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Intercomunicadores, Ruta 99 y cosas de Lugo

Después de un breve lapso de 15 días sin programa, volvemos a la carga con cosas de la nueva normalidad. Hablamos, por ejemplo, de unos aparatos ya conocidos en la “vieja normalidad”. Parece que aún puedan dudas sobre la legalidad de su uso y vamos a intentar despejarlas con Juan Carlos Toribio, de la Unión Internacional para la Defensa de los motociclistas.

Y como lo tenemos un poco complicado para irnos de viajes lejanos, desde Factory Riders nos proponen una ruta circular por España, la Ruta 99.

Luego charlamos en directo con Pablo Villa, dibujante, motorista y persona con suerte. De la buena y de la mala.

Se falla el concurso de promoción turística “Descubre la Ruta Vía de la Plata en moto”

Ruta vía de la plata

Hemos ganado el concurso «Descubre la Ruta Vía de la Plata» lo cual nos llena de orgullo y satisfacción.

La mejor ruta en moto por la Ruta Vía de la Plata

  • El jurado ha elegido la ruta ganadora entre las 10 rutas participantes que más ME GUSTA recibieron en la plataforma Hello Riders.
  • El objetivo de este concurso es visibilizar las posibilidades que la Ruta Vía de la Plata y su entorno ofrecen a los aficionados a los viajes en moto y al mototurismo.
  • “Descubre la Ruta Vía de la Plata en moto” se enmarca dentro de las actividades conmemorativas del 20 aniversario de la Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata
  • El concurso tuvo una gran acogida no solo por el alto nivel de participación, sino por la calidad de las rutas enviadas.

Gijón, 24 de mayo de 2017.- Y la mejor ruta en moto por la Ruta Vía de la Plata es… la que nos propone Roberto Naveiras desde Grandas de Salime (Asturias). Una ruta con origen en Plasencia y punto de llegada en Zamora, que ha titulado: Ruta por la Vía de la Plata. Casi 400 km por carreteras secundarias donde, como señala el propio Roberto Naveiras, «la moto y el motorista encuentran su hábitat natural». Tanto el relato como las fotografías y el atractivo geográfico por el que transcurre la ruta han enamorado al jurado y a los usuarios de la plataforma Hello Riders.

Además de hacernos disfrutar de los encantos de significativas localidades en la Ruta Vía de la Plata, la propuesta ganadora nos muestra con todo lujo de detalles que atravesar el territorio que ocupa la Ruta Vía de la Plata garantiza también disfrutar de una naturaleza singular y de inusitada belleza.

La ruta propuesta por Roberto Naveiras confirma el hecho de que, a pesar de su origen romano, el territorio por el que atraviesa la Ruta Vía de la Plata alberga un interesante patrimonio de todas las épocas. Y, como se desprende de su relato, los municipios más pequeños atesoran una interesante oferta turística, cultural, gastronómica, artística, monumental y de naturaleza.

En esta primera edición, la iniciativa ha tenido una buena acogida. El autor de la ruta ganadora se lleva como premio una cámara GoPro Hero 5 Black. 

Para ver la ruta ganadora pinche aquí

Itinerario perfecto

El concurso de promoción turística ‘Descubre la Ruta Vía de la Plata en moto’ ha sido organizado por la Red de Cooperación de Ciudades en la Ruta de la Plata en colaboración con las comunidades autónomas de Asturias, Castilla y León, Extremadura y Andalucía, y la plataforma de mototurismo Hello Riders (http://helloriders.es).

El concurso, que busca dar a conocer las mejores rutas en moto por la Ruta Vía de la Plata, tiene como principal objetivo la promoción y difusión de este itinerario -uno de los más importantes de Europa- y su entorno como destino de calidad turística para los aficionados a los viajes en moto y al mototurismo.

La Ruta Vía de la Plata es un itinerario perfecto para ser recorrido en moto. Los más de 800 km que unen Sevilla y Gijón (o Gijón y Sevilla) ofrecen un paisaje de gran variedad y contraste. Ya sea a través de la moderna A-66 o por la más clásica N-630, el viajero en moto podrá ascender puertos de montaña por carreteras sinuosas, atravesar dehesas y valles hasta llegar al mar, o recorrer kilómetros de llanuras con el horizonte como único límite, disfrutando de una experiencia inolvidable y un entorno con numerosos atractivos históricos, naturales y culturales.

La Red de Cooperación ha creado una tarjeta promocional gratuita, la Moto Vía Card, que permite a los motoviajeros obtener descuentos y ventajas exclusivas en establecimientos a lo largo de todo el itinerario. Se puede solicitar a través de: http://www.rutadelaplata.com

¿Qué habéis hecho con Galicia?

La lluvia golpea la pantalla del casco con insistencia y una niebla densa y persistente se extiende más allá de de la siguiente curva. Que ni es curva.

¿Gallegos, qué habéis hecho con Galicia? ¿Donde están las fragas de la umbría, los castaños mágicos de pieles retorcidas y los robles centenarios que albergaban el panteón de los seres imaginarios?

Eucaliptos

Hacía años que no viajaba por el interior de Coruña y hoy nos encontramos con un paisaje cambiado, con el cromatismo bicolor del verde prado y el tinte oscuro de los eucaliptos. Kilómetros de eucaliptos. Hectáreas de eucaliptos. Habéis sucumbido al feismo en todas sus vertientes. Primero a esas construcciones horrendas. sin concesiones a la estética fina, perladas de lo burdo. «Hazme una casa que tenga ventanas y una puerta», esa fue la única orden que recibió el albañil. Y eso fue lo que hizo, una casa con ventanas y una puerta, una construcción espartana y fea.

Luego le tocó el turno al monte y también sucumbió al pragmatismo. No queda ni un solo rincón en el que la intervención humana no sea patente, ni un metro sin domesticar, ni un hueco improductivo. El mosaico de huertas y prados, los árboles autóctonos que daban sentido a «terra das meigas», han dado paso a los eucaliptos. Y las meigas no pueden vivir entre eucaliptos: los pies descalzos no están hechos para caminar sobre sus hojas. Las gotas de lluvia no saben escurrirse con maestría desde lo alto de las copas y la niebla no puede deshacerse en jirones graciosos en este cultivo forestal.

Perece la morriña del emigrante.

«Adiós ríos, adiós fontes, adiós regatos pequenos…» Adiós para siempre adiós, que hasta Rosalía se está revolviendo en su tumba, avergonzada de lo que han hecho con su tierra. Es el avance de la nada en forma de verde coriáceo, son los temores de Atreyu que se hacen realidad en Galicia. Aldeas insertas en el silencio, fagocitadas por la uniformidad.

Ría de Corcubión
¿Qué habéis hecho, gallegos, con Galicia? Habéis sido presas de la productividad, habéis domeñado la tierra de vuestros ancestros y aquí poco queda de los bosques rumorosos, de la diversidad que daba carácter a vuestro hogar y a vosotros mismos. Ence, ¿qué les has hecho a mis hermanos? Eres la Puta de Babilonia enseñoreada en todo el territorio, el mismísimo anticristo. Has matado la magia, el misterio. Has borrado demos, trasnos e diaños que ahora se arrastran avergonzados por pistas forestales embarradas.

Ya no siento las manos y los pies, y noto como Elena tiembla de frío. Hay días en los que me pregunto por qué me gusta viajar en moto.

Encaramos la bajada a Caldebarcos, con Fisterra allí enfrente, asomándose entre la bruma al fin de la Tierra, de espaldas a un mundo loco y a su aire. Hoy se baña en aguas calmas, ajeno a nuestras manos heladas. Al Norte la Ría de Corcubión y enfrente, el faro de Illa Lobeira, como un castillo recortándose en el horizonte.

Cascada de Ézaro
Enfilamos la rueda delantera hacia O Ézaro. Al frente la única cascada de España que vierte sus aguas al mar. Mágica, única, especial. A la izquierda, monte arrasado por un incendio forestal. ¿Qué hacéis, gallegos? Eucaliptos y fuego. Pinos y fuego. Queimada galega. Todo se purifica aquí con el fuego, como queriendo forzar el reinicio de las cosas, como buscando un nuevo orden que surja después de cada incendio. Los esqueletos de los pinos que se yerguen entre los afloramientos graníticos, son los testigos mudos de la vergüenza.

A cambio de tanta ignominia disfrutamos de la hospitalidad gallega, de la retranca cariñosa, de la melodía de las palabras. «¿E logo? E logo sí, carallo!». La rotundidad amable y melosa del gallego lleva implícito el perdón de todas las cicatrices. La sonrisa buena, el trato educado y cercano… Nobleza.

Y si no… siempre nos quedará Lugo.

 

Viajes en moto por España. Sugerencias de los oyentes

icono ruta viajes en moto por EspañaViajes en moto por España. Hace algún tiempo organizamos un concurso con los oyentes de Viajo en Moto. En él solicitábamos que nos enviasen sus mejores rutas en moto. Según su experiencia y gusto, cuáles eran las mejores carreteras para realizar viajes en moto España. Recibimos un montón de propuestas de todos los rincones de la geografía española, con sugerencias muy atractivas y carreteras con mucho encanto.

La intención era, una vez recopiladas todas, situarlas en uno o varios mapas de GoogleMaps, ponerlas a disposición del público para que cualquiera pudiera consultarlas. El trabajo comenzó pero no pudo llevarse a cabo por falta de tiempo. A eso hubo que sumar la dificultad técnica que suponía incrustar un montón de mapas y tracks en la página así que el proyecto quedó un poco en el olvido.

Este verano, después de la visita de Lorenzo Bonora, de Hello Riders, vimos la posibilidad de retomar la idea. Era la forma idónea de colaborar con su página que está, como sabréis, dedicada a las rutas en moto por España. A Lorenzo le pareció buena idea aprovechar ese material porque son rutas que están elaboradas por motoristas, por gente aficionada a los viajes y que conocen las carreteras de su zona como nadie. Nos pusimos manos a la obra.

Poco a poco iremos subiendo todas esas rutas a Hello Riders, con mención de su autor. Añadiremos todos los datos de que dispongamos, desde los atractivos turísticos y culturales de la zona, hasta los hoteles o sitios donde dormir. Insertaremos fotos y por fin, la información que habéis proporcionado tendrá un destino útil.

De momento no hay posibilidad de incrustar los mapas en Viajo en Moto pero la interface que tienen en Hello Riders es mucho más sencilla, eficaz y útil; mucho mejor que insertar aquí, de forma desordenada, todas las rutas. Allí puedes registrarte y guardar las rutas en varios formatos. Puedes montarte una base de datos organizada y a disposición de todo el mundo. Una forma de compartir y de trabajar por la comunidad.

Se puede escoger el tipo de moto, la época idónea, ver puntos de interés y un montón de parámetros más.

Os animo a registraros en Hello Riders. Subid vuestras rutas para compartirlas con todos los aficionados a los viajes en moto. Las nuestras estarán muy pronto.

Mi carretera está de moda

Mi carretera está de moda. En realidad no es mi carretera, que es de todos, pero es la que llevo recorriendo desde que tengo uso de memoria, la que he transitado miles de veces para salir o entrar en mi zona de confort. La tengo muy rodada. Me conozco cada curva, cada bache, cada rincón recoleto desde el que puede olerse la resina de los pinos recalentada por el sol, cada viraje en la umbría donde las hojas de castaño se acumulan cada otoño. Allí abajo, en el mirador de La Ballena, hay cuatro curvas enlazadas que no te dejan mirar al vacío porque las das a toda leche y con el culo apretado. Y antes, mucho antes, cuando vas dejando atrás la Asturias de «ye» y coronas el Puerto del Palo ya vislumbras la inmensidad. Lo que E. Marcos Vallaure bautizó una vez como El Continentón. Desde el Palo se ve un continente y se adivina el contenido.

Bajas el puerto mirando de soslayo tu sombra el el talud y evocando la majestuosidad del mundo más inmediato mientras el sol se pone por Fisterra, que lo la ves pero la presientes. Y luego sigues con esa ensalada de curvas hasta Grandas y justo antes de llegar al pueblo, desde la Curva de El Marco, alternas la segunda y la tercera marcha solo por darte el gusto de escuchar como el motor sube de vueltas en estos dos kilómetros de asfalto retorcido. Y hay abedules y robles y tilos y pinos gallegos y de los otros y helechos que huelen a helecho y a frescor divino. Cuando llueve, que es muchas veces, dejas que las gotas golpeen el casco y formen una sinfonía epiquísima que suena solo para ti.

Tendrás que esquivar algún peregrino, claro. Se empeñan en vestirse de verde o de negro y avanzan como una legión de refugiados en pos de un mundo mejor. Un día habrá una desgracia, se ve venir. Luego te los encontrarás en el pueblo, en chanclas y con andares dubitativos, que parecen muertos vivientes, y estarás contento de que estén ahí, como un crisol de culturas que va dejando su poso en cada uno de los habitantes.

En primavera llegarán hordas de motoristas. En bandadas de tres y de cinco, en grupos poco numerosos porque esta carretera se disfruta en la intimidad. Mucha BMW y muchos ingleses que desembarcaron en Santander hace unos días y se van a Santiago. Verás motos cargadas de maletas enfrente de La Reigada y pensarás si no es un buen sitio para tomar una sidra bajo la parra. Incluso puede que llames a tipo ese de los podcast, que vive por aquí cerca.

Y cuando hayas visitado en Museo y dejes Grandas atrás, lo bueno no parecerá tener fin porque las curvas nobles del Puerto del Acebo no serán más que un preludio exquisito de las de A Lastra. Son curvas que te hablan, yo mismo lo he comprobado. Curvas que te desean buen viaje y que te acarician con un tacto aterciopelado que tiene un no se qué de sensual. Y danzas con ellas. Te vuelves loco de placer lanzando la vista hacia los Ancares, a los montes de Navia de Suarna y Cervantes, allí al fondo. Deseas conocerlo todo y tener tiempo para volver a explorar esas montañas donde, a buen seguro, hay carreteras lentas y deliciosas que nadie conoce. Claro que las hay. No te lo preguntes ni por asomo. Carreteras intransitadas por las que pasaréis tú y cualquier otro tú en todo el día. Pueblos en los que el tiempo ni siquiera se molestó en detenerse porque el tiempo aquí hace muchos años que pasó de largo y se olvidó de volver.

Antes de llegar a Lugo te habrás cansado de rectas, de las cinco. Entonces pensarás que eres afortunado por haber recorrido una de las carreteras más hermosas que hayas visto y estarás deseando volver.

Entonces, y sólo entonces, comprenderás porqué esta carretera está de moda.

El Palo

Hoy ya es mañana

Esta mañana salí de Oviedo con todos los ingredientes para tener una ruta en moto perfecta. La temperatura rondaba los 22 o 23 grados y la ciudad, vacía en un domingo veraniego, parecía languidecer con una calma cercana a la santidad. La brisa fresca de las calles desiertas, el tráfico calmo y escaso, y las campanas de la Catedral llamando al recogimiento cristiano antes del vermouth. Beatos sí, pero con concesiones al pecadillo venial.

La moto lleva unos días, perfecta. La cadena bien engrasada, el aceite en su nivel y todo el sistema de amortiguación nuevo del trinque. Ataviado con mi chupicuero de hace 25 años y los pantalones Ugly Bros., parecía un figurín recién extraído de Mad Max. Además, iba revestido de elegancia interior con la camiseta de Viajo en Moto. Ni siquiera haciendo un esfuerzo podía sentirme humilde por lo sublime. Pero algo no encajaba.

Negociar curvas deliciosas por la carretera de Teverga no hacía que me sintiera mejor. Algo estaba fallando y no conseguía identificar la causa. No era algo físico, desde luego; al pastel no le faltaba ni una sola guinda. Yo, que soy de naturaleza optimista y accesible a la felicidad cuando estoy sobre la moto, andaba esta mañana medio perdido, pensando en nubarrones grises cuando lo único que tenía sobre mi cabeza era un cielo límpido y de un azul insultante. Los pensamientos pasaban fugaces y feos sin remedio. La nostalgia volvía a invadirme y mi otro yo, ese que siempre me toca la moral convenciéndome de que cualquier tiempo pasado fue mejor, no cejaba en su empeño de llevarme hacia una deriva triste y deprimente. ¿Qué coño estaba pasando? Intentaba convencerme a mi mismo de lo afortunado que soy: tengo una familia que me quiere, buenos amigos que me aprecian y un trabajo estable y agradable. Entonces, ¿Qué estaba fallando?

Las zonas de sombra, entre los castaños, me recibían como una madre amorosa acoge a un hijo en su seno, el asfalto estaba impecable y con una adherencia óptima y yo, gestionaba cada curva con toda la maestría de que soy capaz. Cada tumbada era una danza etérea y cada vez que el motor subía de vueltas sonaba a música de la buena.

En Teverga, dudando ya si tendría que deshacerme de la moto y buscar algo que llenase de verdad mi vacío, conecté la música. Escogí la playlist “Música para carreteras de montaña con jirones de niebla que se desgajan, perezosos, por las laderas”, a pesar de que la ausencia de niebla era total. Y el mundo interior comenzó a transformarse. Fleet Foxes parecía querer decirme algo y me mostré atento, pero no acabé de pillar el mensaje. Sin embargo cuando sonó Mañana, del grupo sevillano Las Buenas Noches, Rubén Alonso me lo dejó muy claro “hoy ya es mañana”, “hoy es el día que amanece cien veces al día”. De repente se borraron las referencias enfermizas a un pasado tan lejano que parece que nunca ocurrió, me vi envuelto en un presente tangible, tan cercano que, por un momento, el pasado y el futuro se fundieron en una absoluta nada. Volví a la moto, volví al presente más descarnado para ser consciente de mí mismo y de cada instante. No sentía la necesidad de disfrutar de lo que estaba haciendo, ni de tener ninguna sensación en particular cuando acudieron todas en tropel. Y me fundí, una vez más, con la moto y con la carretera, con el paisaje, con cada árbol que arrojaba su sombra a mi paso, con cada roca que refractaba el calor con indolencia. Ahí estaba yo, en un presente que lo ocupaba todo, en un estado de gracia en el que no existían ni futuro ni pasado.

Ascendí el puerto de San Lorenzo despacio, dejándome impregnar de los olores y del frescor, ¿qué más podía hacer? Impermanencia y pemanencia en la nada, suspendido en una solución extraña que hacía tiempo que no saboreaba. Mente serena y quietud en movimiento.

Y así anduve toda la tarde, parándome aquí y allá, tomando cafés y escuchándome decir, absolutamente convencido, que todo estaba bien, que todo está donde tiene que estar porque en este presente tan vívido, no hay otra realidad posible.

Cerca de casa, bajando el Puerto del Palo, desde donde puede verse media inmensidad y la mitad del infinito, no pude reprimirme y me puse de pie en la moto. Solté las manos y abrí los brazos hasta que me dolían las axilas. Y me llené. No sabría decir de qué, pero me llené. El mundo entero penetró en mí mientras aspiraba el olor a polen de castaño y una extraña plenitud me engrandecía conforme me hacía pequeño.

Allá lejos, al fondo, una capa de niebla cubría las montañas cercanas a la costa y ocultaba la Sierra de La Bobia. La realidad se adaptaba a mi playlist.

Puerto San Lorenzo

Campamento del Oro Viajo en Moto

Siempre he tenido cierta querencia a travestirme, a cambiar de piel, a meterme en el papel de personajes variopintos, al disfraz. De crío recuerdo que mis juegos eran serios, como los de todos los críos, y aún lo eran más si iba ataviado con una espada metálica, una pistola de verdad o un cuchillo de monte de proporciones épicas. Siempre fiel a la realidad.

Al crecer no dejé atrás esa afición, se ve que no me caeré de maduro, y amplié a la moto el mundo del disfraz, incorporándola como parte del atrezzo. Así, cada verano, participaba en la fiesta de disfraces del pueblo cosechando grandes éxitos y muchas risas. Policía, bebé con su cuna, buscador de oro… Podía transformarme en lo que me viniera en gana. Pero claro, una cosa es serlo y otra parecerlo. Para ser policía en moto llego tarde y para ser bebé… también. No daría el pego ni saludando a mis pueriles coetáneos con un «hola bebeeeees». Pero para ser buscador de oro uno siempre está a tiempo, sobre todo si vives en una zona en la que hace dos mil años, los romanos subyugaban a las clases más bajas de la población haciéndoles trabajar en cualquiera de las explotaciones auríferas y obras asociadas. Buscador de oro, eso sí que es una transformación posible.

buscador de oro en moto

La primera vez que me hice buscador de oro era solo una pose, un divertimento de verano con el que pasar la noche antes de la vorágine emocionante de las fiestas patronales. Pero ahora era distinto. Estaba organizando una búsqueda del oro real y revestida con la importancia de haberlo anunciado en Facebook y con Jorge, uno de los seguidores acérrimos del podcast, como invitado.

En mi comarca las carreteras no decepcionan y a pesar de haberlas recorrido cientos de veces, sigue siendo un placer tumbar la moto en cada curva, ejecutar una danza perfecta mientras asciendes entre castaños y abedules, dejarte embriagar por el perfume veraniego que inunda cada umbría. Con este panorama, el oro, el tesoro verdadero, ya está encontrado desde hace mucho así que, si la «operación bateo» fallaba y volvíamos con las manos vacías, tendríamos la seguridad de no haber perdido el tiempo.

De pequeño, en los tiempos de inocencia y disfraces, pasaba algunos fines de semana en Tremao, en el concejo de Allande. Tremao está colgado a media ladera, recibiendo el sol de la tarde y mirando siempre al fondo del valle donde el Río del Oro aún piensa que tributar en el Navia es una cosa muy lejana. En aquellos veranos de canícula y juegos serios, José Manuel (que con los años se fue a Cabo Norte en moto cuando casi no iba nadie) nos contaba de un vecino del pueblo que había encontrado una pepita de oro, como un puño, hacía cientos de años. Normal, era el Río del Oro y nuestra imaginación febril nos decía que allí tenía que haber oro por fuerza. Si no… ¿ a santo de qué le iban a llamar el Río del Oro?

Con los años descubrí que, si bien el río quizá no albergase más que truchas de esas que no dan la medida pero que a todos les resultan exquisitas, las minas romanas de la cabecera del valle habían dado nombre al curso. Y si los romanos habían sacado oro, seguro que habían dejado algo para mí.

al oro

Así que, media hora después de aprovisionarnos de vino y viandas, estábamos aparcando las motos al lado de la Capilla da Veiga, cerca del nacimiento. Estaba comenzando el I Campamento del Oro Viajo en Moto, bautizado al más puro estilo boy scout infantil. Con más ilusión que conocimientos nos lanzamos a cribar y batear arena con la esperanza de extraer la cantidad suficiente para pagar una moto nueva, hacer un viaje o salir de pobres, no necesariamente en este orden. Según iba pasando el tiempo las perspectivas se iban volviendo menos exigentes y llegó el momento en que nos conformábamos con extraer algo dorado, cualquier cosa.

bateando oro

Y salió. Con las horas comenzamos a encontrar partículas de oro aunque en cantidades tan ínfimas que el viaje soñado no sería mucho más allá de la puerta de casa. Nos daba igual. La fiebre del oro había hecho mella en nosotros y ya no había forma de curarse.

Después de varias horas de bateo montamos el campamento y, mientras yo atendía el fuego e instalaba la hamaca y la carpa, Jorge dejó el bosque de ribera para aprovisionarnos de más viandas y más vino, que las existencias menguaban de forma alarmante.

Recoger leña, preparar la cena en la hoguera y contar batallitas son de esos placeres que el ser humano disfruta desde que el tiempo es tiempo y, aún en la era de Internet y las telecomunicaciones, en los tiempos en que la caza de Pokemons ya no se hace por pura supervivencia, sigue siendo teniendo el mismo poder atávico que en la prehistoria. El fuego nocturno, el crepitar de la madera ardiendo, el sonido de los grillos, el rumor del río… Nada hay que te ate tanto a tu propia naturaleza como regresar a ella sin las interferencias del mundo exterior. Después de cenar y rellenar los intersticios vitales con licor café, a las dos de la mañana, los «garimpeiros» nos retiramos a descansar.

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Descubrí que dormir en la hamaca es mucho más cómodo de lo que pensaba y tan sólo lleva unos minutos adaptarse a esta peculiar forma de pernocta. Las ventajas a la hora de acampar superan a los inconvenientes y creo que es el sistema idóneo para cierto tipo  de acampadas. La hamaca, comparada en el Decathlon por diez euros, apenas ocupa espacio y la lona, de precio similar, me protegía perfectamente del relente y de la lluvia. El conjunto se completaba con una colchoneta autohinchable para darle un poco de cuerpo al lecho y un saco de dormir de pluma que resultó ser demasiado caliente para las noches de verano. Aunque sean las frescas noches del Norte.

hamaca campamento

Al día siguiente, ante la sospecha de que las reservas auríferas estuvieran agotadas en aquel yacimiento, cambiamos de valle y de río. Escogimos el Río Carondio, aguas abajo de la Fana da Freita, una de las mayores explotaciones romanas de todo el Occidente de Asturias. Aquí los romanos desguazaron media montaña mediante el sistema de ruina montium que consiste en reventar el terreno a base de horadar la montaña e inundar de agua las galerías para que la presión haga el resto.

Dos de los cuatro vecinos de A Pontenova nos advirtieron de que en su río no había oro, mientras nos miraban como quien mira a un par de locos. Se equivocaban. No voy a decir que se pudiera convertir el Carondio en el nuevo McKinnon Creek pero en la segunda batea salió una lasca de tamaño considerable acompañada del grito de «oro, oro!»

Cuando el calor y los tábanos consiguieron horadar nuestra voluntad férreas, cesamos nuestra actividad industrial y volvimos a la carretera, llevando con nosotros el preciado metal.

Hoy somos un poco más ricos. No podemos medir nuestra riqueza en quilates pero hay experiencias que valen su peso en oro.

Oro

Seis rutas sobrevaloradas

Internet está lleno de recomendaciones de todo tipo: que si los pueblos más bonitos, las ciudades más hermosas, los mejores destinos para ir de fiesta, los mejores restaurantes… Somos adictos a las listas y nos encanta saber qué es lo mejor, aunque sea a través de la opinión de los demás. Necesitamos que nos digan qué es lo más exclusivo y atractivo para no ir contracorriente por aquello que hablábamos de sentirse aceptado por el grupo.

Pero ¿son los lugares de esas listas lo que nosotros estamos buscando? A veces lo que es bueno para los demás no lo es para nosotros. Con frecuencia, visitamos lugares que hemos visto en la red y que, por una foto retocada, nos parecen espectaculares.  No son menos las veces en las que estos lugares nos desilusionan porque no cumplen con las expectativas que habíamos generado.

Pego de Inferno en Tavira

Hace unos días mi amigo Fran Brighton colgaba unas fotos en Facebook en las que contrastaba el enfrentamiento entre la cruda realidad y las expectativas emocionales. El Pozo do Inferno de Tavira, en Portugal, pasaba de ser un lugar mágico por mor del retoque fotográfico a convertirse en una poza infecta.

A mi también me pasa. He visitado sitios que parecían espectaculares y que no resultaron ser más que un triste «bluf» bajo el prisma de mi cámara de fotos porque, sabed amigos, que la realidad no tiene filtros. Bajo este barniz de desilusión vamos a desmitificar algunas de las carreteras que aparecen en os típicos listados de lugares por los que merece la pena pasar.

1- Carretera del Atlántico

Esta carretera noruega es una de las más fotografiadas y más mitificadas del mundo. Se nos presenta como una ruta emblemática digna de recorrer, tanto por sus paisajes como por el peculiar trazado que discurre entre islas e islotes separados por puentes de extraña belleza.
La realidad es que el tramo «espectacular» de la carretera no llega a tres kilómetros en los que nos encontramos el famoso puente curvo Storseisundet, uno de los ocho que conforman la ruta. En mi opinión es una carretera sobrevalorada cuyo principal atractivo reside el los paisajes espectaculares que hay para llegar allí. La Carretera del Atlántico en sí misma no es para tanto.

2- Pesso de Régua. La mejor carretera del mundo

La empresa de alquiler de vehículos Avis nos sorprendía hace algún tiempo con un estudio en el que se afirmaba que la mejor carretera del mundo para conducir estaba en Portugal.  Se basaron en una serie de parámetros que fueron elaborados por un diseñador de montañas rusas, un físico cuántico y un diseñador de circuitos.

Si bien la carretera N-222 desde Pinhão a Pesso da Régua discurre por paisajes hermosos, no tiene el trazado único que me esperaba y desde luego, está muy lejos de obtener un título tan pretencioso como el de «mejor carretera del mundo».

3- La Costa Azul. Cannes

Rotondas, atascos y paisaje humanizado en cada recodo es lo que nos nos vamos a encontrar en este tramo icónico de la Costa Azul. hay que decir que gusta porque lo dice todo el mundo y nosotros no queremos ser bichos raros pero lo cierto es que tanto glamour aturulla. Aquí se confunden y entremezclan las campañas publicitarias del correspondiente departamento francés con los aires de exclusividad a que nos tiene acostumbrado el cine y el famoseo de las revistas del colorín. Si hablamos única y exclusivamente de la carretera, de la ruta, esta es otra de las que muchos viajeros evitan por lo engorroso de atravesar la zona.

4- El desierto del Sáhara

Tentados de emular a Laurence de Arabia, aunque sea en otro desierto, nos adentramos en la carretera de Senegal, la que va desde Marruecos hacia el sur atravesando el Sáhara Occidental. Vamos pensando en playas enormes y carretera con encanto al lado del mar pero lo que nos encontramos es un coñazo de ruta recta en la que el mayor atractivo reside en salir pronto de allí. Kilómetros y kilómetros de aburrimiento total, rodeados de piedras y con el mar en la lejanía, sumido en un manto de bruma y polvo. Por fortuna el tráfico es escaso y las molestias que causa el olor a pescado podrido de los camiones, pasajero.

5- Ruta de Don Quijote

Me caerá la del pulpo pero, aún a riesgo de parecer antipático, me cuesta trabajo encontrarle atractivos espectaculares a esta ruta. Si restamos la belleza visual de los típicos molinos de viento nos quedamos con una carretera recta en la mayor parte del trazado que no ofrece, apenas, singularidades. Si además sumamos el nulo atractivo de una urbe anodina como Ciudad Real, completamos un cuadro que únicamente está destinado a dinamizar una zona deprimida desde el punto de vista turístico.

6- Ruta das Rías Baixas

A pesar de ser un enamorado de Galicia y de las Rías Baixas, he de reconocer que la carretera costera tiene un atractivo nulo. A un paisaje humanizado hasta el hastío hay que unir el intenso tráfico de verano y el famoso «feismo» gallego. Eucaliptos, abandono y escaso interés por la estética cuidada es lo que nos vamos a encontrar en este rincón de España que podría ser sublime. Por fortuna, aunque la carretera no ofrezca grandes incentivos, toda la comarca goza del encanto de sus gente, de ese cariño tan gallego y de esa hospitalidad que caracteriza a toda la región. Y los precios.

Ejemplos como estos los hay a patadas, no solo en rutas sino en paisajes, monumentos y cualquier otra cosa sometida al dictado de la publicidad y que tenga que ver con el turismo. Lo que recomiendo es que no hagas ni caso a este artículo y vayas a ver por ti mismo esos sitios emblemáticos para comprobar con tus ojos si responden a las expectativas que te creaste.

Ruta por pueblos abandonados

Viajar en moto tiene, muchas veces, un extraño componente de exploración. Da igual que el lugar aparezca en los mapas o que sea conocido por multitudes, al acercarnos a él conduciendo una motocicleta se multiplica el efecto «descubrimiento». Quizá sea por las «sensación» que proporciona desplazarse en moto, por una tara en las cabezas de quienes las conducen o por el efecto «aventura» que parece estar tan de moda.

Uno de los atractivos de viajar en moto y que parecen no compartir la mayoría de los que lo hacen en coche es el viajar sin rumbo. A pesar de ser una frase manida, no es por ello menos cierto que el destino no sea lo importante sino el mismo hecho de llegar a él. Si es que hay un destino certero. De esas salidas con rumbo incierto me quedo con las que discurren por lo decrépito, lo abandonado y lo que está en desuso. Fábricas oxidadas en el fin de sus días, edificios abandonados y pueblos anónimos que, desabitados y condenados al ostracismo, son solo un recuerto triste de lo que fueron. Pasear por calles desiertas, escuchar el silencio y disfrutar de esa soledad melancólica que tienen los pueblos abandonados es un placer extraño. Uno no puede sustraerse a la evocación de tiempos pasados en lo que  las risas de los niños y las tareas del campo eran la estampa común. Acuden a nuestra mente las fiestas del pueblo en los años cuarenta, con un acordeonista quizá, las miserias propias de la vecindad impuesta  y la dureza de la vida en cada uno de estos rincones que hoy yacen, indolentes, esperando que el tiempo los borre por completo.

Todo lo que el hombre construye está destinado a desaparecer. Es el sino de todo lo que hacemos, de todo lo que construimos y de todo lo que somos. No sirve como consuelo pero, desde que lo tengo presente en todos mis actos, siento menos angustia por las aldeas que se despueblan y las casas que se caen. Cada piedra que se pone sobre otra piedra está destinada a caerse y todos los objetos tienen fecha de caducidad. Nada es eterno. Ni las paredes que delimitan campos, ni los establos de los bueyes que los aran, ni las viviendas donde habitan sus dueños. Todo deviene en desintegración, migrando hacia su propio origen.

Hoy, el día más triste del año, el «blue monday», es una buena ocasión para darse un paseo por uno de esos pueblos abandonados, para escuchar los ecos de aquellas risas que una vez fueron, para percibir el llanto amargo del abandono, para dejarse inundar por el estrepitoso silencio de las campanas de la torre, para reflexionar sobre nuestra propia existencia. Todo muta, toda cambia, todo se transforma y todo lo que existe tiende a volver a su estado primitivo.

Súbete a la moto, escoge un pueblo abandonado, de esos que ya no tienen dueño, y traza una buena ruta hasta él. Allí, siéntate sobre uno de los muros medianeros, toca las piedras y dedica un buen rato a tus cosas. No hay mejor modo de relativizar una vida que pararse a pensar en lo efímero de la existencia.

Para facilitarte la tarea puedes consultar cualquiera de estos mapas de pueblos abandonados. El primero de ellos se refiere a Galicia, en el que figuran entidades de población de menos de dos habitantes. Quizá alguno de ellos tenga una enseñanza importante que ofrecerte. Lo ha elaborado Carlos Neira, analista y consultor estadístico gallego y lo tiene publicado en su blog, Hibernia

En el segundo, realizado por Pueblos Abandonados, está referido a todo España y en él figuran los pueblos en los que no vive nadie.