tiempo y forma, charlaba con mi amigo Gianola sobre internet, las redes sociales y las relaciones que se establecen. Reflexionábamos sobre el poco movimiento que hay ahora en los foros, desde el advenimiento de esta nueva cultura que son las redes sociales.

red_socialLos foros languidecen y van quedando en un segundo o tercer plano, desplazados y acongojados por Facebook y Twitter. Incluso el fenómeno “blogger”, que tan de moda estaba a finales de la década pasada, ha perdido parte de su ímpetu y la blogosfera anda a medio gas. Quién nos lo iba a decir hace unos años cuando había verdaderos ídolos de masas disparando palabras desde los más variados blogs.

Todo eso hoy está bastante diluído y ningún blog o foro que se precie de serlo puede caminar de forma autónoma sin la concurrencia de las redes sociales, principalmente Facebook y Twitter. Pero, ¿qué nos ha traído esto?

En las redes sociales prima una especie de onanismo virtual. Se trata de dejarse ver, de enseñar selfies, foodporn y toda una serie de actitudes que reafirmen nuestra existencia frente a la de los demás. Somos seres sociales, gregarios por naturaleza y, aunque el individualismo de las RRSS pueda parecer que choca con la pertenencia a un grupo social, no es así. Buscamos precisamente, dejar de ser egregios a través de la aprobación de los demás; necesitamos sentirnos queridos y aceptados por nuestros congéneres y para ello nada mejor que unos “retuits” o unos “me gusta” a tiempo. Es natural, comprensible y hasta agradable, no hay que avergonzarse de ello.
Pero volvamos a los foros, a lo que era, hasta no hace muchos años, el centro neurálgico de las reuniones sociales, el ágora del siglo XXI. Donde antes había movimiento de post y si querías estar al día tenías que hacer visita cada pocas horas para no perderte nada, ahora es un páramo lleno de cascotes, de información desfasada salteada con felicitaciones de cumpleaños que saltan de forma automática. El apartado de presentaciones boquea como un pez fuera del agua y matorrales rodantes se pasean por el foro técnico.  Se han perdido los trolls, los “espabilaos”, los héroes… y hasta aquel listo que todo lo sabía ahora está en un grupo de Facebook, que ha creado él mismo y donde nadie le rebate argumentos porque, ahora sí, es un gurú de verdad.

¿Que hemos perdido? No solo nos ha dejado todo el variado compendio de personajes tópicos que pululaban por los foros, hemos perdido el lugar donde se compendiaba el saber popular. Los foros “monomarca” donde podías obtener información sobre tu moto también están de capa caída. Los generalistas donde lo mismo podías aprender a cambiar un neumático que a instalar un dragbar, igual. Los consejos que se daban allí van quedando perdidos en las búsquedas de Google, desplazados a las terceras páginas por falta de actualización. Toda la sabiduría acumulada se acabará yendo por el desagüe de la red. ¿A dónde acudiremos cuando esto ocurra? ¿A los grupos de moteros de Facebook, difíciles de encontrar y sin apenas información técnica? ¿A los tuits de 140 caracteres caracterizados por la inmediatez? No, no hay nada ahora mismo que sustituya a lo que fueron los centros del saber “motorístico”, un lugar donde recibir consejos del abuelete, donde escuchar fantasmadas del espectro de turno y donde leer las batallitas de los más viajeros. Ahora lo único que encuentras con facilidad son fotos y vídeos de cada una de nuestras salidas en moto.

Por eso son tan necesarios espacios como Moterus que, sabiendo aprovechar el formato de red social, no han dejado de lado el espacio común, el “foro de toda la vida” al que acudir a pedir o dar consejos, el sitio en el que compartir aquella página llena de manuales de taller o las fotos del último modelo de Honda. Desde aquí os animo a salir de vez en cuando de mundo endogámico de las redes sociales y compartir vuestras experiencias hacia todo el espectro mundial. No es necesario abandonar la confortabilidad familiar de facebook, sólo salir un poco más de ese reducto y participar en el enriquecimiento de la Internet.

Algunos personajes moteriles de los foros.

file0001600559463Ahora ya no están tan de moda pero hubo unos años en los que los foros lo eran todo en la red. Un enorme pozo de sabiduría en el que habitaban los popes del mundo moteril y en los que entrar y hacerte un nombre era cosa harto complicada. Allí estaba todo el que pintaba algo en el mundo de la moto, todo el que aspiraba a manejar el acelerador y era donde residía el saber motero por excelencia. Era como si, antes de los foros, la vida de los amantes de las motos, estuviese ubicada en un Mordor gris y anodino. Pero había sido rescatada, lo foros de debate ya estaban aquí.

Y florecieron esas modernas ágoras del pensamiento. Salieron como hongos esos círculos de cultura motera que nos sacaron a todos de la estulticia. Y todo parecía tan perfecto en el orbe que nada iba a poder cambiarlo. Read More

Como ser un hipster motociclista.

 No te enteras de las nuevas tendencias en esto de la moto, y eso que estás en internet más horas que haciendo kilómetros. Claro, no sales de tus círculos de confort y así no hay manera de que te percates de lo más cool en el rancio y aburrido mundo de la moto. Pero, como siempre, aquí está viajoenmoto.com para desasnarte y ponerte en el camino correcto de la modernidad.

Ahora lo que se lleva es lo Hipster. ¿Que no sabes lo qué es? Me dejas to picueto. Pues es lo más “in” del momento, lo muy muy de lo más más y lo tope de lo tope.. Viene a ser algo así como un movimiento cultural caracterizado por aunar a hippies, grunges, postpunkies e indies en un solo grupo, con sus matices, subgrupos y demás zarandajas que caracterizan a cualquier tribu urbana. Read More

Sé un Auténtico Forero Motero Pro

Versión 1.2

Ay, alma cándida… Tú que, cual pez abisal, boqueabas plácidamente en las turbias aguas del ciberespacio, ahora te ha dado por destacar en el mundillo de los foros de moto. No te preocupes porque Viajoenmoto.com te ayudará a conseguir tus objetivos vitales y curará tus frustraciones con unos, breves, pero sanos consejos.

Read More

Sé Famoso y Millonario Viajando en Moto. O Sólo Famoso

 


putasHoy, queridos parroquianos, en nuestra homilía semanal abordaremos el tema “Cómo Hacerse Famoso y Millonario Viajando en Moto. O Sólo Famoso”.

Si eres una de esas personas que se cree maltratada por la vida y que tu destino, más que el paro o ese trabajo de mierda, mal visto y peor pagado, no es lo que tú te mereces… has llegado al lugar adecuado. Si además te gusta viajar en moto, sin duda alguna estás en el sitio óptimo.

Read More

Tiempo que Perder

Hace unos días recibí un correo electrónico un tanto extraño. En él, una empresa de publicidad (El Cañonazo), de esas de corte moderno y transgresor, pedía mi colaboración para publicitar un evento. Mi tarea en el asunto era bien sencilla. A cambio de un billete de cien euros tendría que llevar, durante una semana, un reloj de lujo Tag Heuer (pronúnciese tag-joia), asistir a la presentación de un nuevo patrocinador para un equipo de Moto2, twitear como loco el evento, participar con una foto en el concurso del reloj de marras y escribir una crónica del mentado aparato.

Read More

Moteros de Cabeza Hueca en Redes Sociales.

Me quedo un poco flipado con lo que pasa en las redes sociales al hilo de los “grandes viajeros” en moto. Y no me refiero a esos viajeros de andar por casa como tu o como yo, sino a los que todos consideramos viajeros serios, a los que salen largo.
Hay, a veces, luchas de egos difíciles de comprender y aún más difíciles de digerir. 

Read More

Un Poco Menos de Buenismo

 

Publicar en internet es muy fácil. Basta con saber manejar el ratón, un poco el teclado y hacerse un perfil en cualquiera de las páginas que ofrecen blogs de manera gratuita. Si esto parece complicado siempre se puede colocar nuestro texto en un foro sectorial.

Así las cosas somos muchos los que, después de una inolvidable ruta en moto nos lanzamos a escribir nuestras reflexiones sobre la misma, bien sea, animados por haber leído las crónicas de otros viajes en moto o por nuestra propia necesidad de alimentar el ego. Leemos, nos identificamos con el autor y nos decimos a nosotros mismos: “joder, si parece que estoy haciendo yo ese viaje. ¿Porqué no me animo y plasmo mis propias experiencias?”

Y lo hacemos. De la noche a la mañana nos hemos convertido, por arte de birlibirloque, en unos escritores del copón.

Y nuestros amigos están encantados de ver su nombre, su moto y su jeta publicada en una página web.

Y luego llega lo mejor. Todo el mundo nos alaba y nos dice lo magnífica que es nuestra prosa y lo buenas que son nuestras fotos.

Si te fijas, en los comentarios de esta página no hay una sola crítica destructiva. No es que yo las borre, es que nadie se molesta en decir “menuda mierda que has escrito”. Se que algunos textos son infumables, tienen faltas de ortografía y merecen una revisión a fondo antes de mandarlos a la papelera. Pero nadie lo dice. Puede ser por amistad, por educación o, simplemente porque si no te gusta te vas y punto. Al fin y al cabo nadie te ha obligado a venir a leer a esta página.

Y lo mismo ocurre con el resto de páginas personales. Porque son eso, personales y cada uno hace y dice lo que le viene en gana.

Después de tanto halago hay a quien se le sube el pavo y su autoestima asciende varios enteros. Eso está muy bien. Sirve para ir por la vida con el paso más firme y desprovisto de complejos. Pero en ocasiones, de tanto escuchar lo  buenos que somos, lo bien que escribimos y las buenas fotos que sacamos, nos da por ir un paso más allá y publicar un libro. Si hay suerte podremos encontrar una editorial que nos lo saque a la calle y, si no, nos liamos la manta a la cabeza, porque somos cojonudos, y nos embarcamos en una autoedición donde dejamos parte de nuestros ahorros.

Y ahí está nuestra obra. Es un panfleto carente de cualquier atisbo de calidad literaria, con una redacción de instituto como mucho, pero nos hace ilusión y nuestra familia y amigos nos felicitan y nos dicen lo bueno que es. Alguno incluso va más allá y nos anima a dedicarnos a ello.

Pero claro, el libro es una puta mierda. Una sucesión de kilómetros que, si bien fueron muy provechosos para el autor, que se lo pasó en grande mientras viajaba con sus colegas (o solo, da igual), al resto de la humanidad nos la trae al pairo porque no nos ha contado nada nuevo. Ni siquiera hemos aprendido nada de sus correrías. Las páginas se van sucediendo como fotocopias y los momentos pretendidamente mágicos no pasan de ser un remedo de triles a los ojos del lector.

En el prólogo el autor nos cuenta que lo ha escrito con mucha ilusión. No se duda. Que no es escritor. No se duda. Que espera que nos guste. Tampoco se duda. Pero la obra no pasa de eso, de ser un libro con ilusión y con nula capacidad para atrapar al lector.

Y tu, que ya eres un perro viejo y desconfiado en esto de la literatura motera, buscas por la red alguna crítica que te de un par de pistas sobre el libro en cuestión. Pero como nadie se ha dignado a hacer un análisis con mirada torva, desde la desconfianza, en todos lados encuentras que el libro es cojonudo. Y lo compras.

Llega a tus manos, hueles la tinta fresca y te lanzas a viajar a través de los ojos de otro. En las primeras páginas ya te das cuenta de que has metido la pata. En las segundas que te aburres como una ostra. Y en las terceras te preguntas si eres tú el único gilipollas al que el libro le ha parecido una puta mierda porque eres especialmente crítico.

Quizá si alguien le hubiera dicho al autor que su obra es un panfleto infumable nos hubiésemos ahorrado los quince euros más los portes y el perder dos o tres días de lectura. Porque, eso si, yo los termino de leer todos. Me da igual que sean malos o malísimos: el autor se merece, después de su ilusión y esfuerzo, esa mínima deferencia.

Por eso, queridos niños, cuando leáis una crónica de un viaje en moto, sed un poco cabrones y no animéis tanto al autor. Abandonad un poco ese buenismo y sed sinceros. Una crítica fina es, a veces, mucho más provechosa que los halagos sin mesura. Veréis como ganamos todos.