En Busca del Norte.

En busca del Norte es el primer libro de Sergio Morchón, colaborador de los podcast de Viajo en Moto al que muchos de vosotros recordaréis del Especial Medicina en Viaje, entre otros.

Sergio divide el libro en dos partes muy diferenciadas. En la primera de ellas nos narra su experiencia de viaje a Cabo Norte, uno de los destinos más anhelados por los motoristas europeos. En la segunda parte aporta datos útiles para cualquiera que desee realizar el mismo viaje siguiendo las tres rutas más habituales.

En busca del norte

El libro no está mal, se deja leer de forma rápida y sencilla, incluso tiene algunas perlas que podrían destacarse en forma de citas, como estas dos:

“Después de 30 años contigo estoy seguro de que como mejor se viaja es solo”

“Para aquel que nunca ha explorado, cualquier gesta sabe a gran aventura”

Maneja un vocabulario comprensible y cercano, huyendo de rebuscados términos literarios. Nos cuenta sus cuitas y nos habla de su surgimiento como viajero hace ahora cuatro años.

Sin embargo encuentro que el estilo es demasiado enfático. Se recrea en paisajes y descripción de hoteles que, desde mi punto de vista, aportan poco a la línea general. Como resultado tenemos un libro que, si bien nos cuenta el viaje a Cabo Norte sin fallos, nos deja, al cabo de unas páginas, saturados de carretera y con muy pocas concesiones a lo que siente el viajero. Echo de menos a las personas, a las reflexiones vitales e íntimas que surgen, casi de forma espontánea, en un viaje en solitario. Ni siquiera dedica mucho texto a su encuentro con los amigos en Italia. Creo que Sergio se ha dejado muchas cosas en el tintero no sé si de forma consciente o inconsciente. Quizá le cueste trabajo desnudarse ante el público y sacar lo más íntimo.

La segunda parte está dedicada a orientarnos en la organización del viaje. Encontramos una ingente labor de recopilación de datos, que además están actualizados. Sergio no se ha limitado a repasar los recibos de gastos de su viaje sino que ha ido investigando los precios a día de hoy. Todo este trabajo sirve para que, alguien que desee aventurarse en la conquista de Cabo Norte en moto, tenga todos los datos necesarios para comenzar a preparar su viaje. Precios de los hoteles, horarios de los ferry, lugares de obligada visita… Cada detalle importante está referenciado en este segundo acto. Eso sí, para sacarle el mayor partido a esta parte el lector ha de dar por buenas las opciones de alojamientos escogidos por el autor y en general, la forma de viajar. En cualquier caso, resulta muy útil saber la confección de las etapas, los kilómetros y los puntos que no debe uno perderse.

En definitiva, tenemos en nuestras manos un libro que, sin pretender ser una obra de cabecera para viajar a Cabo Norte, resulta entretenido y útil.

Para comprar el libro

Cómo cagar en moto

Hace unos años me compré un libro que se titula “Cómo cagar en el monte”. Cuando llegué a casa, quizá antes de empezar a leerlo ya me di cuenta de dos cosas: una, no necesitaba aprender a cagar en el monte. Dos, había picado y me había llevado el libro solo por el título.

A ti te acaba de pasar lo mismo, recalas en este artículo porque, por el título, has pensado que iba a enseñarte algo. Pero alma de cántaro… ¿Cómo quieres cagar en la moto? ¿En qué cabeza cabe? Además, ¿Cómo ibas a mantener la higiene luego? Y aún puedo ir más allá… ¿por qué alguien desearía cagar en la moto?

Aunque, a veces, uno desearía llevar un váter portátil, un poty, como las autocaravanas. Y no sólo cuando andas con vientre flojo por Marruecos o se te ocurrió beber agua del grifo en Mauritania. Que va. A veces surgen premuras inaplazables. Son esas que nos recuerdan que, por muy aventureros que nos creamos y por muy enseñoreados que nos sintamos encima de la moto, no queda más remedio que humillar la cerviz y deshacernos de lo fútil y banal de esta vida.

Venía yo hace unos días de la bodega de Panchín, en Negueira de Muñiz, de probar el “viño novo” y de recorrer el mundo aledaño para recrearme en la belleza cercana. Carretera estrecha y en estado de semiabandono a media ladera y allí abajo, tan al fondo que prefieres no imaginarte la caída, el Río Navia y el Embalse de Salime. Olor a humedad en cada curva umbría, a musgo, a naturaleza muerta. Esos aromas del monte, la materia vegetal en descomposición, el frescor de un arroyo, el brezo, la retama… Todo eso y más, aúna lo que debe de ser el olor del bosque. Y tienes que tener el sentido aguzado para poder percibir matices. No es lo mismo aspirar el aroma de un castañar en julio, cuando el polen se mezcla con el aroma seco de los henares, que llenarte los pulmones de la pureza de un abedular escueto, ralo, de esos que hay justo antes de que el monte se convierta en puerto de montaña.

Estos de Negueira, los montes digo, son a ratos, frescos y sombríos donde descubres un matiz después de cada curva.

Pero, no hay matiz que valga, ni bucólica estampa cuando te atenaza la llamada del vientre. Primero un pinchazo en la barriga, luego un dolor insoportable y al fin, la capitulación. Paré la moto a un lado y, raudo, como quien se ve impelido por una premura ancestral, me tiré al monte. Casi sin tiempo para desabrocharme el pantalón me vi allí, agachado y vulnerable mientras ella, la moto, me miraba con sus ojos achinados. No se movía, no decía nada. Sólo estaba quieta, observándome en silencio sin apartar la vista.

Y miré hacia otro lado, como con vergüenza ajena por su impudicia deseando no tener moto sino un váter con ruedas.

Moto váter de Toto Bikes

Moto váter de Toto Bikes

Frío

A veces había que seguir.
Quedaban paisajes que pasaban a mi lado fulgurantes, dejando tras de sí sólo una estela tenue.
Paisaje cambiante que con los kilómetros se volvía viscoso e informe. Se agolpaban los tonos de verde con los del ocre, pugnaban por ocupar lo que existía tiñendo todo de un monótono color verde oscuro.
Y el frío sólo me dejaba concentrar en él, convirtiéndose en un ser con vida propia imposible de dominar. Así, todo lo que no fuese el mismo frío pasaba a un segundo plano y perdía cualquier atisbo de relevancia.

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Scooter como iniciación o como vehículo definitivo.

Lo primero que se me viene a la cabeza cuando pienso en scooter es mi primer accidente de moto. Debía tener dieciséis o diecisiete años y la poderosa llamada de lo femenino acudió a mi en forma de belleza curvilínea. A ella también le gustaban las motos y al igual que a mi, se le hacía difícil resistirse a las sensuales curvas de cualquier cosa que tuviese dos ruedas y un motor. 

Una tarde de verano, de esas en que el tiempo pasa tan despacio que crees que vas a ser eterno, vimos la Vespa de mi primo aparcada sin vigilancia aparente. Ella dijo que le encantaría dar una vuelta y yo, a pesar de no haberme subido nunca en una moto “de marchas” la invité solícito. Creo que si me hubiera pedido que me tirara al embalse lo habría hecho sin pensarlo ni un instante.
Después de un viaje corto en el que su abrazo era el premio que justificaba mi delito, a los trescientos metros, los dos rodábamos por el suelo en la plaza del pueblo. Triste final para una relación que ni siquiera había comenzado.
A pesar de que el glamour de aquella tarde de verano en Vespa quedó truncado de forma abrupta, aún me siguen gustando los scooters. Son vehículos elegantes y prácticos, cosa que en raras ocasiones suele ir de la mano. En una ciudad, cuando la atravieso cargado con las maletas y con los ojos puestos en todo a la vez, los veo pasar sorteando el tráfico, ágiles y veloces, y la envidia me asalta.
He visto scooters en las situaciones más variadas y a caballo de estas máquinas se han corrido aventuras pintorescas y especiales. Como el participar en el Paris-Dakar con una scooter calzado con tacos o la archiconocida historia de Dulcinea, la Vespa española que dio la Vuelta al mundo en 79 días.
Viajar en un moderno scooter nada tiene que ver con aquellos viajes en Lambretta o en Vespa que relatan nuestros padres. El pertrecharse con papel de periódico, manta de linóleo y paciencia eterna para superar la ruta ha dado paso a desplazarse en scooters rápidos y fiables, de cilindradas impensables hace unas décadas. Del mismo modo, y aunque hoy sea impensable ir tres o cuatro en la moto, viajar con pasajero y equipaje para dos personas es algo sencillo y bastante habitual con un scooter. Por cierto, para viajar con pasajero en Mutua Madrileña tienen recopilados una serie de buenos consejos para circular a dúo.
Es el scooter un paso anterior a “la moto grande”? No necesariamente. Las ventajas de los primeros, léase menor consumo, facilidad de mantenimiento o seguro más barato, pueden hacer de este vehículo la moto para todo. Si vives en una ciudad las ventajas son más que evidentes. Si, además, tu necesidad de viajes es esporádica o una gran moto rutera se te sale de presupuesto, un scooter puede ser una excelente opción.

Ochenta cosas que se pueden hacer de viaje por el extranjero

Ochenta cosas que se pueden hacer de viaje por el extranjero y en casa no se hacen por variados motivos.

  1. Acampar y hacer una hoguera.
  2. Pisar doble continua.
  3. Comer lo que no te gusta.
  4. Reñir con tus amigos.
  5. Añorar la monotonía de siempre.
  6. No pagar en los peajes.
  7. Decir que vienes de España.
  8. Ser nacionalista y decir que eres Español cuando te preguntan: where are you from?
  9. Cantar sevillanas.
  10. Pagar el 25% más por la gasolina y no protestar.
  11. Comer mil veces peor que en España y no protestar.
  12. Hablar con cualquiera.
  13. Dártelas de viajero.
  14. Hacer lo mismo que hacen ellos cuando están aquí.
  15. Tener miedo de la policía.
  16. Hablar a voces.
  17. Que te de vergüenza hablar.
  18. Buscar drogas que tenías en el barrio y que allí no te interesaban.
  19. Admirar monumentos que no sabes lo que son.
  20. Saber quién era el de la estatua.
  21. Decir que disfrutas con el calor en Roma.
  22. Ser de Barça o del Madrid.
  23. Hablar sin miedo a los adolescentes con pinta de macarras.
  24. Desconfiar del prójimo.
  25. Amar la prójimo
  26. Fiarte ciegamente de prójimo.
  27. Cambiarte de religión.
  28. Abominar la religión.
  29. Jurar en arameo.
  30. Desear un servicio oficial.
  31. Cagar en sitios raros.
  32. Dormir a ratos y mal.
  33. Ser el dios de ti mismo.
  34. Jurar y prometer cambiar.
  35. Andar a solas con todos.
  36. Parecer guay.
  37. Quitarte diez años de encima sin que se note.
  38. Creer que no se nota nada.
  39. Vivir cada día una aventura.
  40. Ser soltero otra vez.
  41. Desear estar con tu esposa.
  42. Fijarte en los pobres que aquí no ves.
  43. Afirmar que la higiene está sobrevalorada.
  44. Suplicar por una ducha de agua caliente.
  45. Soportar las mentiras de un falso guía.
  46. Jurar que no le dirás a nadie el palo que te acaban de meter.
  47. Liarte con el primero.
  48. Liarte con el segundo.
  49. No parar de liarte.
  50. Flipar con gilipolleces.
  51. Interesarte por la historia de un país para olvidarla a las dos semanas.
  52. Hacerte fan de algo.
  53. Ser solidario.
  54. Cumplir las normas sin rechistar.
  55. Saltarte las normas como un amoral.
  56. Ser dicotómico, antagónico de ti y contradictorio.
  57. Encontrarte a ti mismo otra vez.
  58. Sentirte ciudadano del mundo.
  59. Empatizar con los delincuentes (si no te roban)
  60. Abrir la mente.
  61. Revisar tu moto de forma compulsiva.
  62. Sentir que podrías escribir un libro.
  63. Añorar el jamón del malo.
  64. Tocarles los huevos a los musulmanes comiendo jamón del malo.
  65. Hablar bien alto por si hay otros españoles cerca.
  66. Amar más a tu GPS que a ti mismo.
  67. Hablar bajito por si hay otros españoles cerca.
  68. Creerte un viajero.
  69. Hacer fotos a tontas y a locas.
  70. Maldecir a tus compañeros de viaje.
  71. Sentirte idiota detrás de un guía.
  72. Pasar de todo.
  73. Perderte en la medina. Por listo.
  74. Sorprenderte a ti mismo haciendo el guiri.
  75. Pedir a la carta sin entender lo que dice.
  76. Convertir la hora de la comida en una sorpresa.
  77. Conducir por la derecha en Londres.
  78. Cansarte de decir cuánto cuesta tu moto
  79. Llegar a casa más sabio.
  80. Volver a tu país.

Qué hacer en Andorra en Moto?

¿Por qué ir a Andorra en moto?
Consell General de AndorraQué es lo que tiene Andorra que justifique un viaje en moto hasta allí? En mi último viaje hasta el Principado encontré atractivos suficientes como para repetir las veces que hiciera falta. Carreteras increíbles, montañas que acogotan al viajero de fondos de valle y aconteceres tan curiosos como su Rey de Andorra. Boris I reinó durante nueve días hasta que un sargento y cuatro números de la Guardia Civil lo acompañaron amablemente esposado hasta la frontera española ante la mirada indiferente de sus súbditos. Corrían los años 30.
Se pueden visitar curiosos monumentos del románico, al fin y al cabo es el país que más monumentos tiene de este época por metro cuadrado o, si las piedras no son lo tuyo, acudir al festival de jazz que se celebra todos los años. Miles Davis, B.B. King o Fats Domino anduvieron tocando por allí.
¿Y un motorista qué hace en Andorra? Antes que ninguna otra cosa acceder a este pequeño país por cualquiera de las carreteras pirenaicas, garantía suficiente de diversión, de curvas y de paisajes evocadores. A veces pensamos en viajar a Los Alpes, recorrer los Dolomitas y hacer la Transfăgărășan, obviando que mucho más cerca hay lugares de obligatoria visita.
En Andorra la Vieja, encontré rincones en los que perderme con Elena y, por supuesto, cientos de tiendas en las que gastar el dinero. Tabaco a mitad de precio, perfumes y, por supuesto, accesorios para la moto. Cascos, ropa de cuero, equipamiento invernal… Cualquier cosa que se te pase por la cabeza a precio muy competitivo. Hace años el país era famoso por la venta de equipos electrónicos pero en la actualidad ya no merece tanto la pena puesto que con el auge de las tienda por internet puedes conseguir precios igual de buenos o mejores. Aún así no dejes de echarle un vistazo a las cámaras de fotos y aparatos de similar pelaje.
Para alojarte puedes escoger cualquiera de estos hoteles, los tienes de todas las categorías y precios.
Después de hacer tus compras, o antes, cuando te apetezca, súbete a la moto y, si llegaste desde La Seo d’Urgell, continúa por la carretera CG-2 hasta Pas de la Casa. Estarás a 2000 metros de altura y en el otro paso fronterizo del país. Está abierto las 24 horas. Si te sientes con ganas de aventura siempre puedes adentrarte en las pistas de los contrabandistas y salir o entrar del país sin pasar por la frontera. Por cierto, en la frontera española he visto como desvalijaban una furgoneta en busca de contrabando, principalmente tabaco así que si decides hacer carrera en la delincuencia, opta por los pasos de montaña.

Podcast: De Cabo Norte a Madagascar.

Programa número 32.
En Barco a TurquíaCharlamos con Charly Sinewan que nos cuenta de sus aventuras por Madagascar, un lugar al que poca gente llega en moto.
Después, atendiendo a peticiones de los oyentes, os damos unos consejos para viajar hasta Turquía aprovechando los ferries que cruzan el Mediterráneo. Precios de los barcos, horarios y puertos.
Sergio Morchón nos presenta nu nuevo libro, “En busca del Norte”, un relato y guía minuciosa para viajar hasta Cabo Norte e ir rodando sobre seguro.
Finalizamos el programa con Ricardu Fité que se fue de viaje a la India, alquiló una Royal Enfield y se pasó un mes y medio rodando por lugares increíbles.

 

La Carretera más Alta del Mundo. Trailer from Menna Fité on Vimeo.

Notas para viajar a Turquía en barco.

IMG_5135Me preguntan varios oyentes de Viajo en Moto que cómo hemos organizado lo del viaje a Turquía, sobre todo lo de los viajes en barco.

Bien, lo primero que hicimos fue reservar pasaje con la compañía Grimaldi desde Barcelona a Chivitavecchia. Billete de ida para una persona y una moto: 105 euros. Si reservas camarote 120.

¿Qué diferencia hay entre camarote y butaca, que es lo que yo reservo siempre? Pues que en camarote, al menos en la versión barata, compartes habitáculo con otras tres personas y en butaca duermes en una sala de butacas reclinables, parecida a un cine.

Yo prefiero butaca porque monto mi campamento en uno de los rincones y voy tan cómodo como en el camarote. Estiro la esterilla, el saco de dormir y ahí me las den todas. En este viaje, además, llevaba el saco de malla de acero de Humboldt y no tenía que ir cargando con el iPad, ni otras cosas de valor.

Mi recomendación con esto del camarote es que, si no te importa compartir un espacio reducido y caluroso con tres desconocidos, escojas camarote. En caso contrario, butaca. Hay más opciones, pero son más caras, por ejemplo reservar camarote individual pero ahí ya se dispara el presupuesto.

En el viaje de vuelta, hasta Barcelona, viajé con tres marroquíes a los que se les había terminado el sueño europeo. Se metieron en el camarote a las diez de la noche y no salieron hasta el día siguiente a las cuatro de la tarde. Y porque los obligaron.

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Campamento en la sala de butacas

Seguimos. El segundo viaje en barco, también reservado con antelación, fue desde Ancona hasta Ingoumenitsa. El mismo precio que desde Barcelona a Civitavecchia, 105 €. Sale de Ancona a las dos de la tarde y llega a Grecia a las ocho de la mañana del día siguiente.

Pros y contra de esto de los barcos. Pues, que te pasas un montón de horas navegando en lugar de viajando en moto pero te evitas un montón de kilómentros de autopista y en cinco días, o menos si no tienes compasión por ti mismo, te plantas en Estambul. Por otra parte, navegar siempre es un placer, conoces gente y el barco es un lugar perfecto para darse a la reflexión, para escribir o para cualquier otra actividad placentera.

Para salir de Turquía ya no teníamos reserva porque no hace falta. Desde la ciudad de Cesme, un pueblo turístico y agradable de visitar, se toma un pequeño ferry a la isla de Chios, que ya es Grecia. Para salir de Turquía la policía te somete a un registro bastante exhaustivo pero parece que solo buscan cosas gordas. Es decir, que si compraste un kilo de heroína de Afganistán en Ankara, lo puedes pasar sin problema porque no te lo van a detectar.

Allí hay mucho papeleo aunque, afortunadamente, más eficacia funcionarial que en la entrada.

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Una vez en suelo europeo en la isla de Chios, una rubiaza nos vendió los billetes para salir a las once de la noche en dirección a El Pireo, el puerto de Atenas. La misma maniobra con el asunto de los camarotes solo que aquí tienes una opción más que se suma a camarote y butacas: cubierta, es decir, viajas con la clase de tropa. Aquí ya tienes que buscarte la vida para dormir y no embarcar el último porque se ocupan los mejores sitios. Hay gente debajo de las escaleras, en rincones apartados y, por supuesto, en la cubierta de cafetería. Yo escogí una de las cubiertas superiores porque, como llevo saco de dormir, no me importan las brisas marinas.

Campamento en uno de los pasillos

Campamento en uno de los pasillos

Desde Atenas me fui a Patra y lo primero que hice fue sacar el pasaje a Bari en una agencia que encontré en la avenida del puerto. Tenía la opción también de ir a Brindisi pero me ahorraba algún kilómetro yendo a Bari. No es necesario buscar la agencia por la ciudad porque el el mismo puerto donde haces el check-in puedes sacar el billete.

Eso mismo es lo que hice al día siguiente en Chivitavecchia, sacar en la misma agencia del puerto el billete para mi y para mi moto.

Tengo bastante experiencia en viajar en ferry. Desde los fiordos noruegos hasta todo esto del Mediterráneo, pasando por el Reino Unido y alguno más. Y puedo deciros que es una forma cómoda, rápida e inteligente de viajar si no tienes muchos días y quieres ir al grano. Para pasar una semana en el Sur de Italia, qué prefieres, tardar cuatro días desde España yendo por carretera o salir de Barcelona yn viernes por la noche y estar cenando en Roma al día siguiente? Pues eso, depende del tiempo de que dispongas y del dinero que tengas. En mi caso, si voy a rodar Turquía en moto prefiero saltarme algunos tramos que no me van a aportar nada más que gastos y cansancio.

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Algunos enlaces útiles:

- Naviera Grimaldi

- Comprar billetes

- Naviera Minoan

- Puerto de Chivitavecchia

- Puerto de Barcelona

Vista rápida de un viaje por Turquía.

Con esto doy por finalizadas las entradas “formato crónica” de este viaje. Tampoco es que sean crónicas muy al uso sino un párrafo escueto a modo de resumen.

Jueves, 29 de mayo de 2014. Mudar la piel.

Salgo después de comer con sopor siestil y termino durmiendo bajo un puente. Justo antes de dormirme me pregunto porqué lo hago y no obtengo respuesta. Mi digo a mi mismo que soy un tanto idiota.

Viernes, 30 de mayo de 2014. Elongarse, reblandecerse y partir.

Me levanto al amanecer para comer con amigos íntimos a los que no he visto nunca. En el fluir me reblandezco mientras la tarde se mueve perezosa. Tanto que no quiero moverme más. La luz crepuscular me lleva al barco detrás de la estela de Olga. Que también se vuelve meliflua sobre un scooter andrajoso.

Sábado, 31 de mayo de 2014.  Grumete de paso firme.

Noche de barco y mañana de resaca. Tarde de siesta y momentos para dedicar a los actos de contrición y al arrepentimiento sincero. 

De camino a Ancona, nos detenemos en el centro de Italia. Acampamos a salto de mata, sin preguntar y sin encomendarnos. Por el rabillo del ojo busco la figura del dueño del olivar pero no hay tal. Estrellas.

Domingo, 1 de junio de 2014. El tiempo se curva

Curva y contracurva para volver a empezar. Aún no ha comenzado el viaje porque siento que son muchos los hilos que todavía me unen al punto de partida. Contracurva y curva

Otro barco tan igual al primero que pienso si no hemos vuelto atrás en el tiempo. Se van rompiendo hilos en la monotonía de la singladura.

Lunes, 2 de junio de 2014. Marejada en Thesalónica.

Meteora tiene monasterios engargolados en lo alto de formaciones rocosas impresionantes. En realidad es lo único que tiene. Y el Egeo olas que me confunden, que me llaman y que intentan decirme algo que no percibo bien porque tengo una botella de whisky barato en la mano.

Martes, 3 de junio de 2014. Toros de Turquía.

Moto desde por la mañana hasta por la tarde, ¿era lo que quería, no? Si. Rotundamente si. Los últimos hilos se han roto y el vínculo ha desaparecido. Ahora viajo libre que es la mejor forma de llegar a Estambul. Una tromba de agua para limpiar la atmósfera y una noche con la música de Los Istanbulls. La risa.

Miércoles, 4 de junio de 2014. Lo que no vi, lo que no quise ver y lo que no era visible.

Demasiadas cosas para ver y poco tiempo para verlas. Descubro, con regocijo, que no me importa. Piedras erguidas por el hombre destinadas a caerse. Todo me parece tan efímero que corro el riesgo de creerme eterno. Divago en un errabundo paseo con Alex.

Jueves, 5 de junio de 2014. Gente chévere y estambulita.

Salir de la ciudad es largo. Y ancho. Y lleva tempo. Y aún es pronto para dejarla porque siento que necesito más tiempo en ella. Aquí hay algo mágico que engancha. Lo he visto nada más llegar y ahora mi alma está prendada, prisionera. “Istanbul está llena de gente chévere” dicen los de Ska Cubano.

Por la noche, sesión de fotos de larga exposición, pesca y corrupción de menores musulmanes.

Viernes, 6 de junio de 2014. Paisajes lunares.

El paisaje en Capadocia es extraño y cautivador. Todo es tan extraño y tan único que me causa un profundo estupor. Tierra de hititas, de asirios, de persas, de macedonios, de romanos… Tan vasta y compleja es la historia de esta tierra que pierdo el interés por investigarla. Las rocas, de toba calcárea, son tan blandas que resulta más fácil excavar una casa que construirla de ladrillo y adobe.

Sábado, 7 de junio de 2014. En actitud explorativa y franca bronca.

Dedicamos el día a la exploración y llegamos al éxtasis. Casi todos. La división entre dos de los viajeros termina por aflorar con toda su crudeza y José Luis emprende su regreso en solitario. Antes de eso había sido un día memorable.

Domingo, 8 de junio de 2014. Embajadores culturales que se hablan sin hablarse.

Todo el día rumbo al sur, atravesando cordilleras y planicies. Entrar en comunión con una persona creo que es motivo suficiente para justificar el viaje entero. Sólo unos instantes, un par de miradas y el género humano se dijo todo lo que se tenía que decir de forma atávica y ancestral. Círculos que se cierran y nuevas etapas que se abren ante uno. Alex viaja feliz. Y yo.

Acampamos al lado del mar.

Lunes, 9 de junio de 2014. La soportable soledad del comedor de plátanos.

Calor, calor y más calor. carreteras infernales que se agarran al acantilado para no terminar en el fondo del mar. Voy tan concentrado que existe lo más inmediato y el resto del mundo flota en una nebulosa desdibujada y templada. Podría quedarme solo en el mundo en este instante y no habría diferencia alguna. Nacemos solos y morimos solos. Y en este tránsido de la vida a la muerte estamos confortablemente solos en tantas ocasiones… Paramos a comer plátanos.

Lunes, 9 de junio de 2014. Me perdí en sus piernas largas abusando tacón alto.

Isparta, la ciudad de las rosas que tiene la elaboración del agua de éstas como industria principal. No he visto ni una sola rosaleda. Solo florecillas de minifalta y tacones vertiginosos que se mezclaban con algunos burkas, con pañuelos y vestidos largos. Recato del medievo con provocación descarada y occidental. Las chicas están celebrando las fiestas de graduación.Los chicos su pacata idiotez. Eso es igual en todos los países.

Martes, 10 de junio de 2014. Emparentar con los mejores.

No me imaginé que, después de haber visto tantos taxis amarillos iba a estar dentro de uno. Tampoco atravesar, a las tantas, los comedores cerrados del un hotel Hllton para recalar en una fiesta de acid jazz. A veces una cosa lleva a la siguiente, siempre, y se termina por hacer lo que un entorno difuso exige. Y se hace, claro.

Miércoles, 11 de junio de 2014. Adiós Turquía.

Días de mucho, vísperas de nada. O de menos que nada. Observo mi la moto en una playa volcánica y todo me resulta familiar. No debería suceder esto en medio de tanto exotismo pero los paisajes se van mezclando y las sensaciones hermosas se acumulan. Por fortuna todo se olvida pronto y hay que repetirlo para volver a sentirlo.

La policía se muestra obsesiva en la frontera con un registro tan serio como poco efectivo. Podría haber pasado tres kilos de heroína paquistaní.

Adios Turquía.

Jueves 12 de junio de 2013. Hola Atenas.

Estás sucia, decadente y apestas. El aire sabe a hartazgo y el calor resulta pegajoso. La gente ya no sonríe y no me invitan a té en las gasolineras. Bienvenido a Europa.

Viernes, 13 de junio de 2014. Tenía billetes de cien.

Bari es aún más sucio que el Pireo. Las putas se han adueñado de la carretera nacional y dominan el mundo cercano desde la exigua sombra que les ofrece una sombrilla descolorida. Ella no es de aquí, me dice. Ya lo veo, no es de ninguna parte, solo de su móvil rosa y su mundo virtual, lejos y a salvo. Pocas veces me han tratado con tanto desprecio. Tendría que haber enseñado un billete de cien.

Soy un aprendiz de delincuente y me he colado en el peaje de la autopista. De un plumazo me he ahorrado unos 500 kilómetros de impuesto revolucionario. No me asalta el remordimiento y me siento amoral e intrépido a partes iguales. Antes de Roma me salí en un desvío por el carril de socios preferentes, di la vuelta en la rotonda, a cincuenta metros y volví a entrar en el mismo peaje recogiendo otro ticket.

Sábado, 15 de junio de 2014. Me muero de aburrimiento en el barco.

Me muero de aburrimiento en el barco. En Barcelona me reciben Olga y Erik. Hablamos y hablamos. Contamos, reímos y somos testigos del vuelo de un cacahuete con capa roja. A veces los sucesos sorprendentes parten de lo irrelevante.

Domingo, 16 de junio de 2014. Vos que fuiste el amigo confidente de su amor

haz que llegue hasta su reja el eco de la queja de un triste bandoneón.

 

 

 

La moto que barrita, ruge, canta y croa.

harley davidson electricaLas motocicletas eléctricas están en auge. Desde pequeños scooters hasta motos de campo, silenciosas y respetuosas con el medio ambiente. De momento siguen costando una pasta y hacer que se muevan sigue dependiendo de la especulación de las grandes corporaciones energéticas. Es decir, que las motos son eléctricas y la electricidad está en manos de los mismos de siempre.

Para producir esa energía se siguen usando sistemas contaminantes como norma general. Por ejemplo, en la OCDE el 21% de la energía que se consume es de origen nuclear. Esto quiere decir que, cuando recarguemos nuestra moto eléctrica, también estaremos contribuyendo a quemar carbón y emitir azufre y dióxido de carbono a la atmósfera además de generar residuos radiactivos. Pero no es esto de lo que quiero hablar, que el ser humano, como cualquier especie, está destinado a extinguirse y no es plan el querer prolongarse de forma eterna.

Los vehículos eléctricos plantean un problema de seguridad que, hasta que lo vi en la tele, ni se me había pasado por la cabeza. Como los motores eléctricos son tan silenciosos ya hay quien dice que los vehículos impulsados de tal modo son peligrosos para los peatones porque no se les oye venir. ¿Qué se les ha ocurrido a los fabricantes? Pues que hagan ruido. Pero como el motor es el que es y los sonidos mecánicos están ausentes en gran medida no van a introducir rozamientos y explosiones donde no se puede así que el sonido es grabado. Sólo hay que disponer de un archivo mp3, unos altavoces y a espantar viejecitas en los semáforos.

Ahora que Harley Davidson también se ha metido a fabricar motos eléctricas ya me estoy imaginando a los harlistas más recalcitrantes buscando el sonido más auténtico para su Harley. Si antes había que vaciar los escapes o meterles un tubo con agujeros… ¿qué haremos a partir de la generalización de los motores eléctricos?

Hace años que se comercializan CD´s con el sonido de los motores de Milwaukee así que se podrá extraer el archivo, insertarlo en el alma de nuestra moto eléctrica y salir a rodar por el mundo en plan ridetolive total. O grabar sonidos del campo, de pajarillos y nínfulas revoloteantes para que nuestro paso por los semáforos sea un ejemplo de armonía. O ir al zoo y grabar rugidos, croares y el barritar de Dumbo.

Seguro que a ustedes, queridos lectores, se les ocurren mil y un sonidos con los que animar su moto eléctrica para no pasar desapercibidos. Yo, por si acaso, ya estoy grabando los escapes de BMW´s para una posible futura comercialización. Allá ustedes.