crítica

60 libros de viajes en moto

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Muchos me preguntáis por tal o cual libro de viajes en moto y cuales recomiendo de toda la oferta actual. Yo, más que recomendar o hacer de guía iniciático puedo decir lo que a mi me gustó, lo que me agradó menos o lo que, directamente, me parecía infumable. Tenéis una buena muestra de ello en las críticas que escribo sobre alguno de los libros pero claro, eso no significa que se sean buenos o malos, solo es el reflejo de mis “gustos literarios”.

Poco a poco me voy haciendo con una buena colección de libros de viajes en moto que, si bien es algo ínfimo en comparación con la de Bernd Tesch, tampoco persigo hacerme con una estantería llena de publicaciones de este “subgénero”. Si quieres comprar alguno de estos libros puedes hacerlo a través de esta misma página.

Los he nombrado, más o menos, según están en el estante, es decir que no llevan orden de ningún tipo. Y los he leído todos, algunos con un considerable esfuerzo por mi parte. Si habéis leído alguno os agradecería que dejarais vuestra opinión en los comentarios para intercambiar puntos de vista y pareceres.

Cómo se hace una crítica de un libro en Viajo en Moto

Viajar en moto es para mí algo muy especial. Supongo que como para cualquier persona a la que le apasionen los viajes y las motos. Cada uno lo vive a su manera pero casi todos con un halo de especial reverencia, con la fiel certeza de que es algo imprescindible. Desde esta óptica, desde la pasión exacerbada y desde el amor incondicional por estas actividades, es como se analizan en Viajo en Moto libros, películas, bitácoras y en general, todo lo que tiene que ver con esta visión parcial del mundo de las motos.

Cuando escribo sobre un libro, lo hago, no tanto desde el punto de vista literario, como desde esa pasión a la que hacía referencia; la obra en cuestión tiene que transmitir, de forma fehaciente, esa pasión que se espera de alguien que nos habla de lo que tan bien conocemos. Puede que la calidad literaria quede arrinconada en un segundo plano, puede que los errores gramaticales se desdibujen y puede que perdone inexperiencias de aficionados. Porque lo que busco es entrega. Lo que estoy persiguiendo es el hecho de viajar a través de los ojos de otra persona, es que me transporten a lugares ignotos y al pasar la página, poder cerrar los ojos y sentir que he estado allí.

No necesito las indicaciones precisas para llegar del punto A al punto B (a menos que esté leyendo un manual). No quiero la objetividad textual en la descripción de un paisaje, para eso ya tenemos buscadores de fotos en la Red. Busco la mente del viajero, el detalle subjetivo, las vivencias personales de quien escribe… el aporte íntimo y único del autor. Y para eso hay que abrirse a los demás. Hay que dejarse la piel en los folios y escribir con las vísceras. Hay que transmitir todos esos sentimientos y llegar a una comunión total con el lector.

Sólo así, usando al público como confesor, logrará encandilarme un libro de viajes. Sólo contándome cuentos que me dejen el regusto de lo exquisito haré una buena crítica. La humanidad cuenta historias desde el albor de los tiempos pero hay quien sabe regalar historias y hay quien sólo es capaz de describir lo que ve envuelto en una pátina de literalidad y asepsia que difícilmente podrá atraparnos.

Porque, amigos, es necesario que la realidad supere a la ficción. Faltad a la verdad, fabulad hasta la extenuación, mentid hasta el hastío… pero hacedlo de forma magistral.

 

Libro: 360 grados. Una mujer, una moto y el mundo

Libro de Alicia SornosaTengo que decir que 360 Grados, el libro de Alicia Sornosa, es un libro bonito. No me refiero al texto sino al objeto en sí mismo, a la hechura de la publicación. Una cubierta impecable firmada por Pedro Peinado con esquinas redondeadas para que no se deterioren con una lectura “a salto de mata” y papel cebolla en la hoja de respeto. Incluso la contracubierta está cuidada con un mosaico de rosas de los vientos. No es usual en esta casa comentar el aspecto físico de la obra pero esta es una delicia por lo cuidada. Si tuviera cubiertas en rústica y sobrecubierta sería la bomba.

Es una lástima que la última hoja de cortesía en mi ejemplar venga con un defecto de plegado pero lo tomaré como una concesión al hecho diferencial y al fetichismo, más que un error de imprenta.

Alicia Sornosa se ha decantado por publicar bajo licencia Creative Commons, lo cual es toda una declaración de intenciones y algo inusual en este tipo de obras. Punto para ella.

Lo primero que hay que saber antes de comenzar con la lectura es que es una novela y como tal hay que leerla. Es cierto que está basada en las experiencias de la autora en su viaje alrededor del mundo pero, insisto, es una novela y no tenemos que dar como cierto todo lo que en ella leemos sino que habrá concesiones a la fabulación y a la inventiva. Sin embargo, los que seguimos el blog de Alicia en su día, vemos coincidencias literales con lo que escribió durante el viaje así que cada uno que saque sus conclusiones.

¿Por qué este formato de novela en lugar de una bitácora de viaje en formato libro? Según la autora de este modo puede decir más cosas sin temor a ser demandada. El viaje, recordémoslo, lo realizaron ella y Miquel Silvestre juntos hasta India donde cada uno se fue por su lado. Es de dominio público que terminaron con una fuerte enemistad y eso es algo que el lector no olvida cuando viaja por las páginas de esta novela.

¿Qué decir de la trama? Resulta un tanto difícil hablar de la protagonista, Sofía, alter ego de la autora o de Pedro, su pareja en esta ficción. Y no es fácil porque, en el fondo, sabes que estás leyendo una historia “basada en hechos reales” o, al menos, inspirada en los acontecimientos que ocurrieron en aquel viaje del ya lejano 2012. Así que optaré por hacer lo mismo que la autora, no nombrar a los verdaderos protagonistas y centrarme en los personajes que aparecen en el libro.

Llama la atención que, desde las primeras páginas, Sofía nos retrate a Pedro “El Pajarero” como un ser despreciable, un grotesco egocéntrico, maniático y en todo punto despreciable y a ella misma como una cándida muchachuela engañada. El victimismo de Sofía nos hace pensar si esta candidez no será rayana con la inocencia supina porque, lo que es la ruptura sobrevenida, se veía venir en las primeras páginas.

Sin embargo no podemos más que ponernos del lado de la protagonista y terminar tomándole manía a ese monkey (sic.) odioso y malhumorado que tanto la hace sufrir, ese que alterna momentos de ternura con accesos de ira descontrolada que socavan la bondad innata de Sofía.

La novela está muy bien estructurada y no sigue la cronología de los hechos sino que la protagonista va recordando momentos del viaje en diversas situaciones. Eso ayuda a ir avanzando en la lectura con regresiones a momentos del pasado.

La prosa de Alicia camina por derroteros alejados de la de Fabián Barrio, por ejemplo. O de la de Miquel Silvestre, por hacer una chanza con gracejo. Bebe de la nueva narrativa de los blogs y el periodismo digital. Eso puede ser bueno para una bitácora de viajes pero una novela es Literatura con mayúsculas, es el género del cuento por excelencia y está sometida, al menos por mi parte, a críticas más exigentes. Aún así, a pesar de alguna falta de ortografía y momentos planos en la trama, resulta de lectura amena. Claro que uno nunca sabe si el atractivo reside en el conocimiento previo de algunas situaciones, a lo novedoso (por escaso) del formato en el ámbito de los viajes en moto o es achacable, simple y llanamente, al morbo.

Si lo que el lector busca es morbo, lo tiene asegurado porque resulta imposible no hacer el paralelismo, de forma constante, entre el viaje real y el viaje de ficción de 360 Grados. Por otra parte, si uno tiene la tentación de saber qué partes del libro están más basadas en la realidad solo tiene que darse una vuelta por el blog de Alicia Sornosa y comprobar que algunos capítulos están calcados de lo escrito entonces.

Cada uno de nosotros suele tener un alto concepto de sí mismo y cuenta su verdad, su punto de vista sobre las cosas que le pasan. Quién mejor que uno mismo para saber qué es lo que ocurre en su interior. La cuestión es que toda moneda tiene cara y cruz y lo que nosotros vemos circular, otro puede verlo cuadrado y también estar en lo cierto.

Personalmente hay cosas que yo nunca contaría en un libro y no tengo muy claro si esta obra traerá beneficios a la imagen pública de Alicia. Supongo que necesitaba contar su viaje, es algo en lo que trabajó durante años y un deseo largamente acariciado. Y también supongo que este formato de novela era la única forma de poder desvelar detalles más íntimos que no podría contar usando nombres reales. Pero el caso es que el relato se queda a medio camino entre la ficción y la realidad y a los lectores siempre nos quedará la duda de saber qué hay de cierto en todo esto. No es que tenga una importancia capital, ya que el libro de Alicia Sornosa es eso, una novela, pero creo que habría sido más acertado contar la verdad del viaje y omitir los detalles más escabrosos, los que corresponden a una relación truculenta y malograda o los que pudieran dar lugar a demandas judiciales. Claro que esto es solo una opinión personal.

Si quieres comprar este libro de Alicia Sornosa puedes hacerlo desde este enlace:

Producto disponible en Amazon.es

 

Cine: Masters Of Menace / Amos del Camino

En el cine de moteros, Master of Menace (aka Amos del Camino) es uno de esos bodrios perpetrados en los años 90 que no se sabe si se rodaron porque el director odiaba a la humanidad o porque era lo que tocaba. Humor burdo, moteros borrachos y drogotas (cómo no), e idiocia repartida en igualdad de proporciones ente todos los integrantes de la “obra”. El aliciente principal reside en ver a James Belushi, por aquello de que es hermano de John Belushi (The Blues Brothers). Una vez superada esta curiosidad, cuando su personaje muere, puedes dedicarte a otra cosa y cerrar la ventana en la que estés viendo la película.

Pertenece a ese género despreciable que es la comedia comercial norteamericana de principios de los años noventa que, según todo indica, no llegó a estrenarse en España. Por fortuna para los españoles de aquella época, que bastante teníamos con la comedia del solar patrio.

La trama. Un grupo de moteros malos-malotes, estos “maestros de la amenaza”, es juzgado por varios delitos y el juez les conmuta la pena de cárcel con la condición de que no abandonen el condado. Uno de los “hermanos” muere en un accidente con un dragstar en el transcurso de una fiesta y deciden ir a enterrarlo a Las Vegas. Para eso tienen que abandonar el condado sufriendo la constante persecución del fiscal, que es otro idiota como los policías, los moteros, los abogados, los extras y, en general, cualquiera que haya tenido algo que ver con semejante engendro.

Después de múltiples peripecias, a cual más absurda, no puedes más y avanzas la reproducción. Sigues avanzando otro poco y, cuando te quieres dar cuenta, la película ha terminado. Te alegras de no seguir perdiendo el tiempo con el cine de moteros.

Las motos de la pandilla son todas Harley Davidson, una de ellas con sidecar. Eletra Glide, Softail Custom y de propina, una Honda CR 500 R con un tipo vestido de blanco haciendo el mono en una escena corta.

Hale, aquí os os dejo la peli para que podáis insultarme por descubriros mierdas de este calibre. Ah, es en verisón original subtitulada con una traducción cercana al vómito.

 

Cine: Rutas de Violencia, The Rebel Rousers

Qué suerte tuvimos los que aún somos jóvenes de no vivir la época dorada de las películas de moteros. A finales de los años sesenta y principios de los setenta aún coleaba una suerte de moda que consistía en hacer películas de moteros malos-malotes con cualquier disculpa. Era el final de una época, la muerte del movimiento hippie y al mismo tiempo, el momento álgido de motoclubs como Los Hell Angel´s. Ambos coincidieron en el tiempo y el espacio, y el movimiento de la contracultura sentía una cierta simpatía por aquellos motoristas drogotas y bobalicones.

Con toda la modernidad contracultural adorando a aquellas hordas de jóvenes asociales y protodelincuentes, surgieron películas de parecida temática como hongos en un otoño húmedo. La mayoría son bastante malas y Rutas de Violencia no es una excepción. Bajo un guión simplón y plano, se van sucediendo jaimitadas bastante pueriles, la mayoría sin pies ni cabeza. O lo suficientemente absurdas como para rascar la cabeza con mueca de incredulidad.

La trama sucede en un pueblo costero de la frontera entre México y California. Al villorrio llegan un grupo de moteros que cargan con los tópicos del género: borrachos, pendencieros y desocupados. Allí se dedican a montar la bronca en el bar al más puro estilo The Wild One, pero con mucho menos estilo. Luego, cuando el shérif  los expulsa, se van a la playa para continuar la fiesta. Allí retienen a una mujer y a su marido y blablablabla. Qué más da lo que ocurra si todo es un despropósito de principio a fin.

El único aliciente de esta película, dirigida por Martin B. Cohen, es ver a un jovencísimo Jack Nicholson haciendo de motorista malo-malote en uno de sus primeros papeles. Quizá, si ya has visto la mencionada The Wild One (1953), Hell Angel´s on Wheels (1967), Easy Riderr (1969) y The Wild Angels (1967) tengas que ver también esta para no perder ripio.

He podido identificar una Triumph 5T de principios de la década de los sesenta y una Harley Davidson con motor Panhead. El resto parecen todas Triumph (por el motor) pero no estoy seguro. Supongo que el presupuesto era tan bajo que no tenían para media docena de Harleys, como mandan los cánones.

Para que no tengas que esforzarte en buscarla, te la dejo entera, y gratis, aquí mismo. No dejes pasar la oportunidad de ponerla a parir en los comentarios.

Ficha:

Título original: The Rebel Rousers

Año: 1970

Duración:78 min.

País: Estados Unidos Estados Unidos

Director: Martin B. CohenGuion

Martin B. Cohen, Michael Kars, Abe Polsky

Música

William Loose

Fotografía

László Kovács, Glen R. Smith

Reparto Cameron Mitchell,  Bruce Dern,  Diane Ladd,  Jack Nicholson,  Harry Dean Stanton, Robert Dix

Productora: Paragon International Pictures

 

25 míticas películas de motos que tendrías que ver

Las motos y el cine siempre han formado un támdem perfecto aunque, según mi opinión, poco y mal explotado. Cuando vemos películas de motos es fácil que los “caballeros de las dos ruedas” sean unos palurdos indeseables, de escasa inteligencia y con menos luces que el piloto trasero de una moto de trial. También es mala suerte. Si nos gustara el sexo como nos gustan las motos el abanico sería inabarcable y podríamos tener la videoteca llena de tetas y culos.

Pero no.

Nos gustan las motos y tenemos que conformarnos con lo que hay, que no son más que fugaces apariciones y alguna que otra obra maestra. En Viajo en Moto no somos nadie para decir qué es obra maestra y qué es bazofia, aunque bien que nos gusta meter el dedo en la llaga, así que aquí os presentamos una lista de 25 películas cuya temática (principal o de refilón) es la motocicleta y que, sin lugar a dudas, deberías ver. Sin embargo,  no aparecen por orden de importancia o calidad: que confiamos en vuestro criterio.




Mad Max

La primera de la lista es una película australiana de bajo presupuesto en la que uun jovencísimo Mel Gibson encarnaba a un policía atormentado por el asesinato de su mujer y su hijo. Una historia de venganza, de escenarios preapocalípticos de serie B y de motos montadas por delincuentes extravagantes y carne de frenopático.

Muchas de las motos fueron donadas por Kawasaki para la película, incluyendo la mítica Kawa z1000 de 1977 MFP de Ganso.

On any Sunday

Este documental, dirigido por Bruce Brown, ya tiene más de 40 años pero sigue siento un referente cada vez que se habla de cine y motos. Con Steve McQueen como figura relevante, On any Sunday nos translada al mundo del motocross con las máquinas de la época. Estuvo nominada a un oscar de la Academia pero no se lo dieron.

Terminator 2 (1991)

La saga Terminator incluye, además de la temible presencia de Arnold Schwarzenegger, la rotunda imagen de una Harley Davidson Fatboy. Enmarca de forma magistral los músculos de “Chuarchy” y le queda estupendamente a su papel. La persecución por los canales de desagüe de Los Ángeles es una de las escenas más miticas del cine “de motos” y quedará para siempre en nuestras retinas. El T-1000 no se queda atrás evolucionando con una Harley de la policía (subiendo escaleras, saltando a un helicóptero…)

Si te la quieres comprar y conservarla como oro en paño aquí tienes enlaces

http://youtu.be/eajuMYNYtuY

Electra Glide in Blue (1973)

En España llamada la Piel en el Asfalto, es una especie de western con tintes de road movie. Casi todo el mundo coincide en que es bastante buena pero yo no la he visto, para que nos vamos a engañar.

En Amazon la puedes encontrar en español y en inglés

 

El Salvaje (1953)

El icono del cine motero por excelencia y la mismísima imagen de un hombre sexy sobre una moto. Marlon Brando encarna todo eso y más en El Salvaje, la película inspirada en los “sucesos de Hollister” que dieron origen a la marca del 1% y a la leyenda de las bandas de motoristas entre otros tópicos.

Es cierto que el guión es bien simple y quizá no aporte mucho al sector del cine pero es indiscutible que, en cuestión de imagen icónica, Brando y los Black Rebels son los números uno.

http://youtu.be/s8LC9Oy9k7Q

La Chica de la Motocicleta (1968)

Quizá lo más curioso de esta película es el cante que da, en una de las persecuciones, el hecho de que la moto de Ethan, una Triumph Speed Triple, pasa de tener ruedas de carretera a llevar ruedas de taco en cada plano. Creo que ni siquiera hace falta ser muy entendido para verlo.

El director, Jhon Woo, es conocido por filmar las escenas de acción más  absurdas inverosímiles y espectaculares. Su gusto por las motos queda patente, también, en la última entrega de Star Trek.

En el minuto 1:20 se aprecia perfectamente el tipo de neumáticos que montan las motos.

Tron: Legacy (2010)

Casi 70 semanas editando efectos especiales, dos meses y pico para rodar una de las secuencias de batalla, secuencias CGI espectaculares… y El Nota: Jeff Bridges en uno de los papeles principales (lo siento pero lo tengo encasillado). Tron: Legacy es una secuela de Tron, la película del año 82 que, a pesar de ser una incoherencia de guión de arriba a abajo, fue uno de los hitos en animación digital (junto con El Cortacésped y otras de parecida factura)

Daft Punk en la banda sonora ya da una idea de lo que va el asunto.

http://youtu.be/3GBLtnxxtzQ

Diarios de Motocicleta (2004)

Lo primero que te recomiendo es que te compres el libro antes de ver la peli. Y que te lo leas, claro.

Antes de ser un revolucionario por medio mundo, Ernesto “Che” Guevara sólo era un chico normal y corriente, con la carrera de medicina sin estrenar y con muchas ganas de conocer el mundo. Esas ansias de volar se vieron colmadas cuando, con su amigo Alberto Granados, se suben en una Norton 500 y se van a recorrer el continente. La Poderosa, que así se llamaba la moto, inspiró a Bardem para bautizar a La Poderosa de Alfredo Landa en “El Puente

Akira (1998)

El cómic manga cyberpunk de  Katsuhiro Otomo se convirtió en un clásico de referencia nada más estrenarse. El desorden social y la corrupción de Neo-Tokio del año 2019 sirve de marco perfecto para desarrollar esta historia de culto donde Shotaro trata de impedir que Tetsuo libere al psíquico Akira.

Anime japonés clásico y para siempre.

http://youtu.be/7G5zQW4TinQ

 

Burt Munro (2005)

Además de estar basada en una historia real, esta película nos habla de superación y de crecimiento personal. Munro, un neozelandes en la recta final de su vida, lleva trabajando durante años en una vieja Indian para batir el récord mundial de velocidad. pero para una hazaña de ese tipo hay que dejar muchas cosas atrás.

Esta es una buena historia y muy bien contada. Es una lástima que la película no haya tenido el éxito que se merecía. Además Anthony Hopkins está grandioso en este papel.

Cómprate la peli y guárdala como oro en paño

Easy Rider (1969)

Que una película, sin ser especialmente buena, llegue a convertirse a si misma y a su banda sonora en el icono motociclista por excelencia, es todo un hito. Ya lo quisieran para sí películas y directores de muchísima más categoría que Dennis Hopper.

Pero no comencemos a lanzar improperios contra la peli porque estuvo nominada a un Oscar al mejor guión. Chocante.

Easy Rider es La Road Movie por excelencia y el Born to be Wild la banda sonora de los motoristas de todo pelaje. Dicho esto no voy a hacer más comentarios sobre la peli porque es de obligado visionado.

Quadrophenia (1979)

(puede contener cierta dosis de spoiler)
Lucha de mods y rockers, pastilleo, crisis de identidad y caída en picado de los valores de juventud. Quadrophenia es una obra maestra que gana con el tiempo, no sólo por la genial banda sonora firmada por The Who sino porque resume una parte de la historia juvenil inglesa de los años 60, contada con gran acierto y grandes dosis de dramatismo. Aunque, para dramatismo, el ver al jovencito Sting vestido de botones no tiene precio. Aquí te dejo el enlace por si quieres comprarla.

El caballero Oscuro (2012)

Ni es una película de motos ni se aprovecha demasiado el “invento” que sale en ella pero ver a Batman pilotando un engendro de dos ruedas merece la pena. El BatPod, si te gusta la película y te conviertes en un fanático, puede ser tuyo y homologado para circular en carretera. Como querrás ir equipado a juego puedes adquirir el casco y el traje. Pero… ahora que lo pienso, no estamos hablando de cine, verdad?

La Gran Evasión (1963)

Steve McQueen a lomos de una Triumph 650  TT Especial es otro de los iconos del motociclismo mundial. En realidad el ejército alemán nunca usó Triumph en la Segunda Guerra Mundial pero parece ser que se escogió este modelo para la película debido al menor peso que las míticas BMW.

La escena más famosa de la película, esa en la que el capitán Virgil Hilts huye campo a través de sus perseguidores alemanes, fue grabada casi íntegramente por el propio McQueen. Sólo fue sustituido por su íntimo amigo Bud Ekins en la escena del gran salto. Y todo por órdenes del director que no quería que su gran estrella se dañase en una caída fortuita.

Hay que verla.

Caballeros de la moto (1981)

Una de las obras menos conocidas del directora George Romero, KnightRiders no tiene ninguna relación con David Hasselhoff ni con Kitts. Se trata de una compañía ambulante de artistas (un joven Ed Harris entre ellos) que hacen torneos en plan medeival pero sobre motos en lugar de caballos. Seguro que no es la mejor película de Romeros pero igual un sábado anodino te apetece verla. Eso por no mencionar un cameo de Stephen King (sí, que uno).

Ángeles del Infierno sobre Ruedas (1967) 

A pesar de no haber superado el “test del tiempo” esta película de 1967 nos ofrece una visión bastante certera de lo que eran los Ángeles del Infierno es sus primeros años. Tiene la particularidad de que en ella participaron Hell´s Angels de varios capítulos de la Costa Este que cobraban 35 dólares por día de grabación. A veces, después de cobrar, se largaban y tenían que ser sustituidos por otro “hermano”. frank Sinatra amenazó al director diciendo que, como le pasara algo a su hija nancy, que participaba en la película, no tendría tierra suficiente para correr. Y es que las sesiones de rodaje eran peliagudas.

Aquí la crítica completa.

Los ángeles del infierno (1966)

“Su credo es Violencia! Su Dios es el odio!”  

Protagonizada por Peter Fonda, Nancy Sinatra, Bruce Dern y Diane Ladd, estamos ante otro engendro de serie B para anotar en la carrera de tonterías de Peter Fonda que culminó con su aparición en El Motorista Fantasma. Este film pertenece a una moda que se apoderó de los cines en los 60 y 70 y que consistía en hacer películas de moteros outlaws a tontas y a locas. 

 

El Motorista Fantasma

Nicolas Cage nos acerca a una nueva acepción de la  cultura contemporánea: “El Superhéroe Idiota“. Sin paliativos. El Motorista Fantasma es el héroe más simplón, más tonto y más border line que hemos visto nunca. No voy a seguir esplayando con esta película ni con su secuela porque ya tenemos crítica extendida en esta página tanto de El Motorista Fantasma I como de El Motorista Fantasma II.

El Motorista Fantasma

Kill Bill. Volumen I

¿Una Kawasaki ZZR 250 que suena a cuatro cilindros? Bueno, si, pero estamos ante otra película de culto a la que le perdonamos ciertos deslices. Ver a Uma Thurman con el chándal amarillo (en homenaje a Bruce Lee cuando luchó contra Abdul Jabbar en Game of Death) subida sobre la Kawa es suficiente para disculpar ciertas licencias en los efectos especiales. También los 88 maníacos pilotando Yamaha Fazer de 400 ayuda a crear atmósfera.

Matrix Reloaded (2003)

Si no fuera porque estamos en Matrix diríamos que esta persecución es imposible. Tan imposible que nos deja medio mareados. Pero siendo como es el mundo imaginario donde, si eres el Elegido puedes hacer lo que te venga en gana, no sólo no nos extraña sino que nos encanta. Trinity sobre una Ducati haciendo cabriolas para escapar de los correspondientes agentes dela Matriz. En esta santa casa somos fans de la saga y al volver a ver esta escena no comprendemos como no lo somos aún más.

Torque (2004)

Torque es una basura, una bazofia de película que no llega ni al aprobado bajo pero tiene motos, carreras y máquinas para aburrir. Y eso ya es motivo suficiente para verla. Además aquí las motos no aparecen como disculpa para buscar la espectacularidad en las persecuciones o para que el protagonista parezca más viril. Aquí las motos son motos en si mismas y todo gira en torno a ellas. Hay que verla con nuestra voz crítica en off. Y tampoco me voy a extender mucho más en el análisis de esta obra menor porque es mejor verla, si puede ser hasta el final.

Biker Boyz (2003)

Otra película mala donde las haya pero que también está centrada en el mundo de los motos sin que estas sean pretexto para otros objetivos que no sean la moto en si misma. Lauren Fishburne está bastante aceptable aunque demasiado carismático para un papel tan pobre. Es como si estuviera fuera de lugar. Si quieres saber todo lo que hay que saber de esta peli lo mejor es que te leas la crítica que tenemos en la página desde hace algún tiempo. (Los diálogos, no se pierdan los diálogos…)

El Puente (1977) 

No podíamos olvidarnos del grandísimo Alfredo landa y de esta desconocida película. Bueno, desconocida para los que no sean lectores de esta página porque ya la hemos destripado en la correspondiente crítica. Esta obra es la típica de una tarde de domingo lluviosa que se deja ver estupendamente tumbado en el sofá con la manta y las palomitas. Mucho de crítica social y mucha imagen setentera para los que no tienen ni idea de cómo era aquella época. La crítica completa.

Road to Paloma (2014)

Esta es otra de las que ya hablamos en la página y que también se deja ver en una tarde de sofá.No tienepor qué ser domingo. De nuevo tenemos a Lisa Bonet pero con unos años más que cuando hizo Biker Boyz lo cual no es impedimento para que siga estando igual de hermosa. Ah, si, y Jason Momoa, que es el protagonista. Podéis leer la crítica de Road to Paloma en esta misma página. O verla completa en este video que os pongo a continuación.


Road to Paloma Full Movie HD 1080p por cabayet-sorvat

Tenemos más películas de motos y moteros con sus críticas y sus análisis. Puedes visitar la Sección de Cine de Motos.

Libros: Cultura Custom

cultura-customTodas estas cosas de organizarse alrededor de una afición pero con unas normas estrictas me dan mucha risa. Me recuerdan a los juegos de niños donde los roles son llevados con una seriedad digna de un consejo de ministros. Al fin y al cabo no hay nada más serio que los juegos de los niños.

En torno al mundo de la moto nos encontramos, casi siempre en el mundillo ligado a lo custom, con clubs con una organización rayana a lo militar. No deja de ser un contrasentido que, enarbolando la bandera de la libertad y el desprecio por las normas de la sociedad, se afanen en dotarse de unas normas tanto o más estrictas que las mismas que dicen despreciar.

Partiendo de la base de que cada uno organiza su vida y su ocio como quiere o puede, he de decir que, si bien todo este sistema de clanes y castas me parece bastante absurdo, soy bastante mitómano y siento una gran atracción por la imagen icónica del mundo custom en general. Eso me llevó a comprar varios libros sobre la historia de los Hell´s Angels, por ejemplo, o a leerme la vida del propio Sonny Barger, además de empaparme de la cultura motorista de los “forajidos” de finales de los sesenta en los EE.UU.

Y como no dejo pasar una oportunidad de bucear en este mundillo tan peculiar me compré el libro “Cultura Custom” de Lauren Jordán, publicado en el año 2010 por Quarentena. El prólogo es de Loquillo así que no empecé con muy buen pie, supongo.

Jordán hace un repaso por los orígenes del custom, repasando los tópicos que más se manejan cuando se intenta ilustrar la génesis de este tinglado. En general está bien explicado para que un neófito en estas lides se entere de dónde salió toda esta moda de las motos custom, de las poses de malo malote e incluso, para comprender de dónde surgieron cuadrillas de presuntos forajidos y aspirantes a serlo. Le da, sin embargo, a algunos pasajes, una pátina de epiquismo y “autenticidad” que, por exagerada roza lo ridículo. Da la impresión de querer capitalizar todo el “motorismo auténtico” en la acepción más peyorativa de la palabra.

Para mí el interés recae de forma notable cuando el autor empieza con el repaso a la historia de los diferentes MC en España, hablando de sus presidentes, secretarios, sargentos de ruta y toda la mandanga. No tengo tanta curiosidad como para bucear en la vida y obra de los “históricos” fundadores de las correspondientes cuadrillas de motoristas custom. A partir de este punto y en honor a la verdad he de decir que no seguí leyendo.

Cine: The Born Losers

exhcheehhxg1idt8fykgLlevaba tiempo deseando ver la película “The Born Losers”, un clásico del cine de pandilleros motociclistas perpetrado en 1967. Lo cierto es que me sentí atraído, casi de forma irremediable, por un soberbio cartel que prometía acción, motos y sexo rancio de los años sesenta pero me encontré con que lo único realmente memorable es el cartel de la peli.

En esta historia de moteros forajidos nos encontramos con una nutrida cantidad de situaciones absurdas y estúpidas que hacen de toda la obra un plato de difícil digestión. Quizá el hecho de que el guión se hubiera escrito quince años antes de rodar el film no ayudara demasiado a poner en su sitio a unos actores acartonados y con diálogos forzados hasta el límite. La historia, para no perdernos en insultos antes de ir al grano, va de una pandilla de motoristas que parecen salidos de un catálogo antiguo del más puro estilo flower power. Violan a tres chicas y de propina, a una universitaria de cara angelical que pasaba por allí, en bikini, a lomos de una moto. Después las presionan para que no testifiquen y blablabla. A todo esto, aparece el héroe, un medio indio vestido de vaquero, que parece que se ha tragado un tenedor y se lía a mamporros, de forma mal hilvanada, para defender a la jovenzuela en edad de merecer. Lenta, absurda e idiotizante, nos hace perder casi dos horas en su visionado y algunos minutos más escribiendo esta crítica. Resulta inexplicable que haya tenido éxito de público esta historieta risible.

Vamos a lo que nos interesa, las motos.

La universitaria buenorra viaja en una Yamaha YDR3 del 66, una bicilindrica que petardea como una Puch Cóndor y que hoy se cotiza a casi 12.000€. Una de las imágenes más icónicas es cuando la joven se ve rodeada de los malos-malotes y, en una toma a ras de suelo, el muslamen de la chavala ocupa el primer plano. El cartel no miente.

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Un par de Harley-Davidson Panhead en manos de los malos. La primera, como no podría ser de otro modo, choperizada y la segunda en forma de trike bastante horrendo pero que tiene su punto. El jefe de la pandilla de los “The Born Losers” también gasta Harley-Davidson, una Sporster XLCH nuevecita, quizá del 67, como la peli.

Como nota curiosa para lo que es una película de pandilleros motoristas, apuntar que sale una Puch Allstate de 250, una de las motos austriacas que se vendió en los EE.UU. y que llegó a ser bastante popular.

Hay más motos, claro, pero entre planos largos e imágenes aceleradas se hace complicado identificar las máquinas. Por otra parte es probable que seguir buceando en los detalles se considere rallano con lo insano.

Pucho Allstate 250

Para terminar, si disponéis de tiempo para perder, aquí os dejo la película completa.

 

 

 

Libro: Nómada en Samarkanda

Nómada en SamarkandaEstas últimas semanas el término “aventura” me sale por las orejas y este libro, Nómada en Samarkanda, de Miquel Silvestre ha conseguido, en sus primeras 25 páginas, que la aventura me rechine. Tantas veces nombra la palabra “aventura” que bien parece que quisiera hacer una parodia en lugar de glosar sus andanzas. Creo recordar que salían a dos “aventura” o sus variantes, por página.

Una vez superado este trance comienza el viaje y se torna bastante monótono en los primeros kilómetros. Es como si el autor tuviera que escribir el libro por encargo en lugar de hacerlo por inspiración literaria. Ignoro si esto es así o no pero el resultado de las primeras páginas no engancha al lector con un texto a la altura de lo que se espera de Miquel. A pesar de que es correcto escribiendo y maneja el idioma con soltura, cae en el error de los kilómetros vacíos de contenido y la anécdota insulsa (cuando no exagerada). Tanto que hasta la página 80, cuando se encuentra con su novia en Estambul, el libro me resulta bastante falto de interés.

Algo que ha llamado poderosamente mi atención es la cantidad de errores ortográficos y tipográficos que salpican los capítulos, máxime cuando Silvestre afirma, en la página 140, que Miguel de Cervantes es un “escritor regular, aunque un gran novelista”. No me esperaba, porque no nos tiene acostumbrados. Encontrarme faltas de ortografía, textos repetidos y cierta descoordinación, sobre todo en los últimos capítulos, es algo que se puede perdonar en una autoedición de principiante pero no en alguien que dice de sí mismo que es escritor.. Creo que, en general, le faltan algunas horas de edición.

En cuanto a la historia en sí, la narración está llena de altibajos que alternan al Miquel que conocemos, activo, duro y dinámico, con el Miquel didáctico que nos describe el devenir histórico de los países que atraviesa, con la Wikipedia como alma mater. Ignoro si la labor de documentación proviene de la enciclopedia más famosa de la red o de libros de consulta pero el resultado viene a ser el mismo: un compendio del saber que resulta un tanto repipi en ocasiones y que relega a un segundo plano la verdadera historia: el viaje.

Echo en falta confesiones como las que me encontré en La Emoción del Nómada, el libro que escribió con ocasión de su anterior viaje por estas mismas tierras de Oriente. Aquí tenemos a un Miquel mucho más banal y macarra, pagado de sí mismo en ocasiones y con la constante necesidad de contarnos que está de vuelta de todo. “Me sobran huevos para esto y para más”, dice. Consigue, a veces, identificarse con la imagen de chulo y prepotente que le atribuyen muchos de sus detractores. Y, de paso, dejar al lector con cara de póquer cuando cae en lo que yo llamo “síndrome del viajero de la hostia” que consiste en diferenciarse de forma bien clara de los que muchos denominan despectivamente “turistas”. Es como si por el hecho de viajar en moto, aunque sea con la cartera bien repleta, tuvieras un status especial en el ecosistema del turisteo. Eso, cuando viajas con un presupuesto de 100€ diarios, tal y como nos cuenta, resulta un tanto contradictorio.

Al final, en un epílogo que más bien parecen galeradas, consigue elevar el tono por momentos y enganchar de nuevo al lector pero, en líneas generales es un libro prescindible,  escrito “porque tocaba”, con fallos garrafales que no me esperaba en alguien de la talla de Miquel Silvestre. Me comparé el siguiente y olvidaré que he leído este.

Cine: Hell Angels on Wheels

ngeles_del_infierno_sobre_ruedas-767088327-largeNo se puede decir que el tiempo haya tratado muy bien a Hell Angels on Wheels, de Richard Bush. Los excesos visuales, en cuanto a secuencias larguísimas, imágenes en movimiento mareante y peleas que se alargan, aburridas, hasta lo indecible, nos retrotraen con el cine tópico de finales de los sesenta.

Pero Ángeles del Infierno Sobre Ruedas, que así llegó al mercado español, tiene otros atractivos que la hacen muy interesante. En primer lugar cabría destacar las motos. Abundan las Harley Davidson cortadas, “choperizadas”, que poco o nada tienen que ver con la moda generalizada que siguieron este tipo de motos, movidas como si fueran ligeras máquinas de enduro. Incluso con una de ellas se atreven a participar en una competición de hill-climb. Aquí podemos ver a dos BSA de la época, una A10 y una Firebird Scrambler, y una Royal Enfield Interceptor escalando la colina como histéricas.

En segundo lugar la Historia. Y lo escribo con mayúsculas porque las pandillas motoristas, los motoclubs violentos de los sesenta y los setenta, forman parte de la historia de los EE.UU y de su peculiar modo de ver el mundo. Después de haber leído a Sonny Barger (que también sale en la película haciendo de sí mismo) y a Hunter S. Thomson, entre otros libros dedicados a los Hells, el visionado de esta película viene a ser algo así como poner imágenes a los libros. Se suceden las peleas, el abuso de drogas, los líos con la policía y algo que Thompson dejó muy claro en Los Ángeles del Infierno, una extraña y terrible saga: las pandillas de moteros estaban formadas por tipos a los que no les importaba nada, desahuciados de la sociedad y desencantados con un sistema que no tenía nada que ofrecerles. Unidos por una visión del mundo pueril y simplista, este tipo de motoclubs se aferraron a un sistema organizativo casi militar del que muchos procedían, adoptando poses y modos. En este aspecto Jack Nicholson, el protagonista, lo deja muy claro en uno de los diálogos. “no tengo interés en participar en tu ejército privado” le dice al presidente de un capítulo, interpretado por Adam Roarke.

Llama la atención que se aleja bastante de los estereotipos marcados con posterioridad, en los años setenta, en los que los motoristas pandilleros eran retratados como retrasados mentales en los que su salvajismo competía con su idiocia. No es que en esta salgan muy bien parados pero, al menos, salva la situación Jack Nicholson, mucho más digno en su rol que en la archiconocida Easy Rider. Y eso que en esta que nos ocupa hacía uno de sus primeros papeles como protagonista.

El guión no es que sea nada especial, chico conoce a chica, la chica es la novia del mafioso, chico se enamora de chica… en fin, más de lo mismo. Pero esta película hay que verla como un documental porque refleja, a la perfección, aquellos primeros años de las bandas motorizadas. Aún quedaban lejos las condenas por tráfico de armas y de drogas y todo se centraba en motos, fiestas y vida disoluta.

Como curiosidad hay que apuntar que colaboraron en la filmación, además del propio Ralf “Sonny” Barger y unos cuantos miembro de los Ángeles del Infierno de los capítulos de California, Richmond y San Francisco. Sonny, en su libro Ángel de Infierno, hace referencia a este hecho, al igual de Hunter S. Thompson. Esto de salir en películas y estar todas las semanas en la prensa  trajo a Los Ángeles más problemas que ventajas pero de eso hablaremos en otra entrega.

Los Ángeles del Infierno: una extraña y terrible saga

Hunter S. ThompsonHunter S. Thompson, el autor de este libro, está considerado como el inventor del periodismo gonzo, es decir abordar la noticia formando parte de la misma e influyendo en la historia. Thompson nos traslada a mediados de los años 60 del siglo pasado, cuando Los Ángeles del Infierno ascendieron al Olimpo de los MC forajidos que pululaban por el la costa oeste estadounidense. Poco a poco va introduciéndonos a la sociedad norteamericana de la época, perlada de puritanismo y muchas veces, pacata y pueril. Y es en este marco cuando surgen los Ángeles del Infierno, un motoclub que, en poco tiempo, pasan de ser unos patanes violentos y borrachos a ocupar portadas de periódicos y revistas, a la par que hacen sus pinitos en el cine. Una docena de años después del estreno de Salvaje, Los Ángeles del Infierno se habían convertido en los nuevos antihéroes, los forajidos a los que cualquier marginado deseaba pertenecer.
Hunter retrata, no solo a los forajidos con los que rueda y convive, sino el choque entre una sociedad conservadora y tradicionalista contra la juventud contestataria de los sesenta. Desfilan, de este modo, hippies, beatnicks, pacifistas de Berkeley, filonazis y toda una fauna variopinta que se amalgama con LSD, porros, anfetaminas y cualquier sustancia que coloque. El sexo desenfrenado, las orgías y las famosas violaciones grupales, ponen la guinda a una serie de despropósitos legales que solo podrían darse en los Estados Unidos en la época en la que se dieron.
Todo está aderezado con multitud de aventuras sórdidas, batallitas increíbles y anécdotas surrealistas a más no poder. El conjunto de valores sociales de Los Hell Angels que nos muestra Thompson nos permite asomarnos a una época y a unas poses que solo habíamos visto en las películas y que, después de leer el libro, quizá no nos parezcan tan increíbles.
Sonny Barger, el presidente de H.A., en la obra que publicó en 2012 (en España en 2015), Ángel del Infierno, deja entrever algunas de las aventuras que retrata Thompson pero dándoles el barniz de lo políticamente correcto que caracteriza a los tiempos actuales. Lo ideal es leer primero “Los Ángeles del Infierno, una extraña y terrible saga” y luego lanzarse a devorar “Ángel del Infierno”, de Sonny Barger. Es como tener dos puntos de vista distintos sobre una misma historia. Nombres en común, lugares en común y aventuras que se repiten en los dos libros pero que nos son narradas con más de 40 años de diferencia. Solo que en el caso de Hunter con más objetividad.

(…) los Ángeles del Infierno son perdedores evidentes y esto les fastidia. Pero en vez de someterse tranquilamente a su destino colectivo lo han convertido en base de una venganza social a tiempo completo. (…)

hunter¿Merece la pena gastarse más de 400€ en comprar este libro en Amazon? No lo creo pero habiendo una búsqueda exhaustiva en Iberlibro seguro que lo encuentras diez veces más barato.

Libro: Morador del Asfalto

Conocí a Fabián C. Barrio unos días antes de que saliera a dar una vuelta al mundo. Me pareció un tipo peculiar, un tanto alejado de otros viajeros que conocía. Reservado, un poco distante y con cierta indiferencia por el resto de la humanidad. En uno de mis bares de cabecera él se tomó un té mientras yo me trasegaba una copa de coñac. Miré su moto con cierto escepticismo, sobre todo el cabrestante que llevaba acoplado a un lado. Y el “jerrycan” metálico para la gasolina. Seguí su viaje alrededor del mundo y cuando regresó a España creí que ya no volvería a viajar en moto nunca más. Me equivoqué. Y fue, para mí, una suerte que me equivocara porque Fabián es un tipo que da juego. Va por libre, alejado de los estereotipos de motero/aventurero y denostado en algunos “ambientes overlanders”, quizá por una cierta falta de empatía o por su carácter taciturno e independiente. O vaya usted a saber. El caso es que, sin demasiado ruido, él se lo guisa y muchos nos lo comemos.

Soy un fan de sus presentaciones. Están preparadas hasta el último detalle, con poco margen a la improvisación y resultan siempre muy entretenidas. Tanto él como su alter ego, Mordomo Lunfardo, son unos maestos sobre el escenario, dos profesionales. Escribiendo, en ocasiones, resulta empalagoso y barroco, pero no siempre. Y cuando da en el clavo, lo borda.

En su último libro Morador del Asfalto, nos encontramos con un Fabián mucho más cercano que interactúa, que siente y padece, que se emociona y que sufre. No reniega de su pasión por adjetivar hasta el paroxismo pero transmite pasión de una forma que, a mi modo de ver, no conseguía en Salí a dar una Vuelta. Sigue centrándose en demasiados aspectos negativos del viaje y de la gente pero lo hace de una forma tan hilarante en este libro que uno no puede, en ocasiones, reprimir la carcajada. Me gusta reirme de Fabián Barrio. Me gusta verlo en apuros. Me gusta ver a través de sus ojos a un motorista torpe que mantiene conversaciones con su otro yo y que está siempre preocupado por si el horno de su casa en Madrid quedó encendido. La factura de la luz será enorme.

Una de las primeras reflexiones memorables con las que me he topado en Morador del Asfalto es cuando habla de los hoteles en los que coinciden viajeros mayúsculos:

"...cada uno cree estar en posesión de la verdad sobre cómo se ha de viajar y por dónde. Cada uno cree haber vivido las experiencias más extremas, y cada uno cree que su viaje es el que más merece la pena."

Muy fino, Fabián, en la observación de las personas, en el exámen certero del ego. Y muy fino, también,  el análisis, de muchos creyentes convencidos:

" No creo en Dios, pero sí creo, infinitamente, en la bondad de las personas humildes que sí creen en Él y hacen el bien a través de Su espíritu"

He visto tantas veces esa bondad de la que habla, ese hacer el bien, ya sea por convicción propia o porque su dios se lo impone, que no puedo estar más de acuerdo.

Entre las experiencias de Fabián choca alguna que pasa casi desapercibida pero que nos cuenta algo más del autor, como cuando esnifó pegamento para poder documentarse para su novela Malabar. Este tipo de asuntos no son políticamente correctos y la mayoría de los escritores suelen obviarlos. No quiero decir que todos esnifen pegamento y no lo cuenten pero sí que pasan de puntillas por algunos asuntos.

No faltan las puyitas a otro viajero escritor, Miquel Silvestre. Lo hizo en la presentación del libro y lo hace en el interior del mismo. Por no hacer “spoiler” no haré transcripción del comentario pero el autor, cuando quiere, también saca a relucir su, más que evidente, vena gallega. Me arrancó una amplia sonrisa por el desparpajo y la naturalidad con la que lanza sus dardos.

También hay, en el libro, dejes que se repiten y que se me antojaron como un dejà vu pero tampoco voy a desvelarlos. A mi me resultan chirriantes pero prefiero que sea el lector el que decida si chirrían o no. Por otra parte, si este es el primer contacto con el autor supongo que pasarán desapercibidos.

El libro termina triste, muy triste, aunque con una gran lección de vida, con una enseñanza humilde que está llena de verdad y que nos permite acercarnos, un poco más, al corazón de este viajero, peculiar y discreto.

El avance el calidad literaria y en capacidad de transmitir es notable. A pesar de su extensión no resulta un libro pesado en absoluto y el ritmo se mantiene bastante estable en toda la obra, exceptuando algún pasaje en el que no puede reprimir su ansia descriptiva, al igual que yo no puedo reprimir mi ansia de meterle un poco de caña.

Le han salido 430 páginas que merece la pena leer.

MORADOR DEL ASFALTO
AUTOR: BARRIO DIEGUEZ, FABIÁN C.
EDITORIAL: EQUIPO BALNEA
ISBN: 978-84-608-2630-9
EAN: 9788460826309

PRECIO:  15,99 €

AÑO: 2015

LUGAR DE EDICIÓN: ESPAÑA