De Ruta por la España Soviética



Domingo soleado  de enero, con  temperatura agradable, unos 12o 14 grados y, como siempre, muchas ganas de salir de ruta. Salgo de Grandas en dirección norte, camino de Taramundi,  con el sol de costado, templando, tímidamente, esta tarde invernal. La sucesión de curvas por Los Oscos  es lo de siempre, más de  lo mismo puesto que me conozco cada curva como  si las hubiese diseñado.  Salgo de la  AS-13 a la AS-26 después de haber bajado el puerto de La Garganta. Ahora la carretera discurre, en su mayor parte, por zona umbría y trazo con suavidad exquisita .  En estas zonas la temperatura baja tres o  cuatro grados y  a la humedad re3inante hay que sumar el barrillo que se forma con las hojas de los castaños y abedules. ya me conozco el percal y conduzco de forma conservadora para evitar sustos.
Al llegar a Taramundi, ya veo los primeros turistas, no en vano es el emplazamiento pionero del turismo rural en Asturias. Le compro una navaja a Elena y en menos de cuatro minutos ya estoy de nuevo sobre la Vstrom, bajando una empinada cuesta en obras, camino de Mazonovo. La zahorra hace que en las curvas cerradas pierda adherencia de delante, cosa que, si bien no me preocupa, si me desasosiega un poco.



 En Mazonovo, al igual que el el resto del mundo libre, temporada baja y el museo está cerrado por reforma de modo que continúo mi ruta y dejo atrás Asturias para adentrarme en Galicia por A Pontenova, siguiendo el valle del río Túria. Sí, ya se que el Turia pasa por Valencia, pero habrá más burros con el mismo nombre, no?
En A Pontenova visito los antiguos altos hornos mineros. Se trata de un conjunto de cinco hornos de calcinación de limonita. Leo, asombrado, que los ladrillos para la construcción de uno de ellos salieron de la fábrica de cerámica del Marqués de Sargadelos, donde hoy aún se fabrican preciosas piezas. Los hornos son un ejemplo de la arquitectura industrial de pincipios del siglo XX.



Al igual que otras estructuras e infrestructuras, los hornos quedan atrás, rememorando glorias pretéritas y yo me encamino por la tortuosa LU-741 en dirección a las Terras de Burón, recientemente declaradas por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad. Como un humano más con patrimonio me interno en estos valles despoblados.



Al comenzar el ascenso hacia un puerto sin nombre, a caballo entre Logares y Pontenova, la vegetación está compuesta por pinos y eucaliptos, grandes colonizadores de las tierras bajas en este húmedo norte. por mor de la mano del hombre. Conforme asciendo los pinos silvestres van ocupando más hectáreas pero por poco tiempo porque al coronar, después de la encrucijada de carreteras, ya veo que predominan los pastizales en las altiplanicies.



La carretera es ahora más estrecha y con asfalto muy rizado. Bajando el valle hacia Veiga de Logares la carretera sigue siendo estrecha y retorcida, pero es un placer rodar por estos lugares, sin tráfico y con escasos signos de vida superior, si acaso algunas vacas “pintas” rumiando pacíficamente que me dedican una lacónica mirada.
Tolón, tolón, con mi vaca lechera quedó atrás A Veiga de Logares y llego, por fín después de 100 km por carreteras endemoniadas, al lugar que da título a esta crónica, A Puebla de Burón, (Pobra de Burón). Este pueblo ,de poco más de sesenta casas, está situado a tres km. de A Fonsagrada y escondidas en el Barrio de Triana, (lo dicho de los burros y los nombres), me encuentro con la Plaza de Mao TSe Tung . Incrédulo, sigo avanzando hasta la plaza de Lenin, paso por la Plaza de Carlos Marx, la Avenida de Lenin …  Toda una declaración de principios arraigada en la Galicia profunda. 





Vagabundeo por la aldea ante la atenta mirada de los más jóvenes y con el cogote erizado por los ojos desconfiados que atisban tras las ventanas. Huele a humo de leña de roble, a matanza y a mierda de vaca. Huele a pueblo y disfruto con las sensaciones que transmite.
De camino a mi casa, me quedo un rato mirando la puesta de sol, meditando sobre lo divino y lo humano y, después de la remomoración comunista, al pasar por la fosa común de El Acebo, siento como un respingo.

Las Fotos de la Ruta

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